Hacia el liderazgo tecnológico en la aplicación de la Inteligencia Artificial en las universidades españolas

Hace unas semanas analizamos el primer gran proyecto de aplicación de Inteligencia Artificial en uno de los sistema universitario público más relevantes de Estados Unidos (California State University) que planteaba la licitación de un “asistente virtual inteligente” basado en Inteligencia Artificial (IA).

Nuestros alumnos son digitales. Y el desarrollo de una estrategia universitaria que se corresponda con la realidad actual empieza por una comunicación eficaz capaz de entender lo que los estudiantes dicen y piensan. Los profesores y gestores universitarios no pueden utilizar herramientas rudimentarias para afrontar problemas complejos. La Inteligencia Artificial puede contribuir a fomentar la participación significativa de los estudiantes y resolver con eficiencia temas de gestión y calidad docente.

El COVID acelera la digitalización, la automatización y la Inteligencia Artificial como factores claves

Dada la gravedad diferencial del COVID en Europa, nuestras universidades han sufrido un duro impacto a la hora de garantizar su actividad docente. Ya pocos tienen dudas de que el “entorno COVID” ha acelerado la necesidad de impulsar la digitalización de las universidades. La situación actual impone pragmatismo y diligencia allí donde había debates infructuosos e interminables en torno al falso dilema de la universidad presencial vs digital.

La Inteligencia Artificial puede contribuir de forma decisiva a automatizar los procesos burocráticos, simplificarlos, hacerlos ágiles y sencillos. También a liberar al personal docente y administrativo de tareas tediosas y emplear estos valiosos recursos a fines creativos de alto valor para la docencia y la investigación. ¿En qué medida la IA puede ayudar? ¿España puede liderar la IA aplicada a las universidades?

Relevancia de la automatización y la Inteligencia Artificial en la gestión universitaria

Bolonia supuso un avance para la movilidad europea, para construir un espacio europeo real y único de la educación. Pero trajo una enorme burocracia tediosa que propició pesadez, rigidez y lentitud a nuestros sistemas y en particular a la gestión académica y administrativa.

El COVID ha destruido o colapsado nuestros sistemas de comunicación convencionales. Pero, sobre todo, las universidades han sido incapaces de escuchar a los estudiantes. Las clases virtuales o presenciales, los exámenes o la propia actividad presencial o virtual eran objeto de alarmantes “trendings topics” en redes sociales.

La automatización –hiperautomatización, según Gartner– de muchos de los procesos es una de las 10 tendencias tecnológicas que, según esta consultora, tendrá más impacto en 2021 en todo el mundo.

Las Universidades españolas líderes en la aplicación de Inteligencia Artificial en los procesos de automatización

Las tecnologías digitales actuales permiten la automatización de procesos y la asistencia a alumnos y profesores 24 horas 365 días del año propiciando rapidez y diligencia. También posibilitan asignar las tareas creativas, complejas y generadoras de gran valor a las personas y las repetitivas y rutinarias a las “máquinas”. Pero lo más importante es el data y la capacidad de explotarlo en beneficio de las personas. La capacidad de identificar necesidades, carencias, problemas, cambios y nuevas potencialidades, si bien la identificación de estos factores siempre ha sido relevante, el COVID lo ha hecho aún mucho más.

Las universidades españolas (UMU, UPV, UAH, UIB, UJA, UCM…), han llevado a cabo iniciativas muy destacadas que además suelen ser ya referenciadas como casos de éxito en publicaciones especializadas como la Harvard Business Review. En la última Conferencia Mundial de la Wharton sobre “reimaginar la educación» e Inteligencia Artificial”, de hecho, algunas de estas iniciativas españolas fueron citadas como referentes a nivel mundial. Los fondos europeos podrían permitir extender a la totalidad de la gestión universitaria la automatización de procesos. Eso podría implicar alcanzar un nivel de gestión académica administrativa única.

La calidad docente, el data, la IA y el éxito académico

El gran reto, no obstante, de la IA y el data es la calidad docente y el éxito académico o, si se prefiere, la capacidad de minimizar el fracaso. El fin del suspenso. La tecnología actual nos proporciona medios relevantes y efectivos para empoderar el talento y propiciar recursos educativos para que el fracaso estudiantil se reduzca a cero. La gran revolución de la IA en nuestro tiempo se dirige acabar con el fracaso académico, en sus diferentes modalidades.

No entiendo bien por qué las universidades no están siendo más proactivas y vehementes a la hora de arbitrar tecnologías que favorezcan el éxito académico. Además, muchas de estas tecnologías y experiencias pueden ser “exportables” para luchar contra el fracaso escolar a otros niveles (educación secundaria o primaria).

