Ucrania en el corazón de las universidades españolas

Es la época la que pone las imágenes, yo tan solo me limito a ponerle las palabras… nunca he confiado tanto en la unidad de Europa, nunca he creído tanto en su futuro como en aquella época en que nos parecía vislumbrar una nueva aurora. Pero, en realidad, era ya el resplandor del incendio mundial que se acercaba”.

 El mundo de ayer. Memorias de un europeo. Stefan Zweig.

En primer lugar, deseo poner de relieve toda la solidaridad de las universidades españolas con Ucrania, especialmente con los profesores y estudiantes universitarios que son víctimas de esta guerra. Todos han interrumpido sus estudios, sus clases, y han dejado a sus familias y a sus amigos para alistarse en la defensa de sus ciudades y pueblos, destruidos como consecuencia de la invasión de Rusia. Las imágenes son aterradoras y las largas colas de personas que huyen a otros países, especialmente las más vulnerables, nos retrotraen a los peores tiempos pasados de Europa. Todas las universidades españolas, así como las europeas, están activando y organizando iniciativas de todo tipo, sobre todo en la acogida de la población que está abandonando Ucrania. Debemos abrir nuestras universidades a todos los profesores, estudiantes e investigadores ucranianos que podamos y esperar que acabe pronto esta guerra, de consecuencias desconocidas, y pueda volver la paz.

En segundo lugar, constatamos, una vez más, que la guerra es la peor decisión que un ser humano puede tomar, porque supone olvidar la palabra y el diálogo y optar por coger el fusil para matar a quien no piensa igual que él. Es el acto más repugnante concebido por la razón humana cuando se encierra en sí misma y se erige como única verdad. La historia europea tiene tantos ejemplos que avergüenza escribirlo.

Sin duda, esta guerra nos retrotrae a lo peor del siglo XX y nos dice que aún no lo hemos superado.

Peter Sloterdijk calificaba el siglo XX como la era de la desmesura y del exceso, y exhortaba a que el siglo XXI fuera el siglo del límite. Parte del siglo pasado había sido una historia plagada de excesos: dos guerras mundiales fruto de los excesos de las ideologías que debilitaron las democracias, excesos de las religiones como excusa para imponer unas éticas y unas políticas dominantes, excesos de unas revoluciones industriales que han dañado el planeta de forma irreparable, etc. Por ello, el siglo xxi debería ser el siglo de los límites, sobre todo en lo referente a las tecnologías crecientes y a la imparable sociedad individualista. No todo vale, no todo es posible, ni todo es necesario.

En un mundo con mil problemas por resolver, urge no solo garantizar los logros conseguidos, sino encarar los nuevos problemas que ya son globales. Es preciso recuperar el “nosotros”, como dice Marina Garcés. Ahora, cualquier cosa que sucede en el mundo nos afecta a todos, como hemos visto con la pandemia; por tanto, nadie puede erigirse en dueño de hacer lo que quiera, o lo que algunos quieran, en detrimento de los demás.

Es necesario, hoy más que nunca, que las instituciones y los organismos internacionales y democráticos funcionen, para avanzar en un verdadero gobierno global.

En tercer lugar, la guerra de Ucrania pone de manifiesto la necesidad permanente de construir la paz como un muro infranqueable contra la guerra. La paz no es un estado natural, como señalan los expertos: la paz debe valorarse cada día contra la tentación latente de la barbarie.

Quienes nos dedicamos a la formación de las personas, sabemos que la esencia de la paz es la educación y, cuando olvidamos la formación para la paz, todo empieza a debilitarse: las relaciones humanas, la convivencia y las instituciones que sustentan la paz. Gestionamos las universidades para mejorar la vida futura de los estudiantes y nos dedicamos con pasión a buscar la verdad científica para comprender mejor el mundo que nos rodea, pero olvidamos fácilmente que la paz es la condición necesaria de todo progreso y mejora posible, sobre todo en nuestra Europa. Así pues, no debemos bajar la guardia y hemos de educar cada día más para la paz.

¡Ojalá los presagios del admirado Stefan Zweig no vuelvan a repetirse!

 

univerdad es el blog de Studia XXI, un foro crítico cuyas propuestas están encaminadas a debatir y provocar la adopción de medidas eficientes en Educación Superior.

 
Comentarios
  1. Mercedes dice: 04/05/2022 a las 10:35

    Enhorabuena, Dídac, en nombre de todo el equipo editorial por estas certeras reflexiones y por ese mensaje de compromiso que nos recuerdas a todos, «educar para la paz».

  2. Pilar dice: 04/05/2022 a las 11:16

    Ciertamente, enhorabuena.
    Gracias por ayudar a reflexionar y a comprometerse

  3. Anna dice: 04/05/2022 a las 11:33

    Tens tota la raó sense educació ni formació no hi ha pau.Una abraçada

  4. Antonio dice: 04/05/2022 a las 17:00

    Cuando somos atacados por la barbarie, tenemos el derecho a la defensa…

  5. Mari linares dice: 04/05/2022 a las 20:03

    Ciertamente la paz no es una opción, es un derecho que todos tenemos aunque ya sabemos que la política y el poder es la razón de todas o casi todas las barbaries de todos los tiempo , Es una pena que en pleno siglo xxl todavía tengamos que ver estas aberraciones..un abrazo Diego.

  6. Nancy Pedroza dice: 08/05/2022 a las 18:14

    Didac, me apodero de tus palabras «…que la guerra es la peor decisión que un ser humano puede tomar, porque supone olvidar la palabra y el diálogo y optar por coger el fusil para matar a quien no piensa igual que él», para agradecer tu artículo.
    Es complicado tratar de entender ¿por qué aún la guerra puede verse como un recurso para obtener la razón particular? Y más complicado aún, a mi juicio, tratar de entender ¿por qué tanto desarrollo no ha podido impedir estas acciones?
    Seguiremos creyendo que es posible un cambio para bien.
    Gracias por tu tiempo Didac.

  7. Carmelo dice: 12/05/2022 a las 20:15

    Me sumo a los agradecimientos, Didac; la reflexión debe impulsarnos a hacer algo más por restaurar la paz y denunciar los excesos, pues son esos excesos los nuevos muros que nos aíslan de la verdad: «No todo vale, no todo es posible, ni todo es necesario.»
    No hay gobierno democrático en nuestra comunidad humana capaz de parar ninguna guerra. Desgraciadamente las guerras las paran los muertos de esas guerras (para la de Palestina, Libia, Ucrania, etc., cuántos más muertos hacen falta). Y desde luego, la venta de armas para la defensa es un ensayo humano que siempre fracasa: no todo vale, no todo es posible, ni todo es necesario.


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