Nuevas tendencias en el escenario universitario global

El papel de la universidad en la sociedad

A la universidad hay que pedirle respuestas, pero lo que nunca debe dejar es de hacerse preguntas. Algunas de las principales las olvidamos con frecuencia: ¿por qué la universidad sigue estando fuera del debate público y va por detrás, y no por delante, de la sociedad?; ¿cuál es su papel para el autoentendimiento cultural y la ilustración intelectual (ver aquí)?; ¿estamos contribuyendo a revitalizar el sistema o nos estamos dejando colonizar por él?

Creo que necesitamos añadir reflexión a nuestros debates, abordarlos con planteamientos renovados y sumar visiones estratégicas a los afanes cotidianos, porque tengo la impresión de que en los discursos sobre las políticas universitarias hay más de prescripción que de pensamiento y más de diagnóstico que de verdadera acción.

Pero mi objetivo responde a interrogantes más modestos: ¿nos estamos equivocando en algo?; ¿qué paraliza las reformas pendientes?; ¿cómo abandonar visiones del pasado para mirar al futuro con determinación? Mi pretensión en estas páginas tiene que ver con cuestiones como éstas, consciente de que no sé si hay ya algo que decir que no sea mera repetición y que, pese al tono quejumbroso que a veces nos domina, tenemos un sistema universitario mucho mejor que el de unos años atrás. Y, para empezar, creo que conviene situarse en el contexto de las nuevas tendencias que se perfilan en el escenario universitario global.

Nuevos escenarios: ¿conducimos mirando por el retrovisor?

Hace tiempo que en la universidad suenan tambores de cambio. Esos cambios son profundos y perceptibles, se van a intensificar y comportan transformaciones sustanciales que llegan a afectar incluso a los paradigmas más tradicionales. Ante eso, no podemos conducir los asuntos universitarios “mirando por el retrovisor” sino al horizonte, a los nuevos escenarios que están modificando sensiblemente el mundo de la educación superior, entre los que destaco los que citaré a continuación.

Primer escenario: demanda educativa

El primero de esos escenarios nos sitúa del lado de una demanda educativa que continuará creciendo en los próximos años y tendrá un mayor componente transnacional. Pero lo más significativo son los cambios en la composición de esa demanda, en tres direcciones principales.

Por un lado, en un cambiante esquema de cualificaciones, con reforzamiento de las relacionadas con la empleabilidad y las nuevas tecnologías y orientado hacia una mayor flexibilidad, diversidad y calidad de los programas, que obliga a revisar profundamente el “qué” y el “cómo” de las enseñanzas, para adaptarlas tanto a nuevos contenidos como a innovadores soportes y modos de organizarlas y ofrecerlas.

Por otro lado, en las formas de participar en la educación, con cambios en la presencialidad y dedicación residencial y a tiempo completo, en la propia duración de los estudios, con extensión a una formación a lo largo de toda la vida, y con estudiantes que tomarán cursos en diversas instituciones y con diferentes modalidades y estrategias.

Por lo demás, en la naturaleza de las credenciales, que podrían diluir la importancia de los títulos formales que otorgan las universidades, con la emergencia de patrones alternativos que tendrán más relevancia para más estudiantes en más partes del mundo. Los títulos académicos corren el riesgo de perder importancia frente a credenciales que contarán para los empleadores con un valor similar al de las certificaciones universitarias.

Segundo escenario: la oferta

El segundo de los escenarios se sitúa desde el lado de la oferta, con la emergencia de nuevos proveedores y una recomposición tanto hacia nuevos mercados como hacia las enseñanzas “online”. Lo más significativo de estos cambios se pueden condensar en dos elementos fundamentales.

De una parte, en la aparición de más, nuevos y distintos agentes proveedores de la educación, que están rompiendo el tradicional monopolio universitario y amenazan su hegemonía, bajo el reclamo de mejorar su “función de utilidad” para el empleo.

A ese elemento se suma, de otra parte, la tendencia que apunta a una creciente movilidad de las enseñanzas, impulsada por formas de educación transnacional que llevan a “exportar” la educación, a través de programas internacionales y de la oferta online y de nuevos cauces como los campus y universidades multinacionales, alterando antiguas concepciones y modelos organizativos.

Tercer escenario: presión de la competencia

El tercer escenario de esos profundos cambios, es el de una mayor presión de la competencia, guiada por un mercado principal basado en la reputación, asentada en una mayor diferenciación de las universidades y soportada por instrumentos como los rankings (ver aquí), convertidos en elementos de institucionalización de esa competición.

Esa competencia se está plasmando en todos los terrenos: en el reclutamiento de estudiantes y profesores, en la intensificación de la carrera por la excelencia y la atracción de talento (ver aquí), en el impacto de la investigación y en el prestigio de la institución.

El aumento de la competencia está conduciendo, además, a una progresiva diferenciación de las instituciones y a un sistema que será cada vez más de “unidiversidad”, con procesos que conducirán a una “convergencia nominal” y, al mismo tiempo, a una verdadera y notoria “divergencia real” entre las universidades que, en muchos casos, se verán abocadas a la necesidad de “cooperar para competir” mediante alianzas y redes de cooperación.

Cuarto escenario: nuevas tecnologías

El cuarto de los escenarios es el que dibuja la irrupción del componente “online”. Las nuevas tecnologías (ver aquí) suponen un hecho disruptivo que, a la vez que amplía el acceso a la enseñanza, cambia el discurso de una educación superior que no se encuentra ya atada a una específica localización y cuya provisión se desacopla de restricciones relacionadas con el espacio y con el tiempo.

Los recursos docentes se encuentran en abierto en la red, la gente desea estudiar a la carta, dónde, cuándo y como quiere, las experiencias de aprendizaje ya están tanto dentro como fuera de las aulas. Y ello conduce a cambios radicales en todos los ámbitos del mundo educativo, en los sistemas pedagógicos, las funciones del profesorado, la estructura y la organización universitaria.

Al lado de las ventajas de estas enseñanzas, existen también riesgos relacionados con la posible generación de desigualdades, la privación de las vivencias que ofrecen las universidades como lugares de interacción, o la amenaza para la calidad que supondría un crecimiento extensivo sin instrumentos de control y sin una específica adecuación de la normativa universitaria.

Quinto escenario: las estructuras

Y el quinto escenario, remite a transformaciones de alcance en las estructuras universitarias, facilitando el desarrollo de modelos de bajo coste y la adopción de nuevos esquemas organizativos, que priman los objetivos de eficiencia y las técnicas gerenciales, las estructuras más descentralizadas y flexibles, generan nuevas funciones, e imponen la urgente necesidad de revisar la actual configuración de los sistemas de gobierno universitario.

Asimismo, se aprecian tendencias hacia una mayor participación de la financiación privada o soportada por los usuarios que, al tiempo que amenaza el carácter de la educación superior como bien público, obliga a las universidades a diversificar sus fuentes de financiación y obtener mayores rendimientos de sus actividades y servicios.

Conclusión

Este conjunto de profundas transformaciones comporta indudables riesgos para las instituciones que no consigan adaptarse a los cambios, pero ofrece igualmente valiosas oportunidades para las que sean capaces de desarrollar las estrategias adecuadas de adaptación. Y ése es el gran desafío para la universidad española y el marco para una agenda de reformas a la que dedicaré la entrada que se publicará mañana.

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Comentarios
  1. […] tendencias globales recogidas en la entrada anterior, planteadas como escenarios a tener en cuenta para una agenda de reforma universitaria, enmarcan […]


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