La «burrocratización» de la universidad: una paradoja en un mundo digital

Profesorado universitario: una especie sometida, en un mundo digital, a la asfixia burocrática

Vivimos inmersos en una sociedad digital en la que ya se aplican en nuestra vida cotidiana diferentes instrumentos de inteligencia artificial y se ha popularizado todo lo relativo al metaverso. No deja de resultar sorprendente que una universidad, ya familiarizada con la utilización de los campus virtuales y el uso de las nuevas metodologías docentes activas, siga sometida a una dictadura en la que sigue campando a sus anchas la cultura del “todo por escrito”. Es cierto, ahora en formato virtual.

La burocracia asfixia al sufrido profesorado universitario en una loca carrera repleta de trámites administrativos (algunos sin sentido alguno) que le restan un precioso tiempo que ya no puede dedicar al cumplimiento de sus funciones docentes, investigadoras y de transferencia.

La docencia: abocados a una realidad en que parece más importante el cómo que el qué

Todo profesor universitario sabe que su función principal, ciertamente vocacional, consiste en transmitir conocimiento al alumnado. Una tarea para la cual, como es lógico, debe estar bien formado en cuanto al conocimiento de su disciplina, pero también en orden a las nuevas exigencias pedagógicas que reclaman las aulas del siglo XXI. Cualquier observador con el más elemental sentido común convendrá que cuanto más tiempo deba dedicar el profesorado universitario a la burocracia administrativa relacionada con su actividad docente, menos horas dispondrá para dominar su materia, actualizar temarios o buscar materiales nuevos e incorporarlos al diseño, no ya solo de sus tradicionales clases magistrales, sino también de diferentes estrategias docentes activas (vgr. flipped classroom o gamificación en el aula universitaria).

Planes y guías docentes

En este contexto, basta referir las horas que pueden llegarse a malgastar por todo el elenco de profesores de un departamento universitario en orden a elaborar los planes o guías docentes de todas las asignaturas en las que se imparta docencia en los grados y másteres.

Cada uno de ellos sometido, con indeseable frecuencia, a la utilización de diferentes formularios informáticos, así como también a complejos mecanismos administrativos de volcado y aprobación que, para más inri, suelen cambiar de aplicación o formato cada curso académico. Está bien que los alumnos conozcan los criterios de evaluación de cada asignatura con carácter previo a su matrícula. Sin embargo, puede ser suficiente que el profesor responsable de cada grupo los publique al inicio de cada curso universitario con una antelación previa razonable.

Formación pedagógica

Lo mismo podría decirse de la formación pedagógica del profesorado novel, tan absolutamente necesaria para aprender a impartir clase y saber transmitir los conocimientos al alumnado, como peligrosa si termina por imponer, en claro detrimento de la libertad de cátedra, un único modelo válido en que se sitúe el cómo por encima del qué. No parece la mejor de las ideas contar con un profesorado que, estando al día de las más novedosas innovaciones pedagógicas, termine por no contar con horas suficientes para conseguir el dominio de su materia y afrontar su formación continua.

Bien está que el profesorado novel cuente con esa formación docente que no tuvieron las generaciones anteriores, pero no tanto que ello se articule a través de másteres de larga duración que, además, se acompañan de sucesivos trabajos a entregar y que “ahogan” a quienes, en paralelo, también andan preocupados por sus publicaciones en orden a una acreditación no menos hiperburocratizada.

 La investigación y la transferencia de conocimiento: funciones universitarias sometidas a obstáculos burocráticos de notable complejidad y/o explicación

Resulta fuera de toda duda que una universidad puntera tiene la obligación de ser proactiva en el terreno de la investigación. Una investigación que ya en todos los ámbitos de conocimiento excede del tradicional trabajo del profesorado en solitario, encerrado en su despacho, biblioteca o laboratorio; para situarse en el terreno del trabajo en equipo, la internacionalización, las redes universitarias y, por supuesto, la puesta en marcha de proyectos de investigación transversales e interdisciplinares.

En el terreno de los proyectos de investigación, la sola elaboración de la propuesta ya constituye un reto mayúsculo de papeleo (ahora virtual). Y si, por casualidad, el sufrido investigador principal logra ser obsequiado con su concesión, que se prepare, pues se le viene encima la farragosa justificación de los gastos del proyecto, su seguimiento económico, la recopilación de facturas, las órdenes de pagos, las liquidaciones de las dietas, o la elaboración de memorias justificativas y finales.