La base de todo esto empieza por una comunicación eficaz capaz de entender lo que los estudiantes necesitan. Hay que generar data de cada asignatura, de cada curso, de cada grado. Los recursos digitales permiten completar la educación presencial u online si partimos de una compresión de lo que no entiende cada alumno.

Un ejemplo: ¿por qué los niños no leen el Quijote?

La IA ha propiciado que algo tan complejo como que la conducción de un vehículo pueda automatizarse; el reconocimiento de imágenes por la IA nos permite diagnosticar con mayor precisión el cáncer, el Procesamiento del Lenguaje Natural (PLN) nos permite identificar intenciones de lenguaje y por tanto construir conversaciones automatizadas. El GPT-3 nos posibilita además generar textos previsibles y optimizados… Cada paso nos permite dominar más la “industria” del lenguaje.

Trataremos de ejemplificar la potencialidad de la IA con un ejemplo. ¿Cuántos niños han leído y comprendido el Quijote? ¿Cómo podríamos propiciar que lo leyeran y comprendieran pequeños y mayores? Con datos. Previamente necesitamos información. Este es un bonito proyecto del Ministerio de Cultura en España en el que se desarrolla una herramienta de interacción para identificar lo que suscita entre los lectores y usuarios nuestra obra más universal. En una clase de 100 niños o adultos nos sorprendería la diversidad de interacciones en forma de emociones, dudas, fantasías, tedios, indiferencias y curiosidades que puede suscitar cualquier párrafo de la obra cervantina. Esa información podría ser empleada para mejorar los procesos educativos.

Conclusión

Las instituciones educativas, en consonancia con sólidos principios éticos, velando por la igualdad de oportunidades y la no discriminación, deben propiciar que la Inteligencia Artificial apoye a la Inteligencia humana a liberar todo su potencial creativo. Liderar este reto es una de las tareas más apasionantes de nuestro siglo. Y las universidades españolas deben optar a ello.

 

 
Comentarios
  1. Mikel Forcada dice: 23/02/2021 a las 17:34

    Como tantas otras veces, el análisis del profesor Pedreño es certero y se nutre de su gran conocimiento de la vida universitaria. Con la digitalización de la docencia recogemos cada vez más datos sobre los procesos educativos. Y tal vez los más difíciles de tratar sean los textuales. Por ejemplo, ¿Cómo agrupamos las respuestas libres de nuestros estudiantes a ejercicios de manera que podamos identificar conceptos erróneos o mal aprendidos que requieran una intervención especial por parte del profesorado? La inteligencia artificial aplicada al procesamiento de textos puede liberar a los docentes de tareas tediosas y descubrir tendencias en los datos que les permitan identificar necesidades en las que su aportación tenga más valor. Y el desarrollo de esas técnicas no lo puede hacer nadie mejor que las mismas universidades, que deberían liderar ese proceso.

  2. Andrés Pedreño Muñoz dice: 23/02/2021 a las 21:08

    Resalto y repito tu párrafo: «La inteligencia artificial aplicada al procesamiento de textos puede liberar a los docentes de tareas tediosas y descubrir tendencias en los datos que les permitan identificar necesidades en las que su aportación tenga más valor. Y el desarrollo de esas técnicas no lo puede hacer nadie mejor que las mismas universidades, que deberían liderar ese proceso». Ojalá nos pongamos mano a la obra :-)

  3. Juan Vicente Sánchez Andrés dice: 23/02/2021 a las 21:38

    El Profesor Pedreño hace un análisis bien fundamentado del potencial de la aplicación de la IA en las universidades y se pregunta: «No entiendo bien por qué las universidades no están siendo más proactivas y vehementes». La respuesta es clara: para utilizar inteligentemente la IA hace falta antes utilizar la natural. Por ejemplo: las universidades, en este proceso en el que se esta optando por las clases impartidas telemáticamente ponen pegas a que se graben por el motivo no confesado de que se podrían utilizar recurrentemente con dos consecuencias: a. dificultar el cómputo de horas/créditos que el profesor echa en clase, b. limitar la dedicación docente a las clases y no a tutorizar u otras actividades de seguimiento y supervisión seguramente de mayor rendimiento que repetir como un loro todos los años los mismos rollos (obvio que este tipo de actividad requiere que el profesor tenga conocimiento suficiente de la materia). ¿Qué esfuerzo de inteligencia natural hay en esta estrategia?. Escaso.

