La universidad y su profesorado: la pandemia y más allá

La pandemia, al romper con la inercia de las prácticas habituales, nos ha permitido ver con más claridad algunos de los problemas estructurales de la universidad española y cómo afectan estos a la calidad y la docencia. La costumbre y la adaptación nos había llevado a dar por buenas, o al menos por aceptables, situaciones que no lo son. El cambio radical que ha exigido la no presencialidad de muchas tareas ha hecho más visibles las debilidades de la institución. Quisiera revisar aquí algunas de estas debilidades, haciendo una especial referencia a su efecto sobre el profesorado, desde el punto de vista de un docente e investigador de la Universidad de Barcelona.

Habíamos dado por buenas situaciones de la universidad española que no los son en absoluto.

Una plantilla segmentada con problemas segmentados

El establecimiento de sistemas de docencia no presencial o, ya en el curso 2020-21, semipresencial, ha hecho recaer sobre una plantilla precarizada, envejecida y dotada inicialmente solo de los recursos informáticos personales, una tarea para la que no estaba preparada. La mayor parte del profesorado ha intentado dar una respuesta adecuada a las necesidades de docencia en un contexto tan desfavorable, pero es cierto que la estructura de las plantillas está dificultando mucho una respuesta ágil. La docencia online exige de una preparación más compleja que la exigida por la docencia presencial.

La plantilla de profesorado está claramente segmentada en tres grupos, identificables en buena medida por la edad, pero definidos por el sistema de acceso y por los hábitos investigadores. Cada uno de los tres grupos presenta problemas específicos. Los menciono, a continuación, por separado:

El profesorado que accedió recientemente

El profesorado que accedió a la universidad ya entrado este siglo y que ha conseguido dar continuidad a una (frecuentemente lenta y difícil) carrera académica, se ha visto sometido a presiones muy importantes hacia la publicación en revistas de impacto. Por consiguiente, sus prioridades están muy marcadas y la docencia (y, también, la gestión) quedan frecuentemente relegadas. El sistema de acceso regulado mediante acreditaciones y, en su momento, habilitaciones, ha reducido la endogamia en el segmento de profesorado más joven. Sin embargo, este es otro de los problemas que todavía alejan a nuestra Universidad de los sistemas de mayor excelencia.

El profesorado que accedió por el sistema funcionarial

El profesorado que accedió en su momento con un sistema únicamente funcionarial forma un grupo que ha tenido muy pocas incorporaciones posteriores al inicio de la Gran Recesión. Está, por tanto, envejeciendo y reduciéndose paulatinamente. Es preciso tener en cuenta que este grupo es el que ha proporcionado hasta el momento estructura y continuidad a la institución. Su desaparición progresiva deja un panorama en buena medida precarizado y extremadamente focalizado en la investigación que, en mi opinión, no se ajusta a las necesidades sociales en el ámbito de la educación superior.

El profesorado asociado

Finalmente, existe un numerosísimo grupo de asociados. Muchos de ellos son falsos asociados, es decir, no tienen una actividad profesional real fuera de la universidad. El grupo de falsos asociados constituye el precariado más extremo de la universidad española. Al no poderse incorporar al primer grupo, ni mucho menos al segundo, los falsos asociados no tienen expectativas laborales ni académicas razonables y permanecen en las plantillas haciéndose cargo, en muchas facultades, de la mayor parte de la docencia. Las retribuciones de este profesorado son muy escasas: para los casos con máxima dedicación docente el sueldo bruto mensual es de 593 euros. La solución para este colectivo no es sencilla: el currículum de muchos de ellos no haría aconsejable una estabilización; sin embargo, cuando se plantea la desaparición de la figura no se tiene en cuenta la enorme carga docente que “resuelven”, a bajo coste, a las universidades españolas.

Burocratización y subfinanciación

Otro lastre continuo de nuestra universidad es la burocratización. También aquí la pandemia ha exacerbado los problemas que sufrimos los investigadores y docentes en la Universidad. La institución y las administraciones de las que depende establecen una serie de procedimientos y regulaciones cuyo resultado final es que las actividades, especialmente las de investigación, se entorpecen y en ocasiones se paralizan.

Los investigadores que gestionamos proyectos de investigación tenemos que hacer un esfuerzo continuo para conseguir que se autoricen y ejecuten los actos administrativos y presupuestarios más triviales. Durante la pandemia, las plantillas de personal de administración y servicios, claramente infradotadas con relación a los estándares de países europeos, han trabajado telemáticamente, también con sus medios personales.

Si en condiciones normales las trabas burocráticas son desesperantes, en condiciones de no presencialidad o semipresencialidad llegan a ser paralizantes.

Las situaciones que hasta el momento he mencionado están enmarcadas en el contexto más amplio de la subfinanciación. Los recursos públicos invertidos en la universidad española están por debajo de los invertidos en los países europeos con sistemas universitarios comparables. Los recortes sufridos a partir de 2010 han impedido llevar a cabo programas de modernización significativos.

Resulta muy remarcable que en estas condiciones financieras y organizativas la producción científica de la universidad española se haya mantenido en niveles relativamente altos. La productividad comparada, en términos de publicaciones, por ejemplo, es elevada. Ello viene explicado, en buena medida, por la focalización de los incentivos, ya desde la década de 1990, en las publicaciones de impacto.

Falta de movilidad en las carreras del profesorado

La endogamia a la que he hecho referencia se complementa con la casi completa desaparición de los mecanismos de movilidad horizontal. Las carreras, para aquellos profesores que alcanzan la estabilidad, se desarrollan en la mayoría de los casos en una única institución. La normativa estatal ha cancelado la posibilidad de movilidad entre diferentes universidades. Las normativas de las comunidades autónomas han consolidado ese inmovilismo.

