Una ensoñación al hilo del ranking de Shanghái

El Academic Ranking of World Universities (ARWU)

Son muchos los puntos de vista desde los que se ha analizado y se puede analizar el ranking de Shanghái, conocido como el Academic Ranking of World Universities (ARWU, por sus siglas en inglés). Hoy, me gustaría centrarme en el ámbito geopolítico, continuando con la comparación entre Estados Unidos y España de la entrada de mi colega Julio del Corral.

Los grandes países, en su carrera por tener muchas universidades de élite en los rankings mundiales -y, en concreto, Estados Unidos para mantener su hegemonía y poder económico y científico-, apoyan con decisión y enormes cantidades de recursos públicos y privados a sus mejores universidades.

Sus buques insignia, como veremos luego, compiten por atraer talento y recursos y, lo que es más difícil en tiempos de crisis económica, sanitaria y social, por ser capaces de retenerlos.

Esta estrategia no solo requiere de la disponibilidad de cantidades significativas de recursos de las universidades para I+D. Supone la creencia de que este esfuerzo, lejos de ser una apuesta arriesgada, se traducirá en un incremento de la productividad y de la excelencia de sus resultados a medio y largo plazo.

El ejemplo de las universidades de los países asiáticos que han logrado meter cabeza en el Top-100 del ARWU en los últimos diez años es concluyente.

Justifico por tres motivos mi «predilección» por el ranking de Shanghái, en mi opinión, el más serio:

  1. Primero, porque estoy convencida de que es el que marca tendencia y lo hace siempre en agosto, adelantándose a la publicación, en otoño, de los rankings londinenses.
  2. Segundo, porque es relativamente estable en el tiempo para las universidades que ocupan el Top-20 e incluso el Top-100 (como intentaré demostrar en esta entrada).
  3. Tercero, porque es el único de los tres de mayor impacto (i.e., QS, THE, ARWU) objetivo y reproducible, ya que no incluye las tan manidas valoraciones reputacionales, a través de encuestas a académicos y empleadores.

Esta pasión hace que lo siga con avidez desde su inicio en 2003, lo que me ha brindado la oportunidad de recibir dos invitaciones a nivel internacional: una de ellas se materializó en una reseña en 2017 en la revista Studies in Higher Education sobre el libro The New Flagship University: Changing the Paradigm from Global Rankings to National Relevancy» publicado en 2016. La segunda se traducirá en una contribución al próximo Handbook of University Rankings que está coordinando Ellen Hazelkorn.

La naturaleza y el recorrido del ARWU: 2003-2020

Desde sus inicios el ARWU ha sido muy selectivo clasificando a las 500 primeras universidades del mundo. Sin embargo, desde hace tres ediciones, aceptó el modelo de negocio de sus competidores británicos, el ranking QS y el THE, e incluyó a las 1.000 mejores universidades del mundo.

Con esta decisión, si bien se lanzó a expandir el mercado global de la educación superior, yo sigo pensando que las Universidades de Rango Mundial (World-Class Universities) son aquellas que se encuentran en el Top-500 del ARWU.

Como bien analiza Julio del Corral, España cuenta con una cuarentena en el Top-1.000 y, lo que es más relevante, con más de una docena de universidades en el Top-500 que se ajustan a los estándares de esta clasificación.

No obstante, dentro del grupo selecto que son las instituciones de élite que ocupan el Top-100 y del subgrupo Top-20 que son la élite de la élite, no contamos, ni contaremos con ninguna institución universitaria española mientras la inversión en I+D de nuestro país sea la mitad de la media de la UE y de la OCDE y, en particular, sea la cuarta parte respecto al ámbito de la inversión empresarial en I+D. Los informes COTEC lo certifican cada año.

La I+D, clave del valor reputacional del ranking de Shanghái

No olvidemos que el ARWU es un ranking de I+D y, por ello, si no revisamos nuestro comportamiento presupuestario en Educación Superior, España no logrará colocar ninguna universidad entre las 100 mejores universidades del mundo.  A esta situación se suma la poca consideración de nuestras empresas hacia el hecho de que la I+D sea un vector determinante de su política competitiva.