  4. Andrés Pedreño Muñoz dice: 23/02/2021 a las 22:08

    El apunte crítico que haces, profesor Juanvi Sánchez, pone de relieve lo difícil que es cambiar el sistema cuando los incentivos ponderan un modelo que actúa en sentido contrario. Me gustaría pensar que en un país con la tasa de desempleo juvenil más elevada de Europa, un duro impacto empresarial COVID, escasa relevancia digital, deterioro de la empleabilidad universitaria (señalado por Banco de España) las universidades tienen capacidad de reacción. Los incentivos deben apuntar a la innovación. Hace diez años dije que las universidades estaban construyendo una peligrosa «zona de confort». Hay una alta tasa de envejecimiento en el profesorado , sin incentivos la solución es difícil. La zona de confort existe y es resistente.

  5. Juan Vicente Sánchez Andrés dice: 23/02/2021 a las 23:57

    Es difícil discutirte el argumento basado en los incentivos y la zona de confort porque son realidades. Pero si puede apuntarse algún elemento mas al razonamiento cuando enumeras factores preocupantes. Añadiría: la situación de penuria financiera de las universidades que se podría paliar recibiendo mas subvenciones, pero que igualmente se podría paliar con la introducción de IA y la reasignación de recursos. Por ejemplo: a estas alturas un elemento de dedicación importante de los centros universitarios es la confección de horarios y asignación de aulas. En paralelo, un elemento de dedicación importante de los departamentos es la confección y seguimiento del POD del profesorado. Pregunta: en la era de la logística (no hace falta poner ejemplos) ¿no es posible automatizar estos procesos?. No hablemos de aspectos de mas alto nivel como lo que plantea Forcada o lo que indicas en tu texto.

  6. Guillermo Bernabeu Pastor dice: 24/02/2021 a las 09:40

    Excelente reflexión. Sin duda la Covid-19 ha resultado un detonante para el impulso de la digitalización de nuestras universidades. Discrepo en que el proceso de Bolonia sea el responsable de la burocratización de nuestro sistema universitario, en mi opinión, cada país ha adaptado su sistema universitario respetando unos acuerdos generales, la burocratización es consecuencia de la rigidez y superabundancia de normativas adoptadas y por la herencia de un sistema universitario superegulado que ha cambiado durante la última década pero no lo suficiente.

  7. Andrés Pedreño Muñoz dice: 24/02/2021 a las 10:24

    Tomo nota del apunte, efectivamente ya teníamos un sistema sobreregulado (y quizás rígido). Bolonia no es la culpable de todos nuestros excesos :-).. En el libro (con Luis Moreno) *»Europa frente a EE:UU y China. Prevenir el declive en la era de la Inteligencia Artificial»*, creo que explicamos mejor el entorno de cambio y la rigidez de nuestros sistemas. Tema más importante que la propia sobreregulación y que sitúa a nuestras universidades en un entorno normatívo rígido, en contraste con los cambios acelerados que acontecen en nuestra sociedad, en las empresas, etc..

  8. Andrés Pedreño Muñoz dice: 24/02/2021 a las 10:33

    Contestando más arriba al profesor Juanvi Sánchez. Efectivamente parecería más inteligente que la asignación de nuevos recursos premiara objetivos sociales relevantes: empleabilidad de nuestros egresados, líneas de investigación competitivas y cercanas a objetivos europeos, transformación digital, el fin del suspenso (éxito académico). Crear un sistema que ilusione a nuestros jóvenes profesores y a los estudiantes. La IA +RPAs. -la hiperautomatización- puede contribuir, como he dicho en el articulo, a simplificar y acelerar con eficiencia todos los procesos burocráticos de la Universidad. Pero sobre todo el reto está en favorecer el éxito académico de nuestros alumnos (que es el de nuestros profesores). Y devolverle al alumno la sensación de que vive «la universidad del siglo XXI». Será además la forma más efectiva de poner en valor los 800 años de existencia :-).

  9. Juan Jesús Alcolea dice: 24/02/2021 a las 12:29

    Muy interesante artículo.

    Con la tendencia natural que tenemos en España a la auto crítica excesiva y la no valoración de nuestras capacidades, quizá en demasiadas ocasiones dependemos de que nos reconozcan «desde fuera» el valor de algo para que nos creamos de verdad que estamos haciendo algo bien, o medio bien ;-) .

    Aparte de los muy interesantes casos de chatbots referidos en el artículo, también un proyecto de prevención de abandono basado en modelado predictivo en el que estamos involucrados desde el año 2015 tuvo reflejo en abril de 2019 en la prensa especializada internacional, en concreto en la revista del IEEE «IEEE-Spectrum» (https://spectrum.ieee.org/tech-talk/computing/software/a-predictive-modeling-tool-for-identifying-postsecondary-students-at-risk-of-dropping-out).

