La universidad dual como respuesta al abandono universitario

El Informe de Datos y Cifras del Sistema Universitario Español 2019/2020 cifra en un 33,9% la tasa de abandono del estudio de los estudiantes. En el caso de los cambios de estudio, esa cifra alcanza un 12,3%. Tasas de abandono y cambio que, por lo que se refiere al primer año del Grado, se sitúan, respectivamente, en el 21,7% y el 8,6%. Cifras alarmantes y que alcanzan cuotas mucho más elevadas en el ámbito de las universidades no presenciales. En ellas, la tasa de abandono del estudio alcanza, ni más ni menos, que un porcentaje del 62%.

Factores que pueden explicar las actuales cifras de altas tasas de abandono universitario y cambio de estudio

Las altas tasas de abandono y cambio de estudios no responden a un único factor, sino a la concurrencia de factores heterogéneos relacionados entre sí. De una parte, la falta de orientación e información previa en los centros escolares e institutos. De otra, un mapa de titulaciones, absolutamente irracional y desproporcionado, y en el que no faltan algunas operaciones de marketing universitario.

Todo ello, aderezado con el diseño de unos planes de estudio que, con frecuencia, son atractivos en su presentación, pero aburridos en su contenido real; la precarización de una importante parte del profesorado universitario que, se quiera o no, repercute en la calidad docente; y la falta de motivación en un sector del estudiantado que accede a la educación superior sin tener muy claro por qué y para qué. Esto llega hasta tal extremo que algunos centros de educación superior ya ofertan los conocidos como grados de indagación. Están dirigidos, como su propio nombre indica, en cuanto modalidad específica de los grados abiertos, a corregir la actual desorientación de parte de quienes hoy acceden a la universidad.

Generación COVID

Factores todos ellos que, en el caso de la llamada generación covid, se han visto agravados en los dos últimos cursos académicos. A estos alumnos, no solo les ha afectado la generalización de las clases virtuales y la ausencia de una auténtica vivencia de la vida universitaria; sino también por una matriculación de no pocos estudiantes, fruto del aumento de las notas de evaluación del bachillerato, en grados que, en realidad, no querían ser cursados por quienes se acabaron por matricular en ellos. Como suele decirse, lo que mal empieza, acaba peor.

La universidad dual como parte de la solución al problema

Los estudiantes, en el momento de elegir qué grado cursar, deberían tener información suficiente, clara y transparente que les permitiese valorar todas las alternativas posibles; tener muy claro que la universidad no es ni debe ser una prolongación del colegio, pues marcará, para siempre, su vida personal y profesional; gozar de la suficiente madurez para, tras escuchar y valorar las recomendaciones y sugerencias del profesorado y sus familias, decidir qué grado escoger; y ser capaces, sin renunciar a su vocación, de optar por aquellos grados que mejor se adapten a sus intereses, tanto formativos como profesionales.

Todo ello parece imprescindible para evitar los niveles de abandono y cambio de estudios en el ámbito universitario que reflejan las últimas estadísticas oficiales. Sin embargo, la solución a este problema requerirá también cambios, en paralelo, en el sistema universitario. Destaca, junto al diseño de un mapa de titulaciones coherente y racional, apostar con sentido común por la configuración de una universidad dual.

¿Es realmente necesaria una formación dual?

Los desafíos de la sociedad y economía actuales están vinculados a un gran número de variables. La globalización, la transformación del mercado de trabajo y la estructura productiva; la economía global y colaborativa; las nuevas tecnologías y la robotización; la economía sostenible y la urgencia de dotarnos de un nuevo contrato social así como la necesidad de apostar, de una vez por todas, por la transferencia de conocimiento y la innovación mediante una colaboración recíproca entre universidad y empresa. Esta realidad hace más que necesario activar una formación universitaria “dual” que persiga incrementar la adecuación entre las exigencias de nuestro modelo productivo y la formación de nuestros egresados, así como su inserción laboral.

