Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

Si no tienes trabajo, ¡créatelo!

“Si tú no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos.”  Steve Jobs

Iván era un becario que teníamos en la biblioteca mientras estudiaba el grado de Informática. Durante el poco tiempo que estuvo con nosotros, aparte de realizar las tareas asignadas, nos programó una aplicación llamada “estanterías virtuales”. Nosotros los bibliotecarios usamos, como el resto del mundo profesional, la Clasificación Decimal Universal, la DCU de Melvin Dewey, principalmente para catalogar los libros por materias y autores y ordenarlos en las estanterías de las bibliotecas. Pero Iván pensó que la CDU era un engorro y como en el mundo de la tecnología lo mejor que funciona es la imagen, nos programó un sistema que enseñaba al usuario la imagen exacta de la estantería en dónde está cada libro. De esta forma la información “visual” que recibía el usuario le ayudaba a encontrarlo de forma rápida y muy fácil en el “laberinto” que muchas veces es una biblioteca. Ni que decir que la mejora fue y es muy usada por los estudiantes.

Ahora Iván ha acabado el grado de Informática y también el grado de Derecho, ya que se ha sacado en el mismo tiempo una doble titulación, y ante la disyuntiva de trabajar en España cobrando menos de mil euros al mes, o seguir los sabios consejos de algunos de nuestros políticos electos y marchar al extranjero a “servir cafés en Londres” (frase textual de un político catalán dicha en sede parlamentaria a un grupo de estudiantes), ha montado su propia empresa y ha creado su propio trabajo.

La UPC, como muchas otras universidades, está creando espacios de “coworking en dónde se facilita a los estudiantes, recursos y formación para crear sus empresas y aprender cómo moverse en el mundo de los negocios. La iniciativa forma parte de un proyecto que se llama EMPRÈN UPC. Así pues Iván ha creado una empresa tecnológica en el marco de este proyecto, en donde ofrece aplicaciones informáticas a empresas hoteleras para mejorar la gestión de sus habituales procedimientos internos.

Las universidades están creando espacios de “coworking para que los estudiantes aprendan a crear empresas. 

Ahora a Iván, después de dedicar muchas horas y días interminables al proyecto, parece que la cosa le funciona. Ha contratado a varios compañeros de estudios, factura más de 50.000 euros cada mes y ya está pensando en ampliar y analizar otros sectores como posibles futuros nuevos clientes.

Iván me comenta toda la carrera de obstáculos que ha tenido que superar para montar la empresa, obstáculos más difíciles que las dos carreras juntas que ha estudiado. Que si la legislación vigente para montar una empresa, que si los miles de papeles y formularios, que si la falta de ayudas, que si la escasa preparación en saber cómo funciona una empresa de verdad o la necesidad de saber hacer un plan de negocio o estudios de mercado, lo importante de cómo vender y presentar un producto a los futuros clientes, etc. Por no hablar de todas las contradicciones que él mismo ha encontrado en la propia administración y que él resolvería de forma diferente en aras de la eficiencia y rapidez en la puesta en marcha de su proyecto.

Por todo ello, Iván apunta una propuesta de gran calado: “Todos los proyectos de final de grado de las titulaciones deberían presentarse también con un proyecto adicional relacionado con la creación de una empresa. Todos los estudiantes deberían saber, al acabar la carrera, los elementos claves de la creación de un negocio. Todas las titulaciones deberían estar enfocadas desde el primer curso a desarrollar las capacidades emprendedoras y empresariales de los estudiantes”.

Yo le digo que hay muchas universidades que ofrecen estos servicios y tienen programas de ayudas para crear “spin-off” y viveros de empresas, etc. Iván me contesta que todo eso está muy bien pero que no es suficiente porque se ofrece como un servicio opcional al estudiante al final de la carrera y cuando está a punto de abandonar la universidad. “Lo importante es despertar en los estudiantes, durante los estudios, ideas y ganas de hacer un negocio y crear tu propio trabajo y esto solo se puede hacer desde dentro de la misma titulación, por obligación. Los estudiantes tenemos muchas ideas durante los cursos pero se van olvidando justamente en el transcurso de la carrera porque corren paralelas a los contenidos de la titulación. Si despertamos y formamos a los estudiantes universitarios en capacidades y conocimientos emprendedores de forma seria y profesional desde el primer minuto de clase, puede que de aquí a unas décadas este país sea económicamente otro. El talento está en la cabeza de los estudiantes universitarios y el sistema universitario no lo aprovecha”, remata Iván.

Le digo que puede que no todas las titulaciones sirvan o tengan relación con un negocio y me dice que no es cierto. De todo conocimiento aprendido se puede desarrollar una idea de negocio y por lo tanto el estudiante puede crear su propio trabajo.

Le recuerdo que le tacharían de “mercantilizar” la educación y otras cosas, pero me contesta rápidamente que “mercantilizar” la educación es que a un ingeniero, un médico o un maestro le paguen 800 euros al mes. ¡Eso sí que es la mercantilización del conocimiento y no otra cosa!

Al final, llegamos a un acuerdo: le propongo que compro su propuesta referente a que las universidades deban formar, desde el primer minuto, a los estudiantes en poder desarrollar aprendizajes y aptitudes empresariales para enfrentarse a un mundo laboral tan complejo como el actual, a cambio de que cuando tengan éxito profesional y empresarial se acuerden de retornar a su universidad recursos tangibles para que otras personas puedan disponer de más becas y puedan estudiar cómo él.

Me dice que está de acuerdo y que él lo hará, pero que lo importante ahora es cambiar el sistema educativo de la universidad para que este país sea económicamente viable.

En toda esta conversación recuerdo el esfuerzo incansable del apreciado Francesc Solé Perellada en crear vínculos reales entre el talento de los estudiantes, los campus  universitarios y el mundo de la empresa y de la economía. Acabo el post con una predicción preocupante para la reflexión de Pasi Sahlberg, el mayor experto educativo de Finlandia y posiblemente de Europa:

“En el 2020 sólo habrá trabajo para 300 millones de los 1.300 millones de jóvenes que estarán buscando empleo”.

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Comentarios
  1. María Gomez dice: 25/04/2017 a las 12:06

    No es un tema sencillo. Por un lado, hasta que punto las exigencias de nuevas competencias por parte de los empleadores deben ser satisfechas por la universidad y hasta que punto (con qué limites) las universidades deben satisfacer las demandas de los “nuevos tiempos” renunciando (cuando se toma un camino se renuncia a otro) a ese carácter general con el que se ha ido configurando históricamente la universidad y sobre el que se pretendía incidir con la introducción del grado… en cualquier caso, fantástico artículo que invita a la reflexión. Gracias.

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