Una gestión administrativa de los proyectos de investigación que, si de verdad se quiere investigar con un mínimo de seriedad, no puede descansar en las espaldas del Quijote de turno (el IP), sino que debiera ser asumida, en un terreno cada vez más competitivo a nivel internacional, por técnicos y gestores especializados.

 

Sobrevivir a los sexenios

Parecida conclusión puede referirse también respecto a la compleja introducción de datos del currículum vitae, en diferentes formatos, en orden a los sexenios de investigación o transferencia. Algunos profesores universitarios, especialmente los más veteranos en el escalafón, tienen la sensación de que dichos sexenios debieran ser otorgados solo por haber sobrevivido a la comprensión de la convocatoria y el envío, con éxito, de la solicitud virtual. Más papeleo on-line y menos tiempo para una investigación en la que, cada vez más, también parece que hay que dedicar más horas a “investigar” cuál será el índice de impacto de una publicación y su particular indexación, que no tanto a reflexionar y concluir de forma motivada acerca de un avance tecnológico, un descubrimiento científico o el análisis de una institución jurídica u obra de arte.

De otra parte, un buen investigador no tiene por qué estar familiarizado, necesariamente, con el mundo de la empresa y los negocios. De hecho, es más que probable que sepa poco (o nada) acerca de cómo gestionar una patente o marca, así como del camino a seguir para conectarse con las empresas y colaborar con ellas por la vía de la transferencia de conocimiento, tecnología e innovación. Una tarea en la que el profesorado universitario tampoco puede ni debe perder tiempo, motivo éste por el que debe contar también, a tal efecto, con un soporte técnico especializado que le haga la vida más fácil a nivel burocrático y de gestión económica de los convenios de colaboración suscritos.

 Conclusión

La inflamación administrativa que padece la universidad socaba los cimientos de su eficacia académica y, por extensión, la aleja del foco de su correcta comprensión como cuna del saber y el conocimiento. Las universidades no pueden funcionar sin un cierto grado de burocracia vinculado con su propia organización, gestión y rendición de cuentas a la sociedad.

Ahora bien, cosa bien distinta es que esa burocracia se haya desbocado hasta tal extremo que más bien pueda hablarse de una “burrocracia” en la que no faltan modelos, sistemas y aplicativos infinitos, ahora mayoritariamente virtuales.

Es hora de alzar la voz sobre tan peligrosa realidad, máxime si somos conscientes que, de no corregirse tan indeseable situación, no pocos profesores universitarios acabarán por asumir, cual manifestación de la teoría de los “bullshit jobs”, que dedican la mayor parte de su tiempo, en claro perjuicio de la formación de las nuevas generaciones de alumnos, a desarrollar actividades de más que dudosa utilidad. Digamos no a la “macdonalización” estandarizada de la universidad y defendamos, por extensión, en un contexto inaplazable de “desburrocratización”, una estrecha colaboración entre un PDI dedicado a la docencia, investigación y transferencia y un PAS técnico bien formado y cualificado, llamado a darle al profesorado universitario el soporte administrativo que hoy pueda precisar. De no ser así, el principal damnificado será quien constituye la razón de ser de la universidad: el alumnado.

 
Comentarios
  1. Luis Bahamonde Falcon dice: 25/10/2022 a las 09:20

    En mi opinión, la transferencia en ambos sentidos, es decir, entre empresa-mercado y la Universidad, en el sentido de mejora de la eficiencia y productividad académica, la utilización previa formación de las “herramientas” disponibles a buen seguro liberarían del exceso de burocracia como ya es evidente en algunos sectores.
    Bienvenido sea la aportación del Profesor Dr. David Vallespin.

  2. Carmen Perez-Esparrells dice: 25/10/2022 a las 09:48

    Mi más sincera enhorabuena, profesor Vallespín. No se puede decir más alto y claro. No a la «burrocratización” y si a una estrecha colaboración entre un PDI dedicado a la docencia, investigación y transferencia y un PAS técnico bien formado y cualificado. Esa es la receta del éxito de la Grandes Universidades.

  3. Neila dice: 25/10/2022 a las 12:46

    En efecto. Por qué lo llaman excelencia cuando quieren decir burocracia.

    Podríamos fijarnos en cómo lo hacen universidades punteras de países de nuestro entorno. Y no, no es más excelente cuanto más burocrático, desde luego.

    Y esto por no hablar de la cantidad de investigadores y profesionales extranjeros que no pueden ejercer en España porque no llegan al final de la carrera de obstáculos burocráticos… Se cansan y se van. Y así nos luce el pelo.

