¿Cómo quedan Alemania, Francia y España en el «ranking ARWU 2021»?

Excelencia universitaria cuando se cumplen 20 años de ARWU

En el 2022 cumplirá su vigésimo aniversario el  “Ranking de Shangai” (ARWU),  que clasifica a las universidades más reputadas del mundo en el campo de la investigación y publicación científicas. A lo largo de estas dos décadas, los rankings –y especialmente el ARWU- han impulsado una fuerte y siempre creciente competencia (algunas veces insana) entre las universidades que aspiran a ser reconocidas entre las mejores a nivel mundial en esta categoría.

En la Asia del Este, así como en todo el mundo occidental y en Europa en especial, surgieron iniciativas nacionales para crear, identificar y apoyar a sus “buques insignia” (las llamadas flagship universities) de excelencia universitaria, al tiempo que conservar a aquellas instituciones de Educación Superior (IES) que son -o tienen el potencial de hacerse- universidades de rango mundial.

En la Europa continental, contamos con una cultura específica de excelencia universitaria que ha sido “reavivada” por la irrupción de los rankings globales hace casi dos décadas, mediante iniciativas basadas en la financiación selectiva y en alianzas o fusiones, como se puede ver entre otras en el caso alemán (a través de las distintas etapas de la Exzellenzinitiave), el francés (a través de las Iniciativas de Excelencia IDEX e I-SITE) y más modestamente el español (a través de los Campus de Excelencia Internacional CEI y CEI regionales).

Unas y otras iniciativas han tenido diferentes misiones y han fructificado más o menos en los rankings universitarios globales, como comentamos Julio del Corral y esta coautora, en dos entradas  que publicamos en septiembre de 2020, con motivo de la edición del ARWU de ese año.

Alemania: una apuesta por la colaboración al más alto nivel científico

La iniciativa conjunta del gobierno federal y de los Länder por la excelencia de la investigación y la ciencia en la Educación Superior alemana fue desarrollada en varias etapas entre 2005 y 2019. Su objetivo ha sido reforzar la capacidad competitiva y la visibilidad de Alemania como polo científico de rango mundial, mediante una apuesta por la financiación selectiva de: (i) escuelas post graduales, (ii) polos (clúster) de excelencia científica y (iii) planes estratégicos institucionales.

Salvo en algunos casos como Berlín, no ha habido muchas fusiones institucionales: el foco principal se puso siempre en la financiación de equipos científicos especializados que pudieran demostrar su capacidad de innovar y competir en el ámbito internacional. No se ha premiado explícitamente la docencia y las Fachhochschulen (universidades de ciencias aplicadas) han quedado al margen de la Exzellenzinitiative.

Si bien la Iniciativa de Excelencia alemana ha contribuido a reforzar la capacidad competitiva de bastantes universidades alemanas, resulta difícil evaluar su impacto directo en el ARWU. De los 11 polos de excelencia alemanes (10 universidades y 1 consorcio universitario) financiados hasta el 2026, 4 buques insignia se sitúan entre las Top-100 de ARWU (Bonn, Heidelberg, Múnich y Técnica de Múnich). Entre los rangos 101 a 300, se encuentran 5 universidades más y, por su propia cuenta, una de las 4 del consorcio de Berlín (la Técnica). De las 27 universidades alemanas en las Top-500 de ARWU, casi todas han participado en alguna de las tres ramas de la Iniciativa. Al contrario del caso francés, este resultado no ha supuesto muchas aglutinaciones institucionales, sino principalmente más colaboración entre equipos científicos del más alto nivel.

Francia: una apuesta por las fusiones y reunificaciones institucionales

En el ARWU 2021, se confirma que la presencia de universidades francesas en la parte alta del ARWU (Top-100 y Top-200) ha mejorado mucho, sobre todo, gracias a las fusiones derivadas de las Iniciativas de Excelencia o apoyadas por ellas.

Área metropolitana de París

Si se analiza el panorama francés actual, los mejores rangos los ocupan nuevas universidades surgidas de las fusiones entre algunas de las anteriores 13 universidades del área metropolitano de París. Paris-Saclay University (fusión de Paris-11 con varias Grandes Écoles públicas de alto prestigio) ha logrado posicionarse entre las 20 mejores del mundo desde la edición ARWU-2020. Entre las primeras 100 aparecen otros tres “nuevos” buques insignia en el polo parisino, también frutos de algún proceso de fusión: Sorbonne University (fusión Paris-4 y Paris-6), PSL University (fusión que tiene como eje Paris-9-Dauphine) y University of Paris (fusión Paris-5 y Paris-7).

