¿Podrá la Inteligencia Artificial lograr que el aprendizaje personalizado sea una realidad? 

Ayudar a aprender

Enseñar es ayudar a aprender, dice Héctor Ruiz en su libro: “¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza”. El fin es el aprendizaje, no la enseñanza, aunque esta sea el medio más poderoso para un mayor y mejor aprendizaje. Otro medio, cada vez más patente y potente, son las tecnologías de la información, amplificadas por la Inteligencia Artificial (IA). A fin de cuentas, la IA está siempre disponible (24x7x365), es barata, escalable, mejorable en tiempos relativamente cortos, es replicable, integrable en el mundo digital, capaz de gestionar inmensas cantidades de datos e información, y en un pispás, y no tiene necesariamente que estar condicionada, como sí lo estamos las personas, por cuestiones endógenas y exógenas.

La IA debe orientarse más a ayudar al estudiante a aprender (para insistir en ello, usaré en ocasiones el sustantivo aprendedor, para referirme al que aprende), que al docente a enseñar (el enseñante). Se trata de asistir al aprendedor en el proceso de aprender con éxito -seleccionando qué proponerle aprender en cada momento; evaluándole permanentemente para reforzar el aprendizaje y la retención de conceptos; aportándole respuestas elaboradas frente a preguntas complejas…-, y no tanto al profesorado en la construcción de contenidos docentes o en la organización de sus clases, pongamos por caso.

La importancia de la IA para el aprendizaje se reconoce también en la “Estrategia Nacional de IA” (ENIA) del Gobierno de España, al afirmar que: “la IA tiene un alto potencial para mejorar el aprendizaje tanto en su proceso como en sus resultados… planteándose como una nueva oportunidad para resolver viejos retos y nuevos desafíos en Educación, impulsando el aprendizaje personalizado».

La personalización del aprendizaje con la IA

La personalización del aprendizaje será la aportación más importante de la IA a la educación.

En el aula no es posible, salvo casos muy singulares, y el actual e-learning está lejos de ese, llamémosle p-learning (aprendizaje personalizado). De hecho, casi resulta paradójico que se lleve hablando tanto tiempo de la importancia de la personalización del proceso de enseñanza-aprendizaje, cuando los hechos evidencian que sin la ayuda de las tecnologías, en particular de las inteligentes, no será posible.

La personalización del aprendizaje no supondrá tener un robot humanoide que nos ayude en todo momento como lo haría un profesor o profesora que pudiese estar permanentemente a nuestro servicio. De hecho, no será una sino un conjunto de piezas, básicamente software, aunque conectadas a múltiples sensores y efectores, que interaccionando entre sí (a veces cooperando y a veces compitiendo), nos asistirán en todo aquello que nos ayude a aprender.

La personalización del aprendizaje será posible gracias a un conjunto de piezas, conectadas a múltiples sensores y efectores que nos asistirán de continuo. 

Nuevos horizontes

La IA también permitirá llegar a donde no podemos llegar los que nos dedicamos a enseñar. Pensemos que en el mundo hay más de mil millones de niños y jóvenes que no tienen acceso a una educación de calidad o simplemente no tienen la oportunidad de educarse. Por mucho que nos empeñemos no habrá profesores suficientes y, sobre todo, suficientemente capacitados para atender esta situación. No se trata de una carencia más.

Tras la alimentación y la salud, nada hay más importante que la educación y nada hay más transformador de la persona y de la sociedad que una buena educación.

Hasta aquí el mundo deseable, al menos para la mayoría. Pero hay otros mundos que pueden triunfar, sobre todo si dejamos que sea solo el mercado el que fije las reglas. Vivimos en la sociedad del aprendizaje, como insiste en llamarla José Antonio Marina, y en ella aprender supone sobrevivir, pero también sobresalir. Hace tiempo que se habla del aprendizaje a lo largo de la vida, pero realmente vamos camino del aprendizaje a lo largo del día. Camino de una sociedad en la que cada día, casi en todo momento, tendremos la oportunidad, pero también la necesidad de aprender. Para ser aprendedores intensivos se requieren medios y el principal será la IA.