Es particularmente notable el caso de Cataluña, donde diferentes mecanismos establecidos por el gobierno autonómico, como las acreditaciones y a los requisitos lingüísticos requeridos, han frenado la entrada de profesorado de otras comunidades y han tendido a constituir un cuerpo de profesorado propio, contratado en régimen laboral. No existe actualmente un “mercado único” de profesorado universitario en España, lo que incrementa el riesgo de provincianismo y de aceptación de niveles de calidad bajos.

Instituciones que toman partido político

Siguiendo con el caso de Cataluña, el personal de las universidades asistimos de forma continua a la vulneración de la debida neutralidad de nuestras instituciones.

Las universidades están siendo utilizadas de forma partidista a favor del separatismo.

Los ejemplos son muy abundantes, pero me referiré aquí únicamente al acto que ha merecido recientemente una sentencia condenatoria, por vulneración de derechos fundamentales, contra la Universidad de Barcelona. El Claustro de esta universidad había aprobado un “Manifiesto conjunto de las universidades catalanas de rechazo de las condenas de los presos políticos catalanes y de la judicialización de la política”.

La sentencia del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 3 de Barcelona establece que la universidad vulneró los derechos fundamentales a la libertad ideológica y a la libertad de expresión de sus profesores y alumnos, y el derecho a la educación de estos últimos. Se trata solo del ejemplo más reciente y llamativo de este tipo de vulneraciones, que son frecuentes e interfieren continuamente con el trabajo y el estudio en las universidades catalanas.

Finalizando: problemas previos y respuestas mal dirigidas

La breve revisión que he presentado aquí resulta, efectivamente, muy crítica. La continuidad de la docencia y la investigación de calidad estaba, ya antes de la pandemia, muy amenazada por diversos factores que he mencionado. Era ineludible que la pandemia introdujera más tensiones. Las respuestas institucionales ante la pandemia, sin embargo, no han contribuido a mejorar la situación.

La comprensión de la magnitud y la dirección del problema ha sido tardía e insuficiente: inicialmente las respuestas se plantearon como si la crisis fuera a durar solo pocas semanas y no se establecieron las condiciones para una enseñanza no presencial efectiva.

Lo que no se hizo en el final del curso 19-20, entre marzo y junio, podría haberse preparado para el siguiente curso.

Sin embargo, la confianza excesivamente optimista en una desaparición del problema durante el verano nos ha llevado a que tampoco la reacción para el curso 20-21 sea adecuada. Las universidades españolas han enfatizado su labor como instituciones que imparten docencia presencial y han relegado a la condición de un último recurso, subvalorado, a la docencia no presencial. Como enunciado de un principio general eso puede ser correcto; sin embargo, la realidad de una crisis sanitaria gravísima debería haber alertado sobre la necesidad de trabajar a fondo sistemas de docencia no presencial de calidad, de manera similar a como se ha hecho en diversas universidades de muy alta calidad en el ámbito anglosajón.

 
Comentarios
  1. Paco Quintana dice: 21/10/2020 a las 09:14

    Excelente y valiente reflexión….

  2. GERMAN ALONSO CAMPOS dice: 21/10/2020 a las 09:24

    Acertada opinión. Llega la hora de ser valientes en las soluciones, aunque el problema ahora lo tenemos dentro. Los claustros son inoperantes, si acaso se reúnen, y el sistema ‘participativo’ de los departamentos, de tipo asambleario, sólo sirve para sancionar las ‘ordenes’ que llegan de los Rectorados y Facultades, y los ‘grupos de poder’. La gestión de la docencia hace aguas, sólo salvada por la voluntad y esfuerzo de los docentes.

  3. Virginia dice: 21/10/2020 a las 09:57

    Muy buen análisis de la situación, totalmente de acuerdo. He visto una actitud muy negativa en general hacia la docencia virtual por parte de muchos docentes y yo creo sin embargo que se debería haber incidido en esta opción, mejorándola todo lo posible.

  4. Carmen González dice: 21/10/2020 a las 10:37

    Dixit

  5. Elisaberh Lorenzi dice: 23/10/2020 a las 08:08

    Me gustaría señalar un colectivo que no está mencionado aquí, que son los profesores tutores de la UNED, quienes cargan sobre sus espaldas la docencia presencial y online de la universidad y a quienes no se les dota de herramientas adecuadas para ello. Además viven una precarización extrema ya que no se reconoce laboralmente su actividad ni tampoco profesionalmente. Estoy hablando de un colectivo de unas 7000 personas.

  6. Carmelo dice: 25/10/2020 a las 14:55

    Que se tilde de valiente este diagnóstico que nos ofrece Jorge Calero, al que agradezco su aportación, me preocupa más que el estado mismo del y la docente en la universidad pública española -expresado por Jorge. La realidad social ha cambiado y lleva haciéndolo desde 1983, tanto es así que en la década de los noventa hubo cambio y reforma de la ley de universidades. Y desde entonces tenemos un marco legal que se soporta inexplicablemente y que da como resultado lo que muchos sabemos y que nos narra Jorge. Un sistema de gobernanza ineficiente, ineficaz y “politizado” que no propicia una universidad de calidad ni responsable con lo que dice defender, y un claustro vaciado de contenido, desvinculado y desvinculante de las decisiones del Consejo de Gobierno. Me ahorro hablar de los ministerios, digo, para no ennegrecer más el panorama. Sin embargo, está en manos del PDI sobre todo, salir de este callejón sin salida que muchos confunden con una zona de confort.

  7. […] que se presentan como un mal menor ante la falta de un sistema adecuado para la selección y promoción del profesorado que aboca a la precariedad aquí denunciada, pero que no por ello dejan de comprometer la […]


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