Chat GPT, ¿el fin de los ensayos de desarrollo en las universidades?

Al hilo de la entrada con la que cerraba el año Faraón Llorens en este blog yo pregunto a los lectores de UniSí:

¿Ya han usado el nuevo entretenimiento de moda? ¿Ya han hablado con Chat GPT? Si no lo han hecho, los animo a que lo prueben aquí.

¿Qué es Chat GPT y para qué sirve?

Esta herramienta es un chat imbuido de inteligencia artificial programado por la empresa Open AI, creadora también, entre otras, de DALL-E, uno de los generadores de imágenes más avanzados.

Usar ChatGPT es gratis, ya que únicamente hace falta crearse una cuenta -pasando por la cesión de algunos de tus datos, eso sí- y se caracteriza por poderle hacer preguntas abiertas y sin necesidad de seguir unos criterios concretos. Es bastante efectiva a la hora de entender el contexto o deducir si hay relación con alguna respuesta anterior que se haya generado.

Sus usos son muy variados: sirve para hacer búsquedas de información sobre acontecimientos históricos o personajes famosos; o para solicitarle listado de eventos, películas o libros. Pero quizá lo más llamativo es que permite generar textos nuevos según nuestras peticiones. Remarco la palabra «nuevos» porque es evidente que nada ha surgido de la mente de esta IA, sino que ha sido programada a base de usar millones de interacciones (un sistema llamado Reinforcement Learning from Human Feedback). Aun así, no deja de ser sorprendente la variedad de textos y temas sobre los que puede generar una respuesta.

Ha sido tal el boom de las últimas semanas que las pruebas que se han hecho con él son inabarcables. Eso nos ha permitido ver ejemplos realmente sorprendentes, pero también percatarnos de ciertas limitaciones, algunas bastante graves.

Limitaciones de esta herramienta

Sus creadores han decidido conscientemente limitar su uso en algunos temas que se pueden considerar polémicos -según publican, «rechaza solicitudes inapropiadas»-, tampoco es capaz de responder a algunas preguntas más técnicas y no se libra de alguno de los típicos sesgos propios de estas tecnologías. A su favor, si se le hacen preguntas sobre el futuro -por ejemplo, le pregunté quién ganaría el (polémico) mundial de fútbol de Qatar 2022- responde una frase muy protocolaria: «como soy una inteligencia artificial, no tengo la capacidad de predecir eventos futuros con certeza».

Sin embargo, y mucho más relevante, se inventa multitud de datos. Es decir, no solo es posible que la información no sea del todo exacta, sino que llega a crear auténticas realidades paralelas.

Admito que me gusta particularmente que responda que el autor del Código penal español fue Francisco Tomás y Valiente o que sea capaz de generar una respuesta larga en relación con un supuesto delito sobre publicar información meteorológica falsa en Twitter.

Yo le pedí que respondiera a una pregunta sobre la que trabajaron mis alumnos hace unas semanas: «¿A qué tengo derecho como pasajero si me cancelan un vuelo que sale desde Tenerife Norte con destino a Denver?». La respuesta si bien no era excelente, hubiera pasado perfectamente por el trabajo de uno de mis alumnos más sensatos. Eso sí, afirmaba con rotundidad que la legislación de la Unión Europea únicamente protegía en los vuelos operados por compañías europeas; un dato simplemente erróneo y fácilmente constatable por cualquier usuario no especializado que hiciera una búsqueda rápida en Internet. Y como estos, miles de ejemplos más.

Los errores son tan burdos que probablemente eso signifique que no es algo que preocupe excesivamente a la empresa Open AI, pues para ellos no es más que un golpe efectista para darse publicidad, ofreciendo un entretenimiento llamativo y, sobre todo, mostrar a posibles inversores cómo de creativa podría ser una herramienta potente.

Por lo tanto, habida cuenta que no hemos llegado a un verdadero punto de inflexión tecnológico, ¿en qué puede tener esto interés para la comunidad universitaria?

¿En qué nos afecta a los docentes?

En  primer lugar, porque tecnologías como esta serán las que revolucionen la situación de la universidad en los próximos años y siempre deberíamos tratar de estar al día de ellas.  Ya se ha hablado en este blog en otras ocasiones sobre las posibilidades que tiene la IA para la docencia o la gestión universitaria. Se cree que podrá servir, entre otras miles de cosas, para ofrecer una enseñanza más adaptada a las necesidades de cada uno de nuestros estudiantes. Y en esa línea, soy de las que creen que introducir avances tecnológicos nunca es malo, siempre que no acaben siendo un fin en sí mismos.

Seguidamente, debemos conocer cómo funcionan este tipo de herramientas… porque muy probablemente nuestros alumnos acaben por usarlas más pronto que tarde. En ese sentido, no me preocupa especialmente su capacidad de responder con datos concretos, pero sí que me ha hecho reflexionar que pueda generar textos más o menos largos y razonablemente coherentes.

