Las lenguas de la docencia y de la investigación

El catalán, lengua culta

En las universidades catalanas -en tres de ellas ha transcurrido toda mi trayectoria académica como estudiante y como profesor (con la excepción intermitente de mis estancias en universidades extranjeras)-, hay una difundida preocupación por la presencia del catalán como lengua de docencia y de investigación. Se trata de una preocupación comprensible y atendible:  si, como sus hablantes deseamos, queremos que el catalán sea una lengua culta, presente en el escenario internacional, es preciso que las universidades de su dominio lingüístico la arropen.

Sin las universidades la lengua quedaría arrinconada.

A veces, en virtud de dicha preocupación, aparecen entre diversos colectivos, a menudo los de estudiantes, propuestas para mejorar la situación del catalán en nuestras universidades. Trataré de mostrar que algunas de dichas propuestas andan desencaminadas y, al final, propondré otra de naturaleza diferente.

Algunas propuestas ¿desencaminadas?

El caso de las tesis doctorales

Algunos ejemplos de lo que considero propuestas desencaminadas son los siguientes. A veces, por ejemplo, se reivindica que se debe incrementar el número de tesis doctorales en catalán.

Veamos primero los hechos: para el último año del que tengo datos completos, el curso 2022-2023, entre las tesis doctorales leídas en las universidades públicas catalanas, 2.358, solo en torno del 11% fueron escritas en catalán, un 35% en castellano y un 54% en inglés.

En mi universidad, la Universidad Pompeu Fabra, solo un 2,5% de las tesis doctorales fueron escritas en catalán, mientras casi el 75% lo fueron en inglés. Me temo que el aumento continuado de la internacionalización de nuestras universidades va, en el caso de las tesis doctorales, irremediablemente en esta dirección.

La lingua franca en la universidad y en las tesis doctorales

La lingua franca de la academia fue, durante siglos el latín (en Alemania, hasta el siglo XIX, las tesis debían escribirse en latín). Ahora la lingua franca es el inglés, no solo de la academia y de la ciencia, también de la política, de los negocios, de la cultura, del ocio, del deporte, del turismo, de la moda, de todo me temo.

Además, cada vez más tesis se presentan en la modalidad denominada ‘tesis por compendio’ (es decir, unos cuantos artículos publicados o aceptados en revistas científicas del ámbito respectivo, con una introducción y unas conclusiones). En este caso,  la lengua absolutamente mayoritaria de dichas disciplinas es el inglés; aunque es cierto que, en algunas disciplinas, algunas de las jurídicas en especial, como el Derecho penal, el alemán sigue siendo clave.

Los efectos de la internacionalización

Por otro lado, en Cataluña, el número de doctorandos de fuera de España es ya superior al número de doctorandos locales. En consecuencia, la idea de incrementar el número de tesis en catalán es incompatible con la deseable internacionalización. No es una buena idea.

También en países no angloparlantes con sólidas culturas universitarias, por ejemplo, los Países Bajos, el número de tesis doctorales en inglés es abrumador. Nosotros hemos de añadir a este hecho, que compartimos con todas las culturas no angloparlantes, el hecho de que somos parte de la cultura hispana: Barcelona sigue siendo la capital mundial de la edición en castellano y algo más del 50% de los estudiantes de fuera de España en Cataluña proceden de Latinoamérica. Sin olvidar que el castellano es la lengua de más de 500 millones de seres humanos.

El uso de las lenguas en el grado y en el máster

Con la tesis doctoral comienza la investigación. Sin embargo, ¿es diferente la situación de la lengua de la docencia en el grado y en el máster? Es diferente, naturalmente.

De nuevo en la realidad:  el catalán es la lengua de la docencia en algo más del 60% de uso en el grado (con diferencias entre universidades, entre el 60% y el 80%), y no llega al 40% en el máster. Sin embargo, de nuevo aquí obsesionarse con aumentar los porcentajes no me parece una buena idea. La también creciente internacionalización de los másteres hace que el uso del inglés tienda a aumentar.

En el grado es donde mayores esfuerzos pueden y deben realizarse, sin duda; pero también aquí hay limitaciones: por un lado, las universidades están legítimamente interesadas en atraer, también al grado, a estudiantes extranjeros y, por ello, crece la oferta de grados en inglés, con gran aceptación.

Es más, el castellano tampoco debe olvidarse. Pondré un ejemplo que me es cercano: mi Facultad de Derecho tienen un convenio con la Facultad de Derecho de la Universidad de Oxford, para que seis estudiantes cada año de ambas instituciones intercambien su facultad durante un curso académico. La Universidad de Oxford, que tiene este acuerdo con una Universidad de los grandes países europeos, desea y espera, obviamente, que sus seis estudiantes se familiaricen con el Derecho español en castellano.

Este es el mundo global en el que vivimos, aislarnos no parece que lo quiera nadie en serio. El aislamiento no es una opción razonable.

Soluciones creativas [y de convivencia]

¿Qué podemos hacer, entonces? ¿Hemos de resignarnos al entierro inexorable del catalán como lengua universitaria?

