Cocreación y libertad en la universidad
La universidad, “esa casa que vence la sombra con su lumbre de fiel claridad”, como versa el himno de la Universidad Central de Venezuela, concebida históricamente como un faro de conocimiento y un espacio de libertad, posiblemente atraviesa un proceso de crisis de sentido, poniendo el foco en el crecimiento del estudiante como pensador racional.
El predominio de la especialización en la universidad
Esta concepción ha orientado el proceso universitario hacia la adquisición de aptitudes específicas y la especialización profesional, con el objetivo subyacente de competir en un mundo globalizado y complejo. Si bien la razón es un instrumento maravilloso que ha permitido un progreso extraordinario, su predominio absoluto ha ocupado la experiencia humana, despojando a la vida de muchos matices y quizás reduciendo el sentido de la educación a un mecanismo artificial y mecánico.
Muchas de las citas de grandes pensadores y científicos de todos los tiempos que hemos utilizado han sido tomados del reciente libro publicado por el Dr. Manuel Sans Segarra (La Supraconciencia existe. Vida después de la vida), médico especializado en cirugía oncológica que ha desarrollado su carrera profesional en el Hospital Universitari de Bellvitge (Barcelona), y que lleva analizando desde hace décadas el fenómeno de las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM).
Aplicando el método científico cartesiano y newtoniano, y compartiendo sus análisis con experto de diversas disciplinas científicas, desde la física cuántica, la filosofía o la psiquiatría, el doctor Segarra ha estudiado las experiencias narradas por pacientes suyos que han estado clínicamente muertos por diversas circunstancias (accidentes graves, paradas cardiorrespiratorias, etc). Dos de las conclusiones más relevantes de sus estudios pueden extraerse de su obra anteriormente citada:
“Los seres vivos no nos limitamos a observar sin más el universo que nos rodea, también contribuimos a crear nuestra realidad. El determinismo del método científico no es cierto. Todo lo material que observamos es una ilusión, es energía colapsada en materia” (Sans Segarra, p.93).
Existe lo que el propio médico denomina la Supraconciencia: “energía sutil de alta frecuencia que persiste a pesar de la muerte clínica y que tiene continuidad fuera del cerebro” (Sans Segarra, p. 96).
Estas conclusiones nos llevan a cuestionar la intelectualidad y la mente como únicas fuentes fiables del conocimiento y de la sabiduría, así como la especialización y la productividad como fines propios del sistema universitario.
El orden implicado es una totalidad, en el sentido de que cualquier parte determinada de él contiene información relevante sobre el todo (David Bohm).
La crisis del sentido de la universidad
Desde nuestra perspectiva, creemos que asistimos actualmente a una paulatina pérdida de sentido tanto en el estudiante como en el docente universitario, que se manifiesta cuando el proceso académico se vive desde la resistencia, generando emociones de densidad, estrés y angustia por el futuro. En cierto sentido, algunos estudiantes y docentes pueden sentir la academia como una especie de cárcel, donde la lumbre del conocimiento se va opacando progresivamente.
Para el docente actual es un reto transmitir el amor por el conocimiento.
Esta sensación de confinamiento, que se liga a la pérdida del sentido, es muy probablemente multifactorial y, sin lugar a duda, su reflexión profunda escapa a las limitaciones de espacio que disponemos en esta pequeña entrada que queremos compartir. Sin embargo, creemos que uno de los elementos que de manera notoria está influyendo en esta dinámica es la excesiva especialización carente de soporte humanista, dificultando en buena medida la transmisión y recepción del amor por el conocimiento. Ello implica la imposición de la presión de rendimiento y la competitividad, fortaleciendo el conflicto y la separación entre los seres humanos.
Como investigadores y docentes surgen preguntas relevantes: ¿A dónde conducen los incentivos establecidos en la vida académica? ¿Se investiga, se imparten las clases y se estudia con la mente puesta en el bien común o en el éxito individual sin más?
La lógica de la productividad
La universidad se ha acostumbrado a vivir con miedo en muchos sentidos y a poner el foco en la propiedad de las ideas y la competitividad, tomando el estatus, el prestigio y la acumulación del conocimiento como la realidad tangible por excelencia.
En nuestra visión, la universidad está llamada a ser un espacio abierto a todas aquellas personas que desean cuestionar la realidad trascendiendo los dogmas, y siendo conscientes de que las verdades relativas se pueden alcanzar a través de la razón, lo que no puede afirmarse en el caso de las verdades universales.
Tal vez por mirar excesivamente fuera y no apreciar el tesoro acumulado en su interior a lo largo de los siglos, la universidad ha ido despojándose progresivamente de su espíritu fundacional dejándonos en cierto sentido huérfanos.
Quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia dentro despierta (Carl Jung).
Esa orfandad, en nuestra opinión, se liga a la pérdida de la búsqueda del autoconocimiento interior a través del conocimiento, descripción, análisis y observación del mundo que proporcionan las distintas disciplinas. Dar herramientas para embarcarse en el mundo laboral de la productividad es relativamente fácil; lo complicado es intentar ofrecer luces sobre las grandes preguntas eternas, no solo para darle un sentido a nuestra existencia, sino también, de forma complementaria, para descubrir qué nos está proponiendo la Vida (o la Supraconciencia) a cada uno de nosotros a través de las situaciones que vamos experimentando.
Lo más difícil del ser humano es conocerse a sí mismo, y lo más fácil es hablar mal de los demás (Tales de Mileto).
