La Universidad al servicio de la Sociedad y de la Ciencia

La Estrategia Programática de la Universidad Española

La estrategia programática del Ministerio de Universidades, presentada en este primer trimestre de 2021, concibe la Universidad como una institución fundamental para nuestras vidas. Una concepción estratégica que gira entorno a diez líneas de acción de implementación concurrente:

  1. Universidad pública, gratuita y con enseñanza de calidad: prioridad del estudiantado.
  2. Productora de conocimiento.
  3. Al servicio de la sociedad.
  4. Que contribuya al desarrollo económico y a la creación de empleo de calidad.
  5. Un sistema universitario diferenciado y competitivo.
  6. Internacionalizada.
  7. Espacio de libertad y debate cultural.
  8. Equitativa.
  9. Autónoma, democrática y participativa.
  10. Con financiación adecuada a partir de los presupuestos autonómicos mediante las correspondientes transferencias del Estado.

En este contexto, se ha anunciado por el Gobierno la preparación de una nueva Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU). Nueva norma que el Ministerio pretende presentar como anteproyecto, en otoño de este mismo año. Surge la urgencia de plazos por cumplir con algunos compromisos que nos permitan acceder a fondos europeos. Nada que reprochar acerca de esta visión de presente y futuro de la Universidad española que debe permitirnos alcanzar, en el medio plazo, el diseño de una Universidad al servicio de la Sociedad y la Ciencia.

Legislar a contrarreloj y por la necesidad de poder acceder a los fondos de recuperación europea, no parece el mejor de los salvoconductos.

Sin promover un diálogo constructivo y sosegado con los diferentes sectores de la comunidad universitaria parece difícil acertar con las claves que necesita nuestra Universidad. Máxime si tenemos presente que también se quiere aprovechar dicha reforma para abordar diferentes aspectos laborales del PDI que estaba proyectado regular en un Estatuto del que, a día de hoy, ya han existido diferentes borradores que han encallado en su negociación.

Discordancias entre la estrategia programática de la Universidad proyectada y la realidad actual

Hablar de una Universidad pública gratuita, en un momento de redefinición de un nuevo contrato social, resulta reconfortante. Sin embargo, la realidad económica a la que hacen frente los estudiantes (y sus familias) actualmente al matricularse está a años luz de su consecución. Nada que objetar en orden a la necesidad de contar con una enseñanza universitaria de calidad. Sin embargo, las actuales plantillas de PDI de las universidades, envejecidas y en situación precaria, no parecen dibujar el mejor de los escenarios. Tampoco ayuda la ponderación excesiva en la carrera académica de la investigación, muy por encima de la docencia, y el diseño de unos planes de estudio que con frecuencia no se aguantan en cuanto a su organización horaria y contenidos. De no tomarse medidas urgentes, no será posible fomentar ni garantizar dicha calidad docente.

A qué aspira a convertirse la Universidad

Resulta fuera de toda duda que la Universidad debe comprometerse, en pleno siglo XXI, con la justicia social, la sostenibilidad, la igualdad, la transición ecológica, la transformación digital y la salud pública. También con el desarrollo económico del territorio y la creación de empleo de calidad. Realidades todas ellas relacionadas con la Agenda 2030 y que debieran plasmarse en un sistema universitario dotado de cierta especialización e internacionalizado. Los diferentes campus universitarios deberían configurarse, siempre con pleno respeto a la legalidad vigente, como auténticos espacios de libertad y debate cultural.

Se aspira a lograr una Universidad que equitativa, comprometida con la igualdad, inclusión y cohesión social, eliminando cualquier tipo de discriminación. Todo ello, sin embargo, no se conseguirá con gráficos y estadísticas más o menos atractivas en su presentación. Para ello, será necesario contar tanto con la consolidación de dicha concienciación, a la que las universidades pueden contribuir de forma directa, como con una financiación pública que permita trasladar a la vida diaria lo que ya constituyen derechos fundamentales para la ciudadanía.

Incongruencias en el sistema

Bien parece que se nos diga que la Universidad debe ser autónoma, democrática y participativa. Ahora bien, la autonomía universitaria no debiera reconducirse, en exclusiva, a la organización de las enseñanzas y planes de estudio, así como a los procedimientos de elección de gobierno y gobernanza de la Universidad (algunos de ellos de difícil o casi imposible aceptación en nuestros campus), sino que también debiera alcanzar, salvo que nos queramos “hacer trampas al solitario”, a la selección de su personal y, muy concretamente, de su personal docente investigador.

Admitir lo contrario supondría un notable riesgo de acabar por generalizar ciertos modelos de selección y promoción del profesorado universitario que, lejos de ser diseñados por quienes mejor conocen el día a día de sus centros, lo acaban siendo por “injerencias políticas” que, en no pocas ocasiones, alejándose la lógica más elemental y no sin cierta injusticia, suelen poner el acento, en detrimento del talento interno que hemos atesorado, en las hipotéticas bondades de un supuesto talento internacional. De igual forma, bien haríamos de no hacer que las Universidades, al hilo de la internacionalización, acaben convirtiéndose en “academias de idiomas”, cuando lo cierto que los estudiantes universitarios y el futuro profesorado ya deberían llegar a la universidad con una adecuada formación idiomática, acreditada con la finalización de los estudios de secundaria.

Nuevo modelo de financiación universitaria

Sin un nuevo modelo de financiación universitaria, cualquier objetivo de futuro no pasará del terreno de las “buenas intenciones”. Todo lo anterior no será más que papel mojado si la Universidad española no cuenta con un sistema de financiación pública suficiente y estable. Este, en paralelo, debería completarse con una justa rendición de cuentas y diferentes instrumentos de fundraising. No solo se trata de revertir los recortes de los últimos años, sino de ir más allá. Tan urgente es dotarse de un nuevo modelo de financiación universitaria que bien pudiera pensarse, aplicando el sentido común, que éste debe ser el primer paso a dar por parte de nuestras autoridades políticas. De poco sirve marcarse unos ambiciosos y razonables objetivos estratégicos de futuro, si antes no contamos con un nuevo y eficiente modelo de financiación universitaria.

“Las casas, lejos de empezarse por el tejado, deben serlo por unos sólidos cimientos”

La “música estratégica” suena bien, pero la duda es si seremos capaces, en la coyuntura actual, de acompañarla de la “letra” y “números” que requiere. Marcarse objetivos ideales desde el ámbito político resulta loable, pero no menos importante es convertirlos, lejos de la fácil propaganda y demagogia, en realidades tangibles para la comunidad universitaria y la sociedad en su conjunto. El desafío es enorme, pero hay que superarlo. Tiempos convulsos pueden ser una oportunidad. Solo será así si las reformas que precisa la Universidad española se enfrentan desde la lógica. Como diríamos en Catalunya, “tocant de peus a terra” (apegados a la realidad).

 

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