La idea de universidad de Alasdair MacIntyre

De la «universidad» a la «multiversidad»

Si hay una palabra capaz de sintetizar por sí sola la principal crítica de Alasdair MacIntyre (1929) a las universidades contemporáneas es el término «multiversidad». El filósofo escocés radicado en Estados Unidos, en su libro God, Philosophy, Universities de 2009, hace suya esta expresión de Clark Kerr para lamentar la fragmentación del conocimiento en las universidades seculares y católicas estadounidenses.

Para el autor, las universidades han abandonado la visión unitaria del mundo y del ser humano para convertirse en «multiversidades» –multiversities–, centros especializados y fragmentados, orientados a formar a profesionales bajo la lógica del mercado. MacIntyre también se lamenta de la marginación de las disciplinas de la filosofía y la teología en las universidades, dado que considera que son precisamente las materias que contribuyen a que los estudiantes adquieran una visión unitaria del universo, comprendiendo las relaciones de todas las disciplinas entre sí y consigo mismos.

La preocupación de Alasdair MacIntyre por la educación y la universidad, sin embargo, se remonta a décadas antes del año de publicación de God, Philosophy, Universities, obra en la que sintetiza y recoge su idea de la universidad. El pensador escocés comenzó su trayectoria intelectual siguiendo una perspectiva filosófica marxista, que luego abandonó para centrarse en la historia de la filosofía política y moral desde un enfoque aristotélico y tomista.

Desde la década de los cincuenta se aprecia en sus publicaciones su interés por la teología y la historia de la filosofía cristianas, y a principios de la década de los ochenta se convirtió al catolicismo romano. Sus trayectorias académica y vital probablemente expliquen su posición contraria al individualismo liberal, rechazo que MacIntyre también manifiesta hacia la visión liberal de la educación y de la universidad. De hecho, su crítica al liberalismo llevó a que en la década de los ochenta se le adscribiera a la corriente comunitarista, junto a autores como Charles Taylor, Michael Walzer o Michael J. Sandel.

Preparando su «idea de la universidad»

La idea de la universidad de MacIntyre puede rastrearse a través de varios artículos académicos previos a la publicación de God, Philosophy, Universities, como «Reconceiving the University as an Institution and the Lecture as a Genre» de 1990, o los más famosos «The End of Education. The Fragmentation of the American University» de 2006 y «The Very Idea of a University: Aristotle, Newman, and Us» de 2009.

Además, como el propio autor indica en la introducción de God, Philosophy, Universities, durante años impartió una asignatura con ese mismo nombre en la Universidad católica de Notre Dame. Existen múltiples trabajos académicos, e incluso tesis doctorales, que analizan la idea de la universidad y la educación del académico escocés. Por tanto, es evidente que su inclusión dentro de esta sección del blog era una mera cuestión de tiempo.

En su obra God, Philosophy, Universities MacIntyre realiza un recorrido por la historia de la filosofía cristiana, debido a su convicción de que es necesario establecer «un diálogo con las voces más importantes de nuestro pasado, para trasladar esa conversación a nuestro propio tiempo» (p. 1). Este diálogo lo establece con muy distintas voces históricas, desde san Agustín hasta Juan Pablo II, pero sus interlocutores privilegiados son Tomás de Aquino y John Henry Newman. La idea de la universidad de MacIntyre no dista demasiado de las ideas de estos últimos, ya que él mismo reconoce que su principal intención es adaptar esas teorías a la universidad del siglo XXI.

God, Philosophy, Universities concluye con una reflexión sobre la universidad contemporánea a la luz de la historia de la filosofía cristiana.

La esencia de su tesis

Como señala MacIntyre al inicio del libro, «en las universidades contemporáneas estadounidenses se trata cada disciplina académica como autónoma y autosuficiente, de forma que sus expertos, al menos los más prestigiosos e influyentes, prescriben a quienes entran en la disciplina cuáles son sus fines y límites» (pp. 15 y 16). Además, señala con pesar que esto mismo puede aplicarse a la filosofía y la teología, cada vez más especializadas y aisladas del conjunto del saber.

Una vez expuesto este diagnóstico, el escocés no se demora mucho en proponer su solución: que el currículo de las universidades presuponga la unidad subyacente del universo y, por tanto, la unidad subyacente de las investigaciones de cada disciplina en los variados aspectos de la realidad natural y social. Es decir, que las universidades vuelvan a adquirir la visión unitaria del universo que defendían autores cristianos como Aquino o Newman.

Reivindica una visión unitaria del universo en el quehacer universitario. 

Señala MacIntyre en su capítulo sobre la idea de la universidad de santo Tomás que, para este, los estudios universitarios «están o deberían estar diseñados para dirigir [a los alumnos] hacia la consecución de su fin como seres humanos, hacia la consecución del entendimiento perfecto» (p. 94). Es decir, los fines de la educación universitaria solo pueden ser desarrollados en relación con los fines últimos de los seres humanos, dirigiendo su currículo a la consecución de estos fines.