En esta carrera por la reputación geopolítica los países que han logrado colocar en esta última edición cuatro o más universidades en este grupo de élite (Top-100) son, por este orden, Estados Unidos (41), Reino Unido (8), Australia (7), China (6), Francia (5), Suiza (5), Alemania (4), Canadá (4) y Países Bajos (4). La clave parece relativamente sencilla para los gobiernos de estos países, seguir apoyando la I+D y, de manera muy particular, a sus buques insignia. Durante las casi dos décadas que llevo estudiando este ranking de I+D, el Top-20 varía muy poco de año en año.

En 2003, la primera edición del ranking de Shanghái, las 20 mejores universidades eran estadounidenses. Sobresalían, además de Harvard, Standford, University of California, Berkeley y Cal Tech, las  inglesas Cambridge, Oxford, Imperial College of Science, Technology and Medicine, University College London.  Solo una universidad asiática, The University of Tokio se colocaba en la cima.

En las sucesivas ediciones este palmarés de universidades apenas ha variado, ni tampoco los países a los que pertenecen. Ellen Hazelkorn daba la “receta” para aspirar a poder colocarse entre las veinte primeras en una de sus intervenciones habladas organizada por la Fundación Ramón Areces y la Fundación Europea Sociedad y Educación, allá por 2015:

“Tener más de 200 años, contar con menos de 2.500 profesores e investigadores y menos de 25.000 estudiantes -con ratios de entrada muy selectivos en ambos colectivos-, ser anglosajona o tener de lengua vehicular el inglés y, a ser posible, contar  con Facultad de Medicina. Y, además, disponer de un presupuesto anual de, al menos, mil millones de euros y un endowment del orden de la mitad de esa cantidad”.

Una fusión de centros irrumpe con fuerza en el TOP-20

Sin embargo, en esta última edición se ha producido una irrupción novedosa digna de mencionar y que “rompe” todas las quinielas y predicciones.

La situación de las universidades de la cumbre, la mayoría privadas y anglosajonas se consolida, se mantiene una universidad asiática, la universidad de Tokio y otra europea, el Instituto de Tecnología de Zurich (ETZH). Este centro, desde hace más de un lustro, logra entrar en el codiciado Top-20, sin duda, por el ingente volumen de recursos que recibe de forma persistente tanto del gobierno Federal como de inversión privada y grandes mecenas y filántropos.

Como decía, la principal novedad en esta última edición es la extraordinaria incursión de Paris-Saclay, fundada en 2014 con un endowment de 950 millones de euros derivada de la más exitosa de las Iniciativas de Excelencia puestas en marcha en Francia.  Esta universidad resulta de la fusión de lo más selecto de la región Sur, desde Paris a Orsay (incluyendo Évry y Versailles):

  • diez facultades
  • cuatro Grandes Écoles
  • el Institut des Hautes Études Scientifiques
  • dos universidades asociadas: Paris-Sud y Versailles Saint Quentin en Yvelines
  • laboratorios compartidos con las principales organizaciones nacionales de investigación francesas, el CEA-Atomic Energy and Alternative Energies Commission, el CNRS- French National Centre for Scientific Research y el INRAE- French National Institute for Agricultural Sciences).

Contra todo pronóstico, esta nueva marca ha dado sus frutos en términos de posicionamiento inimaginable en el ARWU hace tan sólo década.

La carrera geopolítica de los grandes países por posicionarse en el ranking de Shanghái

Observando los últimos resultados de este ranking podemos decir que, en líneas generales, no está cambiando el orden mundial de los países teniendo en cuenta el Top-500. Pero, ¿podemos decir lo mismo de los movimientos provocados por los gobiernos de los países? Algo se mueve en estas apuestas por procesos de agrupación de sus mejores universidades, como en Francia y Alemania, o por programas que, como en China y Rusia, priorizan con fuertes inversiones a determinadas universidades.