Polos regionales

Después aparecen varias de las grandes universidades regionales, reunificadas después de medio siglo de fragmentación: Aix-Marseille, Grenoble-Alpes, Strasbourg y Montpellier se posicionan en los rangos 101-200, y Bordeaux y Lorraine en los rangos 201-300. Otras tres instituciones “fusionadas” aparecen entre las primeras 500 (el Instituto Politécnico de París y las universidades Côte d’Azur y Lille).

En los potentes polos regionales de Toulouse y Lyon, donde el proceso de fusión va con retraso, cuatro instituciones han logrado entrar en al ARWU por cuenta propia, en los rangos 201-400. Es previsible que cuando se culmine el proceso de fusión y se creen nuevas universidades fusionadas, Toulouse y Lyon también entrarán en ARWU en un rango muy bueno.

Diferencias en «excelencia»

El apoyo a la “cultura de la excelencia universitaria” en la Europa continental ha sido diferente en Alemania y Francia: de la colaboración científica al más alto nivel en las universidades alemanas a las fusiones y reunificaciones institucionales en Francia.

Queda por ver cómo se van a desenvolver las nuevas universidades “fusionadas” en Francia. ¿Se van efectivamente a integrar las unidades académicas, docentes y administrativas de las entidades anteriores, con mayor eficacia y ahorros de escala? ¿Se ajustará el modo de asignación de recursos y de personal a las nuevas realidades de la investigación, la docencia y la gestión? El precio de la subida en el ARWU ¿no tendrá como consecuencia una mayor dificultad para gestionar entidades tan “grandes” (a menudo más de 50.000 estudiantes) frente a competidores extranjeros menos pesados y más ágiles?

Recordemos la receta de Ellen Hazelkorn, allá por 2015, en una conferencia impartida en la Fundación Ramón Areces en colaboración con la Fundación Europea Sociedad y Educación, donde afirmaba que uno de los ingredientes era no sobrepasar los 25.000 estudiantes, referencia que recogí en el post mencionado arriba, titulado  Una ensoñación al hilo del ranking de Shanghái

 

España: ¿una oportunidad perdida para la creación de «buques insignia»?

Repasando el post mencionado de Julio del Corral, observamos que la posición de España en las dos últimas ediciones del ARWU no ha cambiado: una cuarentena de universidades en el Top 1000+ y una docena de universidades de rango mundial (Top-500). Por tanto, no nos hemos movido, desperdiciando, quizás, una oportunidad que brindaba la Estrategia Universidad 2015 y las iniciativas de Campus de Excelencia Internacional (CEI).

En España mantenemos la apuesta de contar con relativamente muchas universidades de rango mundial en el Top-500 del ARWU, pero sin acercarnos a tener «buques insignia» (Top-100) como Alemania y Francia (4 en cada país).

En el panorama español, tanto los CEI a nivel nacional como los que obtuvieron la categoría de CEI regionales, fueron oportunidades perdidas de reunificación (fusión, alianza), que hubieran dado sus frutos en el ARWU, tal vez como en Francia, aunque más modestos. Por ejemplo, pensemos en uniones como las que se sugerían en el post por esta coautora, que giraban en torno a los politécnicos.

Estamos de acuerdo en que, todavía con más razón por la evolución reciente de las universidades asiáticas en el ARWU, todas las nuevas “marcas” pasarían forzosamente por reunir también a las tres grandes politécnicas españolas (UPM, UPC y UPV). La simbiosis con el ecosistema científico e investigador de las tres ciudades de Madrid, Barcelona y Valencia, y sus potentes centros de investigación podrían llegar a configurar los tres soñados «buques insignia» del sistema universitario español. Igualmente, a imagen y semejanza de las “reunificaciones” francesas,  los CEI regionales son oportunidades pérdidas para consolidar universidades de rango mundial en un territorio concreto.

