Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

Qué es y qué debería ser el sistema de becas

No hace mucho, a colación de la polémica con la alta hostelería en España, un amigo me preguntó qué era exactamente un becario: “¿No es un alumno al que le pagan sus estudios?” Yo le dije que un becario son muchas cosas. Y como mi respuesta no satisfizo su curiosidad, recurrimos a la socorrida vía de la RAE. Nuestra Real Academia dice, sencillamente, que becario es quien recibe una beca. “¿Qué es entonces una beca?” Una subvención destinada a formación o investigación. Sin más. No son premios al rendimiento, ni periodos formativos sin remuneración en una empresa, ni tampoco el tiempo mínimo necesario para adquirir las competencias concretas requeridas en un puesto de trabajo. Son ayudas económicas destinadas a cubrir parte o la totalidad de una actividad formativa o investigadora.

Dichas ayudas se agrupan, en su mayoría, en lo que denominamos el sistema nacional de becas, el conjunto de subvenciones públicas destinado a compensar las desigualdades económicas entre los alumnos. Como el capital económico no es la única, ni tan siquiera la más importante, característica del origen social que genera diferencias en el rendimiento y en las decisiones académicas de los estudiantes, la capacidad del sistema de becas para corregir las desigualdades de partida es siempre limitada. Eso no cambia, no obstante, la clara e inequívoca vocación compensatoria del sistema, que queda garantizada a través de un criterio de reparto construido a partir de la necesidad económica de los solicitantes.

A través del sistema de becas, por tanto, debiera asegurarse que nadie abandona o deja de matricularse en cualquier nivel del sistema educativo por razones económicas; esto es, que los costes directos e indirectos del estudio no condicionan las decisiones educativas de los alumnos o su rendimiento una vez adoptada una decisión. ¿Cumple nuestro sistema de becas con esa función? Sabemos que no. Tampoco es una función sencilla, libre de influencias externas. ¿El sistema ha quedado conformado de la mejor manera para satisfacer dicha función? Pues tampoco. Veamos por qué.

No parece que el sistema de becas asegure que nadie abandone o deje de matricularse por razones económicas. 

Dada la naturaleza de este foro, y la extensión de que dispongo, centrémonos en el sistema de becas universitarias y omitamos, con el permiso de quien lee, la para mí errónea inclusión de un criterio de rendimiento en el reparto de las ayudas (para un análisis de su efecto puede consultarse aquí y aquí). Actualmente, y según datos del MECD, para el curso 2014-2015, el 24,6% del total de alumnos universitarios son beneficiarios del sistema de becas: uno de cada cuatro. De aquellos becarios matriculados en estudios de Grado, uno de cada cinco recibe únicamente la exención de tasas (Beca matrícula) y los otros cuatro reciben, además, una cantidad variable (Beca económica). En números absolutos, 322.183 alumnos son beneficiarios del sistema de becas, para un presupuesto final de 829.372.142 € (cerca de mil millones de euros). Calculando una ratio enormemente tosca, el sistema de becas invierte en cada alumno receptor una media de 2.574 € por curso, que incluyen claro el coste de la matrícula que deja de abonarse.

El sistema de becas invierte en cada alumno receptor una media de 2.574 € por curso.

La última década ha conocido una notable evolución de dichos números. En el Gráfico 1 observamos un sostenido crecimiento del sistema de becas hasta la reforma del año 2013, momento desde el que se han perdido 500 € por alumno beneficiario. Dejando que cada cual saque sus conclusiones sobre la pertinencia y necesidad de recortar en el sistema de becas, lo que no parece tener sentido es que, en plena crisis, cuando la necesidad económica es más acusada, la cantidad recibida por cada beneficiario sea menor que nunca.

Gráfico 1. Número de Beneficiarios e importe dedicado al sistema de becas universitarias.

Fuente: MECD, 2016

Pero, como decía, esa ratio no es todo lo informativa que debiera. Las cantidades recibidas por los distintos becarios varían considerablemente de unos a otros, lo que en estadística significa una elevada desviación típica. Ello obliga a entrar algo más en detalle en la forma concreta en que se reparten las ayudas. Hoy por hoy, e insisto que omito deliberadamente la inclusión del criterio de rendimiento, las becas se distribuyen, fundamentalmente, teniendo en cuenta la renta conjunta del hogar del alumno solicitante y el número de miembros de ese hogar. Con el Real Decreto 609/2013 el número de umbrales de renta quedó fijado en 3, estableciendo un último tramo, el tercero, que solo da acceso a la exención de matrícula.

Tabla 1. Umbrales de renta para la distribución de las becas generales universitarias.

