La educación superior en los tiempos del “COVID-2020”. Si algo hemos aprendido, ¡habrá que aplicarlo!

Una reflexión colectiva sobre la docencia universitaria desde una perspectiva multidisciplinar

En una contribución anterior, hemos explorado los retos y las oportunidades creados por la pandemia en la investigación en los ámbitos biomédico, psicológico, político, cultural, científico y económico. Nuestro punto de partida eran las decisiones que como universitarios habíamos tomado para afrontar los retos que el confinamiento nos había planteado en nuestra actividad investigadora.  Lo que hacía singular este análisis era la perspectiva multidisciplinar usada para contrastar y valorar la experiencia individual aportada desde campos de conocimiento muy diferentes. Nuestro objetivo es aplicar esta misma metodología para identificar los retos y oportunidades que la crisis ha creado en la docencia universitaria.

Nuestro análisis de la actividad investigadora durante la pandemia nos ayudó a identificar tendencias, comunes a prácticamente todas las disciplinas, que esta crisis global puede contribuir a acelerar y a consolidar. Entre ellas, encontrábamos cambios en los contenidos y en la forma de hacer y comunicar la investigación, como el intercambio libre de información que representa la ciencia abierta o la necesidad de cruzar las fronteras entre disciplinas, trasladando conceptos y metodologías para afrontar los nuevos retos. Junto a ellas, aparecía también la reivindicación del conocimiento científico y del papel que pueden jugar las universidades como centros en los que se crea y se transmite ese conocimiento.

¿Está la universidad cumpliendo con éxito su papel formador?: una mirada desde la pandemia

La búsqueda de estrategias para consolidar de forma permanente estas tendencias nos lleva de forma natural a reflexionar sobre el papel de la docencia universitaria. La necesidad de impulsar el trabajo científico en la frontera entre disciplinas nos obliga a cuestionar si en nuestros grados y másteres estamos proporcionando la formación de calidad y naturaleza multidisciplinar necesaria. Si algo ha demostrado esta crisis, es la necesidad de estar capacitados para aprender y adaptarse a un entorno científico y laboral cada vez más cambiante e impredecible.

¿Estamos preparados los protagonistas del proceso educativo, alumnos y docentes, para este reto? ¿tenemos las herramientas docentes adecuadas? ¿proporcionamos las habilidades transversales necesarias? Muchas de estas preguntas no son ciertamente nuevas. Estaban ya en la base del proceso de adaptación del sistema universitario español al Espacio Europeo de Educación Superior, creado por la Declaración de Bolonia en 1999, y al que España se incorporó hace ya trece años. La necesidad de adaptar contenidos y metodologías a la docencia virtual impuesta por la pandemia ha forzado una reflexión bajo una perspectiva y urgencia inéditas.

Una perspectiva desde el uso de la tecnología, la pedagogía, la innovación docente y la inteligencia colectiva

Estas son algunas de las cuestiones que tratamos de responder en una sesión extraordinaria, celebrada el 23 de Junio de 2020, en el marco de la 2ª edición del Curso de Doctorado “Metodologías y Problemas Contemporáneos de la Investigación Científica”. Este curso se imparte dentro la oferta de formación transversal de la Escuela de Doctorado de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

Como aproximación metodológica, partimos de una micro-encuesta sobre experiencias y recursos docentes usados durante la pandemia que remitimos a todos los participantes registrados para la sesión. La encuesta estaba dirigida a todos los integrantes de la comunidad universitaria (alumnos, profesorado, PAS) y recopilaba información sobre los mismos aspectos desde la perspectiva de cada uno de esos colectivos.

Los resultados de la encuesta

Los resultados de la encuesta proporcionan una visión cualitativa sobre la que profundizar con las aportaciones de tres ponentes: Lola S. Almendros (Instituto de Filosofía del CSIC),  Amparo Alonso-Sanz (Facultat de Magisteri, Universitat de Valencia) y Manuel Joao Costa (Delegado del Rector para la Innovación Educativa, Universidade de Minho, Portugal). El debate se estructuró en torno a las siguientes preguntas:

  • Centrándonos en la educación universitaria: ¿qué lecciones fundamentales creéis que hemos aprendido del confinamiento y de la “tele-docencia”?
  • ¿Qué papel facilitador deben jugar las tecnologías en la educación universitaria y qué dificultades conllevan?
  • ¿Cuáles son los grandes temas pendientes en la educación universitaria, independientemente de la pandemia o del uso de la tecnología?
  • ¿Qué aporta de manera irrenunciable la presencialidad a la educación universitaria?
  • Como profesores: ¿estamos preparando realmente al profesional, al académico y al investigador para un presente y un futuro esencialmente dinámico? ¿Podemos aportar más valor y ayudar mejor a nuestra comunidad local sin perder nuestra esencia global?
  • ¿Podrías señalar alguna dimensión de mejora para avanzar en nuestro modelo de universidad para que cumpla su misión y su compromiso con la sociedad? ¿Qué vamos a cambiar?

