¿Cómo contribuyen las universidades a la creación de empresas intensivas en conocimiento?

Además de sus funciones centrales tradicionales (es decir, educación e investigación), la creciente importancia del conocimiento y la innovación como pilares clave del desarrollo y el crecimiento ha llevado a las universidades a convertirse en actores decisivos del desarrollo económico territorial. Una tarea relevante dentro de esta llamada “tercera misión” es la transferencia de conocimiento de las universidades a las empresas.

Universidades y KIBS: un binomio altamente deseado

Las actividades de transferencia pueden materializarse de muchas formas, desde los conocimientos y habilidades que aportan los recién graduados al insertarse al mundo laboral, hasta los contratos de colaboración universidad-empresa o la creación de spin-offs. El objetivo es claro: dar valor al conocimiento generado en las actividades de investigación.

Las empresas, incluido el sector KIBS (del inglés, knowlegde intensive business services), pueden también absorber y convertir este conocimiento en algo con valor superior, ya sea a través del desarrollo de nuevos productos, la prestación de servicios avanzados o una mayor competitividad.

Durante la última década, las economías han sido testigos de un cambio drástico en la configuración de su industria, donde precisamente este tipo de empresas (KIBS) ha ido creciendo en número y aportación de valor.

Si bien la literatura hace hincapié en el importante papel de las KIBS como motores clave para un crecimiento económico sostenido en el tiempo basado en la valorización del conocimiento, la presencia de tales empresas en el territorio es heterogénea, estando condicionada por varios factores, incluyendo la calidad del entorno empresarial o la densidad de clientes potenciales (Meliciani y Savona, 2015; Lafuente et al., 2017; Horváth y Rabetino, 2019).

Teniendo en cuenta la contribución de las universidades en el desarrollo regional, resulta interesante preguntarse por la potencial contribución de éstas en la creación de KIBS. La literatura (y la evidencia) indica que las KIBS tienden a ubicarse en regiones donde esperan mayores aportaciones de conocimiento por parte de las universidades o bien en las que hay una mayor demanda por parte de la industria existente, pero, ¿qué pasa en los territorios que no presentan estas características? Este es el punto de partida del estudio que juntamente con la Dra. Krisztina Hórvath acabamos de publicar (ver aquí) en la revista Socio-Economic Planning Sciences.

La heterogeneidad del territorio y su efecto en la atracción de KIBS

Las universidades están fuertemente conectadas con los procesos de creación y difusión de conocimiento que realizan las KIBS (Pinto et al., 2015; Agasisti et al., 2019), actuando tanto como fuentes (p.e., proporcionado egresados, programas de incubación) como en el rol de receptoras (p.e. proyectos de colaboración universidad-empresa).

Sin embargo, la capacidad de las universidades para facilitar la formación de KIBS en un territorio determinado puede no ser homogénea, además de añadirse el posible efecto de spillover de conocimiento consecuencia de los vínculos y relaciones con los territorios adyacentes (Acs et al., 2013). En este contexto, el estudio realizado analiza el efecto de:

  1. La concentración de universidades en el territorio,
  2. La titularidad de las mismas y,
  3. La especialización industrial de la región en la decisión de crear nuevas KIBS.

Para ello, hemos estudiado el caso de España (periodo 2009-2013), tomando la provincia (NUTS-3) como unidad de análisis territorial, y empleando modelos de econometría espacial

En concreto, la variable a explicar es la tasa de formación de KIBS por cada 1000 trabajadores en la región. Como variables explicativas se incluyen las dos variables relacionadas con las características del sistema universitario regional:

  1. El número de universidades, entendido como medida del nivel de concentración de universidades en el territorio y que, a su vez, permite cuantificar la cantidad de conocimiento proporcionado por las universidades disponible en la región
  2. La proporción de universidades públicas. Se incluye además una variable moderadora que tiene en cuenta la especialización industrial de la región.

Por último, el modelo incorpora dos variables de control: el PIB per cápita (indicador de desarrollo económico regional) y la densidad de población (permite tener en cuenta las posibles externalidades debidas a la urbanización del territorio).

¿Qué resultados hemos obtenido?

Los modelos analizados confirman el efecto positivo de las universidades en los procesos regionales de formación de KIBS, si bien también verifican nuestra hipótesis inicial de que las regiones con diversa configuración del sistema universitario tienen una capacidad diferente para contribuir a la creación de dicha tipología de empresas.

Más específicamente, los resultados revelan que una mayor concentración de universidades y de universidades públicas tiene mayor capacidad de atracción de nuevas KIBS. Ahora bien, también se observa que estos efectos solo prevalecen en áreas con una especialización industrial relativamente baja, lo que se traduce en tasas de formación de KIBS más bajas en aquellos territorios con alta especialización.

De un análisis pormenorizado de los resultados que se describen en el artículo y que por razones de espacio no vamos a replicar aquí, se desprende que para el diseño de políticas de desarrollo regional no existe una fórmula única, siendo primero necesario entender el contexto específico para luego diseñar políticas acordes a él. De esta manera se distinguen dos escenarios, en función del nivel de industrialización de la región.

Bajo nivel de industrialización del territorio

Así pues, tomando por ejemplo el caso de la regiones que a priori pueden ser menos atractivas para la creación de nuevas KIBS (en términos de niveles de industrialización más bajos), la presencia de universidades parece actuar como efecto tractor, compensando la falta de una industria desarrollada.

En este escenario las universidades deberían ser entendidas como hubs de conocimiento y fuentes de tecnología de última generación, compensando así los posibles bajos niveles de industrialización del territorio. Esto implica, por un lado, diseñar políticas que refuercen el rol de las universidades como parnters para el desarrollo de  I+D+i y el fomento de programas competitivos y transformadores (p.e., programas de grado, incubadoras para nuevos negocios de KIBS) que ayuden a consolidar las fortalezas del territorio y a descubrir las oportunidades todavía sin explorar.

Por otro lado, este escenario requiere también de políticas e incentivos para la creación de redes industriales con regiones vecinas para crear masa crítica, si bien entre territorios.

Alto nivel de industrialización del territorio

En el caso de regiones con una base industrial sólida, pero con menos universidades o con mayor proporción de universidades privadas, las políticas industriales y tecnológicas deberían orientarse a fomentar las relaciones KIBS-industria, utilizando las KIBS como nodos de conocimiento (compensando así la falta de instituciones de educación superior).

Otras iniciativas con miras a lograr la consolidación de la economía basada en el concomimiento incluyen disminuir las barreras de entrada para nuevas KIBS (Koch y Stahlecker, 2006), hacer coincidir la demanda del sector industrial con la oferta de nuevas empresas KIBS, así como un mayor reconocimiento de las actividades de tercera misión que desempeñan las universidades (Wyrwich, 2019).

Conclusiones

El presente estudio demuestra que no sólo las demandas del mercado y las características regionales condicionan la ubicación de nuevas KIBS, sino el papel que desempeña la universidad. Acompañado con las políticas adecuadas, las universidades pueden desarrollar un efecto tractor para la creación de nuevas KIBS y proporcionarles ventajas estratégicas, especialmente en sus primeras etapas de vida.

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