Movilidad sostenible en las universidades y Covid-19

La movilidad sostenible es uno de los grandes retos de las sociedades actuales y, por tanto, uno de los retos de nuestras universidades. A grandes rasgos, la movilidad sostenible consiste en reducir el uso de los vehículos privados a motor, cuya emisión de gases de efecto invernadero incrementa el problema del cambio climático, promoviendo alternativas de transporte más sostenibles que abarcan desde los trayectos compartidos en vehículo privado, al uso de transporte público y al transporte activo, principalmente a pie y en bicicleta.

Del 16 de septiembre al 16 de octubre, en el marco de la Semana Europea de la Movilidad, la mayoría de las universidades españolas se han sumado al Urban Mobility Challenge, una competición entre universidades, empresas y ayuntamientos sobre movilidad sostenible. Pero entre apps, competiciones y declaraciones de intención, nos preguntamos: ¿qué hacen las universidades españolas para promover y facilitar el acceso a los centros universitarios de forma sostenible? ¿Cómo pueden enfrentarse las universidades al reto de la movilidad sostenible en el contexto actual de la Covid-19?

Movilidad y Objetivos de Desarrollo Sostenible

La guía “Cómo evaluar los ODS en las universidades”, que presentamos en el pasado mayo, propone una serie de indicadores para que las universidades puedan autoevaluar su impacto en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. En esta guía, los patrones de movilidad son uno de los indicadores propuestos para medir el impacto de las universidades en la consecución del ODS 11: lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

Además, debido a la relación directa entre movilidad y cambio climático, la propia guía también incluye la movilidad sostenible dentro del indicador de huella de carbono propuesto para el ODS 13: adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.

La movilidad sostenible está relacionada con otros ODS. Un ejemplo claro es la relación íntima entre movilidad y salud. El transporte activo no es solo la opción de movilidad más sostenible sino que, además, contribuye a la salud humana. Por lo tanto, promover y facilitar el transporte activo para acceder a los centros universitarios, como el uso de la bicicleta, contribuye a la consecución del ODS 3: “Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades”. Sin embargo, la relación actual entre movilidad y salud es mucho más compleja debido a la Covid-19.

Los efectos de la Covid-19 en la movilidad sostenible

La pandemia ha tenido y tiene consecuencias evidentes para la movilidad. En lo referido a los patrones de movilidad para acudir a la universidad, es indispensable analizar los riesgos de contagio asociados a las diferentes alternativas de transporte. Por ejemplo, es evidente que fomentar que se comparta el vehículo privado entre personas que no forman parte de un mismo círculo mediante el uso de apps no es la política de movilidad más adecuada en el contexto actual.

En lo que respecta al transporte público, ha sido la alternativa predominante al uso del vehículo privado para el acceso a los centros universitarios. Pero, sin las condiciones de seguridad suficiente, resulta imposible que se respete la distancia mínima que se debe imperar entre individuos en estos medios de transporte. Son habituales las imágenes de autobuses y vagones de metro abarrotados de gente en horas punta y las denuncias públicas asociadas a estos hechos.

El transporte público debe reforzarse para que sea una forma de movilidad sostenible y segura, mediante el incremento de la oferta y de la frecuencia de paso. Esto no se ha hecho en muchas de las ciudades universitarias españolas. Por ejemplo, en la ciudad de Palma (Mallorca) la frecuencia de la línea de metro que conecta el centro de Palma con el campus universitario no solo no se ha reforzado, sino que ha empeorado respecto al curso pasado.

La desescalada como oportunidad para cambiar el modelo de transporte

Durante el confinamiento se hizo evidente, hasta para los más incrédulos, el lugar que ocupan los vehículos privados en el espacio público y las consecuencias de su uso para la calidad del aire de nuestras ciudades. La desescalada se presentó como la gran oportunidad para cambiar el modelo de transporte, y tanto el Gobierno como medios de comunicación proclamaron que la bicicleta debía ser la protagonista del nuevo modelo de movilidad sostenible (ejemplo 1, ejemplo 2, ejemplo 3, ejemplo 4, ejemplo 5).

En comparación al vehículo privado a motor (coches y motocicletas) y al transporte público, la bicicleta se presentaba como el transporte sostenible, saludable y seguro, que permitía respetar la distancia de seguridad para reducir el riesgo de contagio de Covid-19.

El uso de la bicicleta como medio de transporte para acudir a la universidad

¿Qué pueden hacer las universidades para fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte para acudir a los centros universitarios? ¿Qué pueden hacer para que, en el contexto actual, la comunidad universitaria no elija el vehículo privado a motor, sino el transporte activo?

Recoger la opinión y demanda sobre la movilidad

Presuponiendo la voluntad política de alcanzar este objetivo, el primer punto a destacar es la necesidad e importancia del conocimiento. Un paso indispensable es la realización de encuestas a la comunidad universitaria para obtener una matriz de movilidad (porcentaje de uso de cada tipo de movilidad) y recoger las demandas de dicha comunidad. Dicho conocimiento puede utilizarse para diseñar campañas educativas sobre movilidad sostenible y establecer prioridades en cuanto a políticas de movilidad.

