Pastores de gatos: cómo elige cada país a quienes dirigen sus universidades
Cuando McCormack, Propper y Smith quisieron titular su estudio sobre gestión universitaria en The Economic Journal, eligieron una imagen que cualquier rector reconoce al instante: Herding Cats? La expresión, que tiene su origen en la escena inicial de la película de Monty Python «La vida de Brian» (1979), es desde luego sugerente.
Dirigir una universidad es pastorear gatos: catedráticos con libertad de cátedra, departamentos con agendas propias, estudiantes, sindicatos y administraciones, cada uno tirando en una dirección distinta.
La metáfora es universal; lo que no es universal es la respuesta a la pregunta previa: ¿quién decide quién sostiene el cayado? Cada país ha resuelto de manera distinta el problema de nombrar al pastor, y esas diferencias dibujan un mapa sorprendentemente variado de la gobernanza universitaria.
Donde los gatos eligen al pastor
España pertenece, con Italia y Grecia, a la familia de sistemas en los que la manada elige a su pastor. Los rectores de las universidades públicas españolas son elegidos por sufragio universal ponderado entre profesores, personal y estudiantes, y salen casi siempre de la propia casa: catedráticos con décadas de arraigo en la institución que aspiran a dirigir.
El modelo italiano es muy parecido, con rectores elegidos por la comunidad académica entre los profesores ordinarios. Francia representa una variante indirecta: el presidente es elegido por el consejo de administración de la universidad, pero sigue siendo, en la práctica, un académico interno que necesita construir coaliciones dentro de la manada.
Un modelo basado en la legitimidad
La lógica de este modelo es la legitimidad: un pastor elegido por los gatos puede invocar el mandato de la comunidad. Su coste potencial es el que documentamos en nuestro artículo reciente sobre el sistema universitario español: quien necesita los votos de la manada tiene incentivos a prometer pastos, no reformas.
Analizando 27 variables de las 47 universidades públicas presenciales mediante aprendizaje automático no supervisado, encontramos que la variable categórica que mejor separa los perfiles de universidad no es la calidad académica del rector, sino si se doctoró o no en la institución que dirige, y que el tamaño de la universidad discrimina mucho más que el mérito de quien la encabeza. El sistema electivo parece premiar el arraigo tanto o más que la excelencia: cuando los gatos votan, prefieren a quien conocen.
Donde el dueño de la finca contrata al pastor
En el extremo opuesto está el modelo gerencial anglosajón y, cada vez más, el del norte de Europa. En el Reino Unido y Estados Unidos, el vicecanciller o presidente es contratado por un consejo (council, board of trustees) mediante comités de búsqueda y, con frecuencia, cazatalentos profesionales.
El candidato puede venir de otra universidad, de otro país o incluso de fuera de la academia; a los gatos nadie les pregunta, aunque a veces se les consulte.
Los Países Bajos funcionan con juntas de supervisión que nombran al equipo rectoral, y los países nórdicos han migrado en las últimas dos décadas hacia ese mismo esquema. Dinamarca sustituyó los rectores electos por nombrados en su reforma de 2003, y Finlandia hizo lo propio con su ley de universidades de 2009, entregando el nombramiento a consejos con presencia externa.
La lógica aquí es la del accionista: quien financia y supervisa la finca elige al pastor que considera más competente, sin hipotecas electorales. Su riesgo simétrico es la desconexión. Un gestor traído de fuera puede conocer mucho de cuentas de resultados y poco de gatos, y la manada académica tiene una capacidad notable de ignorar a quien no respeta.
Los modelos híbridos
Entre ambos polos, buena parte de Europa continental ha buscado fórmulas intermedias. En Alemania, el rector o presidente suele ser propuesto por el senado académico y confirmado (o preseleccionado) por un consejo universitario con miembros externos, en proporciones que varían según el Land.
Austria encomienda al consejo universitario la elección a partir de una terna del senado. Y Portugal ofrece quizá el experimento más interesante para el lector español. Desde la reforma de 2007, el rector es elegido por un consejo general reducido que incluye personalidades externas, y puede ser un candidato de fuera de la institución, un giro deliberado desde el modelo asambleario hacia uno de gobernanza mixta, sin llegar al nombramiento puramente gerencial.
