¿Hay cultura en la universidad?

En el ya lejano 2012, proponíamos a la comunidad académica, a la comunidad profesional de la gestión cultural y a la sociedad en general, la expresión “dimensión cultural de la universidad” como un paraguas para describir todas aquellas tareas que la universidad emprende en materia de cultura universitaria y otras disciplinas relacionadas (Ariño Villarroya y González Rueda, 2012). Ocho años después, la revista DEBATS nos ha ofrecido la oportunidad de actualizar el estado de la cuestión de esta dimensión cultural, tan antigua como la propia universidad.

Aprovechamos la tribuna y la visibilidad de Universidad, para mostrar las principales conclusiones de dicho análisis.

La dimensión cultural de la universidad española

  1. Lo cultural no se identifica actualmente, en la práctica, como una de las misiones de la universidad. Durante los años 90 del pasado siglo, la extensión universitaria era reconocida, al menos normativa y formalmente, como la tercera misión (tras docencia e investigación). Sin embargo, hoy en día, la transferencia es percibida por nuestra institución y parte de la sociedad como ese tercer elemento misional.
  2. La dimensión cultural no suele aparecer entre los objetivos de los planes estratégicos de la universidad y los indicadores culturales no son contemplados por los rankings, a pesar de que sus actividades son relativamente valiosas para la sociedad en la que se imbrica.
  3. La dimensión cultural no cuenta con una marca definida porque esta misión universitaria no está delimitada y regulada como sí lo están la docencia y la investigación. Subsiste entre la histórica extensión universitaria y la cada vez más denostada responsabilidad social universitaria, aunque, como término multidimensional, la cultura universitaria no está integrada en estos campos de manera adecuada.
  4. La dimensión cultural se despliega en varios ámbitos de la universidad (vicerrectorados, centros, departamentos, áreas, institutos, grupos, etc.), lo cual la enriquece, pero también dificulta la construcción de estrategias y planes.
  5. La cultura universitaria no cuenta con grandes estructuras de apoyo dentro de la institución, y aunque las que existen están profesionalizadas, no forman parte de redes técnicas de gestión, como es el caso de otras dimensiones de la universidad.
  6. La dimensión cultural protagoniza una parte de la vida universitaria, pero no está en la agenda de temas claves de la universidad (consejos de gobierno, claustros y consejos sociales), por lo que la presencia en los órganos de toma de decisiones es testimonial y periférica. A pesar de ello, paradójicamente, de una manera directa o indirecta esta dimensión cultural está presente en casi la totalidad de los equipos de dirección de las universidades.
  7. Las programaciones de la dimensión cultural suelen estar alejadas de las competencias y disposiciones culturales de los estudiantes y muy volcadas en los contenidos artísticos y creativos. En este ámbito, lo mayoritario no es sinónimo de éxito, ni lo minoritario es sinónimo de calidad.
  8. La dimensión cultural universitaria tiene una excelente implantación estatal pero no forma parte del compendio de agentes que protagonizan la política cultural estatal (estado, autonomías, ayuntamientos, diputaciones, industrias culturales, sectores creativos, asociacionismo cultural, etc.). La posible creación de una red formal de universidades culturales sería más efectiva hacia el exterior, ya que mostrar el nexo entre más de 70 universidades que hacen cultura universitaria quizá nos convertiría en una contraparte de interés.
  9. La dimensión cultural no lidera la agenda compartida de las ciudades en las que se encuentra, ni tampoco ocupa un papel de coordinación e integración que podría ser bien recibido por la sociedad y los agentes culturales.
  10. La dimensión cultural no ha sido capaz de generar su propio sistema de indicadores normalizados. Apuestan por diseñar sus procesos de evaluación con sus propios evaluadores (primero para la comparación, después para la mejora y por último para el reconocimiento).
  11. La dimensión cultural no aborda los espacios curriculares y extracurriculares para el PDI (personal docente e investigador). El PDI recibe formación para mejorar en docencia y en investigación, pero no recibe formación sobre la dimensión cultural ni se relacionan sus actividades con el ámbito de la investigación. Además, cuenta con estrategias de apoyo al talento docente e investigador, pero poco se ha avanzado en la captación de talento cultural desde la universidad.
  12. Sin embargo, la formación integral del estudiantado, del PDI y del PAS sigue siendo un mandato legal y una declarada vocación esencial de la institución universitaria. No existe documento académico riguroso que se precie de ello que no invoque la necesidad de la formación crítica y el sentido de ciudadanía.