Si la toma de datos se realiza con cierta periodicidad, por ejemplo, de forma bienal, estos datos podrán utilizarse para evaluar el éxito de las políticas de movilidad implementadas. Por ejemplo, podemos analizar la evolución de los tipos de movilidad para acceder al campus de la Universitat Autònoma de Barcelona gracias a los datos recogidos durante dos décadas.

Tabla 1. Evolución de los tipos de movilidad para acceder al campus de la Universitat Autònoma de Barcelona 2001-2019.

Elaboración propia a partir de los datos de la encuesta de hábitos de movilidad elaborada por la Universitat Autònoma de Barcelona.

Los datos referidos en la tabla indican el porcentaje (%) de personas encuestadas que usan ese tipo de movilidad como principal. Como puede observarse, ha habido un incremento en el uso de la bicicleta, pero la proporción de la comunidad universitaria que usa este modo de transporte es muy baja (<2.5%).

En el caso de la Universitat de les Illes Balears y de la Universitat Politècnica de València, menos del 1% de la comunidad universitaria accede al campus en bicicleta. Mientras que en el caso de la Universitat de Barcelona se supera el 4%. Hay que tener presente que no es adecuado comparar directamente estos valores entre universidades debido a la multitud de factores que afectan la accesibilidad en bicicleta a los centros universitarios (distancia a núcleos urbanos, conexión por carriles bici, climatología, etc.).

Ofrecer la infraestructura necesaria para el acceso y aparcamiento

En segundo lugar, los campus universitarios deben ofrecer infraestructuras y servicios a la comunidad universitaria para promover el uso de la bicicleta. Por ejemplo, los aparcamientos para bicicletas son indispensables. En aquellos campus dónde exista riesgo de robo, son pertinentes los aparcamientos cerrados para bicicletas (como los de la Universitat Autònoma de Barcelona, que incluyen enchufes para la recarga de bicicletas eléctricas).

El mantenimiento de la bicicleta también puede suponer una barrera a la hora de apostar por este medio de transporte. Para eliminar esta limitación, las universidades pueden instalar puntos de auto-reparación de bicicletas u ofrecer servicios gratuitos o de bajo coste para su reparación, ya sea de forma permanente o puntual. El préstamo de bicicletas también es un servicio atractivo que puede ayudar a aquellas personas que no disponen de medios económicos suficientes para su compra.

Las duchas en las universidades para incentivar el uso de la bicicleta

El acceso a duchas en los centros universitarios es otra de las necesidades básicas que suelen tener los que usan la bicicleta como medio de transporte. Esta es una de las reivindicaciones de la Asociación para la promoción del uso de la bicicleta en la Universidad de Murcia, que ha ido logrando.

En la Universitat de les Illes Balears, existen duchas en tan solo uno de los edificios, pero ahora permanecen cerradas por motivos de seguridad sanitaria debido a la Covid-19, según el gobierno de la universidad. Sin embargo, las duchas de las instalaciones deportivas situadas en el mismo campus están abiertas para sus socios.

La decisión de cerrar las duchas gratuitas situadas en el campus universitario, situado a 7 km del centro de la ciudad de Palma, supone una clara barrera al uso de la bicicleta como medio de transporte para acceder al campus. Mucho más acertado sería reforzar los servicios de limpieza de las mismas para ofrecer un espacio seguro a la comunidad universitaria y apoyar así los hábitos sostenibles y saludables.

Comprobar servicios locales y regionales

Por último, no podemos ignorar que las universidades están localizadas en un territorio concreto y, por tanto, la movilidad sostenible depende también de las infraestructuras y servicios disponibles a nivel local y regional. Los carriles bici que unen los campus con los diferentes núcleos urbanos son una pieza clave en la movilidad universitaria, ya que la inseguridad del itinerario es una de las barreras más comunes al uso de la bicicleta como medio de transporte.

De gran importancia también son los servicios de alquiler de bicicletas públicas de las ciudades como Bicing, BiciMAD o Girocleta, que deben contar con estaciones de anclaje en torno a los centros universitarios (por ejemplo, BiciPalma no cuenta con ninguna estación de anclaje en el campus de la Universitat de les Illes Balears).

En muchos casos, una persona combina varios tipos de movilidad (transporte multimodal) para acceder a los centros universitarios. Por ello es importante que la bicicleta pueda integrarse en la red de transporte público. Esto es cada vez más común en trenes y vagones de metro, pero casi inexistente en los autobuses públicos de nuestro país (ejemplo de autobús con espacio para bicicletas en Santa Cruz, California, EE.UU.).

Cabe aclarar que las universidades no pueden mantenerse ajenas a las necesidades de infraestructuras y servicios a nivel local y regional. Como destaca el proyecto U-MOB sobre movilidad sostenible en universidades europeas, es necesario que cada universidad designe un responsable en materia de movilidad universitaria que se encargue, entre otras tareas, de la relación con las autoridades locales para buscar soluciones pertinentes a los problemas de movilidad desde una perspectiva territorial.

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Comentarios
  1. Teresa dice: 28/10/2020 a las 15:42

    Excelente aportación!


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