Respecto a la visión de la universidad de Newman, que MacIntyre ya había defendido en su artículo «The Very Idea of a University: Aristotle, Newman, and Us», el filósofo destaca su apuesta por el conocimiento de la Verdad universal «que concierne todo lo que existe y su compleja relación entre la miríada de hechos particulares que encierra el universo» (p. 145).

Para el converso inglés, esta verdad debe ser enseñada en la universidad a través de las distintas disciplinas, ya que cada una de ellas tiene un papel indispensable dentro del conocimiento del universo, pero sin abandonar nunca una visión unitaria de todas ellas (para conocer en más detalle la idea de la universidad de Newman, se puede consultar este post).

Entonces, para MacIntyre, como para Newman, las disciplinas que deben ser colocadas en el centro del currículo son la filosofía y la teología. La filosofía porque permite reflexionar sobre las relaciones de cada ciencia particular entre sí y con el todo. La teología porque, en última instancia, precisamente porque somos capaces de percibir la inteligibilidad del universo y la unidad de las ciencias, poseemos conocimiento de Dios: «la convicción de que hay un Dios informa y se presupone por las conclusiones de todas las ciencias» (p. 146).

Crítica de la visión liberal y de la lógica económica

Siguiendo estas ideas de Tomás de Aquino y de Newman, MacIntyre critica la visión liberal de la universidad. Como señala en el capítulo sobre las universidades contemporáneas, estas se han convertido en lugares de formación para futuros profesionales, y su prestigio se juega en la capacidad de colocación de sus egresados en el mercado laboral. De ahí su excesiva especialización en materias muy concretas, ya que así lo exige el mercado. Además, la investigación de las universidades, si bien se ha consolidado, está a merced de la financiación económica, sometida a muchos intereses intelectuales, económicos y políticos.

En relación con esto, por otra parte, las propias universidades se rigen por la lógica económica, funcionando como empresas y haciéndose cada vez más caras para el alumno. Por ello, como se ha indicado antes, es más conveniente llamar a las universidades «multiversidades», ya que todo esto es consecuencia de que hayan abandonado su visión unitaria del saber.

Un nuevo curriculum 

Ante esta situación, MacIntyre propone volver a la visión unitaria del conocimiento a través de un rediseño del currículo –que ya había propuesto en «The End of Education. The Fragmentation of the American University» de 2006–. Este rediseño debe volver a colocar a la filosofía y la teología en un lugar privilegiado de la enseñanza universitaria, especialmente la católica, «siguiendo el requerimiento de Juan Pablo II en Fides et Ratio de hacer filosofía de forma que afronte las preocupaciones humanas más profundas que subrayan sus problemas básicos, sin sacrificar su rigor o profundidad» (p. 176).

Esta propuesta, aunque se centra especialmente en las universidades católicas, también se aplica a las universidades seculares, ya que la tarea pendiente de la universidad es formar a los estudiantes en la capacidad de juicio y de diálogo desde el punto de vista de múltiples disciplinas, pero sin perder de vista el todo.

Inspiraciones para el debate

Quienes han estudiado la teoría universitaria de MacIntyre se han preguntado en varias ocasiones si el autor es consciente del carácter utópico de su propuesta. En efecto, la reestructuración del currículo de las universidades para privilegiar a la filosofía parece bastante improbable en el mundo académico actual. Sus propuestas parecen descabelladas en una realidad en la que los planes académicos de los grados universitarios se diseñan en función de la lucha de fuerzas entre las distintas especialidades de los departamentos. Las revistas académicas rechazan los artículos con enfoques interdisciplinares debido a la estricta lógica metodológica de cada una de las disciplinas, que niega la injerencia de otros enfoques. Las humanidades se ven marginadas en la oferta universitaria porque no se percibe que produzcan un beneficio económico y social inmediato.

La lógica neoliberal guía la carrera académica, cada vez más precaria, forzando a los investigadores a priorizar la cantidad por encima de la calidad, a pagar sus propias publicaciones y ponencias, a mendigar financiación para proyectos cada vez más especializados.

Sin duda, las causas de esta situación esto son muy variadas y las soluciones muy complejas. No obstante, si algo puede aportar la teoría de MacIntyre, entre otras cuestiones, es la reflexión sobre la unidad del saber y la formación de los estudiantes en una universidad cada vez más especializada y orientada hacia la empleabilidad.

 
Comentarios
  1. J.J. Moreso dice: 16/11/2020 a las 10:25

    Este es un post muy pertinente, que continúa la estela de los de López Messeguer y Martínez Rivas. Son reflexiones clave para comprender el lugar de la universidad en el mundo actual. MacIntyre lo hace restaurando la tradición tomista, es preciso que más voces
    se unan a esta reflexión: kantianas por ejemplo.

