La revolución silenciosa: resignificar los campus universitarios

Incertidumbre, debate y contradicción en los campus

Las universidades viven momentos de incertidumbre. De debate intenso, tanto internamente como en los medios de comunicación, las redes sociales y la política universitaria. A cuestiones y retos conocidos se le suma ahora el desarrollo y el impacto de la inteligencia artificial. De hecho, parecería como si la inteligencia artificial, con su llegada a la educación, actuara como un espejo que nos muestra, sin cortapisas, tal como somos y pone en evidencia realidades, contradicciones y problemáticas latentes.

Soy de los que piensan que la irrupción de la inteligencia artificial en el mundo universitario y académico puede ser una excelente oportunidad para transformar las instituciones y fortalecer sus misiones de formación, investigación y compromiso social.

Pero para transformar una realidad tan compleja como la universitaria resulta imprescindible disponer de buenos diagnósticos, estrategia clara y liderazgos fuertes, complicidades en una gobernanza distribuida, así como una gran persistencia (reconociendo que los cambios estructurales son muy lentos y generan resistencias). Añadiría quizá un elemento más difuso pero que entiendo que es determinante: capacidades para generar ilusión entre la propia comunidad universitaria.

Una mirada atrás

Reconociendo que podemos generalizar en exceso, las universidades que conocemos hoy son en parte fruto de la era industrial. En este sentido, comparten algunas características: extensión de la educación superior y formación de masas, transmisión de conocimiento unidireccional, orientación a formar profesionales para el mercado de trabajo, tratamiento del estudiante como receptor pasivo, cierta despersonalización, investigación principalmente basada en publicaciones, etc.

Sin duda, algunas de estas características han impactado muy positivamente en la sociedad: la propia extensión de la educación superior y la formación de masas ha permitido levantar exponencialmente el nivel cultural y profesional en muchos países, y ha generado progreso, bienestar y competitividad económica. Sin ir más lejos, el ejemplo histórico de la España reciente es más que destacado.

En pocos decenios, se ha pasado en nuestro país de una educación superior restringida a las élites a una formación universitaria que alcanza cerca de la mitad de los jóvenes.

Asimismo, se ha transitado con gran celeridad de un país sin apenas investigación científica a posicionarse en el grupo destacado de producción científica a escala europea y mundial. Sin embargo, algunas de las condiciones de contexto que suponía este modelo de universidad de la era industrial están cambiando. Y lo van a hacer con mayor celeridad (de hecho, ya los están provocando) con la irrupción de la inteligencia artificial.

Hacia una nueva era

A mi modo de ver, iniciamos una nueva era donde se transformarán (con más o menos celeridad, con más o menos resistencias, con más o menos acierto) cuestiones clave como los métodos pedagógicos, los roles del profesorado y el estudiantado, la organización institucional y académica, la interrelación entre docencia e investigación, los campus universitarios, el rol de las universidades en la sociedad y sus retos (locales y globales) o la cooperación universitaria.

En los últimos dos o tres años la atención de este debate intenso y de este proceso de transformación se ha focalizado en la formación y los métodos pedagógicos.

El desarrollo y uso de la inteligencia artificial ya está transformando las aulas y las formas de trabajar y aprender en la universidad.

Ante ello, algunos apuestan por volver a una universidad ‘sin máquinas/pantallas’, otros proponen usar la inteligencia artificial como instrumento. Finalmente, algunos (entre los que me encuentro) apostamos por una simbiosis persona-máquina que permita aumentar las capacidades de formación y las capacidades finalmente humanas. Todo ello cobra sentido también cuando observamos fenómenos como el absentismo de los estudiantes en las aulas o su escasa implicación en la vida universitaria.

Siguiendo al profesor Manuel Area-Moreira de la Universidad de La Laguna, la inteligencia artificial pone en evidencia la crisis del modelo educativo tradicional (modelo transmitivo, ineficacia de la evaluación clásica, currículo enciclopedista, ruptura tiempo rígido y espacio presencial, incremento de la complejidad del oficio docente). Para Manuel Area-Moreira, el oficio docente no es transmitir contenido sino ofrecer experiencias de aprendizaje para el razonamiento crítico con la inteligencia artificial; caminar hacia un aprendizaje simbiótico humano-máquina a través de la interacción intelectual y dialógica.

Los campus universitarios: ¿una revolución pendiente?

