¿La tercera misión es la verdadera misión de las universidades?
Las misiones de las universidades: ¿de tres a una?
En las últimas décadas hemos convenido a categorizar en tres las principales misiones de las instituciones universitarias: la docencia (primera misión), la investigación científica (segunda) y la transferencia/innovación/compromiso social (tercera). La docencia y la investigación constituyen, sin duda, el núcleo de la actividad universitaria, su principal razón de ser. Es así sobre todo en las universidades públicas, donde la actividad investigadora juega un papel muy relevante.
En este sentido, la tercera misión englobaría, en términos generales y de forma un tanto simplista, todo aquello que acomete la universidad más allá de las funciones nucleares de la docencia y la investigación.
Históricamente se hablaba principalmente de la transferencia de tecnología; con el paso de los años se ha ido extendiendo al concepto más abierto de la innovación, para englobar finalmente también la denominada extensión universitaria, el compromiso social, la divulgación científica, las interrelaciones con otras instituciones y con el territorio, etc. Algunos autores diferencian incluso entre tercera y cuarta misión. En otros artículos y publicaciones he reflexionado sobre la tercera misión y el compromiso social de las universidades (véase, por ejemplo, Transformar las universidades: el aprendizaje-servicio como paradigma, El valor social de las universidades o ¿Universidades globales y locales? Caminando hacia una universidad socialmente responsable).
Superar las nomenclaturas
Más allá de nomenclaturas y categorizaciones (fruto de la evolución de los años, las prioridades de cada momento y, también cabe decirlo, de las modas), lo que modestamente me interesa resaltar y situar en el debate público es la necesidad de repensar la razón de ser de las universidades en el siglo XXI, sobre todo desde su vertiente pública y social.
Por una parte, las dos primeras misiones clásicas son las nucleares. Asimismo, como hemos dicho, la tercera misión se ha ido ensanchando y hoy en día constituye una amplia amalgama de objetivos, normalmente desde una concepción residual. En el límite, podríamos afirmar que la tercera misión engloba lo no esencial (formación e investigación) y que, en un sentido genérico, implica todo aquello que vincula las instituciones universitario con su entorno (territorio, empresas, tercer sector, ciudadanía, etc.).
¿Significa ello que la formación y la investigación (lo nuclear) no están conectadas con el compromiso social y con el entorno social, económico y cultural? ¿Es razonable separar tan nítidamente las distintas razones de ser cuando en realidad están (o deberían estar) estrechamente entrelazadas? Cuando hablamos del entorno y del compromiso social, ¿nos referimos solamente al espacio cercano (ciudad, región, tejido económico local) o incluimos la esfera global?
Estas son algunas de las cuestiones que entiendo debemos poner sobre la mesa de cara a repensar la función social de las universidades, sus prioridades e incluso su concepción académica y su estructura organizativa.
El compromiso social como misión universitaria nuclear
Mi tesis es que deberíamos considerar el compromiso social como la misión principal de las universidades (a escala tanto local como global), teniendo en cuenta que esta razón de ser se traduce en diversos objetivos, esto es, formar ciudadanos y profesionales, hacer avanzar la ciencia y el conocimiento, y promover la innovación y la transformación social.
Puede parecer una discusión bizantina sin más consecuencias. Sin embargo, cuanto más reflexiono sobre ello, más me reafirmo en la idea de situar el compromiso social como misión nuclear de las universidades. Desde esta perspectiva trabajamos desde hace ya 25 años en la Red Global de Universidades para la Innovación (GUNi) que reúne más de 300 universidades y Cátedras UNESCO de todo el mundo.
La sociedad interpela a la misión universitaria
¿Cómo podemos construir una arquitectura académica desconectada de lo común o público? ¿Cómo investigar sin la complicidad e implicación de la ciudadanía y de las necesidades colectivas? ¿Sigue siendo el fomento de la cultura parte nuclear de las universidades o se ha convertido en algo residual? ¿Tiene sentido formar ciudadanos y profesionales sin su participación o sin escuchar las necesidades y demandas sociales?
Las universidades, asimismo, pueden y deben jugar un papel estratégico en las sociedades del conocimiento del siglo XXI. Su idiosincrasia las sitúa como un actor clave para diseñar y evaluar políticas públicas, para favorecer consensos informados, para fortalecer la ciudadanía y los valores democráticos, para favorecer la creación cultural, incluso para avanzar hacía una ciudadanía global con valores compartidos.
Probablemente sean las instituciones mejor equipadas para acometer retos colectivos complejos, siempre que venzan las inercias burocráticas y los silos disciplinares.
Para ello, deben disponer de una auténtica autonomía académica y de gestión, adaptando el concepto clásico de autonomía universitaria a nuestros días. De hecho, si no conseguimos centrar la universidad (pública) en estos parámetros, la podemos acabar convirtiendo en un centro ‘instrumental’ de formación profesional y de generación de conocimiento, que otros aprovecharan para un interés espurio o privado. O, en el límite, no hará falta (nos dirán las voces más ultraliberales) universidades públicas, cuando las ofertas privadas, con todo tipo de formatos y orientaciones, pueden desarrollar estas funciones instrumentales con mayor eficiencia.