  2. JM dice: 17/11/2020 a las 14:59

    Interesante artículo. En este discurso se mezclan varias cosas. La fragmentación del saber es un mal que afecta al conocimiento, pero es un mal necesario porque cada vez es más difícil abarcarlo todo. Ciertamente, algunas ramas de filosofía pueden ayudar a dar una visión global. Por ejemplo, filosofía de la ciencia. El problema es que la mayor parte de los filósofos no son especialistas en ciencia y su metodología; con frecuencia su visión sobre la ciencia tiende a ser algo desfasada y desconectada de la ciencia actual. Eso dificulta que la filosofía pueda utilizarse como una herramienta para transmitir la idea de saber unificado al que debemos aspirar las universidades.
    Lo que es mucho más discutible es la conveniencia de incluir la teología en el mismo saco. La teología es una disciplina que estudia algo llamado dios o dioses, de lo cual ni sabemos que es/son ni tampoco sabemos si existe/existen, pero que muchas culturas usan ancestralmente para explicar lo desconocido y soñar con formas de inmortalidad. Con unas 5000 religiones vivas en el mundo, hay una amplia cantidad de doctrinas alternativas, a quienes practican una de ellas todas las demás le parecen cuentos infantiles (y a las que ya no se practican, y se les tiene menos respeto, las llamamos mitología como si fueran una rama literaria). Las sociedades desarrolladas cuyo saber ha prosperado, tienen amplias capas de población que ha abandonado estas doctrinas, y las que se aferran a ellas con mayor fundamentalismo suelen quedar atrasadas. La teología y todo lo relativo a la religión no forma parte del conocimiento científico del universo, suelen ser una traba al mismo, y como mucho debería ser una subrama de la antropología. No hay ningún motivo para que las universidades incorporen la teología en su eje estratégico básico unificador del conocimiento.

  3. JM dice: 17/11/2020 a las 15:08

    Claro está que MacIntyre, desde su puesto en una universidad Católica tiene en su agenda promover sus propias creencias, pero esto no es en aboluto universal ni puede compatibilizarse con el concepto de universidad. Tampoco está de más recordar lo que hace una religión cuando tiene influencia suficiente. Si nos centramos en el caso Católico, basta considerar a Galileo Galilei, Copernico, Giordano Bruno, Guiulio Cesare Vanini, Pietro d’Abano, Miguel Servet, García de Orta, entre otros muchos represaliados por Roma, la mayoría de ellos quemados vivos por contribuir al saber universal.

  4. JM dice: 17/11/2020 a las 15:17

    ¿Se rigen las universidades por la lógica económica? Las universidades son su profesorado y alumnos principalmente, y se rigen por el sentido común. No es que las universidades lo consideren como un aspecto esencial, es que los alumnos que estudian lo hacen condicionados por ello. Si en la universidad anterior al siglo XIX no era tan relevante, se debe a que solo las familias pudientes tenían fácil acceso a ella (y no necesitaban derivar rentas de ello), y porque en los pocos casos de Bachilleres y Licenciados de clase media, el elevado nivel de analfabetismo les permitía asegurarse un buen puesto en la administración real. En la sociedad actual, una universidad inclusiva necesariamente debe enfocarse en la empleabilidad de sus alumnos, o mal servicio les daría. Profesores y alumnos son conscientes de ello, y la universidad lo tiene en cuenta. Esto no significa que es el principal objetivo, pero es un aspecto importante.

  5. JM dice: 17/11/2020 a las 15:27

    Por último, mencionar que priorizar la cantidad sobre la calidad en la investigación no tiene en absoluto relación con la óptica económica neoliberal que suele ser minoritaria en las universidades (incluso en las facultades de economía; todos los economistas son plenamente conscientes de las serias limitaciones de laissez faire). Es simplemente una decisión de los gestores de fondos académicos para investigación y de las agencias ministeriales. No obstante, la mayor parte de agencias de evaluación si considera la calidad como un factor relevante, el problema es que para hacer el sistema mas objetivo se fomentan criterios simples (como el número de citas, o el factor de impacto de una revista) que no siempre reflejan calidad. Ello no significa que no haya voluntad de mirar la calidad, se usan estos métodos porque son fáciles de implementar a gran escala.

  6. Fuente? dice: 17/11/2020 a las 19:16
  7. Daniel Sierra dice: 19/11/2020 a las 12:10

    Gracias Irene, por este post tan refrescante. Y gracias también a Universídad por la labor magnífica que hace al poner a nuestra disposición un espacio libre y abierto a todos para conversar sobre lo que la universidad ha sido, es y será.

    En este comentario quisiera lanzar algunas preguntas que me surgen a la luz del artículo:
    1. ¿Es posible un modelo de universidad económicamente sostenible que reduzca su número de facultades, departamentos y planes de estudios e integre a sus diversos miembros en una estructura más acorde con una visión universal del conocimiento?
    2. Es sabido que las empresas cuentan con recursos, personal y planes estratégicos dedicados a investigar de un modo puntero y, al mismo tiempo, a formar profesionalmente a sus empleados (y futuros empleados) de un modo sobresaliente. Un ejemplo de esto es la NASA. Ante esta realidad, e incluso desde una visión de mercado, ¿qué producto y valor diferencial ofrece la universidad cuando las empresas ya cumplen con esas dos misiones que son la investigación y la capacitación profesional?


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