La universidad promotora: ¿cómo propiciar una cultura de transferencia de conocimiento?

En una entrada anterior, consideramos el crecimiento de la innovación como elemento clave del valor social de la función universitaria. Dicha función está vinculada fundamentalmente al flujo de conocimiento transferido desde la universidad al tejido empresarial. Por ello, es evidente que la acción más importante a acometer es la de reforzar la cultura de la transferencia de conocimiento. Esto es precisamente lo que se aborda en la entrada de hoy, con el apoyo de un modelo de referencia en el que las universidades deben ser promotoras.

La crisis abierta por la pandemia del covid-19 ha puesto en evidencia nuestras carencias en este sentido y, a la vez, la inmensa capacidad de respuesta nacida del voluntarismo por encontrar soluciones, lo que nos debe hacer pensar en nuestras oportunidades bajo un sistema de gestión de conocimiento bien estructurado y cuidado con una inversión adecuada.

Un modelo de transferencia de conocimiento

Como todo proceso de transferencia, el del conocimiento requiere conectar mediante acciones coordinadas al elemento difusor -universidades- y al receptor -empresas o, en su versión más amplia, la sociedad en su conjunto-.

Es necesario plantear el crecimiento social apoyado en una gestión del conocimiento, en tres estados mostrados esquemáticamente con la estructura de sus interrelaciones en la Figura 1, que:

  1. Potencie la generación de conocimiento -estado1- mediante la adecuada planificación de la investigación en universidades y otras instituciones investigadoras. De esta forma, se alcanzará mayores cotas en el conocimiento almacenado que pueda ser inoculado (transferido) internamente en procesos de formación a las personas.
  2. Establezca las vías de la transferencia -estado 2- de ese conocimiento al entorno receptor, empresas y otros agentes. Todo ello, a través de la incorporación en estas de las personas que lo contienen. También a través de compartirlo en actividades colaborativas en procesos de investigación aplicada, innovadores o de desarrollo.
  3. Garantice la aplicabilidad de ese conocimiento en procesos productivos -estado 3- generadores de empleo y riqueza desde las estructuras existentes, las empresas, o por creación de nuevas mediante el emprendimiento.

En este escenario se debe contemplar la funcionalidad de las universidades.

Figura 1. Modelo de flujos del conocimiento entre la universidad, empresas y otros agentes.

Fuente: elaboración propia 

El estado 1. La generación de conocimiento

Siendo cierto que las universidades son, junto con otros agentes de investigación, responsables ejecutivas del Estado 1, mostrado en la figura, no pueden ser ya sólo eso. Deben ser promotoras para que se propicien con intensidad adecuada las actividades de investigación y las que les dan continuidad.

Deberán mostrar la importancia de la inversión adecuada en generación de nuevo conocimiento de forma sostenida. Y, para ello, participar activamente en los escenarios de decisiones sobre los modelos de refuerzo de las estructuras de investigación.

Además, son responsables de:

  • Propiciar procesos de discriminación en atención a la calidad y a la oportunidad de los grupos de investigación. De esta forma, podrán dar apoyo a los más competitivos a nivel internacional y potenciar su estabilidad estructural y de recursos, tanto humanos y de equipamiento como presupuestarios. Y, además, podrán generar el clima de estímulo para que otros grupos alcancen ese nivel.
  • Fomentar la colaboración y la interconexión público-privada en la generación de conocimiento basada en el aprovechamiento de tendencias de necesidad y oportunidad del entorno privado.
  • Potenciar la visión de los equipos humanos con formación más global en los objetivos de valor social de la investigación, sensibilizando a investigadores con sentido innovador/emprendedor.
  • Estableciendo políticas de recursos humanos investigadores que potencien la competitividad, la formación experiencial plural y global, no endogámica. Que permita recuperar y atraer talento y que fomente la formación e incorporación de personal de apoyo. Con ello, lograremos hacer más eficiente y eficaz el trabajo de investigación en equipo.

En resumen, ser promotoras de un foco difusor de conocimiento lo más potente posible, para poder vincularlo a su funcionalidad social última: el crecimiento a través de la innovación y la productividad, promovido por las empresas y demandado por la sociedad.

El estado 2. La creación de una potente trama de transferencia de conocimiento

Donde, sin duda, las universidades deben abanderar claramente el necesario esfuerzo de cambio o de refuerzo es en la modelización del Estado 2. Como aparece en la Figura 1, se trataría de establecer una transferencia de conocimiento altamente eficaz.

