Endogamia académica sí, endogamia académica no: endogamia académica necesaria, endogamia académica evitable

Cuando hablamos de endogamia nos encontramos normalmente ante un debate muy polarizado, quizás más que en otros de los muchos debates que tenemos abiertos en la comunidad universitaria. Son muchos colegas los defensores de “luchar contra la endogamia” pero también son muchos los detractores. Y es que, como en todos los debates, existen argumentos a favor y en contra de la endogamia académica.

Gracias al estudio que hemos realizado las autoras sobre las causas de la endogamia (véase el artículo científico “Endogamia en el Sistema Universitario Público Español: una Revisión de sus Determinantes Institucionales y Contextuales”, también disponible en inglés), en este post recogemos una necesaria recopilación de aquellas argumentaciones a favor y en contra más llamativas.

¿Qué entendemos por endogamia académica?

Como no se trata de una editorial al uso, sino que estamos en un blog eminentemente académico, lo primero que vamos a hacer es definir el concepto de endogamia y aplicarlo a la academia. El Diccionario de la Real Academia Española la define como la “actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos al propio grupo o institución”.

Cuando la adaptamos al entorno de la academia se refiere a una contratación de personal docente e investigador (PDI) en la que los méritos docentes e investigadores de los candidatos quedan subordinados a su pertenencia previa a la institución. Es decir, son contratados por su “consanguinidad”, como se deriva del término en inglés academic “inbreeding”.

A efectos prácticos, la comunidad científica ha reducido este concepto tan difuso a la siguiente definición: “profesores contratados en la misma universidad donde se formaron”. Sin embargo, por seguir el símil anterior, existen distintos grados o niveles de consanguineidad. Varios autores diferencian entre PDI endogámico puro (PDI que trabaja es la misma institución en la que se formó durante toda su carrera) frente a PDI móvil (profesores que antes de volver a la institución donde estudiaron, han trabajado en otros centros). Asimismo, dependiendo de las características del sistema universitario del que se trate, se define la endogamia a partir de diferentes niveles de formación dependiendo de en cuál se considera que comienza la carrera académica: grado, máster o doctorado.

Bajo cualquiera de estas definiciones, las dos académicas firmantes de esta entrada estaríamos en las antípodas: una absolutamente endogámica por su trayectoria en la Universidad Autónoma de Madrid ya desde que cursó su Licenciatura, siendo una clara representante del lema ALUMNI “Soy de la UAM”; y otra extremadamente no endogámica por su trayectoria académica y profesional – formada en grado y posgrado en tres universidades públicas españolas y trabajando en otras tres universidades públicas españolas además de en el Ministerio de Hacienda.

Como en esta entrada planteamos un debate eminentemente en términos académicos, defenderemos las dos posturas centrándonos en la perspectiva española. Además, como en todo buen debate tomaremos el denominado enfoque ARE: Argumento, Razonamiento y Evidencia.

Argumentos a favor de la endogamia académica

Algunos colegas a favor de la endogamia académica se refugian en el hecho de que, en España, la endogamia en las universidades no se da más que en otras administraciones públicas. A estos colegas no les falta razón, y su argumento dice mucho de la cultura del sector público español. No obstante, quizá sea necesario utilizar estos argumentos no para “echar balones fuera” (una actitud que de por sí no parece demasiado seria para una discusión académica), sino más bien para tomar conciencia del alcance y arraigamiento de este fenómeno en nuestro país.

Retención del talento

Uno de los principales argumentos a favor de la endogamia radica en que, la definición con la que se trabaja no diferencia entre comportamientos endogámicos y de retención de talento. En Estados Unidos, donde la endogamia académica está prácticamente erradicada, son las universidades y departamentos más prestigiosos los que presentan estrategias institucionales de contratación de sus propios egresados. Consideran que los recursos humanos que forman son los mejor preparados y cualificados.

No obstante, en el caso español, donde el 75% de las universidades públicas presenta niveles de contratación de sus propios doctores superiores al 50%, resulta muy complicado distinguir entre prácticas endogámicas y de retención de talento. Hay incluso varias universidades con niveles endogámicos superiores al 90%, donde la retención de talento, cuando se da, presenta un carácter más bien “colateral”.

Necesidad de desarrollo y estabilidad institucional

Otros argumentos a favor de la endogamia se asientan en razones de “necesidad” de la misma desde el punto de vista del desarrollo y estabilización institucional de una universidad, e incluso de una rama de conocimiento. Una universidad joven tenderá a contratar a sus propios doctores para estabilizarse y para minimizar los riesgos de una “mala” contratación al incorporar a candidatos desconocidos; universidades aisladas (como pueden ser aquellas ubicadas en islas), universidades emplazadas en zonas de menor nivel socioeconómico o en Comunidades Autónomas con pocas universidades tendrán menor acceso/capacidad de atracción de doctores no endogámicos; una rama de conocimiento nueva/minoritaria deberá elegir entre un reducido número de candidatos; etc.

