Responder primero, cambiar después

Víctor Gómez Frías, en una entrada reciente en el blog, planteaba problemas existentes en la universidad española sobre los que daba algunas respuestas. Los principales problemas de los que habló fueron:

  1. La gobernanza y la rendición de cuentas a la sociedad
  2. La estructura interna de la universidad
  3. La selección y promoción del profesorado

En este artículo, me gustaría contestar a los dos primeros puntos. Del tercer problema, la selección del profesorado (que también tiene mucha miga) no da tiempo a hablar ahora con detenimiento. Desde luego, adelanto que, en mi opinión, sería muy bueno que se pudiera dar acceso a la Universidad a puestos estables a gente que no ha seguido toda su vida el proceso de acreditación, que está siendo completamente inflacionario (y endogámico en una publicación de resultados en muy pocas revistas) en los méritos que hay que aportar para promocionarse. Hay ejemplos en otros colectivos que hay que copiar, adaptando a la realidad universitaria. Confío en poder contribuir pronto con una entrada sobre este tema.

Preguntas que hay que responder antes de proponer una ley

Vamos con los dos primeros. ¿Por qué se abordan estas cuestiones desde la perspectiva de “problemas” y no “análisis”? ¿No hay aspectos positivos? ¿Todas las universidades españolas funcionan igual de mal? ¿Todas las universidades españolas funcionan mal? ¿Es evidente que un remedio de tabula rasa, uniforme, mejorará todas o la mayoría de las situaciones?

Las preguntas que se deben responder antes de profundizar en un análisis son otras diferentes. La primera sería: ¿Cómo se mide el éxito de una universidad? ¿por su investigación? ¿por cómo se publica esta investigación? ¿por las empresas que atrae para que estas empresas encuentren mejoras y soluciones a sus procesos? ¿por los profesionales que forma, por sus capacidades y desempeño? No olvidemos que la investigación debería ser una actividad fundamental de los centros de investigación, y solamente parcial de las universidades, digan lo que digan las modas. Y digan lo que digan los modos de recompensa como los que se han establecido en buena parte del mundo. También en España.

La segunda pregunta es cómo decidimos qué centros universitarios deben mantenerse o cerrar. ¿Es posible que haya universidades en muchísimas ciudades pequeñas, con presupuesto escaso y con una captación de talento más que discutible? ¿Es fácil tener especialistas punteros en todas las disciplinas del derecho, de la medicina, de la ingeniería, de la economía, de la historia, de la literatura y de la lingüística, simultáneamente, en muchas ciudades pequeñas y muy próximas?

¿Es mejor la propuesta que lo que tenemos?

Por último, considero que la propuesta del autor adolece de un defecto fundamental. Examinemos las posibilidades que tendría una universidad española de mejorar mucho con una composición del Consejo de Gobierno como las que se propone en la entrada y que cito a continuación:

“Un Consejo de Administración de alrededor de 15 miembros; por ejemplo, 1 nombrado por el gobierno central, 2 por el autonómico, 3 por el parlamento autonómico; 2 por los empleadores –patronal, sindicatos–; 2 entre los profesores; 1 por el resto del personal;1 por los alumnos; 1 por los antiguos alumnos y 2 expertos cooptados, que elegirían por concurso al rector (doctor sin requisito de nacionalidad, acreditaciones ni pertenencia a la universidad)”.

Me surgen dos cuestiones: la primera, que no se aclara si es por sufragio universal o por otros modos y los costes de organizar un sufragio universal para elegir a 4. La segunda, 8 de los 15 están nombrados por el mismo establishment mientras que 6 lo están por los partidos políticos. ¿Esto significa que vamos a tener Universidades gobernadas por partidos políticos que hayan perdido las elecciones, y quieran ejercer una oposición desleal desde la universidad, porque nombraron a 6 de los 15 miembros? ¿Queremos trasladar el funcionamiento que se ve en RTVE a las universidades?

La propuesta de mi colega es buenista, o más bien dualista.

Parte de lo malo de la universidad y lo bueno de todas las demás organizaciones. En España se están viendo muchísimos ejemplos en los que la elección de representantes por mayorías cualificadas en cámaras no suele funcionar, a menos que un partido sea brutalmente dominante. ¿Han nombrado bien los políticos a sus representantes en empresas públicas, en cajas de ahorros, en consorcios y en bancos, en el propio Ejecutivo?

En el caso del poder ejecutivo, desde la restauración de la democracia todos los políticos de todos los partidos han hecho grandes esfuerzos por invadir más la organización, por hacer descender a los funcionarios más y más, y por poner a personas sin historial de liderazgo, sin historial de organización, sin experiencia ninguna, simplemente porque les conviene en ese momento esa persona.

