Decisiones estratégicas de la colaboración con China

 

En verano me gusta disfrutar y participar como mera oyente en alguno de los cursos internacionales de la UIMP. Este año me acerqué los días 3 y 4 de septiembre al encuentro titulado “Universidades en Alianza: cooperación, territorio y ecosistemas de innovación” organizado por la CRUE y dirigido por Amaya Mendikoetxea, Rectora de la Universidad Autónoma de Madrid, a la que pertenezco.

Como suele ocurrir en este tipo de reuniones, se tratan y discuten temas de futuro. Además, Rectoras y Rectores, así como otros miembros de la comunidad universitaria y el ecosistema científico e innovador, anticipan sus predicciones en un ambiente distendido.

La colaboración de las universidades con China

Aunque, evidentemente no puedo comentar en esta entrada todos los interesantes temas que allí se trataron (existe un excelente resumen realizado por la propia dirección del curso), sí que me quiero centrar en una de las mesas redondas más sugestivas y al mismo tiempo más inquietantes que allí tuvieron lugar y que a ninguno de los que estuvimos allí nos dejaron indiferentes. Se tituló “Colaboración científica y académica con China en un contexto global”, moderada por Joan Guàrdia, Rector de la Universitat de Barcelona, y compartida por otros tres Rectores y Claudio Feijóo.

De lo allí acontecido y con permiso de la irrupción de la IA en este inicio de curso, lo que me lleva a escribir esta entrada es la conversación de muchos de nosotros en los “corrillos” universitarios, -en su definición literal «grupo reducido de personas que se juntan de forma espontánea para hablar, discutir o comentar algo, apartados o separados del resto de la gente-«.

No era infrecuente escuchar multitud de comentarios de los responsables universitarios, especialmente de Relaciones Internacionales y/o Internacionalización, sobre el coste de oportunidad tanto de la inacción como de la acción en las políticas de colaboración con China.

Aunque no soy lingüista, advierto al lector que colaborar no es lo mismo que cooperar y que no tiene las mismas implicaciones.

El análisis coste-beneficio, herramienta para la toma de decisiones [públicas]

Como economista de la educación, me gustaría señalar que, a nivel geopolítico, cualquier toma de decisiones sobre políticas públicas de gran envergadura en el área de la Educación Superior necesita como mínimo de un análisis socioeconómico sosegado con todos los actores implicados, porque esas políticas a nivel estatal se traducen en decisiones estratégicas a nivel institucional.

Asimismo, como enseño a mis estudiantes de gestión pública, el denostado análisis coste-beneficio (ACB) puede resultar una buena herramienta no solo para llevar a cabo (o no) grandes infraestructuras públicas sino también para analizar los costes de implementar un programa público, los usos alternativos que se pueden dar a los recursos disponibles y los beneficios producidos por la actuación pública.

Volviendo al asunto que nos ocupa, para poner en marcha un nuevo proyecto universitario como, por ejemplo, establecer un centro nacional o campus en China que imparte docencia presencial por parte de una universidad pública española, no basta con saber «si funcionará» (eficacia), sino determinar si los beneficios sociales obtenidos justifican los recursos empleados con sus correspondientes costes sociales (eficiencia).

Bajo el paraguas de la teoría de la Hacienda Pública, si se formula el ACB ex ante, se analiza si debe realizarse el gasto. Cuando se realiza ex post se analiza cómo debe realizarse el gasto y si se está aplicando correctamente.

En ambos casos se trata de un buen enfoque macro de equilibrio parcial del análisis de las políticas y decisiones públicas: a priori, facilita la elección entre alternativas de proyectos públicos y, a posteriori, permite evaluar los efectos de un proyecto. En el caso del sector privado, solo se miden los costes y beneficios privados.

No debemos obviar que en el ACB ocurren dificultades para valorar todos los efectos del proyecto público: la valoración de los efectos externos positivos y negativos así como los intangibles (relacionados con la reputación, entre otros).

El análisis coste-beneficio en una gobernanza multinivel

En una gobernanza multinivel como la actual, el ACB correcto no es solo el relativo al Sistema Universitario Público Español (SUPE) o de los sub-sistemas públicos universitarios de las 17 Comunidades Autónomas como los define la European University Association. Tendríamos que medir no solo las consecuencias dentro del marco jurídico-presupuestario español, sino tener también  en cuenta que esta técnica recomienda incluir los spillovers  o efectos secundarios que se producen hacia otros países de nuestro entorno. Por tanto, al pertenecer al Espacio Europeo de Educación Superior, se tendría que medir el impacto de establecer campus en China donde vamos a producir titulados (desde filólogos a ingenieros) con un título y un Suplemento Europeo al Título emitido por una universidad española, si es que finalmente se establece así.

Lo que parece muy recomendable, a la vista del debate, es actuar con prudencia y cautela, y aprender de las universidades que ya tienen alguna experiencia con China.

La Universidad Complutense de Madrid podría ser un buen ejemplo para evaluar los frutos de esta colaboración, ya que cuenta con más de 15 años de relaciones con el gigante asiático, al igual que otras universidades españolas como la Universidad de Zaragoza, ambas representadas por su Rector y su Rectora en la mesa redonda, respectivamente, quienes contaron sus experiencias con mayor detalle . Por ello, antes de hacer cualquier diagnóstico hay que aprender de las experiencias universitarias en y con China, pero también hay que escuchar a expertos de otros sectores privados europeos. Aunque se me viene ahora a la cabeza el sector del automóvil, que ha tenido experiencias de incursión de su producción en China, soy consciente de que no es lo mismo producir “coches” que “graduados”.

En mi modesta opinión, la piedra angular de todos estos nuevos proyectos universitarios (el primero ya está en marcha con el Beihang Valencia Polytechnic Institute), estará en cómo “preservar la esencia” del profesorado y de las aulas españolas en estos campus de docencia presencial en China fuera de nuestras fronteras europeas. 

Romanticismo o realismo

Instalada en esta dicotomía entre ACB y la misión de la Universidad europea, y entre colaboración y cooperación, apelo al punto 5 de las conclusiones y recomendaciones del documento que pueden leerse íntegramente aquí:

“El caso de China muestra con claridad esta necesidad. Su peso científico, tecnológico y económico seguirá creciendo, particularmente en ámbitos como la inteligencia artificial, la computación cuántica o la robótica. Pero precisamente por ello la cooperación debe realizarse con mayor conocimiento del contexto geopolítico, de los objetivos estratégicos de los distintos actores y de las posibles dependencias que pueden generarse. La conclusión no es dejar de cooperar, sino cooperar con criterio, con información y, cuando sea posible, de manera coordinada. En determinados ámbitos, actuar conjuntamente ofrece mayor capacidad de negociación y reduce vulnerabilidades”.

No es objeto de esta entrada hacer un análisis coste-beneficio  para el Sistema Universitario Público Español (SUPE), ni tampoco aventurarme en hacer un diagnóstico concreto de los beneficios y costes sociales a nivel institucional que conllevan este tipo de decisiones estratégicas, como es el caso de la colaboración con China.  Deberán ser en última instancia los líderes universitarios y los gestores públicos de la educación superior de nuestro país los que tomen las decisiones a tal respecto.

A todos ellos ¡les deseo la mejor de las suertes!


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