Cómo competir en el «mercado global»

En definitiva, para conseguir «buques insignia» en España y, por ende, más universidades de rango mundial que sean capaces de competir en Europa y en el “mercado global”, debemos reflexionar sobre cómo eliminar barreras ante la resistencia al cambio, flexibilizar las estructuras tan rígidas (para crear grandes consorcios de universidades) e introducir algunos cambios en la normativa. Pero todo esto no será suficiente: debemos ser capaces de establecer en España sistemas de incentivos (como en su tiempo fueron los CEI inspirados en los casos alemán y francés) que fomenten las Iniciativas de Excelencia en el ecosistema universitario para que algunas de las universidades de rango mundial que tenemos en España (posicionadas en el Top-500) se transformen en «buques insignia» (flagship universities), al igual que en Alemania y Francia.

Para contar con «buques insignia» y universidades de rango mundial en España, ¡Solo hace falta audacia, coraje y ambición! (Be bold! como dicen los anglosajones).

Como «brillar» en la Educación Superior mundial

Nuestro análisis se ha realizado, como bien se indica en el título, desde la perspectiva de conseguir el gran objetivo de que España “brille” en la Educación Superior mundial, teniendo en cuenta las “reglas del juego” impuestas por los rankings globales más prestigiosos, que solo miran un aspecto de la producción universitaria. Efectivamente, concentrando los recursos (financieros y humanos) es más fácil competir en la “élite”, sobre todo, en investigación y atracción de talento (incluidos profesores y estudiantes extranjeros).

No obstante, los autores estamos de acuerdo en que se deben seguir evaluando otros aspectos de las universidades como son, la docencia, la política y el desarrollo regional y la equidad, el acceso a una Educación Superior de calidad de proximidad, la transferencia al entorno social y económico local, que también son muy importantes, no solo en el Espacio Europeo de Educación Superior, sino en todo el espacio internacional de la educación terciaria.

En esta misma línea, la ya citada profesora Hazelkorn (Technological University Dublin) junto con la también profesora Georgiana Mihut (Department of Education Studies, University of Warwick), con motivo del 20º aniversario del Ranking de Shanghái, han coordinado y editado con Edward Elgar el Research Handbook on University Rankings que se publicará en diciembre de este año. En esta obra, 75 autores analizan, entre otros temas, los marcos conceptuales y teóricos de los rankings mundiales, las tensiones metodológicas que surgen, la equidad, la docencia y la elección de los estudiantes, la (geo) política y las políticas de Educación Superior, así como sus respuestas.

Será interesante reflexionar, cuando se publique el informe y de la mano de algunos de sus autores (Salmi, Zacharewicz, Jonkers y la propia Ellen Hazelkorn), si son compatibles los rankings globales con las políticas de Educación Superior.

 

 
Comentarios
  1. Francisco J. dice: 04/11/2021 a las 10:53

    Hay que tener mucho cuidado con confundir objetivos con consecuencias. La opción francesa de fusionar universidades tenía como principal objetivo lucir algunos centros en rankings puntuales, no en mejorar la calidad investigadora o docente (como me han confirmado diversos colegas implicados en los procesos). También hay que tener en cuenta que los rankings son indicios de tendencias más amplias (hay un motivo por el que ninguna universidad española aparece entre las 10 primeras en ninguno de estos índices), pero como investigador en el ámbito de las Humanidades, permítaseme que me ría y me irrite si se alegan índices prácticamente centrados sólo en ciertos campos de ciencias naturales o ingenierías, con poco o nulo peso de las ciencias humanas o ciencias sociales (y, en algunos rankings, con metodologías realmente mostrencas), para justificar políticas universitarias nacionales.

    Por otro lado, la opción centralista de fusionar centros en las tres principales ciudades del país (Madrid, Barcelona y Valencia) choca con la realidad del sistema universitario español, mucho más parecido al alemán, británico, italiano o estadounidense en cuanto a su descentralización. Hay campos del saber donde universidades como las de Granada, Salamanca, Sevilla o Zaragoza superan en calidad e impacto lo que se hace en cualquier universidad de Madrid, Barcelona o Valencia. Ya puestos a fusionar, fusionemos todas las universidades públicas españolas en una gran Universidad de España (con sus divisiones correspondientes: Universidad de España-Campus Complutense, Universidad de España-Campus A Coruna, etc.).

