¿Ciencia Abierta o Ciencia del Acceso Abierto?

Cuando hablamos de Ciencia Abierta, algunos de nosotros tenemos problemas para saber exactamente a qué se refiere nuestro interlocutor. Este desconocimiento reside en que al ser un concepto relativamente reciente, no se ha llegado a un consenso claro sobre cómo definirla.

No obstante, esta indeterminación también viene de que la Ciencia Abierta es un modelo de investigación en vías muy incipientes de implementación. Así, en muchas ocasiones se utiliza este concepto para referirse a aquella de sus dimensiones más desarrollada hasta el momento: la publicación en abierto de los artículos científicos y datos.

¿Qué entendemos por Ciencia Abierta?

La Ciencia Abierta va mucho más allá de la publicación en abierto de datos y resultados de investigación.

Supone la apertura de todo el proceso de creación y difusión del conocimiento científico a toda la comunidad científica y más allá.

Así, debajo del paraguas de la Ciencia Abierta, cabe una amplia variedad de conceptos, como ciencia ciudadana, colaboración abierta, acceso abierto, revisión por pares posterior a la publicación, crowdfunding de investigación, etc.

Tanto la OCDE como la UNESCO han trabajado para establecer un marco conceptual internacional en relación a la Ciencia Abierta. Sus enfoques coinciden en gran medida, pero no debería sorprendernos que presenten algunas diferencias derivadas del carácter de cada una de estas dos instituciones: la OCDE con un enfoque más económico, y la UNESCO con una perspectiva más humanista.

Así, la UNESCO ve la ciencia abierta como una vía para hacer realidad el derecho fundamental a la ciencia, pues esta nueva forma de hacer ciencia tiene el potencial de universalizarla. La hace accesible a muchos más colectivos de los habituales, incluidas las minorías, lo que incrementaría su impacto social. Además, la UNESCO no pierde de vista la necesidad de que la Ciencia Abierta respete la diversidad cultural.

En el caso de la OCDE, con una visión más económica, considera como un bien común exclusivamente la ciencia pública. Esta institución construye su discurso alrededor de la rentabilidad, eficacia y productividad que podrían derivarse de la Ciencia Abierta, y las ventajas que ofrece para países en vías de desarrollo y empresas de reducida dimensión, que podrían ver ampliadas sus posibilidades de acceso a la ciencia.

No obstante, a pesar de estas diferencias, las recomendaciones que ofrecen la UNESCO y la OCDE para la implementación de la Ciencia Abierta son prácticamente idénticas. Hacen referencia a los siguientes ámbitos: colaboración y ciencia ciudadana, definición de un entorno normativo que garantice el equilibrio entre apertura y preservación de la competencia a través de la protección de la propiedad intelectual, inversión en infraestructuras y recursos humanos, y la introducción de incentivos para la transformación de la cultura científica.

La implementación de la Ciencia Abierta en Europa

Una cosa es cómo se define y qué recomendaciones se realizan, y otra cómo se implementa la Ciencia Abierta en la realidad. Si revisamos las iniciativas de la Unión Europea en materia de Ciencia Abierta (ej. Open Science Policy Platform, Open Science Monitor, European Open Science Cloud, Plan S, etc.), parece que un cierto nivel de consenso empieza a alcanzarse, pues asumen las directrices de la UNESCO y la OCDE, y todas ellas aportan a la consecución del objetivo de la UE de alcanzar un ecosistema de innovación abierta (Comisión Europea, 2016). No obstante, la mayoría de estas iniciativas se centran aún en el ofrecimiento en abierto de los resultados de investigación. Además, en algunas ocasiones también se fomenta la apertura de los datos que han generado tales resultados.

Si nos centramos en los sistemas universitarios europeos, la European University Association denuncia que los sistemas nacionales y regionales de evaluación de la investigación (y sus investigadores) aún no tienen en cuenta las contribuciones a la Ciencia Abierta, llegando incluso a desincentivarla. Asimismo, igual que pasa en Europa, las universidades están dando los primeros pasos en la implementación de estructuras (y de una cultura) de Acceso Abierto, pero aún queda mucho camino que recorrer hasta que éste se afiance. Y por supuesto, queda más aún para que se asiente una cultura de colaboración abierta.

¿Y en España? ¿En qué punto nos encontramos?

En el caso del sistema universitario español, la situación no es diferente a la que encontramos en Europa. Los primeros pasos dados se dirigen a instaurar el Acceso Abierto a, al menos, los resultados de investigación financiada con fondos públicos.

Este Acceso Abierto, por ahora, se ha fomentado más a través de normativas que dé incentivos. Así, el primer paso en esta dirección tuvo lugar con el Real Decreto de Estudios de Doctorado 99/2011, que establecía la obligación de difundir las tesis en abierto, a través de un repositorio institucional. Ese mismo año, la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, reguló la difusión en acceso abierto para los resultados de investigación financiada con fondos estatales. Por último, la Estrategia Española de Ciencia y Tecnología y de Innovación (EECTI 2021-2027) también incluye objetivos de co-creación de conocimiento y de políticas de Ciencia Abierta.

En este camino, la FECYT y la REBIUM (Red de Bibliotecas Universitarias Españolas) de la CRUE están teniendo un papel clave. Por su parte, la FECYT ha coordinado la redacción de unas recomendaciones para la implantación de la difusión en abierto, y se encarga de monitorizar el cumplimiento de los estipulado por la Ley de la Ciencia sobre acceso abierto. Además, junto con la REBIUN, ha creado la plataforma RECOLECTA, un agregador nacional de repositorios científicos de acceso abierto.