La endogamia es nacional, y, por eso, también universitaria

La realidad es que la universidad española es endogámica, eso es cierto. La realidad es que la sociedad española es muy endogámica: las organizaciones españolas tienen una gran dificultad de captación de talento fuera de sus de sus propios rangos, de sus propias organizaciones. Cuando lo hacen, lo hacen solamente captando talento de organizaciones gemelas. Eso no ocurre cuando nacen, y aun así hay excepciones, pero enseguida se demuestra que la trayectoria es la misma: gente de debajo o de organizaciones gemelas.

Es posible que lo que ocurra es que hay mucho miedo de atreverse a nombrar a alguien que viene de fuera.

Este miedo se basa en que si lo hace mal, se reirán de quien hizo la propuesta. La acusación de “no ser de los nuestros” se repite en muchos foros e instancias. Es verdad también que los de dentro ponen muy difícil la captación de talento de fuera y solamente lo permiten de una manera muy limitada.

Finalmente, lo que habría que hacer es dar más oportunidades al talento de aparecer, pero no solo en la universidad. También en la política, también en el Gobierno, también en los sindicatos.

Los problemas mencionados existen, sin duda. Y las universidades funcionan bien.

Los problemas a los que alude Víctor Gómez Frías existen, no hay duda, aunque no están bien cuantificados en ningún sitio, y suele olvidarse que las universidades públicas españolas están en su gran mayoría en el mejor 10% mundial. En el mundo hay algo más de 10.000 universidades y casi todas las españolas están entre las 1.000 primeras.

¿Tienen los partidos políticos y los sindicatos el mismo registro? ¿Están las empresas públicas españolas todas entre el 10% mejor de las mundiales?

Los nombramientos que propone Víctor Gómez Frías no van a arreglar la Universidad si primero no tenemos claro cuáles son los criterios de mantenimiento y cierre de los distintos centros y universidades. También hay que bajar al barro y especificar cómo deben especializarse en su funcionamiento, cómo hacemos ventajosa esa especialización en financiación y captación de talento.

Desconfiar de la uniformidad: nuevas preguntas

Ese es el melón que hay que abrir si queremos que las universidades funcionen mejor. Aplicar criterios de tabula rasa a todas las universidades por igual, ignorando cómo funcionan ahora y asumiendo que los defectos son tremendos, y todas mejorarán por igual cambiando el sistema, es ignorar una realidad mucho más variada y que en las universidades también hay talento de fuera.

Una de las preguntas propuestas en el artículo es particularmente relevante: “¿Se imaginan que una ley determinara cómo deben estructurarse internamente todas las empresas de un mismo sector?” Eso es justamente lo que propone nuevamente el Profesor Gómez Frías: que una ley determine una nueva manera de estructurarse el gobierno de todas las “empresas de un sector”, aunque la comparación en sí daría para mucha discusión.

Desconfío de las soluciones uniformes para entidades grandes y pequeñas, ágiles y agarrotadas, jóvenes y envejecidas, controladas políticamente, controladas por otras entidades privadas o controladas por no se sabe muy bien quién. Porque las autonomías ejercen un control laxo sobre las universidades españolas, excepto en aquellos territorios cuyo interés es desligarse del sistema global para crear uno nuevo. Cataluña es el mejor ejemplo, y basta ver cuántos profesores titulares han sido nombrados en universidades catalanas en los últimos 30 años. Laura Borrás es una notable excepción, y perdón por lo concreto de la digresión, pero es escandaloso y se publicó en medios de comunicación catalanes.

Los problemas existen, pero las universidades españolas  se están desenvolviendo bien en los rankings internacionales.

En conclusión

Plantear soluciones antes de plantear las preguntas en concreto no resolverá los problemas, y es muy probable que los agudice. Porque no es evidente que personas ajenas a la universidad, nombradas por poco tiempo y con intereses posteriores muy diferentes, vayan a luchar por la calidad de la Universidad, y no por otros fines. Eso es lo que vemos todos los días en casi todas las empresas públicas, por poner un ejemplo. Si elegir de dentro es un defecto, ¿qué tienen que hacer los sindicatos, antes de nombrar representantes en este Consejo Universitario? ¿Qué tienen que hacer los partidos políticos? ¿Por qué la solución, que es buena para los sindicalistas, es mala para los jueces y es mala para los universitarios?

Esas son las preguntas a las que hay que responder, antes de decidir que los demás tienen problemas que nosotros vamos a arreglar sin arreglar los nuestros.

En todo caso, España es una sociedad top down, en la que las decisiones son inmediatas y universales, y las que se toman son un buen ejemplo: top-down, decisiones tomadas de arriba a abajo, con las mejores intenciones, pero sin probar primero. Si las propuestas del profesor Gómez Frías van a ser mejoras, probemos en dos casos concretos, antes de cambiar la ley para todos. Hagamos un experimento y veamos los resultados. Porque, cuando hace frío y llueve y nieva, lo natural es guarecerse, pero esta no es una ley universal con resultados siempre positivos. En tormentas eléctricas guarecerse bajo árboles es un error, y en refugios bajo amenaza inminente de aludes tampoco es un buen consejo entrar.

 

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