Universidades y transformación social: dos retos críticos
El profesor Otto Scharmer ha publicado recientemente un excelente artículo que lleva por título Universities as Innovation Ecologies for Human and Planetary Flourishing.
Scharmer sostiene que la educación en general y las universidades en particular deben actuar más allá del ejercicio intelectual e implicarse en la regeneración y la transformación social. No puedo estar más de acuerdo. Afirma, en este sentido, que
‘Universities, even if under attack, must do more tan just defend the status quo. Universities must step up to fill this void by rethinking how they educate for leadership, collaboration, and systemic transformation going forward’.
Y, con rotundidad, sostiene que
A university that is no able to link with and innovate for the profound challenges facing our planet is not a university -at least not one that is the 21st century calls for, one that revolves around the integration of teaching and research wit the praxis of regenerating soil, society and self. (…) We should reimagine the university as an innovation ecology that is, through a system of hubs, deeply embedded in the root systems of profound personal, ecological, and societal renewal’.
Crear espacios de regeneración
Las universidades de nuestro tiempo deben ser espacios de reflexión, innovación y acción para afrontar los grandes retos actuales de la humanidad. Uno de ellos, sin duda, es la emergencia climática y la sostenibilidad. Las instituciones universitarias deben jugar un rol crucial, no solo en la generación de conocimiento interdisciplinar sobre el cambio climático y el paradigma de la sostenibilidad sino también constituyéndose como verdaderos espacios para la transformación social, actuando como faros y catalizadores.
Para constituirse en agentes de cambio y regeneración, deben transformarse internamente y repensar su misión y objetivos para el compromiso social radical.
Como sabemos, el contexto político de los últimos años en algunos países está generando presiones tremendas sobre las universidades, cuestionando incluso la actividad científica y promoviendo la intervención directa de los poderes públicos en la autonomía universitaria para acallar el pensamiento crítico, el multilateralismo y la cooperación internacional. Los Estados Unidos de la Administración Trump actual son un claro ejemplo de ello, pero también es cierto que se han generado tensiones relevantes en otros países.
Apostar inequívocamente por el método científico y el conocimiento, por la libertad académica y por la defensa de los derechos humanos y la democracia debe formar parte de la misión nuclear de las universidades.
Y es fundamental hacerlo tanto para el progreso humano y social de los respectivos países como en la esfera global, donde las universidades pueden y deben cooperar intensamente para el bien común de la humanidad.


Lo que ocurre en los campus universitarios -fundamentalmente los norteamericanos- dónde la cultura de la cancelación hacia todo lo que se desvíe del pensamiento «woke» no es culpa de las intromisiones de la administración de Trump en la supuesta autonomía universitaria
Excelente artículo Josep M. Enhorabuena.
Josep M me parece un artículo excelente, con una reflexion muy centrada en el momento actual, en el que las universidades públicas debemos apostar por un compromiso real con la sociedad para mostrar que estamos a su servicio y con ello contribuir a lo que se nos da. Me encanta que cites a Otto Scharmer, sus teorias sobre la cocreación y su sentido de que debemos pasar del ego al ecosistema. Felicidades, es un artículo de gran interés y de visión de futuro
A mi este mensaje me genera algunas dudas. Adoptar misiones sociales implica transformarse en un actor político. Las intervenciones sociales tienen objetivos, beneficios y costes. Algunas personas resultan beneficiadas, y otras perjudicadas, o cuanto menos excluidas.
Las sociedades ya tienen múltiples organizaciones donde los ciudadanos, sean académicos o no, pueden implicarse en estos proyectos. Las universidades pueden, y probablemente deben facilitar a su comunidad la participación activa en movimientos civicos y sociales variados. Pero es mas dudoso que deban transformarse en organos activos con uns mision especifica que en esencia es ajena a su verdadera misión nuclear: la creación y diseminación del conocimiento.
Un artículo excelente, da nombre y aporta claridad a intuiciones que van madurando. No conocía a Otto Scharmer, muy interesante el artículo que citas. Ojalá seamos capaces de ir dando los pasos necesarios para transformar la universidad. Gracias.
Yo coincido totalmente me parece un enfoque genial que comparto
Considero que las universidades tienen la misión principal de transformar la
Sociedad a través de la formación y la investigación en estrecha relación con las instituciones sociales y el sector productivo
No sé trata solo de generar nuevos conocimientos y recursos humanos para producir y crecer .Se trata de transformar la conciencia, la cultura, los valores siendo más humanos, más justos, solidarios y colaborativos para un mejor vivir
Habría mucho más que decir pero por ahora es suficiente para coincidir Gracias