Las «Alianzas Universidad Europea» ante el reto de la internacionalización

¿En qué medida son mutuamente compatibles el desarrollo internacional de las Alianzas Universidad Europea y el de sus universidades socias?

Hace dos años, publicamos en este blog una entrada sobre el desarrollo, las expectativas y los retos de las Alianzas EUI (European University Initiative), el programa insignia de Erasmus+ desde 2019 (véase aquí y aquí). Mientras tanto, el número de Alianzas ha crecido a 65 y es probable que se mantenga aproximadamente en este nivel en el septenio 2028-2034, con la sustitución de algunas alianzas actuales por otras, más ambiciosas (como podría ser el caso de los 8 consorcios que de momento han logrado un “sello de excelencia”, pero sin financiación adicional).

«Las 73 alianzas de universidades europeas, de las que forman parte 650 instituciones de educación superior de toda Europa, representan una iniciativa emblemática de la estrategia europea para las universidades». Espacio Europeo de Educación. 

La mayoría de las Alianzas EUI se encuentran ahora en sus primeros años de madurez. Todavía no está claro cuántas de estas nuevas “universidades” gigantes y desagregadas están en condiciones de promover efectivamente la “excelencia”, la pertinencia y la competitividad de la educación superior y la investigación europeas en el ámbito global. Su continuidad y sostenibilidad dependen de su capacidad de cerrar la brecha entre los compromisos que tomaron ante la UE – cambios disruptivos y una profunda integración institucional y estratégica de sus universidades miembros – y lo que han sido capaces de lograr hasta ahora.

No cabe duda de que los dirigentes de las Alianzas EUI son conscientes de esta situación y de los obstáculos (“intra” y “entre” alianzas) que aún persisten. Sin embargo, ello no significa que sepan cómo remediar el retraso, cambiar el itinerario y superar las dificultades. Esta circunstancia también indica que sigue muy presente la urgente necesidad de aclarar más el curso y la financiación futuros de las “Universidades Europeas”, sobre todo en el actual período de turbulencias e incertidumbres políticas y financieras.

La política de internacionalización de las Alianzas Universidad Europea

En este post queremos abordar el papel crucial que desempeña la política de internacionalización en la configuración del futuro de aquellas «Universidades Europeas» que quieran prosperar en la carrera mundial por la «excelencia».

A pesar de que la mayoría de las alianzas todavía están ocupadas por el fomento de la cooperación entre sus instituciones miembros y no priorizan una internacionalización más amplia, deberían comenzar a prestar mucha más atención al perfil y a la estrategia que, como consorcio, proyectan en el contexto global de la educación superior.

Por lo que se refiere al perfil de las Alianzas Universidad Europea

El desafortunado nombre de «Universidades Europeas» puede ser una fuente de confusión o incluso de conflicto: las Alianzas EUI quedan muy lejos de ser entidades autónomas, distintas de sus instituciones constituyentes, las cuales están sujetas a limitaciones impuestas por sus normativas nacionales, por ejemplo, en cuanto a su derecho de otorgar titulaciones consorciales. Además, con apenas 500+ instituciones integradas en “universidades europeas», ¿Qué pasa con las demás IES? ¿Dejan de ser también “europeas”? ¿No serán consideradas injustamente como instituciones de segunda clase, tanto en Europa como en el mundo? ¿Qué implicaciones puede tener la existencia de esta línea divisoria en cuanto a la la reputación de la educación superior europea en el mundo?

Son muchos los interrogantes e incertidumbres que “acechan” a la construcción del perfil de estos nuevos gigantes universitarios, incluso en cuanto al ecosistema investigador en el que están inmersas en sus respectivos países y áreas de influencia.

En cuanto a los requisitos de las Alianzas Universidad Europea

Las Alianzas EUI deben cumplir con requisitos específicos, complicados o hasta incompatibles, relacionados con la configuración de su consorcio. Deben incluir entre 6 y 9 IES de diferentes países europeos, todas ellas dispuestas y capaces de unirse en torno a una visión común e integrada de su futuro, pero a menudo muy desiguales con respecto a sus recursos, su autonomía, su tamaño y su reputación no solo docente sino también investigadora. Es decir, bastantes Alianzas cuentan con uno o más miembros que experimentan dificultades para cumplir con los requisitos y retos comunes –bien sea por restricciones en su regulación nacional o su financiación, porque subestimaron el desafío o porque sufrieron un cambio en su estructura interna, su liderazgo o su entorno socio-político-.