La endogamia, además, también permite a las universidades encontrar profesores e investigadores entre sus propias canteras ya que en nuestro país existe una cierta resistencia a la movilidad de los ciudadanos españoles y no existe todavía en muchas áreas de conocimiento un mercado de trabajo académico al estilo anglosajón.

Argumentos en contra de la endogamia académica

Los argumentos en contra de la endogamia académica no son muchos, pero sí son de un grandísimo peso. A continuación, señalamos algunos de esos argumentos.

Estancamiento del conocimiento

Existe un amplio consenso de que la endogamia conduce al estancamiento del conocimiento, porque el PDI endogámico suele reproducir las ideas de sus maestros, carecen de una perspectiva más amplia, tienen un capital social más pequeño y, por lo tanto, menos oportunidades de colaboración.

Acumulación de poder

Pero, además, el PDI en escalafones altos de la carrera académica (que suelen ser los profesores de más edad), tiende a fomentar la contratación de sus doctorandos para así acumular poder a través de las relaciones de lealtad de estos. Estos procesos de acumulación de poder (chair-holder system) pueden generar un círculo vicioso que refuerce dicho estancamiento, y en España es uno de los principales factores determinantes de nuestros niveles de endogamia. Aquí es donde encontramos la “cultura de la endogamia” de la que nos hablaba nuestro colega José Manuel Torralba en su entrada anterior titulada “Sobre la endogamia”.

Los efectos negativos de esta endogamia en el sistema universitario español, y cómo se manifiestan en el limitado impacto de su investigación y la baja internacionalización, quedan más que explicados en la entrada de José-Ginés Mora “Los efectos perversos de la endogamia universitaria”, que seis años después continúa plenamente vigente, por lo que no los repetimos aquí.

La solución: ¿Quién gana el debate?

No hay ganadores ni perdedores del debate. La endogamia académica es como el colesterol. Con la edad, tienes más probabilidad de sufrir niveles altos y perjudiciales para tu salud, y debes cuidarte para evitar su crecimiento, tal y como sucede en el sistema universitario público español. No obstante, un nivel mínimo de colesterol en necesario para mantener tus funciones vitales sanas. Así, lo único que puedes hacer es llevar unos hábitos de vida saludable, una alimentación sana y, por último, sino hay más remedio, medicación.

La solución para erradicar la endogamia, cuando llega a niveles problemáticos como el colesterol, no es sencilla en el caso español. Incluso en equipos de gobierno que se erigen en defensores de erradicar o reducir el alto nivel de endogamia de sus universidades, se encuentran con muchas dificultades: deben enfrentarse a una tradición y cultura de continuidad en la institución muy arraigadas, y resulta difícil encontrar un equilibrio que permita la retención del talento interno.

Por eso, y por las necesidades que presentan algunas universidades, a modo de receta, no somos partidarias de imponer políticas anti-endogámicas muy “agresivas” como estrategia institucional o de política pública. Algunas universidades que han implementado este tipo de políticas y se han ido al extremo contrario, se “arrepienten” de no poder retener a los jóvenes investigadores más talentosos. En definitiva, somos plenamente conscientes de que existe una endogamia académica necesaria, pero también una endogamia académica evitable en España.

Nuestras recomendaciones van en la línea de implementar medidas que contrarresten o suavicen los efectos negativos que se derivan de la endogamia, entre otras, el establecimiento de incentivos y ayudas a la movilidad (especialmente la internacional), programas de atracción de talento de otras universidades, estrategias de colaboración interuniversitaria (nacional e internacional), etc. En una situación en la que ciertos niveles de endogamia son difícilmente evitables, si el principal problema de la endogamia es la “falta de miras” del PDI y las relaciones de “dependencia” entre doctores jóvenes y PDI veterano, démosles a los primeros las herramientas para que abran su campo de acción, de visión y de colaboración externa, aunque sigan contratados en sus universidades de origen.

Por último, muy recientemente muchas instituciones españolas han acudido al mercado global de la educación superior para la contratación y han hecho la oferta de plazas a nivel internacional (a través de Euraxess) o también han acudido a la fórmula anglosajona del job market.

