La “nueva normalidad docente” en la universidad

Hace algunos días, tuve la oportunidad de leer una reflexión del que fuera rector de la Universitat de Barcelona, Dr. Dídac Ramírez. En ella, éste afirmaba que la crisis del COVID-19 ha hecho que muchos -dentro y fuera de la universidad- se planteen “de golpe” hacia dónde va la universidad.

Dicha pregunta bien pudiera surgir al hilo del fenómeno, más o menos disimulado, de la externalización de la investigación, así como de la necesidad de impulsar las actividades de transferencia e innovación de una vez por todas.

Sin embargo, centraré mi atención en analizar cómo puede afectar a la universidad el avance de las clases online, máxime con motivo de su popularización con la pandemia, su clara repercusión en la forma de hacer y sentir tanto del alumnado como del personal docente e investigador y de la tendencia ministerial, quién sabe si fundada en los intereses del centro de cabecera de su titular, consistente en defender la evolución hacia un sistema híbrido de docencia presencial y virtual (incluso con clases por móvil) no solo por razones sanitarias, sino también “pedagógicas”.

Docencia semipresencial y curso académico 2020/2021

En un escenario presidido por la incertidumbre sanitaria y en el que en los próximos meses deberemos convivir con un cierto distanciamiento social, parece lógico concluir que el curso académico 2020/2021 estará presidido por esta docencia “semipresencial”.

Este tipo de docencia, todavía por definir, deberá reformular algunos criterios pedagógicos pero también formativos en función de las particularidades propias de cada disciplina.

Deberá contemplar la asistencia a clase en grupos reducidos por rotación. Además del diseño e implementación de materiales virtuales de soporte que, lejos de ser improvisados, debieran ser pensados con sentido común en función de su complementariedad para con los contenidos esenciales de cada disciplina.

No olvidemos que una programación online debe estructurarse de otra forma e incorporar la reducción de unos contenidos, a veces, sobredimensionados.

Los equipos rectorales, para que todo ello pueda llevarse a cabo, deberán diseñar el nuevo curso a tiempo. El personal docente e investigador no necesita más directrices, sino que estas sean más claras y que lleguen a tiempo. Basta con recomendaciones sencillas no llamadas a complicar la existencia de nadie, sino a resolver los problemas ya detectados desde el pasado mes de marzo.

De este modo, el alumnado gozará de seguridad en cuanto a la modalidad de su docencia y evaluación. Es absolutamente imprescindible que todo el mundo tenga muy claro, desde el principio del curso, qué debe hacer, cuándo y cómo. Siendo así, será mucho más fácil enfrentar la “nueva normalidad docente”.

Nueva normalidad docente y universidades presenciales

Yendo más allá de la situación actual que se prolongará con mayor o menor intensidad mientras dure la pandemia, es hora de pensar si esta nueva normalidad docente ha venido para quedarse. Si sustituirá lo hasta ahora conocido o, por el contrario, si tiene un fuerte componente transitorio.

En mi modesta opinión, sin menospreciar la utilidad y potencialidades que son propias de las diferentes herramientas digitales, la universidad presencial no está llamada a desaparecer. Aunque algún responsable político piense o desee lo contrario.

Frente a quienes afirman que, hoy en día, la mayor parte de la interacción entre estudiantes y profesores en la universidad se da en internet y no en las clases presenciales, la realidad invita a pensar lo contrario.

En este contexto, resulta particularmente oportuno -sin obviar las bondades del aprendizaje virtual- poner en valor las virtudes de la docencia presencial.

La utilización de las clases en línea ha sido una gran solución a lo largo de los meses de confinamiento. También nos permitirá afrontar, con garantías de éxito, la “nueva normalidad docente”.

Sin embargo, en contraposición a quienes, en ocasiones, parecen abducidos por lo atractivo de la digitalización, también parece oportuno tener bien presente que el contacto humano está muy por encima, todavía hoy, de aquello que pueda aportarnos la comunicación electrónica.