Uno de los ejercicios estrella que suelo repetir en mis clases, cuando imparto en grados no jurídicos, es la redacción de un ensayo-reflexión sobre la importancia del derecho en el futuro personal y profesional de mis estudiantes. Considero que se trata de un ejercicio con muchas posibilidades, pues obliga a plantearse con más profundidad el temario y a redactar un texto medianamente largo; y esto segundo me parece bastante positivo teniendo en cuenta que es un tipo de actividad poco frecuente en algunos grados. Los resultados suelen ser satisfactorios y siempre hay un gran porcentaje de entregas que me sorprenden gratamente.

Sin embargo, también recibo un grueso de entregas bastante anodinas, sin mucha concreción, que no han acabado de introducir ningún elemento personal en su redacción. Trabajos que no son brillantes, pero que, si están correctamente redactados, no se detecta plagio en ellos y cumplen mínimamente con el objetivo solicitado, reciben una calificación de aprobado. Justo el tipo de respuesta que me generó Chat GPT cuando se lo solicité.

Para cuando se publique esta entrada ya habrán finalizado todos los plazos de entrega para mis alumnos, por lo que puedo confesar aquí, sin darles malas ideas, que le pedí al chatbot «una reflexión de 300 palabras sobre la importancia de saber derecho para un graduado en Contabilidad y Finanzas». No era un texto especialmente pulido ni con una reflexión profunda, también resultaba bastante reiterativo. Sin embargo, mientras lo leía me imaginaba perfectamente que podría haber sido la base de alguna de las entregas de este año.

Y yo admito que lo hubiera aprobado. De hecho, estoy segura de que con una pregunta más refinada, la respuesta podría haber sido de mayor calidad.

Esto me lleva a mi conclusión sobre todo ello: en el corto plazo, ¿tendré que modificar el tipo de trabajos que le solicito a mis estudiantes? ¿Tendré que corregir más estrictamente, partiendo de la idea de que es posible que la base haya sido generada por una IA? Seguramente sí. Desde luego es algo sobre lo que reflexionaré para el próximo curso.

El futuro de la IA en la universidad

En cualquier caso: los docentes no podemos ponerle puertas al campo. No hay que luchar contra la realidad. Lo que debemos hacer es conocerla y adaptarnos a ella. No creo que esto signifique que mis estudiantes ya no deban practicar este tipo de actividades (una cantinela igual de sin sentido como la de que no hay que memorizar nada porque todo está en Internet…), pero sí que debemos saber cómo funciona para actuar en consecuencia. También considero que nuestro papel es ayudarles a tener un planteamiento crítico ante este tipo de novedades, para no dejarse llevar por la magia.

Por lo pronto, creo que una de mis próximas prácticas será pedirle a Chat GPT que me responda a una de las preguntas del examen y que mis estudiantes corrijan sus errores, para que se den cuenta de que no es oro todo lo que reluce. Un dos en uno.

 
Comentarios
  1. Carmen Perez-Esparrells dice: 10/01/2023 a las 12:24

    Como siempre, nuestro Blog Universidad Sí es punta de lanza, como dice los anglosajones SPEARHEAD! Mi más sincera enhorabuena a la profesora Padrón y al profesor Llorens por sus respectivas reflexiones. Todos los docentes deberíamos leer estas dos entradas porque, como dice la autora “no podemos ponerle puertas al campo. No hay que luchar contra la realidad. Lo que debemos hacer es conocerla y adaptarnos a ella”.

  2. Iván Montes-Iturrizaga dice: 10/01/2023 a las 16:00

    Muy interesante tu publicación Andrea. Comparto tus apreciaciones y preocupaciones. Asimismo, te comento que desde hace 25 años trabajo con pruebas de desarrollo sobre la base de casos que no se encuentran en la Internet y que invita a los estudiantes a transferir, analizar y comprender bien los contenidos inicialmente propuestos. Saludos desde Perú y gracias por compartir tus valiosos aportes.

  3. Andrea Padrón dice: 10/01/2023 a las 18:43

    Muchas gracias a las dos. A lo largo de estos últimos días han salido varias noticias que muestran que estos problemas son cosa de nuestro día a día.

  4. Neila dice: 10/01/2023 a las 21:51

    Efectivamente, esto va a requerir darle una vuelta de tuerca a muchas cosas.

    Las tecnologías no son buenas ni malas, todo está en el uso que se haga de ellas. Si un estudiante quiere hacer mal uso, con esa misma actitud también podría por ejemplo hacerse ayudar por una «inteligencia humana» (sabemos que por desgracia se comercia con la realización de TFG y similares).

    La diferencia es que la IA va a estar mucho más a mano que una persona. Pero la IA no «causa» fraude… solo lo pone más fácil.

    Me gusta la idea de pedirle a Chat GPT que responda a preguntas de examen y que los estudiantes corrijan sus errores. Puede que la IA sea el impulso que necesitamos para empezar a aplicar el espíritu crítico.

  5. Emilda Ceballos dice: 11/01/2023 a las 11:00

    Interesante artículo, es bueno saber los retos que supone GPT…. los mismos nos ponen a pensar a los docentes en preguntas reflexivas ….


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