Si el fútbol se rigiera con las leyes de la ciencia o la universidad

Esta entrada está dedicada a Pedro Alonso, presidente de DADORIS, e inspirador de esta idea.

Imaginando una distopía

Imaginemos la siguiente distopía: un día a un preclaro prócer político, asentado como ministro de deportes, se le ocurrió la brillante idea de nacionalizar la liga de fútbol profesional.

“Se generan millones de ingresos que van a manos de empresarios sin escrúpulos que podrían ir a las arcas del pueblo para una mejor redistribución”.

Por decreto ley, los clubes de futbol profesional pasaron a ser entidades públicas con presupuestos públicos y reglas de funcionamiento del sector público.

Cuando se elaboraron los presupuestos para el año siguiente, se dividió el monto total (unos 3.000 millones de euros) entre 18, y se asignó a todos los clubes, exactamente, el mismo presupuesto (167 millones de euros).

“Para que la competición no esté adulterada por el libre mercado, todos deben tener las mismas oportunidades”.

Hubo algunos clubes (15 de los 18), que mejoraron sustancialmente su presupuesto, un par de clubes que perdieron algo, un club (el Atlético de Madrid) que pasó casi a la mitad y dos clubes (Real Madrid y Barcelona) que dividieron por tres su presupuesto.

Los futbolistas y los técnicos

Con esos presupuestos, se hizo feliz a la mayoría, pensando que iban a poder mejorar sustancialmente plantillas y cuerpos técnicos. Pero, al pasar a ser “sector público”, solo se podía fichar de acuerdo con la “tasa de reposición”, es decir, una baja, un alta, y siempre a “toro pasado”. Es decir, solo se puede reponer una baja ya consolidada. Pero es que, además, el prócer también impuso alguna norma que ya existe en la administración pública y que hizo extensiva al futbol. Solo se puede contratar “comunitarios” y desde luego, las ventajas para el deporte, la inmigración y la ley tributaria Beckham, también se  acabaron. Todos los inmigrantes deben ser iguales ante la ley.

En un periodo muy breve se impuso el criterio de que lo mejor para el “sistema” es el autofichaje, es decir, que se promocionaran futbolistas de la cantera, la “gente formada por nosotros”, que “¿por qué regla de tres los de fuera tienen que ser mejores que “los nuestros”?”. Otra regla que se aplicó de forma casi automática es la regulación salarial: mismo desempeño, mismo sueldo. Todos los porteros debieran cobrar lo mismo, todos los delanteros, todos los defensas, … Las mismas reglas se impusieron para cualquier promoción dentro de los clubes, incluyendo el puesto de director deportivo, entrenador, puestos para los que tenían preferencia, sistemáticamente, “los de la casa”.

Y por supuesto, las bandas salariales para estos puestos estaban reguladas a nivel estatal. En esto los sindicatos del sector tuvieron un gran protagonismo.

Los gobernantes, los ingresos

No todo quedó ahí. La gobernanza de los clubes también se reguló para hacerla “más democrática”. El club lo dirigía un presidente que era elegido por toda la comunidad. Allí votaba para presidente toda la cantera, jugadores, cuerpo técnico, socios, … cada uno con una determinada ponderación. Al final, el peso de los jugadores y cuerpo técnico era tan alto que podían controlar todas las decisiones. En unos meses, no se hacía nada que pudiera disgustar a jugadores o cuerpo técnico, por lo que el posible control de la dirección del club sobre las prestaciones del equipo, se acabó.

Algunos clubes, llevados por la inercia de años pasados, seguían teniendo unos ingresos muy por encima de la media, pero esos ingresos no podían estabilizarse en el presupuesto y pasaban a remanentes, porque había que cumplir la regla del techo de gasto. Era como si no existieran.

Con el tiempo todo el mundo dejó de interesarse por conseguir más dinero, porque en el fondo daba igual lo que se hiciera, ya que el presupuesto era el mismo.

¿Una nueva liga?

En unos pocos años, la liga se igualó enormemente. Al principio los clubes con “cantera” se mantuvieron arriba, pero según fueron desapareciendo las canteras (con aquellos presupuestos no podían mantenerse), se igualó todo, y cualquiera podía ganar. Dependía de una suerte de variables que, en función de las personas, se daba aquí o allá.