Como decía, el debate reciente se ha focalizado principalmente en el ámbito de la docencia. Me gustaría ampliar esta perspectiva (incluyendo por supuesto la docencia y el aprendizaje) y poner la atención en los campus universitarios.

Los campus no solamente como espacios meramente físicos sino sobre todo como ecosistemas de trabajo/aprendizaje, de participación, de experimentación y de convivencia cívica.

En la nueva era de la universidad simbiótica, los campus deberán transformarse profundamente debido, principalmente, al conocimiento distribuido y al impacto de la inteligencia artificial. Pienso que lo que va a distinguir a las universidades (excelentes) van a ser sus campus, donde los estudiantes sean el centro de gravitación, y lo que denomino ‘conocimiento-acción’ su razón de ser.

Necesitaremos espacios en los que la interacción profesor-estudiante sea de acompañamiento y trabajo conjunto, con el soporte de la inteligencia artificial. Campus donde se experimente a diario y se trabajen las denominadas habilidades blandas y lugares en los que se compartan valores y se creen vínculos (ciudadanos) y en los que los estudiantes se integren en el desarrollo de servicios universitarios.  En ellos, se podrá esperar que investigación y formación estén mucho más conectadas, permitiendo a los estudiantes integrarse en tareas de investigación científica. La formación a lo largo de la vida podrá ser una realidad, conectada con las necesidades de las empresas, las instituciones y los profesionales.

Esperaremos de esos campus universitarios que se profundice en la experiencia internacional y el intercambio cultural, y donde el rol del profesorado cambiará sustancialmente: del transmisor de información y conocimientos al experto que acompaña y promueve la acción académica en los campus. Donde la universidad se abre extensamente a la sociedad y es banco de pruebas y de trabajo conjunto con instituciones, empresas y sociedad civil organizada bajo el paradigma de su compromiso social inequívoco.

Los campus universitarios, vínculos de reciprocidad y de confianza

La universidad industrial, a pesar de sus fortalezas también evidentes, ha generado en buena medida una cierta despersonalización de la vida universitaria. Por ello, no nos debería sorprender encontrar aulas semivacías, absentismo, despachos cerrados. Lo explicaba magistralmente Sara Berbel en un artículo reciente (no referido al ámbito universitario pero que sin duda se puede extrapolar):

Construimos nuestra identidad a través de la mirada de los demás: necesitamos sentir que existimos, que contamos, que nuestra aportación tiene valor. (…) la invisibilidad no solo daña a quien la padece. También erosiona la vida en común. Las sociedades se sostienen sobre vínculos de reciprocidad y confianza: cuando dejamos de vernos y reconocernos, disminuyen la cooperación, la empatía y el sentido de pertenencia”.

Por todo ello, los campus del futuro deben ser radicalmente diferentes.

Es la hora de una revolución silenciosa para resignificar y potenciar los campus universitarios. Para convertirlos en experiencia diaria de socialización, experimentación, conocimiento-acción y trabajo de valores cívicos. Situando a los estudiantes y el conocimiento en el corazón de su razón de ser.


 

 

Suscríbete al blog por correo electrónico

Suscripción conforme al RGPD 2016/679.

 

Comentarios
  1. Martín Tami dice: 22/09/2026 a las 10:48

    Muy interesante la aportación, Josep. Personalmente, difiero en algunos puntos (crítica de la transmisión, concepto de universidad simbiótica), pero coincido en la necesidad de recuperar la plenitud de la experiencia universitaria que ofrece un buen campus. En la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid, estamos caminando en ese sentido. Gracias por tu artículo.

  2. Luis dice: 22/09/2026 a las 13:42

    Que este enlace al libro blanco de Orpheus que acabo de presentar a la Comisión Europea habla de los nuevos campus universitarios aportando innovaciones.
    ghttps://drive.google.com/file/d/1M2eLnrVJOZYfsArRk7MS768GIzuh2jVb/view?usp=drive_link

  3. Martha Quintanilla dice: 23/09/2026 a las 18:56

    Comparto sus ideas Villalta, esa simbiosis humano-maquina, esa resignificación de nuestros campus universitarios y de quienes formamos parte de ellos. De igual forma la imperiosa de liderazgos fuertes y transformacionales, y esa mirada prospectiva de cambio estratégico, para esa transformación auténtica, sostenible que desde luego llevará su tiempo.


¿Y tú qué opinas?