De manera intencionada, voy a realizar el análisis geopolítico de los sistemas universitarios de los países centrándome, de nuevo, en el Top-500 del ARWU. Para ello, tomaré las series históricas de aquellos países que, al menos, han tenido alguna vez en dicha clasificación cuatro universidades o más, entre las 500 primeras de rango mundial.

En esta competición geopolítica, sigue ganando por «goleada» Estados Unidos, con 133 instituciones en su palmarés de la edición 2020, aunque contaba con 169 instituciones en 2004, fecha en que alcanzó su máximo histórico.

China lleva liderando, durante las últimas cinco ediciones, la segunda posición y está ganando año a año en masa crítica de universidades, logrando colocar 71 instituciones en 2020, cuando tan solo contaba con 8 universidades en 2004.

De esta carrera tan competitiva entre las 500 primeras universidades del mundo, se han caído muchas universidades europeas por falta de continuidad en la inversión: es el caso de Reino Unido con 36 instituciones. Australia suma 23 y Canadá con 19. Solo se mantiene Alemania con sus 30 universidades en las primeras posiciones de esta competición por países, al ser el país con mayor inversión privada en I+D de la Unión Europea. Muy por detrás, Francia e Italia cuentan con 17 universidades cada una y España y Países Bajos con 13 y 12 universidades, respectivamente.

¿Qué lugar puede ocupar España en esta carrera geopolítica?

Italia y España cuentan en esta carrera geopolítica con muchas universidades de rango mundial en el Top-500 del ARWU, 17 en el primer caso y 13 en el segundo, pero la reputación geopolítica viene determinada por las 100 primeras mejores universidades del ranking de Shanghái.

Siguiendo el ejemplo de Paris-Saclay, Italia y España pueden intentar “maquillar la situación” agrupando instituciones, pues, al fin y al cabo, ARWU es también un ranking de tamaño. Francia lo ha hecho porque desde siempre le importa ganar prestigio en el campo de la ciencia y de la tecnología.

Sobre el caso italiano, y salvando las distancias con el español, me atrevería a dar la misma receta: podría ser una opción para la región de Lombardía, fusionar las universidades emblemáticas de la ciudad de Milán (la Universidad de Milán y el Politécnico di Milano) y así conseguir el primer buque insignia italiano en el ARWU.

Igualmente, Madrid, Barcelona y Valencia podrían plantearse la fusión de algunas de sus universidades con determinados institutos y centros de investigación para crear los buques insignia de dichas áreas metropolitanas e intentar meter la cabeza, al menos en el Top-150.

Soy plenamente consciente de las enormes dificultades que tiene llevar a cabo cualquier reorganización de nuestro mapa universitario, sobre todo, sin incentivos económicos potentes.

La polémica está servida

Siguiendo el hilo de la ensoñación que da título a mi post, todas las nuevas “marcas” que sugiero pasarían forzosamente por reunir también a las universidades politécnicas, como en el caso de Paris-Saclay.

Observando las tendencias de los últimos años, las universidades tecnológicas están tomando más relieve en el ranking de Shanghái, especialmente las de los países asiáticos y de Medio Oriente.

Por sus características, la producción científica y los índices de citación no alcanzan los niveles de las mejores universidades generalistas del mundo. Ahí puede estar la razón para que se produzcan, de forma natural o intencionada, procesos de fusión en la actividad investigadora de estas universidades tecnológicas.

Las tres grandes universidades politécnicas españolas, ubicadas precisamente en Madrid, Barcelona y Valencia (UPM, UPC y UPV), deberían buscar una alianza segura con universidades generalistas de su entorno. Estas no deberían ser demasiado grandes en cuanto a masa crítica de profesorado y estudiantes para garantizar cierta flexibilidad y complementariedad.  ¿Serían posibles candidatas la Autónoma de Madrid, la Autónoma de Barcelona y la Universidad de Valencia? Y, al tiempo, se me vienen a la cabeza dos universidades que aporten especialización en determinados campos y mejores ratios de productividad (la UC3M y la UPF). ¿Y qué decir de lo que añadirían a este cluster los centros de investigación?