    Mi reconocimiento y mi ánimo a todas las personas que se atreven a innovar, porque es un riesgo que casa muy mal con las «zonas de confort» a las que os referís en los comentarios.

    Un abrazo.

  10. Andrés Pedreño Muñoz dice: 24/02/2021 a las 13:59

    Muy interesante la referencia que hace Juan Jesús Alcolea al modelo preventivo de abandono basado en modelado predictivo. Esta es la línea. Más data, más segmentado (por asignaturas, centros, titulaciones…) más capacidad de generar herramientas útiles para combatir el fracaso, abandono, etc

  11. douglas hurtado dice: 24/02/2021 a las 14:39

    todas estas consideraciones enriquecen el debate hago votos por que en mi pais Venezuela muy limitada por el uso del internet , la electricidad y otros factores largos de enumerar pudieramos superar en pro de la calidad de la educacion y formacion de las nuevas generaciones

  12. Juan Vicente Sánchez Andrés dice: 25/02/2021 a las 01:58

    En lo que respecto al éxito/fracaso universitario, creo que convendría discriminar entre «trazo gordo/trazo fino». Pocas dudas sobre las posibilidades de optimizar el sistema que la IA puede proveer. Pero hay un trazo gordo que no requiere tecnología. Me voy a remitir al caso que conozco mejor que es Medicina, dónde el éxito es muy alto y el abandono escaso. ¿La clave?: alumnos muy motivados y con alto rendimiento (nota de corte en el acceso a la universidad) previo, así que alumnos motivados y estudiosos. En España, actualmente, casi todo el mundo puede acceder a la universidad salvo los casos de muy bajo rendimiento que se quedan para los ciclos formativos de la FP. Pero muchos alumnos acceden a la universidad porque la FP sigue devaluada (veremos las reformas que se anuncian) y/o porque el mercado de trabajo no les ofrece una alternativa mejor que seguir estudiando. Así que, simplificando, lo siento, hay muchos alumnos que ni estan motivados ni son estudiosos. estan en la universidad a falta de ninguna alternativa mejor. ¿Qué se puede esperar?

  13. Andrés Pedreño Muñoz dice: 25/02/2021 a las 15:56

    Respuesta a Douglas Hurtado: me sumo al deseo. En los años en los que tuve la suerte de impulsar Universia (2000-2004),fue realmente estimulante trabajar con las universidades venezolanas y otras del continente (Brasil, Chile, México, Argentina…). Al respecto solo añadiré una cosa. Tal como China ha identificado muy bien con África, la mayor parte de los países de Iberoamérica tienen un potencial superior al de Europa en sus procesos de digitalización. La razón es sencilla: no tiene estructuras muy consolidadas y desarolladas de servicios analógicos. Esto hace más fácil el cambio y la innovación. En la parte digital quizás hay que empezar a poner en crisis las tesis de Daron Acemoglu y James A. Robinson («Por qué fracasan los países»). En realidad ahora hay que preguntar ¿Por qué se digitalizan los países?. Luis Moreno y yo hemos intentado responder en «Europa frente EE.UU y China. Prevenir el declive en la era de la IA».

  14. Andrés Pedreño Muñoz dice: 25/02/2021 a las 16:08

    Respuesta al profesor Juanvi Sánchez: Con el sano ánimo de polemizar contigo y sabiendo que tengo todas las de perder :-), te diré que Medicina es un mal ejemplo porque juega con ventaja. Sé que das a la IA el crédito que tiene, pero creo que no basta. ¿Cómo es posible que haya abandonos en Medicina o en las ingenierías con notas de corte superiores a sobresalientes? Con las tecnologías actuales habría que intentar con todos los recursos disponibles, con VEHEMENCIA, que la tasa de abandono fuera absolutamente cero o RESIDUAL. Pero no sólo en Medicina o en Informática, sino en FP y en Económicas, derecho o Trabajo Social…
    La personalización de la enseñanza era utópica en la era analógica. Aquellas universidades que se podrían permitir «tutorizar» en serio a alumnos individualizadamente conseguían magníficos resultados. Hoy la IA y otras herramientas digitales permiten la educación personalizada, eficiente, barata… ¿Por qué no se prioriza? Pues la verdad, pese a que algunos lo respondéis, permitidme que NO LO COMPRENDA :-)

