La igualdad de género y la inserción laboral

La agencia catalana para la evaluación de las universidades (AQU-Cataluña), que tengo el honor de presidir, realiza, desde 2001 y cada tres años, una amplia encuesta de inserción laboral de nuestros graduados universitarios. Como es claro atiende también a cómo las diferencias de género impactan en dicha inserción.

En 2008 se realizó la primera encuesta centrada en este ámbito dirigida a los graduados de tres años antes. No se hallaron diferencias de género destacables.

En 2011 se llevó a cabo la segunda encuesta a los graduados que habían terminado diez años antes, y aquí se apreciaron ya algunas tendencias preocupantes. Dichas tendencias fueron puestas claramente de manifiesto en la encuesta de 2020, realizada a los graduados veinte años después de la conclusión de sus estudios. Una muestra amplia: fueron encuestadas 3.000 personas.

Algunas cuestiones relevantes

Hay una buena conclusión de este estudio, de hecho, una muy buena conclusión: los estudios universitarios aumentan la tasa de inserción de un modo más que notable y lo hacen sin apenas diferencias en cuanto al género. La tasa de empleo de los graduados universitarios a los veinte años de terminados sus estudios es muy alta, se acerca al 100%. Un 95,2 % en el caso de las mujeres, un 96,6 % en el caso de los hombres.

Tres cuestiones muestran que también aquí la brecha de género es relevante.

La primera es que mientras un 16,3% de las mujeres graduadas trabajan a tiempo parcial, sólo un 5% de los varones lo hacen. La razón principal aducida por las mujeres para dicha reducción de jornada es la crianza de los hijos y el cuidado del hogar. En el caso de los hombres sólo uno de cada cinco aduce esta razón.

La segunda guarda relación con la asunción de cargos de responsabilidad y dirección en el lugar de trabajo. Sólo el 7,5 % de las mujeres ocupan alguno de dichos cargos, mientras que lo hacen el 16,9 % de los hombres. Hay otros datos que complementan el anterior y, tal vez, lo matizan. Tener hijos, tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres, incrementa las posibilidades de ocupar dichos cargos en un 73% y trabajar en el sector privado en un 58% respecto del que trabaja en el sector público. Sea como fuere, como vemos, los hombres graduados universitarios tienen, a los veinte años de su graduación, el doble de probabilidades de ocupar cargos de responsabilidad que las mujeres. Es el tristemente famoso techo de cristal.

La tercera cuestión que se destaca en el estudio es la brecha salarial. Las mujeres obtenían un 82% del salario que obtenían los hombres graduados universitarios. Es cierto, sin embargo, que la variable con la que más correlaciona el salario obtenido es la titulación con la que se accede al mercado laboral que explica el 18% de la variabilidad de los salarios brutos obtenidos.

Como es más conocido, sólo el 18,3 % de las mujeres son graduadas en estudios relacionados con las TIC, mientras que en el caso de la enfermería y la salud o la intervención social son hombres únicamente el 9,6 % y 9,1 % respectivamente. Hay también datos sorprendentes y, tal vez, menos conocidos: mientras entre las personas que cursan estudios de Historia y Filosofía un 41,6 son hombres, sólo lo son un 14,6 los que estudian Lengua y Literatura. Deberíamos tener más información que nos permita conocer las causas de estas sorprendentes, al menos para mí, disparidades.

Un futuro esperanzador…

Ello ofrece, por un lado, motivos para la esperanza: la educación universitaria incrementa las oportunidades de inserción laboral de las personas, las incrementa de un modo estable en el tiempo y las incrementa de manera casi igual para hombres y mujeres.

No obstante, enciende también algunas luces de alarma, puesto que veinte años después, en el ecuador de vida de estas personas y en un momento álgido de su desarrollo personal, las mujeres tienen más obstáculos y dificultades. La razón parece ser, como podía sospecharse, que las mujeres dedican una parte mayor de su tiempo y de sus desvelos a la crianza de los hijos y a las tareas del hogar.

Un equipo de tres personas expertas, que colaboraron en el estudio, hicieron una pertinente valoración de las conclusiones y expresaron algunas cuestiones y recomendaciones que vale la pena destacar:

  1. La apreciación de la educación superior como un mecanismo óptimo para la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
  2. La relevancia de dedicar más esfuerzos a las políticas de coeducación. Estas permitirán una elección más informada para dedicarse a trayectorias educativas y profesionales sin los sesgos y las convenciones de género.
  3. Introducir mayor flexibilidad en las medidas de conciliación en el trabajo. En consecuencia, se introducirá una mayor corresponsabilidad para construir una sociedad más equitativa.

Pero con cambios…

Por último, el grupo de trabajó también quiso subrayar el hecho de que todas estas transformaciones deben ir acompañadas de cambios más profundos en los patrones culturales que nos acompañan en nuestra cotidianidad. Son cambios lentos y son los más complejos, pero necesarios, en los que debe implicarse toda la sociedad; desde las escuelas hasta los medios de comunicación, pasando por las empresas, las familias y el mundo de la política.

Creo que la imagen que se obtiene de este estudio, evidence-based,  es una imagen fiel de la situación de género entre los graduados universitarios en Cataluña. Tenemos muchas y muy buenas razones para conjeturar que la situación en toda España debe ser muy parecida.

A partir de estos datos, es tarea de todos -de los gobiernos, de las universidades, de la escuela, de todos los ciudadanos- trabajar para mejorar estos indicadores siguiendo el rastro de la igualdad.

En este sentido, AQU-Cataluña pretende, desde el principio, no sólo velar por la calidad de nuestras universidades, a través de los adecuados mecanismos de evaluación, sino también generar conocimiento. Aumentar nuestro saber nos permitirá tomar en el futuro las decisiones más adecuadas para construir una sociedad equitativa y bien ordenada.

 

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Comentarios
  1. Nicolás Martínez Valero dice: 28/04/2022 a las 11:02

    Los datos y conclusiones del estudio son extrapolables a la situación española e incluso a la europea. Cambios sociales muy lentos y patrones culturales tradicionales, como decía Robert Nisbet, muy persistentes.

  2. analisis dice: 28/04/2022 a las 12:11

    Hay que distinguir entre diferencias de genero impuestas por normas sociales y leyes, y diferencias escogidas libremente cuando se tienen prioridades o gustos distintos en media entre los generos (por ejemplo por razones evolutivas y genéticas,…). La frontera entre ambos contextos puede ser difícil de delimitar en ciertos casos, pero es bastante claro que el primer tipo es un problema social grave, el segundo forma parte de la libertad individual y no se debe forzar bajo ningún concepto (et gustibus non disputandum est). Por el sistema educativo debe promover una igualdad de oportunidades, pero no imponer que no haya diferencias entre las elecciones individuales.

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