En tiempos de crisis, surgen innumerables dificultades, pero también brotan muchas oportunidades creativas: la movilidad en los recursos humanos de las organizaciones y los cambios y transformaciones organizativas, inimaginables en tiempos de bonanza, son hoy plenamente aprovechables.

Tomemos ventajas de la “resiliencia” de nuestras universidades y centros de investigación y por qué no, probemos nuevas fórmulas organizativas.

Una ensoñación, una encrucijada

Mi ensoñación, provocada por los buenos resultados de Paris-Saclay en el ARWU y compartida con los lectores del blog, es una pregunta abierta que debe llevar aparejados el compromiso de todo el sistema español de I+D+i y la asunción de un liderazgo claro:

¿Debemos seguimos apostando por un sistema universitario de gran calidad que agrupa a muchas universidades en el Top-500 y en el Top-1.000 del ranking de Shanghái, pero ninguna en el Top-100?

¿Queremos ir conformando verdaderos buques insignia capaces de atender a las nuevas demandas del mercado global de la educación superior de mayor dimensión, flexibilidad, dinamismo y competitividad?

No dejen de responder…

 
Comentarios
  1. Javier dice: 16/09/2020 a las 09:53

    Interesantes las opiniones que se presentan en este artículo, pero me temo que debo disentir. En primer lugar, pese a los notables problemas que presentan ránkings como QS y THE (¡Dios lo sabe!), el de Shangai es incluso peor. Basta con echar un vistazo a su metodología para darse cuenta de que deja fuera un campo entero del saber, las Humanidades, así como una parte importante de las Ciencias Sociales (además de otros ámbitos más liminares), y se limita a unos pocos indicadores que son, fundamentalmente, propios del campo STEM. Es decir, se trata un ránking que no sirve para valorar las universidades en su conjunto porque parte de unas limitaciones que lo invalidan para tal finalidad. El ránking de Shangái es, principalmente, un ránking que valora la asociación con premios Nobel y Medallas Field, publicar en «Nature» and «Science», y tener investigadores destacados en ámbitos STEM de producción inmediata con dinámicas de hipercitación. Esto sólo es una mínima parte de lo que es una universidad de gran calidad y un indicador pésimo para valorar la calidad general de una institución. Hay que ser más serios que tomar unos indicadores tan, tan, pero que tan parciales.

    Por otro lado, si para jugar con el sistema la solución es la fusión de centros, proponer fusiones parciales de carácter local no es más que un parche. Ya puestos, sería mejor que todas las universidades públicas españolas y centros de investigación se fusionaran en una única gran universidad, la Universidad Pública de España (UPE), con sedes a lo largo de toda la geografía española. Todas nuestras publicaciones aparecerían vinculadas a la UPE y ésta se convertiría, a golpe de número de publicaciones (una valoración muy del gusto español, todo sea dicho), en una institución mucho mejor ubicada en el ránking de Shangai. ¿Nos quedaríamos satisfechos al ver en una mejor posición la UPE? ¿Cambiaría algo la realidad investigadora en España si subiéramos de esa manera en este ránking? ¿O realmente son otro tipo de acciones las necesarias para realmente subir el nivel y el impacto de la investigación que llevamos a cabo desde centros españoles, lo que luego ya se reflejaría en uno u otro ránking? ¿Es más importante la mera apariencia o la sustancia?