El formato virtual exige fomentar más la autonomía, la visión crítica y la capacidad de autoaprendizaje

Las respuestas de los ponentes, las aportaciones de los asistentes a través del chat y el debate posterior constataron que el paso obligado a la docencia digital nos ha exigido afrontar, de forma más perentoria, algunos de los problemas fundamentales que ya aquejaban a la docencia presencial. En particular, ha mostrado, de forma aún más clara, la necesidad de desarrollar en los alumnos competencias transversales básicas que son consustanciales al éxito del proceso educativo. Aquí se detectan carencias del sistema educativo en su conjunto, que se ponen de manifiesto cuando los alumnos llegan a la universidad.

Entre dichas competencias destacan la autonomía, la visión crítica y la capacidad de autoaprendizaje. En un contexto educativo en el que se ha perdido el contacto diario en el aula, los hábitos de trabajo, la capacidad de autoregulación, y la autodisciplina a la hora de abordar las tareas pasan a jugar un papel fundamental. Cultivar estas habilidades exige una gran flexibilidad por parte del docente. El formato virtual hace necesario adaptar los recursos educativos que utilizamos para fomentarlas y consolidarlas.

Surgen dificultades añadidas para desarrollar una pedagogía basada en afectos y para la conciliación

La presencialidad juega un papel fundamental en el desarrollo de pedagogías activas, en particular, de una pedagogía basada en afectos. El contacto personal es crucial para convertir los elementos de conocimiento a transmitir en una realidad que interpele y movilice a cada uno de los alumnos y al grupo. Esta vinculación afectiva va de la mano del desarrollo de un conocimiento contextualizado y ambos elementos son cruciales para la motivación.

El confinamiento nos ha puesto, una vez más, frente al tema recurrente de la conciliación, que afecta a alumnos y docentes. Esta cuestión apareció de forma reiterada en la discusión y en las aportaciones en el chat. La pandemia ha puesto de relieve situaciones en las que entre las personas dependientes no sólo se encuentran los hijos, sino también ascendientes y hermanos. La docencia virtual ha supuesto, en muchos casos, una fuerte sobrecarga de trabajo, tanto para los alumnos como para los profesores. Por consiguiente, es necesario desarrollar mecanismos de coordinación entre las diferentes necesidades y entornos de aprendizaje e instrumentos  de apoyo adaptables a diferentes condiciones.

Es necesaria una respuesta institucional ante estos retos docentes

Afrontar los retos docentes asociados al formato virtual que hemos recogido en los párrafos anteriores ha sido una responsabilidad personal del profesor. En este sentido, no se diferencia para nada de la responsabilidad sobre la formación docente antes de la pandemia, que depende completamente de la iniciativa de cada docente.

La magnitud de los retos exige una respuesta institucional, que vaya más allá de una simple oferta de cursos de formación. Ciertas experiencias sugieren la creación de centros de innovación docentes con carácter transversal. Mientras que el debate de los contenidos puede tener su espacio natural en la propia área de conocimiento, el desarrollo de metodologías y recursos para fomentar habilidades transversales se beneficia claramente de la riqueza que proporciona un entorno multidisciplinar.

¿Una nueva orientación para nuestros grados, másteres y doctorados?

La pregunta sobre la preparación del profesional, académico y investigador que formamos para afrontar un presente y un futuro esencialmente dinámico puso de manifiesto algunas de las limitaciones ya conocidas de nuestro sistema universitario. Además de las carencias, más o menos acusadas, en el desarrollo de habilidades transversales, algunas intervenciones señalaban la falta de formación investigadora durante el Grado, sobre todo en la rama de Humanidades. Claramente, nuestros títulos actuales no transmiten la visión multidisciplinar necesaria para el entorno profesional cambiante y la investigación más innovadora que se da en la frontera entre disciplinas.

Durante el debate se plantearon algunas alternativas, incluyendo la implantación de nuevos grados más generalistas y transversales, o la flexibilización de los grados actuales, incluyendo un número mayor de créditos de libre configuración que permita avanzar hacia el modelo de Majors y Minors de las universidades anglosajonas. Una propuesta arriesgada, pero muy prometedora, es el desarrollo de másteres y doctorados no orientados a disciplinas sino a retos sociales. Veremos cómo el sistema universitario español afronta este reto.

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