Fíjense que terminamos este post como empezamos, con un debate no resuelto. En Estados Unidos fue un debate de principios del siglo XX, que se ha erradicado por completo, también debido al contexto universitario, la filosofía norteamericana y forma de contratación, y el funcionamiento de su mercado de trabajo (académico). En Europa, este debate se ha reproducido un siglo después, tomando los mismos argumentos y denunciándose como perjudicial para la erudición y la academia. Y finalmente, en España, aun en nuestros días tenemos “miedo” de plantear este fenómeno y abordarlo en toda su extensión.

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Comentarios
  1. Juan Julià dice: 09/09/2021 a las 10:36

    Una muy interesante entrada , felicitaciones a las autoras. Coincido en que hay una endogamia que no necesariamente es mala si se basa en la retención de talento y se acompaña de movilidad y otra que puede ser evitable. También coincidimos con las autoras, con el acertado símil del colesterol, no solo por existir el HDL y el LDL que tienen efectos bien distintos sobre nuestra salud, tampoco hay que olvidar que su nivel no es el mismo dependiendo de la edad, y en este punto habría mucho que decir de la conveniencia del indicador que se suele utilizar por algunas instituciones para medir el nivel de presunta endogamia de una universidad ( porcentaje de sus profesores que se doctoraron en la misma universidad ) ya que es bien probable que una universidad con siglos de historia y buenos programas de doctorado presente un índice de endogamia en este sentido más elevado que una universidad joven que apenas cuenta con algún programa de doctorado mínimamente reconocido, cuando sus indicadores de desempeño académico ( especialmente en los que se basan los ranquines universitarios más reputados ) serán al contario en general mucho mejores . Por otro lado, es indiscutible , sin que se entienda como argumento a favor, que estamos en un país en el que hay mucha endogamia en general en los diferentes trabajos, derivada en general de una muy escasa movilidad laboral, cuyas razones son variadas, pero no podemos ignorar que los bajos niveles retributivos y menor seguridad en el empleo que en países más avanzados tampoco ayudan mucho a que esto cambie. Y desde luego no hay que dejar de describir otra realidad, y es que en bastantes ocasiones, resulta bien difícil encontrar .varios concursantes para algunas plazas , pese a intentar difundir muy bien la oferta, y nos encontramos con un solo candidato o unos pocos, e incluso y en especial en estos últimos años ni siquiera hemos sido capaces de retener algunos de nuestros mejores egresados, que se iban a instituciones donde encontraban mejores expectativas laborales.

  2. Josep Joan Moreso dice: 09/09/2021 a las 10:56

    Felicidades a las autoras, creo que llevan razón en mucho de lo que dicen. El símil del colesterol, lo hay bueno y malo, se lo oí por primera vez en una respuesta después de una conferencia en una comida coloquio en el Hotel Palace de Barcelona al entonces Rector de la Universidad de Barcelona, Dídac Ramírez, sería en el año 2015 o 2016. Sin embargo, quiero hacer una matización, entre nosotros la endogamia es demasiado elevada (un 75% de los profesores permanentes de las universidades públicas españolas se doctoraron en la misma Universidad de la que son profesores), por lo tanto pienso que una medida legislativa claramente pensada para luchar contra ello es necesaria (la imposibilidad, por ejemplo, de contratar a los propios doctores con la excepción de que hayan pasado al menos tres años en otra institución). En este sentido, el anteproyecto de la nueva Ley de Universidades (LOSU) es otra oportunidad desperdiciada,

  3. Andrea Padrón dice: 09/09/2021 a las 11:48

    Un artículo muy interesante (más todavía el artículo completo del que parten). Me parece que siempre que surge este debate se olvida (cosa que no han hecho las autoras) de tener en cuenta la idiosincrasia española (un marcado arraigo familiar que no es tan típico en EE. UU o Inglaterra, que siempre se ponen como ejemplos), los niveles socioeconómicos (parece que todo el mundo cree que es fácil para cualquiera irse muy lejos de su lugar de origen para estar unos años estudiando o trabajando) y cuestiones de lejanía (en las islas no es que queramos ser endogámicos, es que tenemos multitud de ejemplos de trabajadores que nos ven solo como un lugar de paso y prefieren irse a sitios que geográficamente estén más cerca de sus lugares de origen). Particularmente no creo que la endogamia per se sea mala… lo que es perverso es que vaya acompañada de esa búsqueda de lealtades o de poco contacto con otras formas de trabajar. Por ello, me parece mucho más interesante que obligar a los académicos a vivir en un sitio u otro, mejorar las condiciones de trabajo (si las universidades isleñas tuviéramos grandes condiciones salariales que ofrecer quizás la situación sería distinta) y fomentar mucho más la facilidad para las estancias internacionales.