De pronto surgía alguien muy bueno en una cantera que llevaba a ese equipo a lo más alto, pero eso duraba lo que duraba “la gracia” del jugador. A nivel internacional nuestros equipos dejaron de ser competitivos. En el mismo tiempo, dejamos de tener presencia en Champions y en competiciones internacionales. Y nuestra selección dejó de mandar en el mundo. Todo esto hizo que el presupuesto global, que dependía de los ingresos de televisión fuera bajando paulatinamente, de 3000 a 2500, a 2000 y… mucho más.

En menos de diez años, la totalidad de los equipos de primera división tenían presupuestos equivalentes al tercio más bajo de antes de los cambios.

A nadie le interesaba ya la liga española y prácticamente nadie iba a los campos de futbol. Todas las estrellas de nuestra liga desaparecieron en menos de un año, tan pronto se impusieron las tablas salariales. Y traer gente buena era difícil por cuatro motivos: no se era competitivo a nivel salarial, el sistema de contratación era muy endogámico (se primaba siempre la gente de la cantera propia), traer extranjeros era una locura burocrática y, lo más importante, a nadie le interesaba la liga española, sin ninguna proyección internacional.

Nuevos contratos 

Además de todos los problemas arriba descritos, la pérdida de presupuesto no era el peor problema. Lo peor empezó a ser que para gastar el dinero en cualquier cosa (jardinería, balones, equipamiento, publicidad, …) había que regirse por la “Ley de contratos del Estado” que imposibilitaba gastar más de una cantidad determinada en un proveedor y hacía que no se pudiera comprar en el mejor sitio una vez se alcanzaba el umbral mínimo.

El gasto se compartimentó en capítulos rígidos, donde era difícil mover el presupuesto de uno a otro.

Te podía quedar dinero para balones, pero tu necesitabas cortar el césped… Los presupuestos eran bajos y, para colmo, a veces quedaban sin ejecutar por la dificultad en gestionarlos. Y para colmo de los colmos, el gobierno empezó a desconfiar del mundo del fútbol y contrató auditoras externas para evaluar y controlar, años después, la ejecución de los presupuestos. Esas consultoras cuestionaban, hasta la pertinencia de la compra de un silbato, y euro a euro arañaron todo lo que pudieron. Una pesadilla.

El final de una pesadilla

Y empezaron a surgir voces que cuestionaban de forma muy crítica el sistema.

“Hay que cambiar la gobernanza, ¡esto es una locura!”. El sistema de fichajes es endogámico y no permite mejorar” (ante esto algunos empezaron hablar de la endogamia buena y la mala, como el colesterol). “¡La tasa de reposición, el techo de gasto, las tablas salariales nos matan, habría que acabar con todo esto!”. “Si a nivel internacional se nos mide de una manera, ¿por qué no tenemos las mismas reglas?”. Cuando estas críticas llegaban a los coros afines al gobierno que instauró estas normas, se acallaba a los disidentes con el mantra de “querer privatizar el sistema, ¡esto es un ataque a lo público!”.

Esta pesadilla arriba descrita nunca ocurrió, y es posible que nunca ocurra.

Entre otras cosas porque nadie lo entendería. Pues bien, tal y como se describe esta pesadilla, es como se rige y cómo funciona el sistema de I+D español y el sistema universitario (gobernanza basada en una democracia desigual, endogamia, tasas de reposición, techos de gasto, leyes restrictivas a la contratación de talento, café para todos, financiación insuficiente,…).

¿Se entiende ahora cual es el problema? ¿Por qué lo que nos repugna para nuestra liga de fútbol, nos parece normal para la ciencia y las universidades? ¿Por qué se entiende el concepto de talento en el fútbol y se cambian hasta las leyes para atraerlo y retenerlo, y en ciencia/universidades no solo no se entiende, sino que se hace poco o nada para cambiar las cosas?

Son preguntas que quedan en el aire. ¿Alguien con responsabilidad política se atreve a contestarlas?

 
Comentarios
  1. LUQUE MARTINEZ, TEODORO dice: 14/12/2020 a las 10:37

    Interesante reflexión que pone de relieve cuestiones clave del sistema universitario. El tema es complejo.
    Frente al ejemplo del futbol en España también podría ponerse el ejemplo de la NBA en EEUU, según el cual se pone una multa al equipo cuyos sueldos combinados exceden de una cantidad (puede ser hasta del 50% del exceso). La razón principal es el controlar los costes y que no se concentre todo el presupuesto en un jugador.
    La no existencia de límites conduce a esta situación de que solamente un par de equipos tenga opciones como viene pasando en el futbol español, lo que no parece una situación ideal, menos aún para el ámbito universitario.

