Carta al Ministro de Universidades

Querido Ministro de Universidades,

En estas fechas tan llenas de deseos y sueños, le escribo esta carta, al estilo de las dirigidas a los Reyes Magos, con la intención de compartir con usted algunos de mis deseos. No se asuste, no voy a hacerle una lista de peticiones, sino que voy a limitarme a plantearle solamente tres deseos detrás de los cuales, en realidad, sugiero la necesidad de fomentar tres debates.

Desde que finalizamos nuestras vacaciones estivales, hemos estado inmersos en la lectura del anteproyecto de Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU)  y de los debates que ha suscitado (ejemplo de ello es lo publicado en este mismo blog). La primera sensación que personalmente tuve de su lectura no pude evitar hacerla pensando en que se iba a disponer en España de unos fondos europeos extraordinarios dentro de lo que se conoce como Next Generation EU. Mi mente destacó tres grandes temas que me parecían importantes, dado el binomio LOSU+Next Generation: i) un mayor esfuerzo en el aprendizaje y en su adecuación al mercado de trabajo; ii) un nuevo modelo de gobernanza universitaria; y iii) un incremento de investigación, ciencia e innovación. Estos tres temas se han convertido en los tres deseos que quiero plantearle.

El anteproyecto insiste en la necesidad de una formación integral, organizando las enseñanzas en los niveles de grado, máster y doctorado con la posibilidad de establecer itinerarios abiertos o menciones duales. De lo expuesto en el artículo que desarrolla la función docente permítame resaltar el párrafo que señala que “la innovación en las formas de enseñar y aprender debe ser un principio en el desarrollo de las actividades docentes y formativas universitarias”.

En este contexto se sitúa mi primer deseo. Es cierto que las universidades cuentan con excelentes docentes, pero considero que faltan debates y reflexiones colectivas que vayan más allá de resaltar la importancia que tiene la transformación digital. Este hecho, propiciado por la pandemia, se ha convertido en un mantra, pero considero que ya se había producido mucho antes, ya que fue la sociedad del conocimiento la que propició los cambios en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Ahora, en mi opinión, el debate tiene más aristas. La comprensión y el fomento del pensamiento crítico han supuesto una evolución de nuestro papel como profesores. Por eso, lo que reclamo es que la innovación en las metodologías educativas se realice pensando en que preparamos a nuestros estudiantes para desarrollar una profesión; permítanme llamarla “una profesión del futuro”, ya que muchas de ellas son profesiones que todavía no existen y que evidentemente los docentes, entre muchos otros, también desconocemos. Esto supone que a los esquemas clásicos de la docencia universitaria se une un nuevo concepto: ayudar a nuestros estudiantes a moverse en entornos inciertos y complejos.

Los cambios demográficos y el avance de las tecnologías han transformado el mercado laboral, pero la crisis de la covid-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de una acción colaborativa, y a gran escala. Reclamo este debate general para que los profesores universitarios podamos ser más proactivos a la hora de facilitar que nuestros estudiantes adquieran los conocimientos, las habilidades y las competencias que les permitirán desarrollar las mencionadas «profesiones del futuro». De esta forma conseguiremos que se estreche el gap entre las demandas del mercado laboral y las capacidades con las que se enfrentan al mismo los estudiantes recién titulados.

Claro, usted estará pensando que este deseo no puede aislarse de otras cuestiones universitarias y estoy de acuerdo. El debate que me gustaría fomentar incluye, entre otros, aspectos sobre el ritmo al que se mueve el mercado laboral, la intensificación de la vida universitaria de los estudiantes, la adaptación del mapa de titulaciones a un mercado laboral cambiante, aspecto, por otra parte, tremendamente importante pues pone de relieve la necesidad de acelerar los cambios. No puedo hablar con carácter general, pero le aseguro que, dentro de los distintos entornos universitarios entre los que muevo, este tema que, si bien parece no suscitar ningún interés, resulta a mi juicio prioritario.

Mi segundo deseo está vinculado con la necesidad de reformular el modelo de gobernanza universitaria, es decir redefinir la forma en la que las universidades se organizan internamente. Y esto va más allá de modificar la forma de elegir al rector o rectora y la duración de su mandato, porque un modelo de gobernanza debe estar adaptado a las transformaciones que se producen en el entorno. De hecho, la gobernanza de las universidades debe servir de motor no sólo de cambio interno sino también de cambio social, de manera que sea una forma de mostrar el papel de liderazgo de las universidades en la innovación (entendida en sentido amplio).

La forma en la que se establece el modelo de gobernanza en las universidades españolas debería tener presente, en mi opinión, las distintas sensibilidades que existen en ellas. De alguna manera se deben compaginar distintos puntos de vista y definir estructuras organizativas que incorporen pensamientos constructivos y con perspectiva de futuro.

El debate sobre la gobernanza requiere conjugar, entre otros, temas tan relevantes como la autonomía financiera y administrativa, las decisiones colegiadas, el papel de la mayor presencia de los stakeholders, la consideración de un enfoque participativo, de transparencia y de rendición de cuentas. Todo ello supone subrayar la importante responsabilidad de las universidades con la sociedad y asegurar la calidad de las instituciones. Siendo esto así, mi deseo concreto en este punto es debatir sobre las consecuencias que la adopción de un modelo de gobernanza u otro tiene sobre gran parte de las actividades universitarias.

Mi último deseo tiene que ver con la investigación. Dado que en este punto el tema es complejo y requiere abordar muchas consideraciones, lo centraré en pedir que se promueva un debate sobre la importancia del reconocimiento de la aportación que se hace desde las universidades al avance del conocimiento. Creo que nadie lo pone en duda. Por ello, considero que debe avanzarse en la forma en la que se evalúa, dándose un paso más allá de lo que se estableció a finales del siglo XX. La publicación en revistas de prestigio, con rigor científico, la posición internacional de dichas revistas y el factor de impacto, deben dar entrada también a que se produzca la lectura de las investigaciones en los procesos de evaluación de la investigación. Ello permitiría dar cabida a investigaciones más punteras y situadas en zonas al límite del conocimiento, evitando así la concentración de publicaciones en temas “más convencionales” y que suponen asumir menos riesgos a la hora de ser evaluados, tal y como viene ocurriendo en muchas áreas de conocimiento.

Querido Ministro, estos son mis tres deseos. Como podrá ver, se trata de impulsar tres debates sobre formación para el futuro, modelo de gobernanza universitaria y reconocimiento de la investigación. Los tres temas requieren, en mi opinión, cambios sustanciales y, por tanto, no podemos ser indiferentes a su debate y reflexión.

Le deseo suerte en su período ministerial.

 

 
Comentarios
  1. Victor Tovar Tejeda dice: 18/01/2022 a las 20:07

    También opinó que falta una bolsa de trabajo permanente para quienes egresen de las instrucciones de educación superior y más becas donde se involucren más los empresarios, cooperativas e instituciones sociales


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