  4. Juan Marin dice: 25/10/2022 a las 14:20

    Por poner el foco en algo que es tangencial a tu entrada perro que me ha llamado mucho la atención.
    No creo que la función principal de un docente universitario sea «transmitir conocimiento a sus estudiantes, sino «acelerar» el aprendizaje de sus estudiantes. Que lo segundo se puede apoyar en lo primero pero no creo que debamos confundir «medios» con » fines»

    Y ya en el contexto de tu entrada, la experiencia de usuarios en otros contextos (donde quizás el negocio principal, y por lo que cobran, es crear esa experiencia) nos genera expectativas en todos los contextos donde interactuamos (y en las Unis publicas los recursos son más bien escasos y cada vez más escasos…lo que hace complicado seguir la estela de los nuevos desarrollos. Hay aplicaciones geniales, pero a un precio insostenible para una uni publica y con un costo de implementación/migración que no se puede asumir)

    Y por poner un algo de luz. Siendo consciente de que hay muchas cosas que merjorar y que nos parecen insufribles, quizás hay que ponerlas en su contexto y relativizarlas. En mi caso, hay procesos que me sacan de mis casilla y me hacen enfadarme delante de mi pantalla… son tan intensos que tengo la tendencia a pensar que me paso todo el dia «haciendo de administrativo». Cuando la realidad es que igual no es más de un 10% de mi tiempo anual. El resto de tiempo estoy trabajando para fomentar el aprendizaje de mis estudiantes o creando conocimiento o transfiriendo conocimiento o haciendo mis funciones como gestor.
    Sin duda hay que acabar con las islas de información o las interrupciones abruptas de los procesos, hay que repensar funciones y adaptarse a los tiempos que vendrán, pero mejor con ilusión y alegría ;-)

  5. Juan Manuel Carmona Tierno dice: 25/10/2022 a las 15:36

    Excelente radiografía de la burocracia académica. Y me parece, por conectar con las conclusiones, que en ocasiones el PAS contribuye a engrosar aún más ese papeleo, desgraciadamente…

  6. Eduardo L. Mariño Hernández dice: 25/10/2022 a las 16:38

    Felicitaciones David por decirlo, con independencia de que se comparta mas o menos tu opinión. La única vez que mi Jefe en Los Angeles me llamó la atención fue un día que me vio hacer fotocopias y me dijo que mi tiempo allí no era para eso. Lamentablemente no sabia que unos 40 años después, algunas de las cosas que aprendí no me fue posible ponerlas en práctica. .Después de tocar tierra solo queda rebotar o barrenar y quizás hacer una encuesta para averiguar cual ha sido la competencia mas desarrollada por el PDI en los últimos 10-20-30 años ayudaría bastante.

  7. Pepe dice: 25/10/2022 a las 19:30

    Yo añadiría algo más: los CV al peso están conduciendo a que se otorguen acreditaciones sin ton ni son a quienes, en algunas ocasiones, carecen de calidad universitaria. Congresos mil y una vez repetidos con los mismos actores y las mismas temáticas, artículos que trocean otros de idéntica temática, se maquillan un poco y se hacen pasar por nuevos, y miles y miles de triquiñuelas que redundan en perjuicio de la verdadera excelencia de un profesor universitario y que, a la postre, sufre el alumno, principal destinatario de nuestra labor.

  8. Carmen González dice: 26/10/2022 a las 11:02

    Estoy completamente de acuerdo. Y faltan otros «papeleos»: evaluaciones docentes, solicitudes para organizar actividades en la universidad, (y su posterior trámite), gestión de billetes y reservas hoteleras en caso de invitar a algún ponente/docente, gestión de viaje de miembros de tribunales (más la correspondiente gestión si toca ser el secretario académico del tribunal)…. Todas esas labores se consideran «individuales» y las tiene que asumir cada docente. Una auténtica pesadilla

  9. Felipe Hernández Muñoz dice: 26/10/2022 a las 14:43

    Al PDI nos obligan a asumir funciones de PAS. Tanta burocracia nos distrae de nuestro papel fundamental: investigar y enseñar.

  10. David Vallespín dice: 26/10/2022 a las 18:40

    Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. Lo mejor que puede decirse de una reflexión es que, por fortuna, haya abierto la mente a nuevas opiniones. Comparto, casi al 100% las que habéis expuesto. Seguiremos trabajando por dignificar la Universidad Pública y reivindicando, con sus luces y sombras, a su personal.

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