Las universidades no pueden, ni deben, esperar más a que sean solo los representantes sociales los que actúen, y lo hagan con acierto, considerando las necesidades sociales. Deben ser promotoras de estructurar las vías, las acciones, de una potente trama de transferencia:

  • Identificando adecuadamente el papel de alto valor de la apropiada gestión del conocimiento, su generación y su transferencia.
  • Dedicándose a su planificación. No sólo de forma nominativa en sus programas, sino de forma efectiva y ejecutiva.
  • Apostando preferencialmente por ello en sus políticas sociales y activando la unión en confianza entre los agentes claves para el desarrollo social.

Las universidades no pueden esperar más, deben pasar a la proactividad.

Las conexiones entre la universidad y el tejido empresarial

Así, además de potenciar la transferencia del conocimiento desde su extremo, deben hacer que, desde el otro extremo -las empresas, fundamentalmente- se conecten y demanden esa transferencia.

Deben habilitarse para ello canales de comunicación, de conocimiento y análisis mutuo, generadores de entornos compartidos con confianza en los otros, desde los que colaborar estrechamente.

Esta colaboración debe extenderse tanto a los procesos formativos sobre las personas como en los procesos de aplicación del conocimiento. En el primer caso, compaginando la formación en contenidos -tradicionalmente académica- con el de saber aplicar estos contenidos desde la experiencia de hacerlo -más experiencial, con valor empresarial-. En el segundo caso, aplicando dichos procesos en objetivos identificados de investigación aplicada, innovación y desarrollo.

Figura 2. Esquema de transferencia del conocimiento. Acciones a potenciar.

Fuente: elaboración propia

 

Porque, tal y como se aprecia en el esquema de la Figura 2, tanto las personas como los propios proyectos colaborativos que ponen en contacto personas, son las vías de transferencia del conocimiento: desde sus entornos de generación a los propios de su aplicación en procesos productivos.

Contemplando ambas vías, los actores principales de la transferencia de conocimiento, los vehículos que la propician, son las personas. Para ello, hay diferentes itinerarios con múltiples matices

Transferencia de conocimiento: acciones a potenciar

La planificación para potenciar el proceso de transferencia deberá tener en cuenta el valor preponderante de las personas en dicho proceso. Además de ordenar acciones de concienciación, contacto, coordinación y colaboración con los otros agentes sociales, por encima de todo, las universidades deberán contemplar acciones para asegurar la función de transferencia del conocimiento por cualquiera de sus vías y reforzar aquello que no está activado o lo está de manera insuficiente.

El esquema de la Figura 2 muestra las vías de acceso del nuevo conocimiento desde el entorno de las universidades al entorno empresarial. Tanto a través de los egresados universitarios y de los equipos investigadores, como a través de los convenios de colaboración para la ejecución de proyectos de aplicación del conocimiento a procesos novedosos. O de los propios investigadores para poner sus resultados como base de nuevas empresas, spin-offs innovadoras.

El propio esquema señala con + aquellas actividades a reforzar:

  • Capacidad emprendedora de los universitarios

La primera, imprescindible, resulta ser la potenciación de la cultura emprendedora de los universitarios en formación. Esto debe hacerse tanto a nivel de grado como posgrado, con investigadores o no investigadores, a través de programas de sensibilización y formación en todas las herramientas transversales que les permita aplicar su conocimiento, potenciando su alcance, como base de iniciativas innovadoras.

Como resultado, la empleabilidad de los graduados debe crecer con su capacidad emprendedora. Empleabilidad bien por cuenta ajena, como iniciadores o personal de apoyo a procesos innovadores, o bien auto- empleados en iniciativas de emprendimiento propio innovador. De esa forma, la transferencia del conocimiento se incrementará y, por lo tanto, favorecerá la innovación empresarial.

Trasladar personas con estas características al tejido productivo debe mejorar la capacidad de intraemprendimiento empresarial. Su déficit es importante en nuestro país y lastra la capacidad innovadora, ya que en su ausencia no hay estímulo interno para la innovación empresarial.

  • La investigación ligada al emprendimiento

Por otro lado, la sensibilización a iniciativas emprendedoras de los investigadores en formación, aportándoles la iniciación a las herramientas que necesitan para ello, potencia la capacidad estructurada de las universidades para generar spin-offs propios o en colaboración con empresas.

Estas nuevas empresas estarán asentadas en el conocimiento recientemente generado en los equipos de investigación. Por ello, se establecerán con un alto potencial en sostenibilidad (90% sobreviven a los 5 años) y empleabilidad (muy superior al de las nuevas empresas no universitarias consolidadas). Y son, precisamente, la sostenibilidad y la empleabilidad activos generadores de crecimiento y competitividad.