  2. José Fernando Calderero Hernández dice: 16/09/2020 a las 10:21

    Entiendo el planteamiento «pugilístico» en el que se basa el artículo y entiendo que, siendo este el «humus» en el que se desenvuelven nuestras universidades, la autora se exprese como lo hace.
    Pero… por mi parte sueño con una universidad comprometida, a «fondo perdido», con el Bien y la Verdad, capaz de generar conocimiento válido para el gran objetivo de cuidar de la Humanidad y de la Naturaleza. Me gustaría que la universidad no estuviera al servicio geopolítico de países concretos, ni fuera un producto de ningún mercado; también que, lejos de toda competitividad, cooperase estrechamente con otras universidades de otros países.
    JF

  3. José Fernando Calderero Hernández dice: 16/09/2020 a las 10:28

    Creo que los indicadores de ¿calidad? al uso generan dinámicas perversas que incitan a profesores e investigadores a descuidar aquellas investigaciones que no den frutos publicables a corto plazo. Consecuencia de ello es el generalizado empobrecimiento intelectual que estamos padeciendo.
    Hay una imperiosa necesidad de profundidad y rigor intelectual en el ámbito escolar, académico, político, económico, social, personal. Circulan «por ahí» todo tipo de estupideces, absurdos, conceptos «huecos», axiomas sin fundamento, etc. muy aplaudidos, ¡Hay que parar esto! La única forma de hacerlo, es que cada uno de nosotros en nuestro entorno seamos dique y no nos pleguemos a la presión ambiental de tener que producir «fast food intelectual». «La verdad os hará libres” Juan 8:32. Para una auténtica ecología, tb humana, URGE focalizar la vida política, económica, social, mediática, familiar, personal y académica y escolar en el rigor y la profundidad intelectual librándonos de tanta contaminación mental como circula.

  4. Teodoro Luque Martínez dice: 16/09/2020 a las 11:22

    Ya se hizo algún ejercicio de simulación. La cuestión no es fácil, ni para el objetivo de ascender en clasificaciones
    Docampo, D., Herrera Triguero, F., Luque Martínez, T., & Torres-Salinas, D. (2012). Efecto de la agregación de universidades españolas en el Ranking de Shanghai (ARWU): caso de las comunidades autónomas y los campus de excelencia.

  5. Juan Julià dice: 16/09/2020 a las 14:22

    De nuevo una interesante entrada sobre el ARWU, de alguien como Carmen Pérez ,que sin duda lo conoce bien al igual que el THE y el QS. Es cierto que miden lo que miden, y que en el caso del ARWU sus indicadores al menos se basan en datos objetivos y no en opiniones, si bien es cierto presentan algunas debilidades si hablamos de las humanidades y ciencias sociales.
    En todo caso las reflexiones que hacen como continuación de la entrada de Julio del Corral, son muy oportunas e invitan de nuevo a la reflexión con las cuestiones que plantea, abriendo el debate o dilema , de excelencia versus equidad. Dos observaciones al respecto sobre las que llamo la atención:
    Francia ha logrado situar una de sus universidades en la élite de la élite (top20) y cuenta con 5 en la élite (top 100), por cierto 4 de ellas en París, pero en 2018 contaba con 34 buenas universidades (top1000) y actualmente en el 2020 cuenta con solo 30. En el caso de España que sigue sin contar con universidades en la élite, según el ARWU, paso de 33 universidades buenas en 2018 a 40 ( 39 públicas ) en el 2020 y además repartidas `por todo el territorio.
    Esto significa como recogía Julio en su entrada que la mayoría de nuestros estudiantes de universidades publicas ( más del 90%) lo hacen en una buena universidad (top 1000) aunque por el momento en ninguna de la élite ( según su posición el ARWU)
    En cuanto a las posibles fusiones de universidades españolas de las que se habla en orden a mejorar su posición en el ARWU para intentar situarlas en la excelencia (top100), recordar lo que señala Hazelkorn en cuanto al tamaño pero especialmente en cuanto al presupuesto mínimo ( 1000 millones de € anuales), que si bien es del orden de la universidad parisina que ha logrado entrar en el Top 20, quedaría muy lejos del que lograrían sumar las universidades españolas con su hipotética unión.
    Sin duda este ranking y los otros aportan una valiosa información y contribuyen a una mayor y mejor visibilidad de nuestras universidades , pero ciertamente no pueden constituir nuestro único referente para nuestras estrategias de mejora de la calidad global de nuestras instituciones y del servicio público que ofrecen.

