EMPRESAS SPIN-OFF: ¿EXÓTICAS O HABITUALES?

Algo está cambiando en el escenario de la transferencia de conocimiento de las instituciones académicas. Y no es sólo porque dichas instituciones estemos evolucionando o diseñando nuevas estrategias, impulsando instrumentos más sofisticados o siendo las promotoras de ello promoviendo una cultura de transferencia de conocimiento como hemos dicho que hacíamos o era importante hacer. Es porque desde fuera nos están haciendo cambiar, y esto es nuevo.

Mecanismos de transferencia de conocimiento

Los mecanismos de transferencia de conocimiento son básicamente tres, la I+D en interacción con empresa, las licencias de propiedad intelectual e industrial de las instituciones y la creación de empresas basadas en conocimiento, también llamadas spin-off o spin-out. El primero, con variantes que incluyen la I+D contratada, la colaborativa o la consultoría, es el mayoritario y el que está más asentado en la práctica de los centros académicos. Cuenta con una amplia batería de ayudas públicas que lo fomentan. Los otros dos mecanismos han sido minoritarios y casi testimoniales en España.

Es alrededor de esos dos mecanismos, que nunca tuvieron una fuerte desarrollo en España, donde, en los últimos años, se están produciendo cambios en el sistema de innovación. En primer lugar, un cambio en las empresas, que van interiorizando que deben orientarse a innovar para mantenerse y para crecer.

Pero innovar no quiere decir hacer I+D. Las tendencias sobre innovación abierta les descubren la posibilidad de que puedan innovar basándose en start-ups a las que atraen para resolver sus retos.

Así, las start-ups que han sido capaces de desarrollar buenas soluciones, son compradas por las empresas grandes. De este modo, trasladan el riesgo a dichas pequeñas compañías, las cuales ejercen una creatividad y agilidad de las que carecen las grandes. Son, además, su mejor fuente de innovación disruptiva.

El coste y la inversión en la transferencia de conocimiento

Bajo este mismo enfoque, las empresas que buscan innovar no desean adquirir licencias a las universidades y centros de I+D. Ello les obligaría a asumir el riesgo de su desarrollo tecnológico, el cual quieren evitar. Su preferencia es adquirir las start-ups (que en estos casos denominamos spin-off), las cuales consiguen comprar las licencias a los centros académicos a bajo precio y pueden validar el producto y el mercado a bajo coste. Consecuencia de esta evolución, se han ido creando en las compañías, especialmente en las más tractoras, departamentos de “corporate ventures” o de “innovación abierta”, que buscan en startups/spin-off oportunidades para innovar. Y ello, a la vez que han ido adelgazando los departamentos de I+D, que, por otro lado, pueden mantener su actividad con menor coste, especial mente si es en colaboración con los centros académicos.

En segundo lugar, y complementando lo anterior, está cambiando el entorno inversor, que busca nuevos negocios invirtiendo en fases tempranas de proyectos empresariales innovadores como son las start-up y las spin-off. Así, poco a poco va apareciendo un tejido formado por inversores individuales (angels) y profesionales (venture capital, VC), por consultoras de desarrollo de negocio (venture builders, VB), incubadoras y aceleradoras. Al contrario que hace una década, hoy los VCs y VBs se acercan a las universidades, visitan a los investigadores en sus laboratorios y examinan la ciencia que producen. Desean encontrar conocimiento sobre el que construir empresas disruptivas, de alto crecimiento y que puedan vender por un holgado multiplicador de su capital invertido.

Adaptarse a los cambios

Ambos cambios son bienvenidos en la universidad y están provocando, a su vez, cambios en la dinámica de la institución. Por un lado, trabajando la actitud y la formación emprendedora en los estudiantes. Actualmente, los programas de emprendimiento están generalizados en las universidades y de ellos salen numerosas start-ups. Muchas no prosperarán, algunas conseguirán ser empresas gacela, pero todas ellas contribuirán a dinamizar la creación de nuevo tejido productivo, que tanta falta hace en nuestro país.

Y, por otro, afrontando la creación de empresas spin-off de una forma renovada. Ello supone que este mecanismo de transferencia de conocimiento debe dejar de ser algo exótico y excepcional, para convertirse en un quehacer cotidiano, en muchos casos vinculado a la estrategia de transferencia de la propiedad intelectual e industrial.

La creación, y también el desarrollo inicial de las spin-off debe formar parte de la valorización de los resultados de investigación.

No termina con la creación de la empresa, sino que la creación de la empresa forma parte de su itinerario, porque es el formato empresarial el que puede permitir la prueba de concepto y subsiguientes pasos en la escala de TRL hasta llegar al mercado/uso del conocimiento. La spin-off es un mecanismo, cada vez más de tránsito, antes de que la tecnología se transfiera a una empresa que tenga capacidad real para explotarla.

¿Es viable en nuestro país?

Este camino es difícil, porque, en España, los investigadores no suelen ser emprendedores -y ojalá cambie en el futuro-. Su carrera es investigar en centros académicos. Idealmente, la spin-off podría incorporar a algún postdoc del grupo, y contar con el compromiso, desde la universidad, del investigador que ha liderado el resultado a transferir. Pero ambos son aportes del lado técnico. Crear la empresa requiere capacidad en desarrollo de negocio, que, inicialmente, es comercial (validación de mercado, acceso a potenciales clientes, a inversores…) y gerencial (gestión económica, legal, logística, operaciones…).

El papel de la Universidad

Las universidades tenemos que entrar en una dinámica de creación de spin-off más decidida, entre otras cosas porque el mercado nos está conduciendo a ello. Individualmente o de forma mutualizada, las unidades de transferencia universitarias debemos ser capaces de detectar y evaluar resultados de investigación “spinoffeables”, debemos ser capaces de facilitar CEOs/builders que traccionen la elaboración de un plan de negocio y se impliquen en el desarrollo de la empresa, al menos en sus fases iniciales. Y debemos ser capaces de aprovechar toda la financiación que podamos conseguir o facilitar para incubar el proyecto empresarial y para que nazca con el mayor vigor que le podamos dar.

El mercado de la transferencia de conocimiento nos está llevando a generar más spin-off. Pero la responsabilidad social de la universidad, también.

La sociedad necesita rejuvenecer el tejido productivo con empresas basadas en conocimiento, que con sus salarios y sus impuestos ayuden a sostener el estado del bienestar.

Es una demanda social que no podemos eludir. La ciudadanía nos pide una investigación que resuelva problemas sociales, no con papers, sino con innovaciones sostenibles, y eso también pasa en muchos casos por crear empresas. Afortunadamente, aunque las condiciones no son las mejores, tenemos capacidad para abordarlo. Sí, se puede, si cada cual contribuye desde su responsabilidad.

Y, ¿Cómo hacerlo?

Algunas ideas en esa dirección han sido ya propuestas desde la asociación Redtransfer, tales como la identificación de perfiles y carrera profesional del personal de transferencia de conocimiento, el cambio radical de los procesos de reclutamiento del personal de transferencia,  la mutualización de servicios de transferencia de conocimiento para disponer de masa crítica, o el desarrollo de una comunidad profesional en la que confluyan la diversidad de perfiles que requiere esta función. Muchas más habría que lanzar porque el retraso que llevamos es grande y la oportunidad de cambio que tenemos en estos tiempos, con las reformas e inversiones asociadas a los Planes de Recuperación, Transformación y Resiliencia, es única. Si tenemos actitud de aportar y construir, sabremos aprovecharla.

 
Comentarios
  1. Juan Ignacio Conesa dice: 24/07/2022 a las 10:37

    Muy interesante y acertado


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