Hacia una actualización del modelo docente en la universidad

La digitalización del modelo de enseñanza en la educación universitaria ya crecía paulatinamente en Europa y en el mundo. Con el cambio de siglo, el número de alumnos que se forman en remoto no ha hecho más que crecer. Pero con la llegada de la pandemia se hizo obligatoria casi de un día para otro. Después de un año de enseñanza y aprendizaje digitales forzados, resulta necesario analizar los últimos cambios producidos en la docencia durante la pandemia en el contexto de las universidades. Para facilitar un marco de análisis que nos permita hacer balance de los cambios acaecidos nos serviremos del «círculo de oro», popularizado por Simon Sinek, y que pasa por revisar desde qué hemos aprendido, pasando por el cómo articular esos cambios, hasta llegar a los motivos de los cambios que queremos propiciar.

¿Qué hemos aprendido de los cambios? 

  • Es esencial mantener un sistema de formación continua del profesorado que le de apoyo y le ayude a encarar situaciones de cambio docente tan complejas.
  • Es crucial el seguimiento y el análisis cuantitativo del funcionamiento de los campus virtuales, que han sido el pilar de la docencia en línea.
  • Resulta  imprescindible mantener la motivación de nuestro alumnado, e incentivar su relación con su referente docente.
  • La evaluación debe formar parte del diseño de las clases desde su inicio y debe ser continuada, realista y cuantificable.
  • Las videoconferencias son muy útiles para reuniones, tutorías, seguimiento de trabajos y deben incorporarse como parte del nuevo modelo docente.
  • Todos los nuevos recursos educativos multimedia que hemos generado deben tener continuidad (los elementos audiovisuales, los materiales docentes multimedia, así como los recursos digitales de las bibliotecas).
  • La vida en el campus y la interacción social del alumnado es muy valiosa, más de lo que a priori pensábamos. Deben articularse fórmulas con las que promover esa vida universitaria, en condiciones de seguridad.
  • Contar con personal especialmente competente en tecnología y una estructura organizativa con un alto grado de desarrollo TIC, son aspectos que requieren una mayor atención e inversión.
  • Un seguimiento efectivamente personalizado del proceso de aprendizaje es posible, aun con todas las dificultades.

¿Cómo queremos que se produzca el cambio?

En un contexto universitario resulta particularmente necesario que crear espacios para guiar una reflexión conjunta que sirva para abordar esta actualización, asumiendo, por descontado, la disparidad de titulaciones y enfoques, así como las dificultades que implica cualquier cambio profundo en los métodos docentes. Una reflexión que debe incluir al profesorado, al personal de apoyo, y a los estudiantes. Para tratar de hacer un esbozo de cuál debe ser el modelo de enseñanza-aprendizaje mejorados digitalmente, es decir, para definir los rasgos esenciales de un modelo docente guiado por los aprendizajes que nos ha dejado la situación de pandemia, es preciso plantear algunas cuestiones que habrán de tenerse en cuenta.

  • La pandemia ha venido para revolucionar muchos aspectos formativos y debe ser contemplada como un revulsivo para cambiar roles, estructuras y formas de funcionamiento que hasta ahora hemos creído inamovibles. Sabemos que el mundo universitario no suele ser muy proclive a los cambios acelerados, pero, ¿habremos perdido el miedo al cambio? De ser así, el momento presente ha de ser visto como una oportunidad.
  • Las herramientas tecnológicas que tenemos a nuestro alcance facilitan la autonomía del estudiante, la flexibilización en los caminos curriculares y la personalización de los aprendizajes: ¿podemos concebir una personalización efectiva del aprendizaje ahora que gran parte del profesorado se ha visto obligado a hacer uso de estas herramientas?
  • El cambio de modelo pedagógico en el ámbito formativo universitario debe permitir incrementar la calidad de la enseñanza y mejorar resultados: ¿Cómo aseguramos que el nuevo modelo es mejor? La evaluación de la calidad de la enseñanza, incorporando los elementos aludidos anteriormente, ha de ser uno de los pilares del cambio educativo de la universidad.
  • Ahora bien, esta situación probablemente requiera un incremento inicial de la dedicación del docente. Éste, deberá ser recompensado, y necesitará del apoyo de los institutos de ciencias de la educación (ICE), órganos que faciliten su formación permanente. No obstante, en el reciclaje masivo del profesorado ¿habrán de tenerse en cuenta otros aspectos más allá de la competencia digital docente?
  • Será necesario diseñar las clases para la incertidumbre, combinando 2 ejes: el temporal (síncrono/asíncrono) y el espacial (físico/virtual).  Siendo así, debemos plantearnos: ¿Cómo unificar la tecnología con la metodología docente?
  • La transformación de las clases deberá ir acompañada de una revisión organizativa y una nueva estrategia institucional: ¿vamos hacia un modelo de universidad «en red»?
  • La planificación en las universidades sirve para una situación de continuidad, pero ante crisis impensables como vivida, surge la pregunta:

¿Deberemos diseñar las clases teniendo en cuenta una mayor incertidumbre?

  • Finalmente, periodos como estos ponen de manifiesto la importancia de distintas competencias. La adaptación al cambio, el compromiso educativo, la flexibilidad de los enfoques y la consideración de lo relacional en nuestra labor docente son indispensables. ¿Vamos hacia un cambio de estilo de liderazgo docente?

¿Por qué cambiar?

Como premisa fundamental, no deberíamos dejar de plantearnos cuál es el motivo que nos debe mover en nuestra labor docente en la universidad. Estamos preparando a las generaciones del futuro, el talento que generará las posibilidades de bienestar en nuestro país. Y este objetivo será viable si todos los que tenemos responsabilidad sobre el mismo asumimos que se puede aprender y seguir mejorando; que el cambio sólo es posible si se orienta desde el trabajo en equipo, la creatividad y el compromiso. Este, debe estar acompañado por buenas ideas y sin miedo a hacer las cosas de manera diferente. Y hacer eso posible implica liderazgos potentes que pongan estos retos en el núcleo de la gestión universitaria.

En conclusión, la tecnología está modificando sustancialmente el sector educativo, también las instituciones de educación superior. Toda vez que reconocemos el papel crucial de la universidad en la participación de la mejora del bienestar colectivo y en la repercusión sobre el desarrollo económico de la sociedad a la que se dirige. Parece urgente asumir de forma responsable y eficaz las decisiones que afiancen una respuesta a este cambio de paradigma; no hacerlo sería un grandísimo error.

Suscríbete al blog por correo electrónico

Suscripción conforme al RGPD 2016/679.

 
Comentarios

¿Y tú qué opinas? Deja tu comentario