La brecha de género en las disciplinas STEM

Ya es una noticia recurrente la crisis que sufren las disciplinas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) a nivel mundial, en contraposición a la necesidad de profesionales de estas ramas que vaticinan todos los estudios socioeconómicos. A este problema, ya de por sí preocupante, se une, además, que hay una brecha de género por el escaso número de mujeres que acceden a estos estudios, especialmente en el contexto de la mayoría de las ingenierías.

La universidad tiene mucho que hacer a favor de la equidad de género en todos los niveles.

Estos aspectos relacionados con los estudios que realizan y realizarán en un futuro nuestros jóvenes se cristalizan en la universidad, pero realmente tiene un alcance global y en la que mucho se tiene que hacer en la educación preuniversitaria, empezando en edades tempranas, y a nivel de política educativa global. Esto no quiere decir que la universidad se lave las manos y simplemente se limite a echar balones fuera hacia el resto de los actores de un ecosistema educativo que, aunque no lo parezca, está conectado en todos sus niveles. Por el contrario, la universidad tiene mucho que hacer a favor de reducir la inequidad de género en todos los niveles.

El Grupo GRIAL de la Universidad de Salamanca lidera el proyecto europeo W-STEM – Building the future of Latin America: engaging women into STEM [1, 2], con un consorcio formado por 15 socios (5 europeos y 10 latinoamericanos, para un total de 10 países) y la colaboración de la UNESCO, que tiene el objetivo de indagar las causas de esta brecha de género y realizar planes de acción consecuentes con la situación detectada. Para ello, se han clasificado los procesos en tres grupos para canalizar las actuaciones de una forma más eficiente: atracción, acceso y retención.

Los procesos de atracción requieren de campañas lideradas por la universidad, pero en constante colaboración con otros actores sociales, incluyendo las escuelas, el profesorado no universitario o mujeres referentes en la industria y en la academia, entre otros. Es decir, se requiere tender puentes para construir estrategias conjuntas que vayan mucho más allá de unas jornadas de puertas abiertas o de visitas a los últimos cursos de los centros de secundaria por parte del profesorado universitario.

Los procesos de acceso, aparentemente, son en los que menos pueden actuar las universidades públicas por depender de los sistemas nacionales de acceso a la universidad, pero se abren muchas posibilidades para ser atractivos y competitivos en cuestiones de oferta de títulos, becas, proyección académica/profesional, calidad de vida, simultaneidad de títulos, etc.

Los procesos de retención, por su parte, tienen una implicación directa en conseguir que la tasa de abandono de los estudios STEM de las mujeres sea la menor posible y esté en los mismos márgenes que la de los hombres, lo que es especialmente importante en zonas geográficas con grandes desigualdades sociales, como sucede en algunos de los países latinoamericanos involucrados en el proyecto. Pero la retención también tiene que ver con cuidar la carrera académica de las mujeres que así lo decidan, buscando que se den las mismas condiciones para la igualdad de oportunidades con independencia del género de las personas y se incremente así el número de mujeres en los departamentos STEM, también en los puestos de dirección y de gobierno de dichos departamentos y de las universidades.

En noviembre de 2019, se organizó en Cartagena de Indias (Colombia) el International Leadership Summit, vinculado al proyecto W-STEM, en el que participaron cuarenta y cuatro personas, incluyendo investigadores y cargos directivos de instituciones de educación superior de Latinoamérica y Europa. Allí se organizó una dinámica World Café con cuatro mesas de conversación para discutir sobre las posibles acciones, políticas y estrategias que podrían desarrollarse en las universidades para reducir la mencionada brecha de género en los estudios STEM. La primera mesa se orientó a las políticas públicas para promover que las mujeres participasen en las disciplinas STEM; la segunda trató las políticas universitarias orientadas al mismo objetivo; la tercera se centró en la atracción de mujeres a los estudios universitarias STEM y la cuarta abordó las estrategias para la retención de las mujeres en los estudios STEM y su promoción en carreras científicas. El resultado global de esta dinámica World Café se puede consultar aquí, por lo que en esta entrada se comparten las diez reflexiones más destacadas de toda la dinámica, y cuyo hilo conductor sería que cualquier estrategia que pretenda ser exitosa en atracción, acceso y retención tiene que contar con unos procesos internos en la universidad que hayan sido definidos bajo la equidad de género como máxima común compartida, en lugar de apostar por unas unidades estanco que, a menudo, pasan desapercibidas para una gran parte de la comunidad universitaria.