También es necesario llevar a cabo esta sensibilización a todo el colectivo de investigadores universitarios, en todos los niveles de responsabilidad. Debe dejar de entenderse la transferibilidad de los resultados de la investigación como una pérdida de tiempo, desviadora de productividad científica inmediata. Dicha transferibilidad de los resultados sentará las bases para activar la eficacia de la acción investigadora en dos sentidos: uno, en la aplicación del conocimiento para la innovación empresarial y en sentido contrario, en la demanda empresarial de nuevas colaboraciones. Con ello, se empezará a estimular el círculo virtuoso de relación universidad-empresa.

El Estado 3. El apoyo a una sociedad más emprendedora e innovadora.

Tiene sentido potenciar las capacidades emprendedoras universitarias como factor clave de su proactividad en la mejora de la transferencia de conocimiento. Máxime en un sistema como el español, al tener España unos indicadores en emprendimiento preocupantes.

La tasa de actividad emprendedora se sitúa en el entorno del 5,5%, lejos del 10% en el que están las economías basadas en la innovación más emprendedoras. Indicadores, además, que reflejan pérdidas importantes desde el inicio de la crisis, emparejadas temporalmente con el retroceso en inversión en I+D+i tanto pública como, fundamentalmente, empresarial privada.

Para entender la necesidad de las acciones propuestas, se debe entender la relación entre la mayor competitividad de una sociedad con su mayor capacidad innovadora. Y ésta con la percepción de oportunidades de nuevos procesos de emprendimiento de calidad.

Esto se aprecia en la comparación de esta percepción (Figura 3) entre países líderes innovadores -los nórdicos en puestos preferenciales de competitividad a pesar de su menor nivel poblacional- y países innovadores moderados del sur de Europa, entre los que está España.

Figura 3. Relación entre percepción de oportunidades para emprender, y la innovación y la competitividad.

Fuente: GEM Global, Global Competitiveness Report 2016-17, The Global Innovation Index 2017 y elaboración propia.

 

Las acciones descritas, propias del estímulo de la transferencia desde la universidad, deben favorecer la situación objetivo del Estado 3 (Figura 1), con el valor potenciador de la aplicación del conocimiento transferido en procesos innovadores productivos de la estructura empresarial.

La adecuada actuación de la universidad en los procesos de investigación y transferencia servirá para la mejora de la productividad y la competitividad empresarial. Y, con ello, mejorará la débil estructura empresarial española: apenas 10.000 empresas activas en I+D+i, que invierten poco en ello, que son de pequeño tamaño y resultan tener baja competitividad (Figura 4).

Figura 4. Evolución de la estructura empresarial innovadora y su inversión en España.

Fuente: COTEC Informe 2016.

 Conclusiones

Ante la necesidad social de una asociación universidad-empresa, conocimiento-productividad, las universidades tienen una serie de responsabilidades que deben acometer.

Deben señalar las acciones que se necesitan, los actores a realizarlas, los recursos necesarios y los que se pueden disponer. Así como el método y el ritmo de su ejecución para realizarlos con eficacia y eficiencia.

Deben hacer un cambio de estrategia que las lleve de esperar a que definan otros – empresas y administraciones- a promover las iniciativas necesarias que hagan que todos los agentes colaboren activamente. Un cambio de estrategia que haga de las Universidades-Investigadoras, Universidades-Investigadoras Emprendedoras.

La gestión del conocimiento: ejes del cambio de modelo

Se debe vincular toda la estrategia a un modelo sencillo de crecimiento social, basado en gestionar el conocimiento en torno a tres grandes ejes:

  1. Generación de Conocimiento (Investigación).
  2. Transferencia del Conocimiento.
  3. Aplicación Productiva del Conocimiento (Innovación).

De todos estos, el eje de la transferencia es clave pues es el garante de la unidad, vinculando conocimiento y crecimiento social. Su ejecución solo es posible con una adecuada asociación universidad-empresa. Las universidades deben ahora hacer lo necesario para que esto se produzca.

Compromisos de todos los agentes sociales

Las universidades, actuando desde una visión global para la gestión del conocimiento, deben planificar teniendo en consideración las necesidades sociales: con el crecimiento y desarrollo como objetivo, en un esfuerzo integrador con todos los agentes sociales.