Creo que no. Creo que hemos de desarrollar otras estrategias más inteligentes, más astutas y más amigables con los hablantes de otras lenguas. Por supuesto que ello es compatible con reforzar los mecanismos que protegen las legítimas expectativas de los catalanoparlantes.

El principio de seguridad lingüística

Por ejemplo, cuando fui Rector de la Universidad Pompeu Fabra, con la vicerrectora competente, la Prof. Carmen Pérez, a mitad de la primera década de este siglo, diseñamos lo que denominamos el principio de seguridad lingüística, consistente en que en la programación y diseño de cada curso académico de los estudios debía hacerse público claramente cuál sería la lengua de la docencia de cada asignatura, de manera que los estudiantes estuvieran informados al inscribirse en las diversas materias, y sus expectativas no fueran defraudadas. Creo que es algo que se ha extendido por todo el sistema universitario.

El plurilingüismo

Los catalanes tenemos experiencia histórica en otro tipo de estrategias. El primer gran pensador y escritor en nuestra lengua, el mallorquín Ramon Llull, escribió sus libros en latín, en árabe y en catalán. El latín, y también el árabe en alguna medida, eran las lenguas de comunicación académica en su momento en esas centurias medievales.

Llull decidió escribir también en catalán, tal vez fue el primer gran pensador europeo y cristiano medieval, que usó una lengua distinta del latín para exponer algunas de sus ideas.

También ha sido, creo, el más grande pensador en nuestra lengua. Que el primero fuese también el más grande tal vez dice algo de nuestra historia cultural, pero se trata de una idea para otro día.

Los «intelectuales de la lengua»

Y no solo Llull. Cuando a comienzos del siglo pasado una afortunada generación de catalanes, agrupados en lo que se denominó Noucentisme, se plantearon recuperar una lengua y una cultura que casi se habían apagado y que entonces estaba renaciendo.

Una lengua que había sido casi borrada institucionalmente. Sin embargo, ellos tomaron algunas decisiones cruciales. Por un lado, confiaron a una persona de un talento y un tesón formidables, Pompeu Fabra, la tarea de producir un diccionario y una gramática, a la altura de los tiempos, para una lengua que la gente nunca había dejado de usar en su vida cotidiana. Por otro lado, crearon la Fundación Bernat Metge, con el objetivo de emprender la tarea titánica de traducir al catalán todos los clásicos griegos y latinos. Ver ahora la colección, en la que se siguen publicando nuevos títulos, le hace a uno sentirse orgulloso de pertenecer a esta cultura y, además, le permite gozar de una de las mejores versiones de la Odisea a una lengua moderna, la de Carles Riba.

Una propuesta más, la mía

Entonces, aquí va mi propuesta. Emprendamos la iniciativa de traducir al catalán los más prestigiosos manuales u obras de referencia que hoy existen en las diversas disciplinas científicas.

Podríamos comenzar por 100, por poner una cifra redonda. Podría impulsarlo y financiarlo, que no es mucho dinero, la Consejería de Investigación y Universidades de la Generalitat, el Consejo interuniversitario de Cataluña podría nombrar una Comisión de académicos de prestigio que, asesorada por el Institut d’Estudis Catalans, harían la selección de los libros y de las personas a cargo de quiénes se editaría cada uno.

Una iniciativa de este tipo produciría, al menos dos grandes beneficios al catalán: en primer lugar, nuestros estudiantes universitarios tendrían acceso, en la lengua de muchos de ellos, a los textos canónicos de sus disciplinas científicas; en segundo lugar, esta colección nos prestigiaría internacionalmente.

Nuestros colegas en todo el mundo verían en este logro, a la vez, la solidez de la cultura catalana y su vocación imperecedera de estar, siempre amigablemente, presentes en el escenario global, de formar parte de él con pleno derecho.


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Comentarios
  1. Antonio Cid dice: 12/03/2026 a las 11:02

    Si de esos manuales existe ya versión en castellano, me parece innecesario invertir esfuerzos y recursos en una traducción catalana. Es pueril el argumento de que ello «nos prestigiaría internacionalmente».

  2. Dídac Martínez dice: 12/03/2026 a las 14:58

    Una gran idea la de crear una coleccion de libros en catalán de las obras esenciales de las ciencias y pensamientos actuales siguiendo el ejemplo de la extraordinaria colección de los clásicos de Bernat Metge.

  3. J dice: 15/03/2026 a las 21:32

    Ninguna lengua que solo hablan 8 o 10 millones de habitantes podrá ser nuevo a un vehículo relevante de difusión de la ciencia (ni siquiera el Castellano lo es) o las humanidades. Es una comunidad demasiado pequeña. Una cosa es educar en la escuela y fomentar que se use correctamente, algo muy relevante para sus ciudadanos, y otra muy distinta tirar fondos dándose cabezadas contra lo que es obvio. En el ámbito de la gran ciencia y cultura internacional ningún plan que pretenda hacerla relevante va a funcionar. Nadie exterior va a girar la cabeza y escuchar. No lo hacemos ni siquiera con lenguas que hablan 20 o 40 millones de personas…


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