  15. Juan Vicente Sánchez Andrés dice: 26/02/2021 a las 20:45

    Yo, sin ánimo de polemizar, no creo que tuviera las de ganar y no me importaría perder. Aunque suponga cruzar respuestas en el debate: 1. El fondo esta claro y respondido: ni se intenta priorizar precisamente por lo que ya apuntaste hace unos años: porque las universidades estan en su zona de confort y la estructura de gobernanza es autolimitante porque conduce a mirar hacia dentro (relaciones de poder) y no hacia fuera (servicio a la sociedad). 2. ¿Por qué se digitalizan los países?. Creo que es pronto para descartar las tesis de Acemoglu y Robinson que se centran en el fracaso de las instituciones. Las instituciones, en teoría deben coevolucionar con su ecosistema, si no se quedan atrás y dejan de ser útiles en mayor o menor medida. Pero la coevolución exige comunicación. Me remito al punto anterior, metafóricamente, «mirar hacia fuera» y que el vector no venga determinado por los balances internos. La digitalización hay que considerarla un factor intrínseco omnipresente, hasta en un vaso, pero esta fuera.

  16. Andrés Pedreño Muñoz dice: 26/02/2021 a las 21:51

    Respondiendo al último comentario del profesor y amigo J.V. Sánchez. Efectivamente el factor institucional puede ser importante también en el tema digital o, incluso, especialmente en el tema digital. En parte es la tesis en torno al declive de Europa que, como sabes argumentamos en nuestro libro. La referencia a Acemoglu y Robinson viene dada por el cierto determinismo estructural que padece la distribución histórica y geográfica del desarrollo económico, que viene definida por las características y factores de los sistemas convencionales. No descarta en absoluto sus tesis.
    En otro orden de cosas y no es tu caso,, no me preocupa tanto la zona de confort como la tecnofobia o una suerte de ludismo que se está apoderando de muchos discursos.de colegas y amigos a los que tengo el mayor aprecio. No consigo comprenderla bien. Incluso la coartada del discurso y sentimiento humanista no deja de sorprender si se anteponen aproximaciones mas productivas que construyen puentes entre la tecnología y las corrientes convencionales del humanismo. (Hans Ulrich Gumbrecht: El espíritu del mundo en Silicon Valley: Vivir y pensar el futuro).

  17. Juan Vicente Sánchez Andrés dice: 27/02/2021 a las 02:58

    Las dos últimas interacciones acotan la cuestión. Como, afortunadamente, hay que ser breves diré que defines el problema con la expresión «aproximaciones mas productivas» que sólo puede ser entendida en un diálogo con las necesidades de desarrollo de la sociedad. Diálogo, o comunicación, que debería determinar la coevolución de la universidad (institución u organización) con la sociedad. Pero si el vector depende principalmente de las relaciones internas, ese dialogo tendrá una componente menor, no será determinante. Lo que explica el discurso tecnofóbico o ludista al que aludes que tiene carácter autojustificativo (como no puedo hacer nada, explico que hago lo que puedo hacer). Obviamente, a estas alturas, cualquier planteamiento que desligue la tecnología del humanismo implica que se quedó parado hace unos lustros. Exagerando, se podría decir que esos planteamientos implicarían que el humanismo puro fue cosa de los neardentales, entendiendo la tecnología como un contaminante, posición difícil de defender.

  18. Andrés Pedreño Muñoz dice: 27/02/2021 a las 10:08

    Efectivamente la argumentación filosófica convencional de raíces germano-europeas de Hans Ulrich Gumbrecht quizás es «productiva » por los incentivos , inquietudes, valores y preguntas que le plantean sus alumnos -entusiastas de la tecnología- en Stanford. Llega a elucubrar en torno a Heidegger, su desvelamiento del ser y lo que acontece en Silicon Valley. En Europa nos falta esa masa crítica de alumnos y emprendedores «adictos al software» («el espíritu del mundo») que pretende «mejorar el mundo» a través de la tecnología y que exige una «interpretación» desde las doctrinas convencionales. Algo que al menos contagia ilusión entre los jóvenes.
    Nuestra «zona de confort» encubre temas que están saliendo continuamente a debate a modo de «impotencia institucional» (el problema de la gobernanza, endogamia, envejecimiento, empleabilidad…) y ponen de relieve las dificultades de la «coevolución» universitaria-social que citas.
    Siendo oportunista, diría que hay que romper el «círculo vicioso» actual y la Inteligencia Artificial podría ayudar a ilusionarnos aunque solo sea porque nos reduce la burocracia al mínimo y nos propicia el «fin del suspenso». Hay una obligación moral con nuestros estudiantes y su 50% de paro juvenil.


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