  4. Francisco Barrera dice: 09/09/2021 a las 17:11

    Cuando la endogamia excluye a los mejores candidatos, lo cual es rutinario, es negativa para la universidad. Y punto. El dinero público que justamente nutre a la universidad es una inversión dedicada a educar a la sociedad y realizar investigación. La endogamia reduce la calidad de ambos objetivos. Imagino que solo alguien que lleva décadas en un sistema claramente endogámico podría llegar a justificar este sistema eminentemente injusto, y a menudo corrupto.

  5. Mariano Esteban de Vega dice: 09/09/2021 a las 17:17

    El artículo es excelente y resulta muy probable que el símil del colesterol, sea cual sea su origen, acabe teniendo éxito. Hay, desde luego, endogamia de la buena y endogamia de la mala. La carrera universitaria requiere, como en los viejos gremios, un periodo de aprendiz, otro de oficial y otro de maestro, en una rueda continua que asegura la reproducción del oficio. Por eso, por los vínculos que se generan en esa relación la endogamia no solo es inevitable, sino también conveniente. El problema reside en las condiciones en que pueda ejercerse, si existen o no requisitos que dificulten el abuso y si hay instrumentos que alienten las buenas prácticas y sancionen las malas. En ese terreno hemos avanzado bastante, particularmente con el establecimiento de las acreditaciones. Pero queda también mucho camino por recorrer. Porque el problema no es tanto la endogamia como la movilidad o, mejor dicho, la escasa movilidad de nuestro profesorado universitario. Ahí sí reside una relativa singularidad del sistema universitario español que resulta preciso corregir.

  6. Manuel Ramírez Sánchez dice: 09/09/2021 a las 18:40

    Felicito a las autoras por estas reflexiones, sin duda muy acertadas y de rabiosa actualidad. Me ha gustado mucho esa referencia al colesterol bueno y malo, porque es algo que muchas veces he pensado acerca de la comparación con la tan traída y llevada endogamia de la que se acusa a la universidad pública española (a la privada ni se le cuestiona su «buena» praxis). Al leer el texto, me agrada ver la valentía y la seriedad con la que han abordado un asunto tan complejo. La base del problema está en que el reclutamiento del PDI en la universidad pública española es un sistema de cooptación (las personas que forman parte de la corporación son las encargadas de reclutar a quienes desean ocupar las vacantes), el mismo que, como ustedes señalan, rige otros puestos esenciales de la función pública en España (pensemos en el acceso a la carrera judicial o al CSIC). Sin embargo, nadie cuestiona cómo se recluta a los jueces ni cómo recluta el CSIC a sus investigadores (aunque en los últimos años ha habido algunos escándalos que han saltado a la prensa, sin alcanzar los niveles de denuncia sobre las prácticas universitarias). ¿Es una prioridad para las universidades abordar esta cuestión? ¿Tienen algún interés los equipos de gobierno y los lobbies internos por cambiar un sistema tan bien engrasado? ¿Hay voluntad política de la administración estatal o autonómica para cambiar el actual sistema de cooptación por otro en el que sean agentes externos los que recluten al profesorado? ¿Haremos algún día lo mismo con los tribunales de tesis doctorales, que en muchas ocasiones son la puesta de largo de los futuros cooptados? Como decía Bertolt Brecht en sus «Preguntas de un obrero que lee»: Tantas historias, tantas preguntas…

  7. Máximo Florín Beltrán dice: 10/09/2021 a las 08:08

    Es una vergüenza que se hable de endogamia buena y endogamia mala.

    El eufemismo de la retención de talento, simplemente, no es cierto. El nivel científico de los investigadores españoles condenados al exilio académico es superior al de aquellos con quienes compiten.

    Los otros casos, de universidades jóvenes, periféricas, etc. son igualmente una falacia.

    Una universidad joven lo que hace es atraer todo el talento que puede, venga de donde venga, en lugar de quedarse ¿con quien, si es joven?

    Y las universidades «periféricas» ponen en marcha programas para contratar investigadores de prestigio de fuera de la región y, aún más allá, internacional.

    Tampoco es cierto que el nivel de endogamia sea similar al de otras instancias de la administración: profesores, de primaria, secundaria, funcionarios de la administración de justicia, de las fuerzas del orden público… se mueven mucho más que los profesores de universidad, quienes de hecho es muy difícil que puedan cambiar de centro una vez son funcionarios.

    Ni hay por dónde coger este artículo.

  8. Neila Campos dice: 10/09/2021 a las 11:34

    Gracias por el artículo, muy interesante.

    El problema es que en el sistema universitario español no existe promoción interna: no hay una ruta como es en otros países el «tenure track». Y esto trae malas consecuencias.

