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Los estudios de grado en las universidades españolas (I): evolución y análisis de la oferta actual

Una reforma laboriosa y cuestionada

Después de un accidentado proceso legislativo y entre las protestas estudiantiles y de una parte del profesorado, hace ya más de once años se puso en marcha, al amparo del EEES, la substitución de los títulos de ciclo corto y de ciclo largo por los de grado.

Desde entonces, la oferta de estos nuevos estudios ha crecido incesantemente, hasta el punto de que entre todas las universidades públicas y privadas imparten casi 3.000 grados (2.854 en el curso 2017-2018). Las características de esta oferta han suscitado, por parte de universidades, administraciones y analistas, preocupaciones y críticas relativas a la duración, la orientación de los contenidos, el elevado número y la diversificación temática de los grados, el bajo número de estudiantes en algunos de ellos y la adecuación de los recursos disponibles.

No obstante,  hasta donde sabemos, no se habían publicado estudios que consideraran globalmente la oferta de grados y sus diversas facetas hasta que el  pasado 19 de marzo el Observatorio del Sistema Universitario (OSU) presentó su informe Grados universitarios: ¿cuántos y cuáles? Análisis de la oferta de estudios de grado en las universidades públicas y privadas españolas, en el que dicha oferta se analiza y compara con la situación anterior a la reforma, se formulan recomendaciones y se propone que universidades y administraciones inicien una reflexión conjunta para determinar y llevar a cabo las reformas pertinentes.

En esta primera entrada resumimos el análisis y la comparación y dejamos para una entrada posterior las cuestiones para el debate y las propuestas contenidas en el informe.

Nominalmente inspirada en la Declaración de Bolonia, de 1999, que propuso “la adopción de un sistema de titulaciones fácilmente comprensible y comparable”, la substitución de los estudios de ciclo corto y de ciclo largo no se inicia realmente sino con la aprobación de la reforma de la LOU, en 2007, y con diversos decretos que la desarrollan. Finalmente, se estableció que los grados tendrían un número fijo de créditos, 240, salvo en casos especiales determinados (aunque en 2015 se abrió la posibilidad de que el número de créditos fuera cualquiera entre 180 y 240), que su finalidad es la obtención por parte del estudiante de una formación general orientada a la preparación para el ejercicio de actividades de carácter profesional y en la que prime la formación básica y generalista y no la especialización, por lo que en la elaboración de los planes de estudios las universidades deberán prevalecer los contenidos generalistas y de formación básica. La reforma incluyó la substitución del Catálogo de títulos por el Registro de Universidades, Centros y Títulos (RUCT), lo que ha tenido un impacto muy relevante en la configuración de la actual oferta de enseñanzas universitarias.

De la evolución cuantitativa de los grados y de sus diversos nombres

El número de grados aumentó muy rápidamente en los primeros años de implantación de la reforma, ya que debían substituir a los títulos del sistema anterior, pero después ha seguido creciendo (un 19 % desde el curso 2011-2012 al 2017-2018).

Adicionalmente, junto a los títulos de grado “oficiales y con validez en todo el territorio nacional” existe, por parte de algunas universidades públicas, una oferta, extremadamente minoritaria, pero conceptualmente significativa de “grados propios”, incluso con un número de créditos inferior al establecido para los títulos oficiales.

En cuanto a los nombres, en octubre de 2017 constaban en el RUCT 560 distintos, de los que 345 aparecían una sola vez. Aun agrupando los nombres que pueden considerarse equivalentes semánticamente, subsisten 365 significados diferentes, que triplican holgadamente los que constaban en el antiguo Catálogo de títulos.

A veces, el número de nombres distintos correspondientes a una misma disciplina es muy numeroso, como en el caso de la Administración de Empresas, con 19 nombres distintos y 8 grupos de nombres significativamente diferentes.

No podemos entrar aquí en mayores detalles sobre los nombres de los grados impartidos. Pero solo su lectura, por supuesto laboriosa,  permite apreciar algunas características de la oferta, como las que indicamos más adelante.