  1. La estrategia STEM no puede olvidarse de la brecha de género, ni la brecha de género puede abordarse independientemente de la estrategia global STEM.
  2. La estrategia sobre la brecha de género en STEM no puede ser una cuestión aislada, sino que todos los actores clave, desde los políticos a los educativos, pasando por los sociales.
  3. Las políticas sobre igualdad de género en el contexto educativo deben de servir de paraguas para establecer las estrategias de las universidades para terminar con la brecha de género en STEM.
  4. El plan de acción de una universidad sobre igualdad de género debe estar contemplado dentro de su plan estratégico, lo que debe trasladarse en un conjunto de compromisos concretos, enmarcados en un calendario que conjugue los objetivos a corto y medio plazo.
  5. Se deben evitar los silos compartimentales para que las acciones sean permeables y transversales a todos los servicios y unidades universitarias.
  6. La transparencia debe ser uno de los pilares básicos en los planes de acción para la igualdad de género en general y para reducir la brecha en los estudios STEM en particular.
  7. Se debe promover la igualdad de género desde la actividad docente de todas las materias, STEM y no STEM. La educación y el ejemplo de igualdad es la mejor medida para terminar con los estereotipos y prejuicios del futuro.
  8. La atracción hacia las disciplinas STEM no puede recaer solo en el profesorado, deben involucrarse estudiantes como promotores de estos estudios, manteniendo un balance de género para transmitir el equilibrio que se persigue, pero también siendo conscientes que, para ciertas actividades de trabajo, especialmente con niñas, se puede requerir una mayor presencia de mujeres involucradas en ellas.
  9. Se debe apoyar la creación de grupos de mujeres en torno a las áreas disciplinares STEM. Desde estos grupos se facilita la creación de puentes con colectivos académicos y profesionales en los que contactar con mujeres referentes en el área STEM.
  10. Se necesitan planes que permitan a las mujeres comenzar y desarrollar sus carreras académicas, con programas de mentoría e incentivos para la flexibilidad y la conciliación familiar.

Referencias complementarias

[1]       A. García-Holgado, A. Camacho Díaz y F. J. García-Peñalvo, «Engaging women into STEM in Latin America: W-STEM project,» en TEEM’19 Proceedings of the Seventh International Conference on Technological Ecosystems for Enhancing Multiculturality (Leon, Spain, October 16th-18th, 2019), M. Á. Conde-González, F. J. Rodríguez-Sedano, C. Fernández-Llamas y F. J. García-Peñalvo, Eds. ICPS: ACM International Conference Proceedings Series,  pp. 232-239, New York, NY, USA: ACM, 2019. doi: 10.1145/3362789.3362902.

[2]       A. García-Holgado, A. Camacho Díaz y F. J. García-Peñalvo, «La brecha de género en el sector STEM en América Latina: Una propuesta europea,» en Actas del V Congreso Internacional sobre Aprendizaje, Innovación y Competitividad. CINAIC 2019 (9-11 de Octubre de 2019, Madrid, España), M. L. Sein-Echaluce Lacleta, Á. Fidalgo-Blanco y F. J. García-Peñalvo, Eds.  pp. 704-709, Zaragoza, Spain: Servicio de Publicaciones Universidad de Zaragoza, 2019. doi: 10.26754/CINAIC.2019.0143.

 
Comentarios
  1. Neila dice: 06/02/2020 a las 11:50

    Efectivamente, lo vemos todos los días, cómo en las aulas de diversas Ingenierías (Industrial, Eléctrica, Electrónica, Informática, Civil…) la representación femenina es minoritaria y a veces muy minoritaria.

    Cuando Informática pasó de llamarse «Licenciatura» a llamarse «Ingeniería», la proporción de chicas bajó notablemente.

    Poner remedio a la situación va a costar todavía, me parece, bastantes años de trabajo. Y es que las causas, más allá de la Universidad, están muy arraigadas en la mentalidad social.

    Yo diría que ver a una mujer que es física o matemática ya está bastante aceptado. Sin embargo, para mucha gente, aún no es igual una ingeniera que un ingeniero. No se le respeta igual. Existe una sensación generalizada de que las mujeres «saben menos» de esas cosas (como si el conocimiento viniera en los cromosomas). Parece ilógico en el siglo XXI, pero hoy por hoy es así.

  2. Ingeniero de Caminos dice: 06/02/2020 a las 20:46

    Muy preocupante también la brecha de género en carreras sanitarias, espero que se desarrollen programas similares para que el porcentaje de hombres ascienda en carreras como enfermería porque es intolerable…. Por favor, dejad a las PERSONAS que estudien lo que les apetezca; existe la igualdad de oportunidades, que es sí o sí lo que hay que proteger y defender, desde hace mucho tiempo.

    Qué manía de querer imponer cuotas artificiales, absurdas y sesgadas y de decirles a las mujeres lo que tienen que hacer. No son seres desvalidos que necesiten ayuda de nadie, es insultante que se cuestione su decisión de en qué ámbito quieren desarrollar su carrera profesional sólo por ser mujeres. Si no respetamos la vocación de cada uno, independientemente de su sexo, sólo tendremos gente frustrada y un gran desperdicio de recursos. Parece mentira en el siglo XXI.

    En mi promoción, ya hace unos 20 años, había mujeres con un rendimiento muy destacado y no he visto un sólo atisbo de discriminación en ningún sentido, nunca; ni en la universidad ni en mi carrera profesional. Basta de polémicas absurdas.


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