Nadie puede servir a dos señores
La investigación educativa, como tantos otros campos, es especialmente vulnerable a las modas. En este caso, la sostenibilidad —aunque no es la única— se ha convertido en el mejor ejemplo de cómo universidades y centros de investigación pueden transformarse en fashion victims de las propuestas de los Organismos Internacionales y de las financiaciones que estos movilizan.
La Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no solo protagonizan informes y declaraciones supranacionales, sino que impregnan la vida universitaria cotidiana: concursos de vídeos sobre movilidad sostenible, gincanas “verdes”, congresos que combinan educación y sostenibilidad… El discurso está presente en todas partes.
Esta omnipresencia abre preguntas incómodas: si el desarrollo sostenible es un objetivo tan esencial para la humanidad, ¿cómo es posible que la investigación educativa apenas lo hubiera considerado antes de 2015? ¿Son realmente los ODS una brújula pedagógica o se han convertido en una agenda externa que la universidad asume sin discusión?
La investigación y los ODS: entusiasmo sin crítica
Desde su aprobación, la mayoría de publicaciones sobre educación en España han abrazado los ODS con entusiasmo. Casi todos los artículos se concentran en dos áreas: la formación de docentes en sostenibilidad y la implementación de experiencias ligadas a los ODS en escuelas y universidades. Obviamente, aquí no vamos a cuestionar la bondad evidente de tales objetivos. ¿Quién no querría erradicar el hambre, la pobreza o asegurar una educación de calidad? Pero a diferencia de los Derechos Humanos, los ODS no sólo no protegen a nadie, sino que además cierran el debate. Se hace casi imposible cuestionar el marco en sí. Al venir de organismos internacionales y estar ya cerrados en forma de objetivos, estándares e indicadores de logro, los ODS ofrecen poco espacio para el debate ciudadano.
La investigación se limita entonces a pensar cómo aplicarlos mejor, no si deberían aplicarse. En este escenario, abundan los estudios descriptivos y técnicos, mientras que escasean las perspectivas críticas.
El poder de la financiación
Para entender este fenómeno hay que seguir el rastro del dinero. La educación no es un campo especialmente dotado de recursos, y la financiación internacional se ha convertido en un factor decisivo. A diferencia de los antiguos Objetivos del Milenio, los ODS cuentan con partidas presupuestarias concretas que llegan directamente a las universidades. Así lo reconoce la propia Guía para el Desarrollo Sostenible en las Universidades: comprometerse con los ODS no solo mejora la imagen institucional, sino que abre puertas a nuevas fuentes de financiación.
Esto explica por qué proliferan proyectos con enfoque sostenible. Las convocatorias nacionales e internacionales están alineadas con la Agenda 2030 y, como ya ocurre con el programa europeo Horizon 2021-2027, se priorizan iniciativas que prometen un futuro “sostenible, fuerte y competitivo”. La consecuencia es clara: los proyectos con más posibilidades de financiación son los que mejor encajan en esta agenda global.
La metáfora de los dos señores
La investigación universitaria se parece, en muchos aspectos, a un barco en alta mar. Su timón debería estar guiado por la búsqueda del conocimiento y por el compromiso de aportar reflexión crítica a la sociedad. Sin embargo, cada vez con más frecuencia, ese timón parece moverse al ritmo de los vientos de la financiación.
De ahí la metáfora: no se puede servir a dos señores, al dinero y a la investigación. La investigación es un amo exigente: pide tiempo, paciencia, rigor, capacidad de cuestionar lo establecido. El dinero, en cambio, es un amo impaciente: exige resultados rápidos, indicadores medibles, impacto visible en rankings y memorias institucionales. Servir a ambos al mismo tiempo genera una tensión que acaba inclinando la balanza hacia el más poderoso: el dinero.
Cuando eso ocurre, la investigación pierde su independencia. Ya no se pregunta qué problemas merecen ser estudiados, sino qué temas tienen más posibilidades de conseguir financiación. La brújula deja de señalar el norte del pensamiento crítico y se convierte en un GPS programado por los organismos internacionales, que marcan de antemano la ruta con objetivos e indicadores cerrados.
La dignidad de la investigación
Así, el investigador se convierte en un equilibrista: con una mano trata de mantener la dignidad de la investigación y, con la otra, sostiene la presión de proyectos que deben “encajar” en las modas globales. Es como intentar remar en dos direcciones a la vez: hacia el puerto del conocimiento y hacia el muelle del financiamiento. El resultado suele ser un movimiento circular, que desgasta mucho y avanza poco.
El riesgo es claro: cuando la academia se habitúa a obedecer al señor del dinero, deja de tener voz propia. En vez de producir conocimiento transformador, se limita a confirmar lo que ya estaba decidido en las agendas internacionales. Y en lugar de ser un laboratorio de ideas nuevas, la universidad se convierte en un escaparate que expone, con obediencia, aquello que otros han diseñado.
Por eso la advertencia es tan contundente: no se puede servir a dos señores. O la investigación se pone al servicio del dinero, aceptando modas pasajeras y discursos preconfigurados, o se mantiene fiel a su vocación crítica, aunque eso signifique remar contra la corriente y avanzar más despacio.


Gracias, Tania, por esta columna. Me parece que señalas con mucha precisión y valentía una realidad que no siempre nos atrevemos a mirar de frente.
Un abrazo.
Un texto valiente, Tania, cuestionando el discurso dominante. La investigación educativa necesita recuperar su autonomía crítica frente a las agendas internacionales y los incentivos económicos. La ética académica exige resistir la instrumentalización del conocimiento y mantener viva la reflexión sobre el sentido y el propósito de investigar.
Tienes mucha razón, Tania. Quienes deseamos trabajar en lo que pensamos que es interesante y necesario en nuestro ámbito, nos vemos obligados -para conseguir financiación- a trabajar además se ún una hoja de ruta marcada por intereses ajenos, no educativos. Resultado, como bien dices, mucho desgaste y muy poco avance. Gracias por darle voz a esta patología universitaria
Gracias, Tania. La investigación universitaria como fashion victim (no solo de los ODS)… un hallazgo
Impecable artículo, para reflexionar y para apoyar a la comunidad educativa, por la investigación libre y cuestionada. Gracias por la valentía de ponerlo encima de la mesa. Por mi parte máxima difusión a este artículo que se entiende desde todas las áreas de la sociedad
[…] que la sociedad demanda, o si es la oferta universitaria lo que ha de determinar la demanda social. Si se ha de investigar lo necesario, o es la universidad la que determina lo necesario y por ello lo…. En cualquier caso, se abrió una nueva época, en que fue la demanda social y económica la que […]
La felicito Tania, por un articulo valiente, claro, pertinente y retador para quienes dirigen gestionan y hacen investigacion tanto en las univesidades como fuera de ella.