    Porque el «escalafón» ayudante-titular-catedrático o la ruta que sea, se hace siempre mediante plazas que salen a concurso público. Es decir, como la promoción interna no existe, se debe hacer «disfrazada» de concurso público, resultando en prácticas endogámicas en dichos concursos.

    Muchas veces esto se hace ajustando mucho el perfil, lo cual estrictamente hablando no deja de ser legal. Por tanto, la endogamia existe… porque la ley se lo permite.

    Es muy contradictorio que la legislación reconozca que uno puede ser ayudante doctor durante 4-5 años y que luego la universidad «se compromete» a facilitar la promoción de esa persona, pero la plaza es pública, con lo cual ¿no se puede incorporar a alguien «de fuera», porque el ayudante se iría a la calle?

    Lo mismo una cátedra: sale con la idea de transformar la plaza de un titular ya existente, y entonces ¿qué ocurre si obtiene la cátedra alguien que no es el titular en cuestión? ¿El Dpto se queda con los dos?

    Es muy necesario que haya una forma de promoción interna que no sea «convocar plazas públicas y luego aplicar criterios endogámicos». Como también es necesario que exista la forma de incorporar talento nuevo y que no interfiera con la promoción interna. Porque, si casi todas las plazas son de promoción interna disfrazada, ¿cuándo vamos a captar nuevas adquisiciones de talento procedente de otros lugares, o a estimular la movilidad?

    Ahora con la nueva legislación se está perdiendo una gran oportunidad de modificar esto. Si no, todos van a seguir preguntándose «y mi plaza cuándo sale».

    https://www.universidadsi.es/y-mi-plaza-cuando-sale/

  9. Neila Campos dice: 10/09/2021 a las 12:07

    Y por cierto, me alegro de que también se señale en el artículo: no tiene mucho sentido hablar de «profesorado que trabaja en la misma universidad donde se formó», ya que no es lo mismo quien nunca ha salido de allí, que quien lleva 15 años trabajando en otro lugar y luego opta a una plaza para intentar regresar a su ciudad de origen.

  10. Carlos Tomeo dice: 10/09/2021 a las 13:26

    ME decía un catedrático que la endogamia es el cáncer con metástasis de la universidad española. No lo sé. Lo que sí sé es que es muy fino llamarlo endogamia, porque podríamos denominarlo enchufismo y tal vez no fuésemos tan benévolos con esas actuaciones, o tan condescendientes. Aceptar razonamientos de proximidad para valorar es injusto, y es absurdo. Si una persona pasa por una baremación justa (no lo son las que conocemos, por causas propias en cada proceso en función de la persona a adjudicar la plaza) debiera aceptar el resultado con reconocimiento a los valores del resto de candidatas. Pero eso no sucede, el egoísmo, la picaresca, la discriminación por ubicación (o por la pertenencia a un centro), hacen que se valide el ‘tonto, tonto, mierda, mierda’, y que aceptemos como algo regulado estas actuaciones impresentables. Es absolutamente vergonzoso que haya criterios como ’prestigio’ para valorar a una persona. Incluir este tipo de endogamias cualitativas es muy lamentable. La endogamia será buena únicamente en el caso de llegar avalada por una puntuación por encima del resto, nunca en otros casos. Podemos pensar que siempre queda el recurso a la justicia. Pero claro, el recurso a la justicia tampoco es motivo de confianza, ni a la interna de las universidades en muchos casos (hemos vivido algunos), ni a la del derecho administrativo (o penal), a la que no hemos llegado. No creemos en esta justicia, sencillamente. El artículo parece olvidar que estamos hablando, antes que candidatos profesores, de personas. Hay vidas en juego y estas discriminaciones favorecen a unos en detrimento de otros, por lo que la manipulación (endogamia) es manipulación de vidas. No somos pesimistas, pero no tiene arreglo. La universidad no lo va a solucionar, ya le vale como está. La política no lo va a solucionar, se lavará las manos y dirá que lo haga la universidad (es decir, indirectamente ellos mismos). Etcétera. Finalmente, consideramos que cualquier generalización es mala porque es incompleta, pero insistimos en que hablamos de personas, no de números, que es lo que se pretende con la endogamia, el enchufismo, o como lo queramos llamar. No es un juego, es discriminación y lo que vemos son las cien maneras académicas de manipular para discriminar. No basta con rasgarse las vestiduras cuando hay discriminación por raza, género, creencias.

  11. […] es que, al imponerse que los candidatos deban provenir de la propia universidad, se consolida la endogamia y se impide el cursus honorum de administradores universitarios como reconocimiento a sus logros […]


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