  6. Fernando dice: 16/09/2020 a las 16:33

    Leo por aquí que el índice de Shanghai no es una buena medida, que la calidad/intensidad de su actividad investigadora/.. no debe medirse por el número de publicaciones, premios Nóbel, proyectos internacionales,… que lo que hay que ver es el impacto en «el bien y el mal» y cosas así..

    Pero, no nos engañemos: el mundo es el que es. El prestigio de una universidad hoy se mide por el puesto que ocupa en los índices, éstos u otros, con matizaciones o lo que queramos, pero esto es así.

    ¿Fusionándonos podríamos tener ese impacto/reputación que ahora no tenemos? Pues adelante.

    Pero eso quiere decir que sobran rectores, vicerrectores, decanos, .. Con ello, la posibilidad-sueño de algunos de tener un puesto que le da relevancia social se desvanece,… vamos que, desde mi punto de vista hay mucho que prefiere ser cabeza de ratón a cola de león.
    Además, el rector de una universidad «de peso» le pararía los pies a más de un consejero regional,..

    Así que creo que seguiremos prefiriendo buscar excusas de lo innecesario que es estar en buenas posiciones en los indicadores que, en todo el mundo, miden la calidad de las universidades, de que «eso» no va con nosotros o lo que sea.

  7. Luis dice: 16/09/2020 a las 18:08

    Me asombra que siga habiendo opiniones que me recuerdan el aislamiento de España durante la época franquista pero con el orgullo de ser la «reserva espiritual de Europa» (o del mundo, quizás). Yo estoy harto de oír esa palabrería que dice que lo importante es la búsqueda de la verdad y el bien común, y que de eso se trata, no de entrar en rankings que ni nos va ni nos viene, o de publicar en revistas de prestigio que «ya sabemos cómo funciona esto». De todo esto estoy más que harto. Como acaba de decir un colega, estamos en el mundo, y el mundo se rige por la calidad de la investigación que se realiza, y fruto de esa investigación surge el conocimiento que nos ayuda a tener una mejor calidad de vida en todos los campos de la ciencia. España sigue inmersa en el «que inventen ellos» y es una pena. La promoción de la ciencia no da votos, y por tanto, no hay interés por la ciencia en este país. Tenemos tendencia a politizar todo, ya lo estamos viendo en esta pandemia, y por tanto no hay forma humana de que la ciencia se libere de la politización enfermiza a la que los distintos gobiernos la tienen sometida. No hay solución fácil para este país de ladrillos, playas y camareros. Sólo iniciativas como ICREA en Cataluña o Ikerbaske en el País Vasco tienen alguna posibilidad si saben jugar bien sus bazas. El resto a servir copas en verano y Semana Santa que es lo que mejor sabemos hacer.

  8. Javier dice: 16/09/2020 a las 18:52

    De nuevo: me parece que pensar que el sistema universitario español mejorará porque se fusionen unas pocas universidades de tendencia técnica bajo un mismo nombre (aunque conlleve la ventaja de deshacerse de decanillos y vicerrectorillos varios, cosa que duda) para que se ajuste a uno solo de los diversos ránkings que hay, y que se usa para lo que se usa, es querer arreglar un techo dañado sustituyendo una viga. Lo que quiero es mejorar el sistema español en su conjunto, no solo unos ámbitos concretos (Paris-Saclay, en mi área, no pinta nada): como ha señalado otro comentarista, el presupuesto que se maneja es fundamental, pero también hay que bajar la media de la carga docente para tener más tiempo para la buena investigación y la buena docencia, otorgar una financiación basal a todo el sistema, potenciar el número de investigadores, establecer alicientes para premiar los buenos resultados de investigación y prevenir la desidia de algunos colegas, etc. etc. Si las cosas se hacen bien, se recogerán los buenos frutos. Si lo que se hacen son apaños y tiritas, los problemas de fondo seguirán allí y no se avanzará de verdad.


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