  2. JM dice: 14/12/2020 a las 10:50

    Todo lo que dice el post es cierto, al mismo tiempo, el precio (o coste del «tiquet » de matrícula) de un estudiante en la liga USA es infinitamente superior al que paga el estudiante de la liga española. El libre mercado tiene ventajas importantísimas, pero los costes se disparan para la audiencia.

  3. TASM dice: 14/12/2020 a las 16:35

    La solución es el minarquismo y el libre mercado. Hay que declarar la guerra a los políticos que son los que crean los problemas, reduciendo el tamaño del estado y el poder de los políticos al mínimo. Para luego reducir las regulaciones al mínimo y al final eliminar los impuestos que son un robo. Nunca verás a los verdaderos gurús de la economía en televisión como son Javier Milei, Huerta del soto y Anchon bastos. Saludos y viva la libertad carajo!!!

  4. Luis Martinez Perdomo dice: 14/12/2020 a las 18:58

    Buen ejemplo de comparar la Liga de Futbol española con la burocracia universitaria. Otro buen ejemplo a considerar, sería el de analizar como se manejan los fichajes de jugadores en la Liga de Futbol Americana (NFL), que los conocedores consideran como muy competitiva y además, que utiliza de manera eficiente la tecnología digital.

  5. Faraón Llorens dice: 15/12/2020 a las 13:48

    Tengo en el tintero desde años un post para este mismo blog que titulé “¿Realmente queremos que las universidades copien el éxito del fútbol español?”. Estando de acuerdo con estas reflexiones aplicadas al mundo de la ciencia y la I+D, tengo serías objeciones para el ámbito de la Educación Superior. ¿Quién se está enriqueciendo en el mundo del futbol? ¿la liga de futbol, presidentes de clubes, jugadores estrella, marcas deportivas? ¿Y quién esta pagando la fiesta? En última instancia todos y cada uno de nosotros al comprar a nuestros hijos la camiseta del equipo de sus amores a precios desorbitados, al comprar ropa deportiva de estas marcas con un sobrecoste publicitario, al comprar productos que se anuncian en las televisiones que pagan cantidades de locura para su retrasmisión … Mientras los campos de futbol de los equipos locales están vacíos.
    Si las universidades copiaran el modelo de negocio del fútbol español, y tuviéramos universidades en la champions ¿qué precio tendrían las matriculas para estudiar en ellas? Y por tanto, ¿quienes podrían estudiar en ellas? Pero lo más importante, ¿cómo se financiarían las universidades que no se clasificaran para la champions? Es más, ¿existirían universidades que no estuvieran en primera división?, ¿la formación universitaria quedaría reservada para quien pudiera pagársela?
    Por lo menos en formación, una de las fortalezas del Sistema Universitario Español es la calidad del sistema en su conjunto (hay pocas en posiciones relevantes en los ránquines, pero casi todas están en posiciones aceptables), lo que garantiza que cualquier joven con capacidades pueda acceder a una formación universitaria de calidad. Evidentemente hay muchas cosas que mejorar, pero a quien no copiaría sería precisamente al mundo del fútbol.
    Aunque como reflexión y metáfora para ver lo mal que está la investigación en España es muy buena. ¡Enhorabuena por el artículo!

  6. PM dice: 16/12/2020 a las 16:41

    @JM: confunde usted coste con precio. Me explico: el coste por alumno del sistema público universitario es probablemente bastante más alto que el del sistema privado. El precio para el alumno, sin embargo, es bastante más bajo (porque «lo pagamos entre todos»). Por ello, es importante no confundir tampoco acceso público con gestión pública. Vuelvo a explicarme: el acceso universal a la educación debe estar garantizado por el sistema público, pero esto debe desligarse de la gestión. Esto es, una gestión privada es más eficiente y se promueve la competitividad. Esto lo hace así el modelo de educación nórdico (no así el de USA), del cual tenemos bastante que aprender. Muy bueno el artículo, y extensible además a la mayor parte del sistema público. A ver si el símil del futbol facilita que la gente empiece a comprender.

  7. Jose Manuel Torralba dice: 20/12/2020 a las 11:41

    Muchas gracias por vuestros comentarios. ¡A ver si esta distopía exagerada hace reflexionar a algunos!


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