Por lo demás, aunque los sistemas de evaluación de los investigadores aún no recogen criterios de Ciencia Abierta, sí están empezando a aparecer los primeros incentivos. Así, por ejemplo, en la actual convocatoria de sexenios se recomienda que las publicaciones presentadas estén accesibles en los repositorios universitarios, y se prevé que en futuras convocatorias este requisito sea obligatorio. Esta recomendación también se extiende a las cuatro aportaciones relevantes que deben justificarse en las solicitudes de acreditación a Titular y Catedrático de Universidad.

¿Y todo esto merece la pena?

Como bien apuntan la UNESCO y la OCDE, los beneficios potenciales de la Ciencia Abierta son amplios. Simplificando mucho, la publicación en abierto de datos puede dar lugar a un mejor aprovechamiento de los datos gracias a su reutilización en un mayor número de investigaciones; el acceso abierto a resultados de investigación facilitará su difusión y su revisión crítica; y la apertura del proceso de investigación a la colaboración por pares y con la ciudadanía, fomentaría la calidad y relevancia social de la producción científica.

Así, las ganancias en eficiencia, rentabilidad, eficacia, equidad, productividad e impacto en un proceso de Ciencia Abierta pueden generarse por múltiples y muy complejas vías. No obstante, como todo proceso de transformación de un sistema, la adaptación a la Ciencia Abierta puede generar fricciones temporales.

Por ejemplo, el proceso de adaptación al Acceso Abierto está generando ineficiencias en el sistema, que esperamos que con el tiempo se corrijan. Como ya se explicaba en este blog en entradas anteriores, parte de la financiación captada por los investigadores se destina a sufragar los precios de publicación fijados por las revistas, quedando menos dinero disponible para el desarrollo en sí de la investigación. Además, a esto hay que sumarle que la digitalización de las publicaciones científicas ha dado lugar a que las bibliotecas paguen precios desorbitados por acceder a los resultados de investigación producidos por las propias universidades públicas.

Además, este proceso tiene profundas implicaciones para los propios investigadores. En este sentido, nuestro blog ya profundizaba en estos temas en su entrada “Publicar ciencia abierta en un mundo abierto (II): por un nuevo modelo de comunicación científica”, una entrada muy recomendable para los interesados en estos temas.

Por último, y a modo de conclusión, cabe comentar que internet, la comunicación online, la creación de plataformas colaborativas y de difusión, etc. supusieron el primer catalizador de cambio en la forma de producir ciencia. Recientemente, la crisis pandémica de los últimos años ha traído, entre otros, el reto de consolidar esta Ciencia Abierta. Quizá pueda parecer que aún estamos en fases muy incipientes de la Ciencia Abierta, pero se están asentando ya las bases para que pueda ser una realidad en un futuro no tan lejano.

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Para más información sobre el concepto de Ciencia Abierta y su implementación en España, se pueden consultar los resultados de investigación publicados en abierto del Proyecto “Diagnóstico de la open science en la universidad española e instrumentos para su transformación y mejora” (DOSSUET), disponibles en: https://zenodo.org/communities/rossue/?page=1&size=20

 
Comentarios
  1. Carmen Perez-Esparrells dice: 24/02/2022 a las 20:54

    Una reflexión extraída de vuestro proyecto del Plan Nacional muy acertada sobre un tema de rabiosa actualidad. ENHORABUENA, Eva, por el gran trabajo de conectar ideas de otros autores que se han sucedido en el tiempo en entradas anteriores de este blog relacionadas con Open Science!

  2. exceptico dice: 02/03/2022 a las 22:52

    El concepto es mas limitado de lo que parece. Por un lado, la recopilación de datos por parte de los investigadores es a menudo un proceso largo y laborioso, y a menudo un equipo puede quererlos explotar exhaustivamente durante años, de forma que la publicación en abierto de una base de datos no tenga sentido hasta que han sido exhaustivamente destripados a lo largo del tiempo, y ponerlos en abierto en un repositorio una década mas tarde no tiene mucha utilidad para la ciencia en general, mas allá de la replicación fuera del contexto de peer review.
    Por otro lado, la carga económica pasa de las bibliotecas (que pagan por acceso a revistas) al investigador, un eslabón mas débil que se ve obligado a pagar para publicar en abierto en una buena revista, o aun peor, un mal investigador puede colocar trabajos cuasi fraudulentos en revistas predatorias, que incluso pueden conseguir citas usando estrategias bastante oscuras, explotando comercialmente la necesidad de los investigadores de engordar su currículo para prosperar en su carrera, absorbiendo un elevado nivel de recursos públicos de investigación (casi 20 millones de euros del sistema español han terminado en las arcas de revistas predatory en los últimos años). Osea, que no está clara la ventaja.

  3. exceptico dice: 02/03/2022 a las 22:57

    Además las revistas predatory usan sus recursos de forma muy agresiva contra los que las denuncian, por ejemplo el grupo empresarial mdpi es famoso por ello. El listado original (Beall’s list) fué retirado por el bibliotecario que lo creó debido a este tipo de presiones y amenazas legales. Si alguien tiene dudas, basta ver el giro copernicano que ha dado este verano la ANECA, de oponerse estrictamente a este tipo de publicaciones, a cesar buena parte de l equipo y empezar a mirar para otro lado. En resumen, el fomento de la publicación abierta revuelve aguas complejas, y en aguas revueltas hay ganancia de pescadores.

  4. […] una entrada reciente sobre Ciencia Abierta, en este blog, la autora plantea dos cuestiones principales, a saber, que no […]


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