Parece llegado el momento de activar una estrategia de prospección, planificación y proyección conjunta de la universidad y la formación profesional. Estrategia que, entre otras cosas, está llamada a evitar solapamientos de contenidos y perfiles, aprovechar las experiencias de la formación profesional dual en el ámbito de aquellos estudios universitarios de perfil más profesional. Además, debe facilitar la adaptación de la formación universitaria a las exigencias cambiantes del sistema productivo. Esto toma especial relevancia al tener en cuenta las nuevas profesiones del futuro y la hibridación de muchas de las actuales.

Para conseguir tales objetivos se requerirán algunos elementos como:

  • Contar con una normativa legal estable en el tiempo y no sometida a los cambios de dirección política de los diferentes gobiernos
  • La implicación del mundo de la empresa
  • La apertura de miras de una universidad que debe huir del inmovilismo,
  • El diseño de aquellos perfiles competenciales multidisciplinarios que reclama cada vez más el mercado laboral
  • La apuesta por estudios que combinen tanto las enseñanzas propias de las humanidades y ciencias sociales, como aquellas otras de perfil más científico y tecnológico
  • La fijación de mecanismos de control que eviten que el alumnado universitario implicado en un modelo de formación dual acabe por convertirse, bajo el manto protector de un nuevo modelo de contrato laboral, en un semillero de mano de obra barata y con menos derechos y protección social.

Conclusión

Los actuales niveles de abandono universitario y cambio de los estudios de grado en la universidad española no son admisibles. Cuando algo falla, hay que cambiarlo. Para corregir tan indeseable situación, presidida también por un notable desencanto del alumnado, es obligado que los diferentes gobiernos, la universidad, la empresa y la representación social trabajen, huyendo de la exclusiva preocupación por sus intereses particulares, de forma conjunta. Solo así, por ejemplo, será posible implementar, sin prisa, pero sin pausa, un modelo exitoso de universidad dual.

 
Comentarios
  1. Irene Cuesta dice: 16/02/2021 a las 10:09

    Totalemente de acuerdo! Y además, cuando empiezas, visualizas mucho más los beneficios para todas las partes: Universidad, Organizaciones y lo que es más relevante, las personas en formación, los aprendices.

  2. Luis dice: 16/02/2021 a las 14:35

    Es una descripción amén de brillante ajustada a la realidad de nuestros mundos, universidad y empresa.
    Las propuestas son evidentes, el tratamiento también y los beneficios de todo ello, pendientes de que nuestros legisladores lo asuman de una vez por todas, para la mejoría de nuestra ciudadanía.

  3. JM dice: 17/02/2021 a las 00:00

    Mi experiencia tras años participando en la evaluación de programas de práctica y colaboración ente universidad y empresa, es que los estudiantes aprenden algo durante unos pocos meses, pero no más de lo que habrían aprendido en unos meses trabajando tras acabar su titulación. Para las empresas es una forma barata de conseguir becarios, a menudo alto explotados. Para la universidad, una forma de ahorrar costes de impartición de docencia. Para el alumno, una experiencia ilusionando a corto plazo, y una pérdida de oportunidades/tiempo de aprendizaje académico en muchos casos. Puede compensar a alguien, si. Pero yo no creo que esto sea una panacea, ni que la universidad deba apostar por este modelo, para eso existe la formación profesional. Es sano que la universidad se preocupe de la empleabilidad de sus egresado, que se convierta es una agencia de colocación de becarios no.

  4. J dice: 17/02/2021 a las 18:12

    El ministerio de universidades parece tener como parte de sus objetivos cierta politización y mercantilización de la universidad, tal y como indican en se plantean la “ Participación activa del empresariado, agentes económicos y sindicatos en los Consejos Sociales de las Universidades, contribuyendo a desarrollar enseñanzas específicas que incrementen la empleabilidad de los graduados y las graduadas en una perspectiva de largo plazo.” A mí, potenciar esto en profundidad me parece preocupante, España tenía unas cajas de ahorro estupendas, que luego fueron compradas por los ejes políticos-sindicales y ya sabemos como terminaron casi todas. El problema es que estos agentes tienen objetivos propios, distintos de la docencia e investigación, y como es lógico usan las instituciones para beneficiar sus goles.


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