La transición: el salto del paradigma racional al paradigma transracional
La universidad actual, con su enfoque en el conocimiento lógico, causal, racional, y ligado a la productividad y al mundo externo, se concibe en el nivel de la Razón (400 puntos) dentro del Mapa de la Consciencia de David R. Hawkins. Este nivel de consciencia permite pensar con «cabeza fría» y desligarse de la emocionalidad de los niveles inferiores, sin embargo, la razón tiene un límite: nos mantiene distantes unos de otros. No pocos conflictos humanos, e incluso despiadadas guerras, se han producido por el orgullo que nos lleva a ostentar la posesión de la razón, de esa visión que consideramos válida y que estamos convencidos de imponer a todo el mundo.
Para alcanzar la verdadera esencia de la universidad—la universitas o totalidad—es necesario avanzar hacia el nivel del Amor (500 puntos). La ciencia, a través de la universidad, debe ser un instrumento de paz que trasciende la razón, haciendo un ejercicio de humildad y reconociendo su falibilidad.
La ciencia es la creencia en la ignorancia de los expertos (Richard Feynman).
Cuando cambias la forma en que ves las cosas, las cosas que ves cambian (Max Planck).
¿Qué dice la ciencia de la mente humana?
Actualmente la propia ciencia nos sugiere prudencia cuando queremos valorar la potencialidad de la mente humana. Desde una perspectiva filosófica, recordemos que en buena parte de nuestras investigaciones modelamos la realidad en una pantalla de baja resolución, muy limitada, dejando muchos elementos sin analizar. Sin embargo, la realidad en sí misma es alta resolución, un complejo cóctel multivariable e hiperconectado, del que no somos del todo conscientes. La excesiva especialización de las disciplinas en un contexto marcado por el afán productivo nos puede llevar a perder el sentido de la universalidad. En esencia, la mente se reduce a cauces estrechos, limitados e incompletos, una actividad circunscrita que niega un aspecto humano que consideramos clave: el conocimiento de la totalidad a través de uno mismo poniéndonos en relación con nuestro prójimo.
La verdad es una tierra sin caminos. El hombre no puede llegar a ella a través de ninguna organización, a través de ningún credo, a través de ningún dogma, sacerdote o ritual, ni a través de conocimientos filosóficos o técnicas psicológicas. Debe encontrarla a través del espejo de las relaciones, a través de la comprensión de los contenidos de la propia mente, a través de la observación, y no a través del análisis intelectual (Jiddu Krishnamurti).
Saber para vivir
Aquí es donde entra en juego la necesidad de no enfocar exclusivamente el aprendizaje desde lo racional y hacia el mundo profesional. Algunos pensadores de nuestro tiempo defienden la necesidad de invitar a los estudiantes a aprender a mirar, no hacia afuera sino hacia adentro. Tal como lo señala Pablo D’Ors, en el ámbito educativo debemos trascender lo racional integrándolo, en ningún caso excluyéndolo, para pasar del paradigma racional al transracional.
Este tránsito implica ir más allá del artilugio mental como única fuente de la verdad para experimentar el mundo y transformarlo, reconociendo que la actividad del intelecto ha sido (y será) fundamental para el desarrollo del ser humano, pero también siendo consciente de que es fragmentaria y fuente profunda de división, ocasionando un sufrimiento a todos los seres sintientes. La universidad está llamada a mitigar este último aspecto.
La mente humana es una parte del todo, llamado por nosotros <<universo>>, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Se experimenta a sí misma, a sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto, pero es una especie de ilusión óptica de la conciencia (Albert Einstein).
La cocreación y el sentido del aprendizaje
Esta visión da pleno significado a la voluntad de apertura, bajo el principio de que puedes aprender todo lo esencial si miras dentro de ti. En el fondo nadie puede enseñarte nada, pero tal vez es ventajoso inspirarse a través de un maestro o guía que muestre el camino que él previamente ha recorrido.
“La ciencia no puede resolver el último misterio de la naturaleza. Y eso es porque, en última instancia, nosotros mismos somos parte del misterio que estamos tratando de resolver” (Max Planck).
El rol del docente en este nuevo paradigma es crucial. Sin embargo, la transformación debe ser mutua y vivencial. Es fundamental integrar la idea de que podemos cocrear con el estudiante, recordando que también los profesores estamos «aprendiendo a aprender» a través de ellos.
La ciencia, especialmente la física cuántica, está empezando a descubrir lo que la mística lleva siglos diciendo: “Estamos interconectados, todos somos Uno. Ciencia y Consciencia se dan la mano. Nosotros somos el propio Universo, no estamos desconectados de él” (Pablo D´Ors).
En el verdadero aprendizaje, no existen «ni el que enseña ni el enseñado, sino sólo el aprender». El profesor y el estudiante se convierten en espejos el uno del otro, observando su propia naturaleza en la interacción. Esta dinámica de autoconocimiento lleva a la última idea: enseñamos todo aquello que necesitamos aprender, y sin lugar a dudas, en este espacio seguro de las ideas, que para algunos es un escalafón más en su evolución humana, tenemos la gran oportunidad de aprender a vernos y colaborar, más allá de las etiquetas que nos condicionan y de los rankings que hemos inventado para clasificarnos.

Después de más de 50 años como Profesor universitario, 4 como Vicerrector Académico y 24 como Rector, puedo decirles que valoro este artículo como una invitación muy importante para un debate necesario en la Universidad de hoy. Reciban mi felicitación por su excelente aporte.
El articulo que inicia con su titulo: Predominio de la especialización en la universidad,. me agrado mucho ya que en el se abordan tópicos donde considero que el o los autores lo hacen mirándose y recogiendo vivencias de otros, lo que contribuye significativamente al propósito del mismo. En el se abordan verdades que pocos nos atrevemos a decir con sencillez.