Acceso y equidad en las universidades españolas: la experiencia del Reino Unido y reflexiones para el sector universitario español

Introducción a los conceptos de acceso y equidad

En todo el mundo, la educación superior se considera una vía hacia la oportunidad, un medio para mejorar las perspectivas de las generaciones futuras, fortalecer las economías y fomentar la cohesión social. Sin embargo, el acceso a la universidad sigue siendo desigual.

El origen familiar, el lugar de residencia y la situación socioeconómica (renta familiar, situación laboral y origen social) continúan determinando quién puede acceder y participar.

En este contexto, los colectivos normalmente reconocidos como vulnerables son:

  • Estudiantes procedentes de familias de menores ingresos
  • Estudiantes cuyos progenitores tienen menor nivel educativo
  • Estudiantes con alguna discapacidad
  • Estudiantes de origen inmigrante o identificados como de una minoría
  • Estudiantes de mayor edad en el momento de comenzar sus estudios universitarios

Dicho esto, la definición de colectivos desfavorecidos varía entre regiones y contextos culturales. Por ejemplo, en algunos países se pone más énfasis en las poblaciones rurales e indígenas.

Mejorar el acceso a la universidad en España, una tarea pendiente

Ésta es una realidad en todo el mundo, incluyendo España. Según el Informe CYD 2024 sobre el sistema universitario español, mejorar el acceso y la equidad en nuestras universidades sigue siendo una tarea pendiente. El estudio Eurostudent: Social and Economic Conditions of Student Life in Europe (2021-2024), con participación de España y otros 24 países europeos, confirma que el origen socioeconómico y nivel de estudios de los progenitores sigue siendo un factor clave en el éxito académico de los estudiantes, lo cual perpetúa las desigualdades de origen.

El informe de la Xarxa Vives Via Universitària Acceso, Condiciones de Aprendizaje, expectativas y retorno de los estudios universitarios (2023-2025) indica, entre otras conclusiones, que los estudiantes con menos recursos económicos no solo tienen menos oportunidades de acceso a la universidad sino también un abanico más reducido de titulaciones a las que optar. Este último estudio constata también que son los estudiantes de mayores recursos económicos los que más se benefician de las actividades sociales y deportivas de la vida universitaria, mientras los de menores ingresos a menudo compaginan sus estudios con labores de cuidado y trabajos a tiempo parcial. Via Universitària confirma las desigualdades de acceso entre los estudiantes y las universidades analizadas, hace hincapié en las consecuencias de la presión financiera sobre muchos estudiantes, e identifica la necesidad de políticas de equidad, igualdad de género y de bienestar.

¿Qué sucede a nivel internacional?

A nivel internacional, el informe recién publicado Degrees of Difference (2025) por el think-tank The Sutton Trust, compara las experiencias de 9 países (Inglaterra, Estados Unidos, Australia, Canadá, China, Dinamarca, Grecia, Irlanda y Japón) y concluye que:

“La educación superior es un motor de movilidad ascendente y, además, existe una evidencia de que, cuando los grupos desfavorecidos acceden a instituciones de educación superior de élite, tienen a obtener excelentes resultados laborales a largo plazo. No obstante, las suposiciones optimistas de que la masificación de la educación superior impulsaría una mayor movilidad social no se han cumplido (…) En todos los países de la OCDE, los individuos procedentes de familias favorecidas siguen teniendo muchas más probabilidades de conseguir los mejores salarios (…) Además, las desigualdades en el acceso también persisten, especialmente en relación con las instituciones más prestigiosas”

Para abordar y disminuir estas desigualdades, son necesarias medidas políticas a nivel nacional así como iniciativas concretas por parte de cada institución.

Y es que no solo se trata de facilitar el acceso a la universidad, sino de aportar los apoyos necesarios para que los estudiantes más desfavorecidos puedan aprovechar al máximo su paso por la universidad y que su experiencia universitaria sea tan exitosa como la de sus compañeros que tienen una mayor y mejor red de apoyo.

La experiencia del Reino Unido

En el Reino Unido, esta realidad llevó a un enfoque estructurado conocido como Widening Participation, un compromiso para garantizar que la capacidad, y no la ventaja, determine quién se beneficia de la educación superior. A medida que España y otros sistemas europeos comienzan a explorar más a fondo esta agenda, la experiencia del Reino Unido ofrece un modelo útil de cómo se puede promover la movilidad social a través de la política, la regulación y la cultura institucional.

El enfoque del Reino Unido hacia la ampliación de la participación ha evolucionado durante décadas. Sus raíces se remontan al Informe Robbins de 1963, que declaró que “los cursos de educación superior deben estar disponibles para todos aquellos que, por capacidad y rendimiento, estén calificados para cursarlos”.

Programas a favor de la igualdad de oportunidades

A partir de finales de los años noventa, los gobiernos incorporaron este principio en la política nacional. Programas como Aim Higher y la creación de la Office for Fair Access (OFFA) en 2004 formalizaron las obligaciones de las universidades para promover la igualdad de oportunidades. Hoy en día, este trabajo está supervisado por la Office for Students (OfS), que exige que cada universidad inglesa publique un Plan de Acceso y Participación con objetivos medibles y evaluables para mejorar el acceso, la retención y la progresión de los estudiantes más desfavorecidos.

Esta combinación de regulación y responsabilidad institucional ha producido resultados evidentes.

Según la OfS, la proporción de jóvenes de las zonas más desfavorecidas que acceden a la educación superior casi se ha duplicado en las últimas dos décadas, pasando del 11,4 % en 2006 al 21,8 % en 2023. Aunque persisten las brechas, la tendencia es consistentemente positiva.