La posición de la digitalización en la nueva normalidad del aprendizaje

Resulta innegable que la digitalización de la vida universitaria ha venido para quedarse. Otra cosa muy distinta es, sin embargo, que dicha digitalización sea la base esencial del “nuevo aprendizaje”.

Una pantalla de ordenador o una videoconferencia no pueden ni deben sustituir nunca una formación “cara a cara”. Los equipos rectorales de las universidades presenciales deben tenerlo claro, ejercer con responsabilidad su liderazgo institucional, tomar decisiones lógicas con el máximo consenso posible y no sucumbir a algunas modas ministeriales más o menos interesadas.

El camino no será automático ni exento de problemas. Pero quienes formamos parte de la universidad, sabemos que de este envite saldrá reforzada para seguir ofreciendo a las nuevas generaciones, sin negar sus problemas y necesidades de reforma, lo mejor de sí misma.

Para ninguno de nosotros ya nada será igual que antes. Pero tampoco convendría confundir la “nueva normalidad” –también la docente– con un cambio drástico marcado por la “idealización” de lo digital. Podría llevar a olvidar que nuestra misión, más allá de formar profesionales, también consiste en contribuir mediante el conocimiento a la formación de una sociedad más inteligente, justa y solidaria.

Más que de un cambio de paradigma, habría que hablar de un reajuste reflexivo de dicho paradigma. Reajuste en el que, como tantas veces he oído decir a un ex-vicerrector de mi universidad, el Dr. Canela, sería especialmente necesario que los responsables de aplicar las políticas públicas universitarias, lejos de imposiciones, preguntasen más a los universitarios.

La universidad como “lugar afectivo”

Frente a la idea de que la universidad “se ha mudado o mudará a las casas”, me parece mejor concluir que la universidad “ha entrado de lleno en nuestras casas”.

La universidad deber seguir siendo un “lugar afectivo” en el que, junto a la transmisión de conocimientos y el aprendizaje de habilidades, cada persona también goce de la rica experiencia de una “vida universitaria” llamada a forjar, en buena medida, su propia identidad personal.

Los tiempos cambian, las modas van y vienen y los retos se van sucediendo. Sin embargo, a pesar de una «nueva normalidad docente», la esencia de la universidad sigue siendo la misma. Y, en momentos como el actual, presididos por la incertidumbre, todavía cobra mayor relieve y es más necesaria que nunca.

No dejemos que el esfuerzo de toda la comunidad universitaria, con sus errores o disfunciones puntuales, sea minusvalorado por aquellos que tienen en mente debilitar algunas instituciones presenciales de educación superior que, curiosamente, no solo están bien situadas en los diferentes rankings internacionales, sino que también merecen una clara aprobación por parte de la ciudadanía.

Suscríbete al blog por correo electrónico

Suscripción conforme al RGPD 2016/679.

 
Comentarios
  1. Luis Bahamonde Falcon dice: 28/05/2020 a las 12:31

    De la lectura del artículo del Dr. Vallespin, quedan meridianamente claras varías cosas :
    En primer lugar la necesidad de un consenso entre el alumnado y la Universidad, teniendo en cuenta la situación vivida en estos meses de Pandenia, con el fin de elaborar propuestas eficientes y realizables para el próximo curso.

    Segundo, la pérdida de contacto presencial entre alumnos y profesores es un bien altamente preciado por alumnado y sociedad civil, lo dice alguien que además de alumno es empresario, por cuyo motivo el cara a cara es un beneficio irrenunciable, si bien habrá que evaluar en qué forma puede coexistir con el “complemento on line”.

    Tercero, si la Universidad de Barcelona perdiese su liderazgo presencial-on line, seria una malísima decision, ya que facilitaria la matriculacions a las Universidades on line, las cucales ha disponen de medios mpliament testados.

    Cuarto, personalment después de largos años de ejercicio profesional y vuelta a la Facultad de Derecho, me sería del todo inconcebible que la Universidad de Barcelona no tenga en cuenta el lugar de liderazgo que ocupa en nuestra sociedad.

  2. Olver dice: 28/05/2020 a las 23:54
  3. Olver dice: 28/05/2020 a las 23:55

¿Y tú qué opinas? Deja tu comentario