Deberán concienciar a empresas y administraciones para promover su compromiso y su colaboración, en:

  • Potenciar la investigación permitiendo la generación sostenida de nuevo conocimiento de calidad y aplicabilidad creciente, reforzando las estructuras y los recursos humanos y materiales necesarios. Para ello, deben justificar como necesidad social un mayor esfuerzo inversor en I+D+i, por etapas que sean presupuestariamente asumibles y garanticen su eficacia. Y, además, favorecer un clima de transferencia adecuado que haga crecer la participación privada de esa inversión.
  • Potenciar la difusión/transferencia del conocimiento, reforzando las vías no bien estructuradas. En particular, la formación y el apoyo a personas con capacidad emprendedora y a iniciativas y estructuras innovadoras. Esto exige el desarrollo de indicadores adecuados de transferencia de conocimiento, incluyendo la propia función formativa como una vía fundamental de la transferencia, vehiculada a través de los estudiantes como receptores de la formación. Es necesario, por ello, escuchar bien lo que la sociedad requiere a través de sus agentes. Fundamentalmente de las empresas como eslabón más próximo al que asociarse para gestionar eficazmente el conocimiento.
  • Potenciar la aplicación y explotación de lo transferido y hacerlo directamente (generación de spin-offs nacidos de los resultados de investigación). De esta forma, se favorecerá el crecimiento de una estructura empresarial más innovadora y competitiva, junto con la activación de unas administraciones más emprendedoras y flexibles.

Esta entrada es una adaptación al blog de la contribución del autor al Cuaderno de Trabajo 10 de Studia XXI, “Universidades y Empresas: Apuntes para crear sinergias con sentido“.

Suscríbete al blog por correo electrónico

Suscripción conforme al RGPD 2016/679.

 
Comentarios
  1. Andrés Jiménez dice: 19/05/2020 a las 13:42

    Buen artículo, aunque echo en falta algunas cuestiones fundamentales sobre el tema de la transferencia: ¿funciona de manera parecida en todos los ámbitos de conocimiento, es decir, su planteamiento y desarrollo sirve igual para el área de químicas que para el de filología clásica? Si la respuesta es negativa, ¿cómo deben tenerse en cuenta estas diferencias? ¿Qué inversión previa es necesaria en la universidad para potenciar esta transferencia? ¿O se supone que debe hacerse a costa de tiempo y recursos de investigación que ahora mismo están dedicados a otros ámbitos?

  2. David C. dice: 22/05/2020 a las 17:11

    Estimado Andrés Jiménez. Las reflexiones que Vd. echa en falta son absolutamente cruciales y las preguntas que Vd. formula, desgraciadamente, no le serán contestadas. Puede Vd. confirmar las respuestas a algunas de sus magníficas preguntas retóricas en este mismo artículo, sobre todo el tema de la inversión, cuando el autor reconoce «la inmensa capacidad de respuesta nacida del voluntarismo por encontrar soluciones» ante la emergencia sanitaria. Más adelante, cuando el autor afirma que «Las universidades no pueden esperar más, deben pasar a la proactividad» me viene en mente la chapuza de los sexenios de transferencia, convocados si no recuerdo mal en 2018 y todavía sin resolver. Una gran estímulo a los investigadores universitarios para no esperar nada de las instituciones, excepto estudios teóricos sobre la importancia del tema y mucho, mucho voluntarismo.

  3. Rafael dice: 23/05/2020 a las 11:43

    Sirve para el «tejido empresarial». Pero ¿el tejido social? ¿el tejido de los poderes públicos? etcétera
    En cualquier plano, es una relación bipolar o dual, y el posible receptor tiene que ser proclive a recibir el conocimiento.
    ¿Cuántos acuden a la universidad a requerir ese conocimiento? ¡Ni los medios informativos! (acaso últimamente algo más).
    En el resto, totalmente de acuerdo.

  4. Federico Gutiérrez-Solana dice: 17/06/2020 a las 09:10

    Argumentando un poco más allá, precisamente es la crítica cierta de Rafael la que nos exige la proactividad universitaria, educar también a los receptores haciéndoles ver el beneficio que representa, no solo para ellos sino para la sociedad en su conjunto, trabajar juntos. La responsabilidad de la función universitaria es ante la sociedad, como valor en su desarrollo social, en el que entra el económico pero como parte necesaria. Hablando de transferencia el contacto primero es con las empresas pero el objetivo final debe ser la mejora social, que permita tener un modelo propio de sociedad de bienestar cohesionado y ssostenible.
    Para ello es importante concienciar a administraciones responsables de la necesidad de estas iniciativas, lo que requiere inversión directa dedicada a este fin, no a costa de la exigua inversión en conocimiento ( educación e I+D+i). Esto es prioridad.
    Educar a los universitarios con esta visión es imprescindible para el futuro, y es posible en todas las áreas de conocimiento.
    Disculpad la tardanza en estos comentarios, que hago preparando un nuevo blog.

  5. […] un artículo anterior, se fundamentaba que las universidades deben visionar su función de fomento de la innovación como elemento clave de su …. Además, se establecía su deber de abordar -como promotoras- acciones de refuerzo de la cultura […]


¿Y tú qué opinas? Deja tu comentario