La estrategia de Widening Participation incluye las políticas e iniciativas diseñadas para aumentar el acceso de grupos históricamente infrarrepresentados en la educación superior. Estos incluyen estudiantes de familias con bajos ingresos, jóvenes que han estado bajo tutela estatal, personas con discapacidad y aquellos que provienen de áreas con bajas tasas de acceso a la universidad.

¿Qué incluyen las medidas típicas?

  • Programas de extensión escolar realizadas junto a colegios e institutos
  • Apoyo tutorial especializado
  • Políticas de admisión contextuales que reconocen el potencial académico de estudiantes con notas medias inferiores en centros escolares y códigos postales de menores recursos
  • Becas y otras ayudas económicas

Cada vez más, estas iniciativas se centran no solo el acceso a la universidad, sino también en garantizar el éxito continuo de los estudiantes de estos colectivos, asegurándoles medidas específicas de apoyo para progresar en sus estudios, graduarse y conseguir empleos cualificados al desarrollar las habilidades de empleabilidad más demandadas.

Más recientemente, el actual Gobierno Laborista del Reino Unido ha prometido reintroducir becas de manutención dirigidas a estudiantes de los hogares con ingresos más bajos. Esto revierte la política de 2016 que puso fin a dichas becas, restaurando así un mecanismo de apoyo crucial para quienes corren mayor riesgo de ser excluidos debido a barreras financieras.

La ampliación de la participación en el Reino Unido también ha evolucionado para reflejar nuevas prioridades en torno a la empleabilidad y las competencias regionales.

La introducción de los grados en aprendizaje dual en 2015 es un ejemplo clave. Estos programas combinan trabajo remunerado con estudio universitario, lo que permite a los estudiantes obtener un título mientras evitan la deuda tradicional por matrícula. Han abierto caminos para quienes prefieren rutas de aprendizaje vocacional o integradas con el trabajo, y han fortalecido el vínculo entre la educación superior y los empleadores.

Tales innovaciones demuestran cómo la ampliación de la participación se conecta no solo con la equidad y la igualdad, sino también con la agenda de empleabilidad. Ya no se trata solo de quién accede a la universidad, sino de asegurar que los graduados están preparados para tener éxito en economías diversas y contribuir a la sociedad con su máximo potencial.

Los desafíos del sistema británico

A pesar de los logros significativos, el sistema del Reino Unido sigue enfrentando desafíos: la desigualdad económica, las variaciones regionales y el aumento del coste de vida siguen influyendo en quién siente que puede permitirse estudiar y prosperar. En un contexto de crisis financiera de todo el sistema universitario birtánico, algunas universidades continúan luchando por implementar sus estrategias de Widening Participation, pero otras limitan sus iniciativas al cumplimiento normativo.

No obstante, en su conjunto las universidades británicas continúan su compromiso con las políticas de acceso y equidad, al tiempo que adoptan enfoques de “ciclo completo”, es decir, apoyando a los estudiantes desde antes de la universidad, pasando por el acceso y la selección de centro y programa, hasta su graduación e incorporación al mercado laboral. Y es que cada vez es más evidente que las políticas de acceso y equidad deben integrarse en iniciativas de empleabilidad así como políticas más amplias de equidad, diversidad e inclusión (EDI).

Conclusiones y aplicación al sector universitario español

En España el debate y las acciones de acceso y equidad en la universidad tienden a limitarse a las iniciativas de ayuda económica. De hecho, la renta familiar es uno de los criterios principales de las becas del Ministerio de Educación, las cuales se complementan con diferentes ayudas económicas gestionadas por las diversas comunidades autónomas y a menudo tituladas “de equidad”. También las hay para personas refugiadas, víctimas de violencia de género, residentes en zonas rurales, y estudiantes con discapacidad o necesidades de educación especial. Pero las ayudas económicas son insuficientes para resolver la brecha de oportunidades a la que se enfrentan los estudiantes más desfavorecidos: hacen falta otras medidas de apoyo para inspirarlos a acceder a la educación superior, garantizarles el éxito durante su etapa universitaria, y apoyarles en su incorporación en el mundo laboral.

El modelo del Reino Unido como punto de partida

En este contexto, el modelo del Reino Unido puede servir de ejemplo como punto de partida. La clave de su relativo éxito radica en la combinación de regulación gubernamental, responsabilidad institucional y aceptación cultural de que la diversidad fortalece la educación. Aunque a lo largo de los años ha habido fluctuaciones en el éxito de estas políticas, en general, la experiencia británica demuestra que una estrategia a nivel nacional de promoción del acceso y la equidad en las universidades puede tener un impacto profundo: transforma vidas, enriquece las universidades y contribuye a una sociedad más equitativa.

Sin embargo, no existe un modelo único. Cada contexto nacional requiere su propio equilibrio de políticas, financiación y asociaciones locales, tal y como queda reflejado en el informe Degrees of Difference.

El principio esencial, que probablemente resuene en todas las regiones y culturas, es que la educación superior debe ampliar las oportunidades en lugar de reforzar las desigualdades.

Y teniendo en cuenta que ya existen estudios que evalúan y analizan diversas iniciativas en sectores universitarios de diferentes partes del mundo, en nuestro sector universitario español tenemos la oportunidad y la responsabilidad de empezar a definir nuestra propia política de acceso y equidad a la educación superior más allá de las ayudas económicas.

 

 

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