La comparativa, de un vistazo
¿Qué dice la evidencia comparada?
La literatura empírica no bendice sin matices a ninguno de los modelos, pero apunta regularidades. Aghion y sus coautores, comparando Europa y Estados Unidos, encontraron que las universidades funcionan mejor cuanto mayor es su autonomía real y la competencia a la que se enfrentan, más que por el mecanismo concreto de nombramiento.
Goodall documentó que las universidades de investigación dirigidas por académicos de primer nivel tienden a mejorar su desempeño posterior: el mejor pastor de gatos suele ser un gato distinguido, no un pastor de ovejas reconvertido. Y McCormack, Propper y Smith mostraron que lo que marca la diferencia en el Reino Unido no es tanto quién corona la pirámide, sino la calidad de las prácticas de gestión en departamentos y facultades.
El caso de España
Nuestros resultados para España encajan en esa conversación desde un ángulo distinto. El grupo de universidades cuyos rectores presentan el índice de calidad académica más alto es también el de las instituciones más pequeñas. Esto sugiere que, en un sistema electivo, el mérito por sí solo no se traduce en dirigir las grandes manadas ni en un desempeño superior.
Conviene, eso sí, la misma cautela que asumimos en el artículo: nuestro análisis de clústeres es descriptivo, no causal, y la comparación internacional que aquí esbozamos lo es todavía más. Contrastar con rigor si el modo de elegir al pastor cambia el destino de la manada exigiría datos longitudinales y variación institucional que ningún país ofrece por sí solo, y es precisamente el tipo de pregunta que la investigación comparada debería abordar.
¿Por qué es importante?
España debate periódicamente su gobernanza universitaria, y cada reforma reabre la misma disyuntiva: ¿más legitimidad interna o más capacidad de dirección?
El mapa comparado enseña que no hay un modelo ganador universal, pero también que casi todos los sistemas que han reformado su gobernanza en las últimas dos décadas, de Portugal a Finlandia, se han movido en la misma dirección: consejos más reducidos, presencia externa y menos peso del voto asambleario.
Miguel de Unamuno, rector de Salamanca, cifraba la misión universitaria en «enseñar el heroísmo del trabajo y el culto a la verdad«. En 2023, el papa Francisco invitaba a los rectores a «organizar la esperanza». Ambas tareas exigen pastores a la altura de sus gatos. La cuestión que cada país responde a su manera, y que los datos empiezan a permitirnos estudiar cómo encontrarlos.


Interesante entrada que es de muy de agradecer a los autores por las reflexiones a que nos invitan desde la cautela, siempre recomendable a la hora de dar recomendaciones . Desde luego, seguramente fuera razonable como de hecho se propuso en algunos de los primeros borradores de la LOSU- una fórmula algo parecida a la de Francia y Alemania- para dar la opción a que algunas de nuestras universidades públicas desarrollaran si sus claustros lo decidían a un nuevo modelo de gobernanza de carácter hibrido en el que en los procesos de designación del rectorado e incluso otros cargos unipersonales , se contará inicialmente con la opinión de la comunidad universitaria y en el proceso de decisión final también con la de algunos miembros externos con conocimiento acreditados sobre el ámbito universitario, tal y como hacen la mayoría de paises de la Europa Continental.
Pero desde luego lejos de la lógica del accionariado , al menos en las públicas , ya que es difícil creer que desde los gobiernos o representaciones de la AGE o de las CCAA , la elección fuera mejor que por quienes conocen bien estas instituciones , entre los que sin duda están en primer lugar los miembros de la academia, y no políticos que no siempre la conocen bien y que en sus propuestas de nombramientos nos tienen acostumbrados a que en ocasiones atienden más a intereses partidistas o de proximidad que a velar por la eficiencia y calidad de estas instituciones para las que hacen dichos nombramientos .
Por cierto, bueno es recordar que si hablamos de gatos como la mayoría de universitarios son en su comportamiento bastante más independientes y autónomos que la mayoría de especies , y en especial si se trata de decidir como desarrollar sus actividades en su propio ecosistema, y desde luego como bien nos muestra la zoología difíciles de pastorear .