Son pocas las Alianzas que cuentan con procedimientos claros para la adición, salida o sustitución de socios. Visto desde una perspectiva internacional, esto significa que, si bien se espera que las alianzas aumenten el atractivo de la educación superior europea, algunos de sus socios pueden proyectar una identidad poco clara y/o ralentizar el desarrollo.

Con estas limitaciones, parece ilusorio el objetivo de competir con las universidades de EE.UU., China y otros países emergentes que destacan en la élite de los rankings globales como demuestra la última edición del ARWU 2025.

En cuanto a su plan de desarrollo

La característica más novedosa de las Alianzas es que deben alcanzar un alto nivel de integración estratégica y estructural entre sus instituciones miembros. Ya no se trata de organizar actividades específicas de manera descentralizada entre personas, departamentos o facultades de IES de diferentes países: en las Alianzas, la cooperación se sitúa al nivel institucional central de cada socio, es decir que se rige desde los equipos rectorales y directivos, aunque deben impregnar toda la estructura organizativa e involucrar todas las categorías y niveles de personal.

Si bien una universidad puede pertenecer a una sola Alianza EUI, todas las entidades socias siguen teniendo en paralelo un gran número de acuerdos de cooperación e intercambio de ámbito temático u disciplinario, organizados con departamentos o facultades de otras IES tanto europeas como no europeas. No son excepciones los acuerdos de este tipo que, sin embargo, no caben en el nuevo marco inter-institucional de una Alianza, incluso si ya tienen mucho recorrido exitoso y un marcado carácter europeo.

La gestión de las incompatibilidades

Estas observaciones básicas plantean una preocupación que, hasta ahora, no ha recibido la atención necesaria: la gestión de los casos de incompatibilidad entre, por un lado, las redes de cooperación de los distintos socios y, por otro, el perfil internacional y los compromisos de la Alianza a la que pertenecen institucionalmente. A medida que las Alianzas EUI intenten trazar un mapa de los acuerdos de sus miembros con socios externos, pueden descubrir, sin duda, algunas nuevas sinergias. Pero, también pueden darse cuenta de que existen conflictos de intereses que pueden afectar al compromiso y a la lealtad de algunos de sus miembros y, por ende, a la estabilidad y sostenibilidad de la Alianza.

Es previsible que en los años que vienen estos riesgos se hagan cada vez más visibles y desafiantes, a medida que las Alianzas intenten estrechar su integración estratégica y estructural, y fomentar su capacidad de cooperar y competir como entidades con identidad y prioridades propias.

El futuro de las Alianzas EUI

En la actualidad, las Alianzas ya pueden contar –siempre que se justifique– con una o más IES no europeas, pero en calidad de “asociadas” sin financiación por parte de la UE. Hay señales de que, en el marco de la política externa de la EU, la iniciativa Global Europe  podría contemplar una financiación adicional específica para la plena inclusión de socios no europeos, con el fin de aumentar la visibilidad internacional, el atractivo y la competitividad de ciertas alianzas. Ello permitiría aprovechar la experiencia internacional ya acumulada por sus socios (en especial gracias a programas como Erasmus Mundus) y así alcanzar los objetivos primigenios de la iniciativa EUI.

Para iniciar su expansión transeuropea, las Alianzas tendrían que ser capaces de alinear su política de internacionalización y las de sus universidades miembros, además de convencer a las universidades no europeas más adecuadas para que se unieran a ellas.

En septiembre se ha publicado en este blog un post de Peter van der Hijden sugiriendo que para que las Alianzas EUI puedan lograr sus objetivos, sería preciso adoptar un “toque más ligero” (menos prescriptivo en cuanto a consorcios y gobernanza), reorientarlas hacia acuerdos más temáticos y financiar los resultados efectivamente logrados en el terreno, en vez de las estructuras de cooperación.

Nuestra propuesta de hoy, con este enfoque específico en la internacionalización de las Alianzas, apunta en la misma dirección. Con la perspectiva de que puedan efectivamente desempeñarse a nivel global, si las universidades europeas consideran el valor de una  internacionalización coordinada, deberían aprovechar el periodo 2025-2028 para prepararse adecuadamente.


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Comentarios
  1. Nadia Fernández de Pinedo dice: 29/10/2025 a las 02:56

    Frente a la visión algo escéptica planteada en esta entrada, desde mi experiencia en CIVIS considero que las Alianzas de Universidades Europeas deben entenderse como laboratorios estratégicos del futuro EEES, no como estructuras cerradas o plenamente consolidadas. Es lógico que exista cierto recelo: las mismas reticencias despertó en su día el programa Erasmus, hoy reconocido como una de las iniciativas más transformadoras de la educación superior europea.