De las diferencias entre la oferta de las universidades públicas y la de las privadas

La distribución de los grados por ramas de conocimiento es muy diferente en las universidades públicas y en las privadas. La oferta de estas últimas se concentra en Ciencias de la Salud y en Ciencias Sociales y Jurídicas, en tanto que casi no imparten grados de Ciencias (un 7,9 % de los grados de esta rama, un 2,6 % de la oferta de grados de las universidades privadas).

Otra característica de la diferente distribución de los grados entre la pública y la privada es que los grados de un cierto número de materias se imparten exclusivamente en las universidades públicas. Es el caso de los estudios hispánicos, estudios ingleses, química, geografía, matemáticas, física, estudios clásicos, estadística, ingeniería geomática e ingeniería marítima, entre otras.

¿Un ciclo corto, además?

La última reunión ministerial del EEES (París, mayo 2018) ha introducido la posibilidad de sumar a los ciclos primero, segundo y tercero, un “ciclo corto”, de características indefinidas. Las repercusiones de esta ocurrencia no son fáciles de prever, máxime en un país como España, cuyas administraciones han hecho bandera del EEES y de las declaraciones que formalmente lo configuran.

Del Catálogo al Registro

La comparación del número de títulos de ciclo corto y de ciclo largo ofrecidos por las universidades antes de la reforma con el número de grados impartidos en el curso 2017-2018 revela que el número de estudios en las universidades públicas ha experimentado un incremento del 2 %, mientras que en las privadas ha sido de un 66 %, con el resultado de un aumento global del 13 %.

La mayoría de las universidades públicas han reducido su oferta, con las notables excepciones, entre muy pocas más, de todas las de Madrid (entre las que se encuentra, con un factor multiplicativo igual a 3,24, la de mayor crecimiento entre todas las universidades públicas y privadas, la URJC) y todas las de Cataluña.

En cambio, en las universidades privadas, una parte de las cuales no existían o no impartían títulos oficiales de ciclo corto o de ciclo largo antes de la reforma, el aumento es la regla y la reducción, la excepción. Solo tres universidades privadas han reducido su oferta, pero entre ellas se encuentra la que tiene el menor factor multiplicativo de la oferta (0,68) de todas las universidades españolas, la Pontificia de Salamanca.

Entre las comunidades autónomas, aumentaron su oferta significativamente por encima de la media La Rioja, Madrid, Cataluña, Navarra y Cantabria. Por el contrario, en siete CCAAA (principalmente, en Galicia, Asturias, Castilla –La Mancha e Illes Balears) la oferta disminuyó.

¿Comprensible y comparable?

No todos los nombres de los grados, ni sus matices, parecen suficientemente inteligibles para estudiantes, familias, empresas y administraciones. Hay grados de Farmacia, Física, Derecho…, pero también de Estudios Francófonos Aplicados o de Ingeniería en Organización de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación. Esto puede generar dificultades en la elección de carrera y en la ocupación posterior de las personas tituladas.

Tampoco parece asegurada la comparabilidad propugnada por la Declaración de Bolonia, dada la heterogeneidad de la oferta. Por una parte, en relación con características tan importantes de los planes de estudios como son su duración o el número de créditos asignados al trabajo de fin de grado.

Pero también, y más significativamente, por su temática (que va desde lo muy general −Filosofía, Administración de Empresas…− a lo muy especializado −Podología, Logopedia, Gestión Aeronáutica, Creación Artística para Videojuegos y Juegos Aplicados…−), por su alcance (desde, por ejemplo, Administración y Direccción de Empresas a Asistencia de Dirección – Management Assistance) y por la presumible vigencia temporal del objeto de estudio (desde la medicina o la física a los videojuegos). Lo general difícilmente es efímero, pero la especialización es compatible con la fugacidad.

Hay que revisar y mejorar

No está claro, pues, que la actual oferta de grados sea totalmente satisfactoria en relación con los objetivos de la reforma y, por ello, parece llegado el momento de revisarla y de adoptar medidas para mejorarla. En una próxima entrada veremos algunas de las propuestas contenidas en el informe del OSU.

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Comentarios
  1. […] Enlace al post original […]

  2. […] una entrada anterior (ver aquí) expusimos sintéticamente el análisis de los estudios de grado y su comparación con la oferta […]

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