Estudio, investigación y publicación en la universidad

En términos universitarios y científicos existe una distinción entre estudio, investigación y publicación. Son tres actividades relacionadas y, por ello mismo, distintas. Cada una de ellas posee sus particularidades. Estas tres actividades no siempre se dan a la vez, a pesar de que es deseable que exista una cierta progresividad que nos lleve de una a otra.

Estudio

El estudio es la aproximación cognitiva a aquello que no se sabe. Este movimiento del intelecto se caracteriza por el esfuerzo en hacer propio un conocimiento disponible que otros han conseguido y ordenado, de modo que los demás podamos incorporarlo.

En el ámbito de la vida intelectual que se presupone en cualquier universitario, estudiar no es meramente curiosear. Como sabemos, la sola curiosidad es diferente a la estudiosidad.

Estudiar un asunto tampoco es lo mismo que informarse sobre ese asunto, pues el estudio auténtico nos transforma de algún modo, no solo amplía nuestra base de datos.

El estudio supone una cierta profundización en el conocimiento del ser de las cosas y, gracias a ello, una transformación del que estudia.

Investigar no es lo mismo que estudiar

Mientras el estudio es principalmente contemplativo y formativo, la investigación pudiera requerir de contemplación, y también pudiera resultar formativa para el investigador en algún grado, pero se caracteriza por fines específicos diferentes a los del estudio. El término “investigación” tiene unas connotaciones diferentes en su uso coloquial, mucho más polisémico y superficial que el que se debería manejar en la universidad. Cuando en sentido coloquial decimos “tengo que investigar ese tema”, en realidad estamos declarando nuestra intención de informarnos, quizá incluso de estudiarlo.

Estudiar es la actividad a la que real y primeramente se dedica un universitario, en especial los profesores. Así al menos debería ser.

Gómez Dávila decía con ironía que enseñar exime del deber de aprender; al menos eso apreció él en algunos de sus contemporáneos, lamentablemente. Hoy, en la universidad, observamos una auténtica invasión de profesores muy atareados en dar clase, innovar, gestionar, asistir a reuniones de lo más variopintas, danzar entre despachos y a través de pasillos, curiosear en redes sociales… pero no en estudiar.

Es bueno que se sepa que, ya sea por el diseño de la vida del universitario profesional, ya sea por su dejadez personal, hoy es difícil practicar este gerundio core de nuestra profesión.

Investigación

La investigación, como actividad, consiste en intentar incrementar el conocimiento disponible universal. Investigar es descubrir algo oculto para todos. Investigar es aportar al mundo algo que el mundo ha olvidado o nunca supo de sí mismo.

Esta aportación al conocimiento solo es tal cuando puede demostrarse. Por ello, un mero enunciado, una intuición o un discurso persuasivo no son de ordinario aportaciones al conocimiento universal. Hacen falta pruebas que, según la ciencia en la que nos movamos, podrían ser de orden muy diferente.

Al igual que en el estudio, la investigación puede transformar internamente al que investiga, aunque el aspecto formativo íntimo de la investigación sería algo secundario o derivado, pues lo genuino de este tipo de actividad es descubrir, descorrer el velo que se interpone entre nosotros y la verdad.

¿Es posible que exista investigación sin estudio?

En cierto modo sí, por triste que parezca. Es cierto que difícilmente va a suceder así en las Humanidades, pero las ciencias más empíricas se prestan más fácilmente a esta situación. Es más, cuanto más positiva y empírica sea dicha ciencia, más posibilidades hay de que un investigador haga aportaciones al conocimiento sin estudiar; o, mejor dicho, sin tener que seguir estudiando después de haber alcanzado el conocimiento mínimo que le permita investigar. No pocos investigadores —de cualquier ámbito del conocimiento—  “van tirando” por medio de un ejercicio de “actualización constante”, que no consiste en otra cosa que en informarse.

Publicación

La publicación es la acción y el efecto de publicar. Muchas cosas se pueden publicar. En el caso universitario, cuando hablamos de publicaciones, por lo general, nos referimos a la difusión de los resultados de investigación por medio de artículos en revistas o de textos publicados en monografías de investigación, libros colectivos, etc. También son un tipo de publicación los manuales de las asignaturas u otro material docente.

Idealmente, las publicaciones de los resultados de investigación deberían ser fruto, como se indica, de una investigación, y esta a su vez habría de ser parte de una vida de estudio —de mayor o menor intensidad—.

Parece paradójico hablar de publicación sin investigación, o de investigación sin publicación, pero para nada es imposible. De entrada, se realizan investigaciones que pueden perfectamente no publicarse. De hecho, existe no uno, sino varios mercados de la investigación secreta, especialmente de tipo sociológico-demográfico.

Hablamos de informes que no ven la luz, pero que se emplean como elementos de juicio por los mandamases de empresas, fundaciones, organizaciones y otras entidades con suficientes recursos como para costearse investigaciones ambiciosas que les ayuden a conocer mejor la realidad sobre la que quieren operar un cambio, o de la quieren aprovecharse de algún modo. Existe otro tipo de investigaciones —mejores o peores— que no ven la luz, o no al menos dignamente, porque no son aceptadas por los consejos de redacción de las revistas o por los pares ciegos que evalúan las investigaciones que pasan el primer filtro editorial de los journals.

El caso universitario

En el caso universitario existen otras tres situaciones: publicar sin investigar, publicar sin estudiar y publicar sin investigar y sin estudiar. Todo esto se complica con las publicaciones con varios autores, donde, directamente, encontramos nombres firmantes que nada han tenido que ver con lo que allí se presenta.

No considero que la publicación sin investigación sea siempre un problema. Véase el ejemplo de las muy estimables revisiones de la literatura disponible, que la presentan jerarquizada y sintéticamente. La elaboración de estos estados del arte es imposible sin muchas horas de estudio, pero en sentido estricto esa actividad no es investigación. A lo sumo, un buen estado de la cuestión puede ofrecer una organización de la investigación disponible que resulte reveladora, pero se trata más de un hallazgo de la mirada de quien estudia.

La universidad y el vínculo entre estudio, investigación y publicación

Si aceptamos lo dicho, y echamos una mirada al panorama universitario en los últimos tiempos, podemos concluir varias cosas, como, por ejemplo, estas dos:

1) que cuando en la universidad se dice “investigación”, se está hablando fundamentalmente de publicar artículos en revistas científicas o capítulos de libro.

2) que el estudio es una obligación vocacional, si bien no se exige su ejercicio ni en los sistemas de evaluación ni en los contratos y dedicaciones docentes, sino que en el mejor de los caso se da por hecho que sucede de forma natural —un contrato laboral no exige explícitamente al trabajador respirar—, aunque por lo general se evita hablar de ello con seriedad.

Estas dos conclusiones preliminares nos sitúan, primero, ante una cierta perversión del lenguaje que lleva necesariamente al deterioro del pensamiento, y segundo, frente a la paradoja de que no se espera que quien presuntamente consagra su vida al estudio realmente se dedique a él, ni mucho menos que lo haga como su actividad laboral prioritaria; lo prioritario es publicar en las revistas mejor indexadas y recibir muchas citas de otros artículos publicados en esas mismas revistas.

 

Comentarios
  1. Enrique dice: 30/07/2026 a las 14:43

    Coincido con el autor de este articulo,sobre todo en el tema de las publicaciones.Aunque no soy ñrofesor ,percibo que se publica mucho para coseguir fines ajenos al fin intriseco.


¿Y tú qué opinas?