La Declaración de Cádiz como punto de partida

Por otro lado, nos gustaría destacar que, en el año 2017, en el marco del Seminario de los Cursos de Verano de Cádiz se promueve la Declaración de Cádiz. Esta declaración propone la creación de un grupo de trabajo amparado por la CRUE. Tras diversos e infructuosos intentos ante la CRUE para que amparara una sectorial de cultura universitaria o, en su defecto, un grupo de trabajo, los vicerrectorados de la dimensión cultural se vienen reuniendo desde entonces con una periodicidad aproximadamente semestral.

En esas reuniones, se trata de mostrar las mejores prácticas de nuestro sector y poner en común elementos y debates que nos lleven a ciertas políticas de “mínimos”. En ese sentido, se han trabajado temas tales como:

Preposiciones para una cultura universitaria

Por último, en el artículo ya mencionado de la revista Debats, planteábamos un pasatiempo intelectual con la unión de las palabras «cultura» y «universidad» mediante alguna de las preposiciones que la lengua española nos ha regalado con buen tino.

El resultado es el que sigue en forma de coda:

  • Cultura a la universidad. El viaje que todavía no hacen algunas instituciones culturales para adaptarse a la realidad universitaria.
  • Cultura ante la universidad. La cultura digital y/o colaborativa que cada día más tenemos delante y no queremos ver.
  • Cultura bajo la universidad. La que se juega por debajo de las rígidas estructuras oficiales y que no somos capaces de detectar.
  • Cultura con la universidad. La que buscan muchos creadores y gestores en nuestras ciudades y territorios.
  • Cultura contra la universidad. La que nos encontramos a veces en otros agentes culturales externos.
  • Cultura de la universidad. La cultura aún por definir y construir que dará sentido a nuestra misión.
  • Cultura desde la universidad. La cultura unidireccional que heredamos de los extensionistas.
  • Cultura en la universidad. La cultura que surge y crece en nuestros campus (promoción).
  • Cultura entre la universidad y la sociedad. A la que deberíamos tender cada vez más.
  • Cultura hacia la universidad. La gestión cultural que emerge, pero no termina de llegar.
  • Cultura hasta la Universidad. La que nos limita geográficamente en el ámbito de nuestros campus.
  • Cultura para la universidad. La que aún no somos capaces de definir y desarrollar de manera eficiente.
  • Cultura por la universidad. La que sostenemos de manera voluntarista y misional una gran parte de las personas que estamos aquí.
  • Cultura según la universidad. La cultura oficial que transmitimos de una manera u otra desde nuestros vicerrectorados de la dimensión cultural.
  • Cultura sin la universidad. La que sucede en muchas ciudades españolas con campus universitario.
  • Cultura sobre la universidad. La que nos convertiría en sujetos de la investigación cultural.
  • Cultura tras la universidad. La que no terminamos de encajar en los procesos de docencia e investigación.
  • Cultura durante la universidad. La que podríamos incrementar entre nuestros estudiantes durante su paso por la misma.
  • Cultura mediante la universidad. La que podríamos generar con procesos de investigación e innovación en nuestro tejido socio cultural.

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Comentarios
  1. Miguel Arranz dice: 16/07/2020 a las 13:58

    Creo que la universidad no es un lugar que deje un poso cultural en los estudiantes. Por lo general, los estudiantes que acuden a nuestras universidad suelen buscar una gratificación inmediata (aprobar, titular y acceder al mercado de trabajo). El aprovechamiento del tiempo universitario, en un sentido de experiencia cultural, afecta a un porcentaje muy minoritario. Tampoco ayuda, como se pone de manifiesto en este post, la escasa atención a la oferta cultural. Estamos más pendientes de satisfacer aquello que demandan los estudiantes que de darles, además de eso, lo que necesitan, que es una amplia formación cultural.
    Gracias por esta entrada, muy necesaria.

  2. Yudit Rovira dice: 18/07/2020 a las 05:43

    Muy interesante resulta esto de la dimensión cultural. Sin dudas creo q lo más actualizado q he visto en los últimos tiempos. Muchas gracias. A ver si un día tenemos suerte los extensionistas de todo el mundo de q le den el valor q merece, tanto q favorece la formación integral del estudiante universitario y tanto q lo agradecen estos. Un estudiante q se involucra en los procesos culturales , como promotor , líder , actor, q crea , desarrolla y promueve cultura, sobre todo desde su profesión, siempre será un profesional mucho más competente.


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