    No, los problemas de la universidad española no son de tamaño de las instituciones por número de alumnos. Primero lo que hay que hacer es incrementar sensiblemente la financiación para que haya una mayor masa crítica de profesores-investigadores y que todos tengan acceso a una financiación basal para desarrollar y difundir su investigación. A ello tiene que ir unido un sistema real de supervisión y rendición de cuentas en forma de resultados (nada de colegas que se tiran ocho años sin publicar una línea sin que ello tenga ningún tipo de repercusión) y objetivos a corto, medio y largo plazo. En tercer lugar tiene que haber una política más ambiciosa de captación de estudiantes y profesorado internacional, rompiendo dinámicas localistas que todavía lastran muchos departamentos. «If you build it, they will come». O, en otras palabras, si se ponen en marcha las dinámicas que realmente permitirán un paso adelante en la calidad e impacto del sistema universitario español, las mejoras en diversos rankings o índices internacionales vendrán de manera natural como consecuencia (y no como objetivo principal).

  2. Rosario Romera dice: 04/11/2021 a las 13:36

    Muy oportuna la entrada del blog, y muy acertados los comentarios de Francisco J.
    En Scientometrics volume 121, pages771–792 (2019), refiriéndose al ranking QS 2018 las autoras afirman…
    …We provide evidence that the top 100 universities double the funds of the universities located in positions 101–200 and triple those of the universities in positions 201–300 of the ranking.
    Será interesante leer en el Research Handbook on University Rankings mencionado por los autores de blog, entre otros aspectos, la relación entre financiación y posición en los WUR.

  3. Fernando casani dice: 04/11/2021 a las 19:32

    Me parece que esta entrada realiza una buena aportación al tema de los rankings internacionales y sus consecuencias. Efectivamente, si se quiere que una universidad destaque en el ranking es necesario concentrar muchos recursos en esa institución, lo que obviamente va en detrimento de las demás. La otra opción es fusionar distintas universidades en una sola institución para que tenga la masa crítica suficiente para destacar en el ámbito internacional.
    Otra cuestión sería plantearse cuál es el objetivo primordial de sobresalir en el ranking. En el artículo se plantea la importancia de que una universidad o las universidades de un determinado país sean reconocidas entre las mejores en la competencia internacional para poder “brillar” en la Educación Superior mundial teniendo en cuenta las “reglas de juego” impuestas por los rankings globales prestigiosos. En realidad, también podríamos decir que sería para triunfar en el mercado global de la educación superior. Si estos fueran los objetivos principales del sistema universitario español, tendrían sentido los ejemplos reseñados de fusión de universidades politécnicas o de las principales regiones. Sin embargo, según destacan también los autores, hay otras funciones fundamentales del sistema universitario que hacen referencia a aspectos no evaluados por los rankings, “la docencia, la política y el desarrollo regional y la equidad, el acceso a una Educación Superior de calidad de proximidad, la transferencia al entorno social y económico local” que deben ser considerados a la hora de desarrollar las estrategias universitarias y que, a mi parecer, en el caso español desaconsejan la creación de “marcas internacionales” a través de procesos de fusión de universidades.
    Desde esta perspectiva, en mi opinión el programa de Campus de Excelencia Internacional (CEI) en España fue una iniciativa muy valiosa que, sin embargo, al no tener continuidad, comparto con los autores su argumento de que ha sido una oportunidad perdida, aunque no porque no se hayan realizado fusiones, sino porque no se ha continuado con la financiación de las agregaciones propuestas por los distintos proyectos.

  4. Carmen Perez-Esparrells dice: 05/11/2021 a las 10:14

    Los autores, que a su vez son miembros del grupo de expertos de Studia XXI, agradecen todos los comentarios que ponen en valor la discusión pública sobre la Universidad española que se abre a través de este Blog. Sin duda, existen múltiples escenarios ante el objetivo primordial de sobresalir en el ARWU (politécnicas+generalistas; generalistas+centros de investigación mixtos; politécnicas+centros de investigación mixtos; generalistas de un mismo territorio, etc.) y todos son posibles. Habrá que esperar hasta diciembre para leer el próximo ELGAR HANDBOOKS IN EDUCATION sobre University Rankings en el que participo como coautora para resolver esta y otras muchas incógnitas.


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