    La estrategia de internacionalización de las alianzas no sustituye la de cada universidad, sino que la amplifica, generando sinergias en movilidad, titulaciones y partenariados dentro y fuera de Europa. Los cursos blended o completamente en línea favorecen, además, una auténtica internacionalización en casa, extendiendo las oportunidades de aprendizaje intercultural a quienes no pueden desplazarse físicamente. Sin duda, las alianzas están multiplicando las experiencias, exitosas, de una docencia verdaderamente compartida, en la que no solo se desplaza el estudiantado, sino también el profesorado y el personal administrativo, configurando un auténtico espacio universitario europeo.
    En ningún caso puede afirmarse que las alianzas sustituyan a las universidades nacionales; más bien, las proyectan de forma conjunta, complementándose entre sí. Su espacio de cooperación trasciende en muchos casos el ámbito europeo: la colaboración con universidades asociadas de África, América Latina y Asia demuestra cómo las alianzas pueden contribuir al desarrollo de una política exterior académica europea inclusiva, reforzando al mismo tiempo la cooperación en investigación. Muchas alianzas están además avanzando en la creación de instrumentos legales y financieros mediante la constitución de entidades jurídicas que refuerzan su sostenibilidad a largo plazo.

    El valor de las alianzas no reside tanto en el nivel de integración alcanzado hasta la fecha —limitado, si se considera que la iniciativa comenzó en 2019, en plena pandemia—, sino en su capacidad transformadora: en la generación de confianza mutua entre instituciones con culturas y marcos normativos distintos, y en la creación de mecanismos comunes sostenibles. Gracias a la presión ejercida a nivel nacional por las universidades integradas en alianzas europeas, se han producido modificaciones en los marcos regulatorios de toda Europa que favorecen una mayor integración del espacio universitario europeo. España es un ejemplo claro, con la aprobación del Real Decreto 822/2021, que introduce la posibilidad de grados de tres años en el marco de titulaciones conjuntas europeas, facilitando así la convergencia estructural en el EEES.

    El camino no es sencillo y queda mucho por recorrer, pero abre la posibilidad de desarrollar programas verdaderamente conjuntos y de impulsar una formación continua —como las microcredenciales— capaz de responder a las demandas del mercado laboral no sólo a nivel local o nacional. Mirando al futuro, el horizonte 2028–2034 será decisivo para consolidar las alianzas.

  2. Francisco José Mora Más dice: 29/10/2025 a las 12:18

    Gracias por vuestra reflexión sobre un proceso aún inmaduro, pero con un enorme potencial transformador. Comparto la preocupación por evitar que las alianzas se conviertan en estructuras administrativas con escasa capacidad para impulsar iniciativas verdaderamente disruptivas en nuestros sistemas universitarios.
    Considero que las alianzas son un marco privilegiado para experimentar y prototipar proyectos innovadores, cuyos resultados, tras una evaluación rigurosa, podrían extenderse progresivamente al conjunto de universidades europeas.

  3. Carmen Perez-Esparrells dice: 02/11/2025 a las 10:52

    Gracias a la profesora Pineda y al profesor Mora por sus acertados y valiosos comentarios. Estamos totalmente de acuerdo con la primera en que estas iniciativas están creando sinergias de movilidad, titulaciones y partenariados fuera y dentro de Europa y permiten que el espacio de colaboración trascienda a otras universidades asociadas de África, América Latina y Asia, pudiendo contribuir al desarrollo de una política exterior académica europea inclusiva que refuerce al mismo tiempo la cooperación en investigación. Asimismo, estamos en la línea de los dos comentarios cuando señalan que se trata de un “proceso aún inmaduro, pero con un enorme potencial transformador”. “El valor de las alianzas reside en su capacidad transformadora: en la generación de confianza mutua entre instituciones con culturas y marcos normativos distintos, y en la creación de mecanismos comunes sostenibles”.
    De ninguna manera queremos ser escépticos en nuestro planteamiento, muy al contrario. De hecho, mi colega Guy Haug, uno de los padres del programa ERASMUS, y yo creemos firmemente en esta apuesta europea. La intención última de nuestra entrada era poner una alerta. Como todavía no están bien consolidadas las Alianzas, avisar de una manera algo provocadora a “navegantes” para que no se produzcan “choques” de transatlánticos en el rumbo de la internacionalización. Coincidimos con los comentarios de que “el camino no es sencillo y queda mucho por recorrer” y somos igual de optimistas mirando al futuro, ¡el horizonte 2028–2034 será decisivo para consolidar las alianzas!


¿Y tú qué opinas?