Aprendizaje intensivo

Esto es más evidente en el mundo de las organizaciones, que requerirán cambiar el qué, el cuándo y el cómo aprender. El aprendizaje será más informal y colectivo. Las empresas invertirán grandes cantidades de dinero en ello, ya que dependen cada vez más del capital humano y cada vez son más poderosas. Por tanto, no van a dejar en manos ajenas lo que es a la vez su pelo de Sansón y su talón de Aquiles. Por eso irán integrando progresivamente más procesos de formación y lo harán cada vez más apoyándose en la IA. Lo harán por cuestión de coste y porque para muchas de ellas estas tecnologías son el soporte de su negocio.

Un ejemplo de ello lo dio Amazon, anunciando en julio de 2019 que «gastaría 700 millones de dólares en seis años en formación laboral postsecundaria para 100.000 de sus 300.000 trabajadores».

Amazon ha declarado que tiene la intención de subcontratar esa formación a colegios y universidades tradicionales.

Así será, por ahora. Con el tiempo ya veremos. Es más, es muy posible que el esfuerzo en formación de algunas megacompañías no se haga solo para el “autoconsumo”. Lo mismo que la IA está haciendo que los grandes gigantes tecnológicos se planteen ampliar sus ámbitos de negocio, operando como entidades financieras o desarrollando servicios de movilidad, por poner un par de ejemplos, la educación puede estar también entre sus próximos objetivos.

Intención e intervención: un propósito necesario

Aunque es evidente que las TIC pueden servir para aumentar el desarrollo socioeconómico colectivo, esto no ocurre espontáneamente.

Es más, sin una intención y hasta sin una intervención decidida para que así sea, sobre todo por parte de los gobiernos, lo más probable es que ocurra todo lo contrario. Acaban siendo un amplificador de las brechas económicas, sociales, culturales, educativas… Con la IA, tanto lo positivo como lo negativo, según el caso, no harán más que acentuarse. En este sentido, el aprendizaje asistido por la IA puede ampliar las diferencias entre el profesorado y también entre el alumnado, y afectar desde lo micro (el individuo), a lo macro (países enteros).

Los gobiernos, imprescindibles en la ecuación que ha de poner la IA al servicio de la sociedad y de la educación universal, también pueden controlarla para intereses completamente ajenos al bien común. Además, mientras que los intentos de “estabular” las mentes de los ciudadanos por parte de algunos gobiernos suelen toparse con la resistencia de al menos una parte del profesorado, la IA no se revela a las órdenes o al diseño dados, al menos no de momento.

En manos de gobiernos poderosos y dictatoriales, estas tecnologías podrían usarse para educar fácilmente a la población de modo generalizado y a su servicio.

Planificar la educación, liderar el salto

En mayo de 2019 tuvo lugar en Beijing la conferencia: “International Conference on Artificial Intelligence and Education”, auspiciada por la UNESCO. Su lema fue: “Planificando la educación en la era de la IA: liderar el salto”. 

De la conferencia emanó una declaración que reúne 44 recomendaciones a los gobiernos y a otros agentes de interés de los estados miembros de la UNESCO. Como suele ocurrir en este tipo de documentos, además de algunas recomendaciones concretas, lo que abundan son los buenos deseos y las ideas muy generales, cuando no vagas. En todo caso, no debemos negarle su carácter fáctico.

La IA está cada vez más omnipresente y también afecta de un modo creciente a la forma en que vivimos y al modo de ganarnos la vida.

Por eso debemos empezar, como lo hace el documento, por planificar la presencia de la IA en las políticas educativas y ello ha de afectar a los cometidos y contenidos de la educación, claro, pero también a la forma de enseñar y, sobre todo, de aprender. Precisamente por eso, el “salto” que es necesario dar, aludiendo al lema mencionado, es el que nos permita llegar a los despachos de los responsables de las políticas públicas en educación y que sean sobre todo los estados y no los mercados quienes fijen por el bien común el uso de la IA para el aprendizaje. De otro modo, no habrá alternativa: aprenderemos en la medida en que paguemos por ello. Y no olvidemos que valemos en buena medida lo que sabemos hacer con lo que sabemos.


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Comentarios
  1. Hablar por hablar - Ethic : Ethic dice: 23/11/2022 a las 11:57

    […] números», «la inteligencia artificial descubre el ‘acero toledano’ del futuro» o «la IA también permitirá llegar a donde no podemos llegar los que nos dedicamos a enseñar», ejemplos típicos de prosopopeya. El lector educado entenderá en la tercera declaración que el […]


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