Pues bien, según los datos del MECD, el 52,7% de los beneficiarios del sistema de becas se hayan en el umbral 2, que para un hogar de 4 miembros significa unos ingresos de hasta 36.421€ (según datos del INE, la mayor proporción de españoles vive en este tipo de hogares: el 28,2%). Personalmente, me parece legítimo preguntar: ¿Por qué no son mayoritarios los alumnos del primer umbral de renta? La respuesta me parece clara (entre otras cosas porque a la misma conclusión llegan diversos estudios realizados desde las ramas de Economía y Sociología de la Educación): a la Universidad llegan pocos alumnos de clases populares. Sabemos que los alumnos de menor extracción social no solo tienden a rendir peor en las etapas previas a la Universidad, sino que, ante idénticos resultados escolares, eligen menos la opción universitaria (como se ha planteado en este mismo blog, la percepción de profesorado, personal PAS y alumnado sobre las desigualdades sociales en el acceso a la Universidad es coherente con dicha realidad). Así se explica la notable infrarrepresentación de las clases sociales más humildes, y también que, al repartir las becas, solo el 45,1% de los becarios estén en el primer umbral de renta. Y, sin embargo, como decíamos algo más arriba, un 25% de los alumnos universitarios están becados. ¿No decíamos que las becas debían servir para compensar las desigualdades de partida de las clases más bajas? Pero si las clases más bajas “no van” a la Universidad, ¿por qué hay tantos beneficiarios? ¿No sería más lógico, dada la función que debe cumplir el sistema de becas, que, ejecutando el mismo presupuesto, se concentren las ayudas en un menor número de beneficiarios? ¿No debiera ocurrir que un menor porcentaje de universitarios reciban una mayor ayuda económica para que ésta pueda cubrir adecuadamente los costes de oportunidad de estudiar?

Un compañero de Universidad me hizo una vez la siguiente observación: si los jóvenes de extracción social más baja no van a la Universidad, pero sus familias y ellos mismos pagan impuestos como el resto, ¿no quiere eso decir que las clases bajas financian los estudios a las clases medias y altas? No veo por qué este compañero no llevaba razón. Y no lo veo porque es cierto que los alumnos de clases bajas van a la Universidad con cuenta gotas. Que el sistema de becas no consigue convencerlos de hacerlo, aunque quizás sea pedirle demasiado. Pero eso no ha significado que se repartan menos becas. Y si los alumnos de la Universidad son clases medias, pues las ayudas se reparten entre clases medias.

Quizás para comprender la propuesta que hago debiera diferenciarse claramente entre el sistema de becas y el sistema de tasas universitarias. Las tasas representan el porcentaje del coste del curso académico que asume el alumno. ¿No tendría más sentido construir un sistema de tasas progresivo? Un umbral por debajo del cual el alumno esté exento de abonar la matrícula y varios tramos en los que, progresivamente, se asume un mayor porcentaje del valor del crédito universitario conforme mayor sea el poder adquisitivo del hogar del alumno. Con ello se cubrirían de manera más justa los costes directos del estudio y el sistema de becas quedaría reservado para los costes indirectos y los costes de oportunidad, el dinero que el alumno deja de ganar al decidir proseguir sus estudios y retrasar su incorporación al mercado de trabajo. Esa cantidad adicional es requerida, hoy por hoy, por mucho menos de una cuarta parte del alumnado universitario. Y eso es así porque, insisto de nuevo, el acceso a la Universidad no es una opción mayoritaria entre los alumnos de clases populares. Ahora bien, cuando esa cantidad es requerida, la beca debe ser capaz de sustituir lo que, en otras circunstancias, sería un salario; es decir, deberían ser más elevadas que los 2.500 euros por alumno y año que se reciben hoy día.

Concluyendo ya, para mí la mejor solución pasa por un menor número de beneficiarios, una mucho mayor dotación por beca concedida, un sistema de becas concentrado en las clases bajas y una nueva fórmula de pago de tasas universitarias siguiendo criterios de renta. Eso significaría una mayor eficiencia global del sistema y una distribución más justa de las ayudas. Y si ya de paso dejamos de llamar becas y becarios a lo que en realidad son premios y trabajadores mal pagados, mejor que mejor.

 

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Comentarios
  1. Carlos dice: 26/05/2017 a las 09:12

    Completamente de acuerdo con tu valoración salvo en el tema de las tasas progresivas porque entiendo que ese modelo podría hacer que para las clases altas fuese disuasoria la universidad pública y optasen por la universidad privada (cosa que en parte ya ocurre). Otro tema importante es si con este modelo existe igualdad de oportunidades para las personas que viven en la zona rural alejados de las grandes ciudades o si se fomenta el estudio de lo que se oferta cerca del domicilio (sea lo que sea).

  2. Angel Gómez Montoro dice: 26/05/2017 a las 10:02

    Una entrada muy sugerente. Al final, el porcentaje más alto de la subvención está en la tasas, que son iguales para todos con independencia de la renta. No sé si el argumento de Carlos para oponerse a las tasas progresivas es muy convincente: si los estudiantes dejaran de ir a las universidade públicas solo porque son más baratas, estas tendrían un problema, pues cabe pensar que los estudiantes -al menos los buenos estudiantes- eligen fundamentalmente por la calidad del centro. Habría que garantizar, eso sí, que la progresividad no termine perjudicando a familias de clase media, sobre todo si tienen más hijos.

    Y comparto desde luego la necesidad de subir las cuantías de las becas, especialmente para permitir la movilidad. No solo permitiría que todo buen estudiante elija el lugar y los estudios que quiere (que no se dan siempre en su ciudad, sino que fomentaría una mayor competencia entre Universidades.

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